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San Pacomio, Catequesis a propósito de un monje rencoroso
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Catecismo de San Pacomio

Catequesis a propósito de un monje rencoroso

Catequesis pronunciada por nuestro muy venerable santo padre Pacomio, el santo archimandrita con motivo de un hermano que guardaba rencor contra otro; en tiempos del abad Ebonh, que había llevado a aquel hermano a Tabennesi. (Pacomio) le dirigió estas palabras en presencia de otros padres ancianos, para su gran alegría. En la paz de Dios! Desciendan sobre nosotros sus santas bendiciones y las de todos los santos! Que todos podamos ser salvados! Amén!

Hijo mío, escucha y sé sabio (Pr 23,19), recibe la verdadera doctrina hay, en efecto, dos caminos.

Sé obediente a Dios como Abraham, que dejó su tierra, marchó al exilio y vivió bajo una carpa con Isaac en la tierra prometida, como en tierra extranjera; obedeció, se humilló a sí mismo, recibió una heredad, incluso fue puesto a prueba con respecto a Isaac, fue valiente en la prueba y ofreció a Isaac en sacrificio a Dios. Por eso Dios lo llamó: "Mi amigo" (St 2,23).

Recibe aquel ejemplo de bondad de Isaac, cuando escuchó a su padre, y le estuvo sometido hasta el sacrificio, como cordero inocente.

Recibe asimismo el ejemplo de la humildad de Jacob, su obediencia, su perseverancia, hasta convertirse en luz que ve al Padre del universo; fue llamado Israel.

Recibe aquel ejemplo de la sabiduría de José y su sumisión. Lucha en la castidad y en el servicio hasta reinar.

Hijo mío, imita la vida de los santos y practica sus virtudes. Despierta, no seas negligente, incita a tus conciudadanos, de los cuales te has constituido el garante (Pr 6,3), levántate de entre los muertos; y Cristo te iluminará (Ef 5,14), y la gracia se infundirá dentro de ti.

La paciencia, en efecto, te revela todas las gracias. Los santos fueron pacientes y consiguieron las promesas. El orgullo de los santos es la paciencia. Sé paciente para ser contado en las filas de los santos, confiando que recibirás una corona incorruptible.

¬ŅUn mal pensamiento? Sop√≥rtalo con paciencia, hasta que Dios te d√© la calma. ¬ŅEl ayuno? Persevera con firmeza. ¬ŅLa oraci√≥n? Sin descanso, en tu habitaci√≥n entre t√ļ y Dios. Un solo coraz√≥n con tu hermano; la virginidad en todos los miembros, virginidad en tus pensamientos, pureza de cuerpo y pureza de coraz√≥n; la cabeza inclinada y el coraz√≥n humilde, bondad en el momento de la c√≥lera.

Si un pensamiento te oprime, no te desalientes sop√≥rtalo con valor diciendo: Todos me rodearon, pero yo en el nombre del Se√Īor los rechac√© (Sal 117,11). De improviso te llega el auxilio de Dios, los alejas de ti, Dios te protege y la gloria divina camina contigo, porque el coraje camina con el que es humilde y t√ļ ser√°s saciado como lo desea tu alma (Is 58,11). Los caminos de Dios son la humildad de coraz√≥n y la bondad. Pues est√° escrito: ¬ŅA qui√©n cuidar√© sino al humilde y al pac√≠fico? (Is 66,2). Si caminas por las sendas del Se√Īor, √©l te custodiar , te dar√° fuerza, te colmar√° de ciencia y de sabidur√≠a, pensara en ti en todo tiempo, te liberar√° del diablo y en tu muerte te dar√° la gracia en su paz.

Hijo mío, te ruego: vigila, sé sobrio, para conocer a aquellos que tienden trampas contra ti. El espíritu de la maldad y el de incredulidad suelen caminar juntos; el espíritu de la mentira y del fraude caminan juntos; el espíritu de la avaricia, el de la codicia y el del perjurio, aquel de la deshonestidad y el de la envidia caminan juntos; el espíritu de la vanagloria y el de la glotonería caminan juntos; el espíritu de la fornicación y el de la impureza caminan juntos; el espíritu de la enemistad y el de la tristeza caminan juntos. Desgraciada la pobre alma en la que habiten (estos vicios) y la dominen! A esa alma, la apartan de Dios, porque ella está en su poder, va de aquí para allí hasta que cae en el abismo del infierno.

Hijo m√≠o, obed√©ceme, no seas negligente, no concedas el sue√Īo a tus ojos, ni reposo a tus p√°rpados, para que puedas escapar de las trampas como una gacela (Pr 6,4-5). Hijo m√≠o, muchas veces, desde mi juventud, cuando estaba en el desierto, todos los esp√≠ritus me han molestado, me aflig√≠an a tal punto que mi coraz√≥n se deprim√≠a, al extremo de pensar que no pod√≠a resistir las amenazas del drag√≥n. Me atormentaba de todas las formas. Si yo progresaba, excitaba contra m√≠ a (sus esp√≠ritus) que me hac√≠an la guerra; si me retiraba, me aflig√≠a con su insolencia; muchas veces mi coraz√≥n se turb√≥, iba de un lado a otro y no encontraba quietud. Si, en cambio, hu√≠a cerca de Dios derramando l grimas con humildad, con ayunos y noches de vigilias, entonces el adversario y todos sus esp√≠ritus quedaban impotentes frente a m√≠, el ardor divino ven√≠a a m√≠ y de repente reconoc√≠a el auxilio de Dios, porque en su clemencia da a conocer a los hijos de los hombres su fuerza y su bondad.

Hijo m√≠o, no condenes a ning√ļn hombre, si ves que alguno es alabado, no digas: "Este ya ha recibido su recompensa". Cu√≠date de este pensamiento pues es muy malvado. Dios no ama a quien se alaba a s√≠ mismo y odia a su hermano. Pues quien se dice a s√≠ mismo: "yo soy", cuando no es nadie, se enga√Īa a s√≠ mismo (Ga 6,3). ¬ŅQui√©n podr√° ayudarlo si es orgulloso, si se presenta del mismo modo en que se presenta Dios diciendo: Nadie es como yo (Ex 9,14)? Oir√° en seguida su propio reproche: Descender√°s a los infiernos, ser√°s arrojado con los muertos, debajo tuyo estar√° la podredumbre, te cubrir√°n los gusanos (Is 14,ll.15.19). En cuanto al hombre que ha adquirido la humildad, se juzga solo a s√≠ mismo, diciendo: "Mis pecados sobrepasan los de los dem√°s", no juzga a nadie, no condena a nadie. ¬ŅQui√©n eres t√ļ para juzgar a un siervo que no es tuyo?. Al que esta ca√≠do, en efecto, su Se√Īor tiene el poder de hacerlo levantar (Rm 14,4). Vigila sobre ti mismo, hijo m√≠o, no condenes a ning√ļn hombre, gusta de todas las virtudes y cust√≥dialas.

Si eres extranjero, permanece aparte, no busques refugio cerca de alguien y no te mezcles en sus asuntos. Si eres pobre, no te desanimes por ninguna cosa, para que no te sea dirigido el reproche: La pobreza es mala en la boca del imp√≠o (Si 13,24-30) ni debas o√≠r que se te dice: Si padecen hambre se entristecer√°n y maldecir√°n al jefe y a los ancianos (Is 8,21). Cuida para que no se te haga la guerra porque te falta cualquier cosa respecto de las necesidades del cuerpo, con motivo de la comida. No te desanimes, s√© paciente. Ciertamente Dios obra en lo secreto. Piensa en Habacuc en Judea y Daniel en Caldea. La distancia que los separaba era de cuarenta y cinco estadios; y adem√°s Daniel, entregado como alimento a las fieras, estaba en lo hondo de la fosa, y con todo (el profeta) le provey√≥ la comida. Piensa en El√≠as en el desierto y en la viuda de Sarepta; √©sta estaba oprimida por el flagelo de la carest√≠a y el tormento del hambre, y en tal indigencia no fue pusil√°nime, sino que luch√≥, venci√≥ y obtuvo lo que Dios le hab√≠a prometido; su casa disfrut√≥ de abundancia en tiempo de carest√≠a. No es ciertamente prodigalidad dar pan en tiempo de abundancia y no es pobreza estar desalentado en la indigencia. Est√° escrito, en efecto, sobre los santos: Estaban necesitados, atribulados y afligidos (Hb 11,37), pero se gloriaban en sus tribulaciones. Si eres perseverante en la lucha seg√ļn las Escrituras, no sufrir√°s ninguna esclavitud, como est√° escrito: Que nadie los enga√Īe en cuesti√≥n de comida y de bebida o respecto de las fiestas, novilunios o s√°bados. Estas cosas son las sombras de aquellas futuras (Col 2,16-17).

Medita en todo momento las palabras de Dios, persevera en la fatiga, da gracia en todas las cosas, huye de las alabanzas de los hombres, ama a quien te corrige en el temor de Dios. Que todos te sean de provecho, para que t√ļ seas de provecho a todos. Persevera en tu obra y en palabras de bondad. No des un paso adelante y otro atr√°s, a fin de que Dios no deje de amarte. La corona, en efecto, ser√° para quien haya perseverado. Obedece siempre m√°s a Dios, y √©l te salvar .

Cuando te encuentres en medio de tus hermanos no provoques las bromas. Sadrac, Mesac y Abed-Neg√≥ rechazaron las diversiones de Nabucodonosor; por eso √©ste no pudo convencerlos con las melod√≠as de sus instrumentos, ni enga√Īarlos con las comidas de su mesa. Y as√≠ ellos sofocaron aquella llama que se elevaba a una altura de cuarenta y nueve codos; no fueron disolutos con quien era disoluto, sino que fueron rectos con quien era recto, es decir con Dios. Por eso Dios los constituy√≥ se√Īores de sus enemigos. Tambi√©n Daniel, por su parte, no obedeci√≥ al malvado pensamiento de los Caldeos, por esto se convirti√≥ en un gran elegido y fue hallado vigilante y sabio, y cerr√≥ las fauces de los leones salvajes (Hb 11,33).

Ahora hijo m√≠o, si pones a Dios como tu esperanza, √©l ser√° tu auxilio en la hora de la angustia; Quien se acerca a Dios debe creer que √©l existe y que recompensa a aquellos que lo buscan (Hb 11,6). Estas palabras han sido escritas para nosotros, para que creamos en Dios, para que j√≥venes y ancianos, luchemos con ayunos, oraciones y otras obras religiosas. Ni siquiera la saliva que se seca en tu boca durante el ayuno, la olvidar√° Dios, sino que encontrar√°s todo esto en la hora de la angustia. S√≥lo hum√≠llate en todo, contr√≥late en el hablar, incluso si has comprendido todas las cosas; no te acostumbres a insultar, sino soporta con alegr√≠a toda prueba. Si conocieras el honor que resulta de las pruebas no rezar√≠as para ser librado, porque es bueno para ti orar, llorar, suspirar, hasta ser salvado, antes que relajar tu coraz√≥n y caer prisionero. ¬ŅOh hombre, qu√© haces en Babilonia? Has envejecido en tierra extranjera (Ba 3,10), porque no te has sometido a la prueba y no obras con rectitud delante de Dios. Por esto, hermano, no relajes tu coraz√≥n.

Tal vez, eres un poco negligente, pero tus enemigos no acostumbran a dormir, ni son negligentes en tenderte trampas noche y d√≠a. Por eso no busques cosas grandes para no ser humillado y alegrar as√≠ a tus enemigos. Busca la humildad, porque quien se ensalza ser√° humillado y quien se humilla ser√° ensalzado (Mt 23,12; Lc 18,14). Y si no est√°s en condiciones de bastarte a ti mismo, √ļnete a otro que trabaje seg√ļn el evangelio de Cristo y avanzar√°s con √©l. Escucha o bien som√©tete a quien escucha; s√© fuerte, para ser llamado El√≠as, o bien obedece a quienes son fuertes, a fin de ser llamado Eliseo, quien por haber obedecido a El√≠as recibi√≥ doble parte de su esp√≠ritu.

Si quieres vivir en medio de los hombres, imita a Abraham, Lot, Mois√©s y Samuel. Si deseas vivir en el desierto, he aqu√≠ todos los profetas que te han precedido. Imita a aquellos que vagaron por el desierto, por los valles y las cavernas de la tierra (Hb ll,38.37), pobres, atribulados y afligidos. Est√° escrito tambi√©n: La sombra de quien est√° sediento y el Esp√≠ritu de los hombres que han soportado la violencia te bendecir√°n (Is 25,4). Adem√°s, el ladr√≥n sobre la cruz profiri√≥ una palabra, el Se√Īor perdon√≥ sus pecados y lo recibi√≥ en el para√≠so. Entonces, qu√© gran honor recibir√°s si eres paciente en la prueba, o ante el esp√≠ritu de fornicaci√≥n, o ante el esp√≠ritu de orgullo, o bien frente a cualquier otra pasi√≥n! T√ļ luchas contra las pasiones diab√≥licas, no para seguirlas, y Jes√ļs te dar√° lo que te ha prometido. Cu√≠date de la negligencia, porque ella es la madre de todos los vicios.

Hijo m√≠o, huye de la concupiscencia, porque entenebrece la mente y no permite conocer el misterio de Dios; te hace extra√Īo al lenguaje del esp√≠ritu; te impide llevar la cruz de Cristo, y no deja que tu coraz√≥n est√© sobrio para alabar a Dios. Cu√≠date de los apetitos del vientre, que te hacen ajeno a los bienes del para√≠so. Cu√≠date de la impureza, ella provoca la ira de Dios y de sus √°ngeles.

Hijo m√≠o, vu√©lvete hacia Dios y √°malo; huye del enemigo, y √≥dialo; as√≠ las bendiciones de Dios descender√°n sobre ti, y podr√°s heredar la bendici√≥n de Jud√°, hijo de Jacob. Est√° escrito, en efecto: Jud√°, tus hermanos te bendecir n, tus manos estar√°n sobre la espalda de tus enemigos, y los hijos de tu padre te servir√°n (Gn 49,8). Cu√≠date del orgullo, porque es el principio de todo mal. El comienzo del orgullo es alejarse de Dios y lo que le sigue es el endurecimiento del coraz√≥n. Si te cuidas de esto, tu lugar de reposo ser√° la Jerusal√©n celestial. Si el Se√Īor te ama y te da gloria, cu√≠date de exaltar tu coraz√≥n; antes bien, persevera en la humildad y habitar√°s en la gloria que Dios te ha dado. Vigila sobre ti, porque: Dichoso quien sea encontrado velando; ser√° constituido sobre los bienes de su Se√Īor (Mt 24, 46-47), y entrar√° lleno de alegr√≠a en el Reino. Los amigos del esposo lo amar n, porque lo encontraron cuidando la vi√Īa.

Hijo m√≠o, s√© misericordioso en todas las cosas, porque est√° escrito: Esfu√©rzate por presentarte ante Dios como un hombre probado, un trabajador irreprensible (2 Tm 2,15). Vu√©lvete hacia Dios como el que siembra y cosecha, y almacenar√°s en tu granero los bienes de Dios. No ores ostensiblemente como aquellos hip√≥critas, sino renuncia a tus deseos, obra para Dios obrando as√≠ por tu propia salvaci√≥n. Si te aguijonea una pasi√≥n: amor por el dinero, envidia, odio y otras pasiones, vela sobre ti, ten un coraz√≥n de le√≥n, un coraz√≥n valiente, combate las pasiones, destr√ļyelas como a Sij√≥n, Hog y todos los reyes de los Amorreos. El Hijo amado, el Unig√©nito, el rey Jes√ļs, combate por ti para que puedas heredar las ciudades enemigas. Rechaza todo orgullo lejos de ti y s√© valiente. Mira: cuando Jes√ļs, el hijo de Nav√©, fue valeroso, Dios le entreg√≥ en sus manos a sus enemigos. Si eres pusil√°nime, te haces extra√Īo a la ley de Dios; la pusilanimidad te colma de pretextos para ceder a la pereza, a la incredulidad y a la negligencia, hasta que perezcas. Ten un coraz√≥n de le√≥n, grita tambi√©n t√ļ: ¬ŅQui√©n nos separar√° del amor de Dios? (Rm 8,35), y di: Aunque mi hombre exterior se desmorone, el interior se renueva d√≠a a d√≠a (2 Co 4,16).

Si habitas en el desierto, lucha con oraciones, ayunos y mortificaciones. Si vives en medio de los hombres: S√© prudente como las serpientes y sencillo como las palomas (Mt 10,16). Si alguien te maldice, sop√≥rtalo de buen √°nimo, espera en Dios que realizar√° lo que es bueno para ti. T√ļ no maldigas a la imagen de Dios, pues Dios te ha dicho: A quien me glorifique, yo lo glorificar√©, a quien me maldiga yo lo maldecir√© (1 S 2,30). Y si te alaban, no te alegres, porque est√° escrito: Pobres de ustedes si todos los hombres los alaban (Lc 6,26). Tambi√©n est√° dicho: Dichosos ustedes cuando los insulten, los persigan, y rechacen su nombre como maldito (Lc 6,22). Del mismo modo nuestros padres Bernab√© y Pablo, despu√©s de ser alabados, rasgaron sus vestiduras y se entristecieron, porque aborrec√≠an la gloria de los hombres. Tambi√©n Pedro y Juan, despu√©s de haber sufrido ultrajes en el Sanedr√≠n, salieron llenos de alegr√≠a porque hab√≠an merecido ser ultrajados por el santo nombre del Se√Īor. Ten√≠an su esperanza en la gloria de los cielos.

Pero t√ļ, hijo m√≠o, huye de los comodidades de este mundo, para estar en la alegr√≠a del mundo futuro; no seas negligente dejando pasar d√≠a tras d√≠a, no sea que te vengan a buscar antes de que t√ļ lo adviertas y conozcas la angustia; y los servidores del √°ngel de la muerte te rodeen, te rapten cruelmente y te lleven a sus moradas de tinieblas, llenas de terror y angustia. No te aflijas cuando seas ultrajado por los hombres, sino afl√≠gete y suspira cuando peques - este es el verdadero ultraje - y cuando seas doblegado por tus pecados.

Te ruego insistentemente odiar la vanagloria. La vanagloria es el arma del diablo. De este modo fue enga√Īada Eva. (El diablo) le dijo: Coman del fruto del √°rbol, se abrir√°n sus ojos y ser√°n como dioses (Gn 3,5). Ella escuch√≥ pensando que era verdad, busc√≥ tener la gloria de la divinidad y le fue quitada incluso aquella gloria humana. Lo mismo t√ļ, si sigues la vanagloria, ella te har√° ajeno a la gloria divina. Pero para Eva no hab√≠a nada escrito a fin de advertirla sobre esta guerra, antes que el diablo la tentase; para esto vino el Verbo de Dios y tom√≥ carne de la Virgen Mar√≠a: para liberar a la estirpe de Eva. T√ļ, en cambio, respecto a esta guerra, te has instruido en las santas Escrituras, por los santos que te han precedido. Por eso, hermano m√≠o, no digas: "No hab√≠a o√≠do hablar, no me hab√≠an informado ni ayer ni antes de ayer". Pues est√° escrito, en efecto: El clamor de su voz se ha difundido por toda la tierra, y sus palabras han llegado hasta los confines del mundo (Sal 18,15; Rm 10,18). Ahora, pues, si eres alabado, refrena tu coraz√≥n y da gloria Dios. Y si, en cambio, te insultan, da gloria a Dios y agrad√©cele de ser digno de la suerte de su Hijo y de sus santos. Si han llamado "impostor" a tu Se√Īor, "locos" a los profetas, y "tontos" a otros, cuanto m√°s nosotros, (que somos) tierra y ceniza, no debemos entristecernos cuando somos calumniados. Este es el camino para que tengas vida. Si, en cambio, es tu negligencia la que te precipita, entonces llora y gime. En efecto: Aquellos que se criaban entre p√ļrpura, ahora est√°n cubiertos de basura (Lam 4,5), porque han descuidado la ley de Dios y han seguido sus caprichos. Ahora, hijo m√≠o, llora delante de Dios en todo tiempo, porque esta escrito: Dichoso el que has elegido y has tomado contigo! (Sal 64,5). Has puesto en su coraz√≥n tus pensamientos en el valle del llanto, lugar que t√ļ has preparado (Sal 83,6-7).

Adquiere la inocencia, s√© como esas ovejas inocentes, que si se les quita la lana no dicen ni una palabra. No vayas de un lugar a otro diciendo: "Aqu√≠ o all√° encontrar√© a Dios". Dios ha dicho: Yo lleno el cielo, Yo lleno la tierra (Jr 23,24). Y de nuevo: Si pasaras a trav√©s del agua, Yo estoy contigo (Is 43,2). Y: Los r√≠os no te sumergir√°n (Is 43,2). Debes saber, hijo m√≠o, que Dios vive dentro de ti, para que permanezcas en su ley y en sus mandamientos. El ladr√≥n estaba en la cruz y entr√≥ en el para√≠so. Judas, en cambio, era uno de los ap√≥stoles y traicion√≥ a su Se√Īor. Rajab yac√≠a en la prostituci√≥n y fue contada entre los santos; Eva, en cambio, en el para√≠so fue enga√Īada. Job sobre la basura fue comparado a su Se√Īor, Ad√°n en el para√≠so se desvi√≥ del precepto. Los √°ngeles estaban en el cielo y fueron precipitados al abismo; El√≠as y Henoc fueron conducidos al reino de los cielos. En todo lugar, por tanto, busquen a Dios, busquen en todo tiempo su fuerza (1 Cro 16,11; Sal 104,4). B√ļsquenlo como Abraham que obedeci√≥ a Dios, ofreci√≥ en sacrificio a su hijo y por esto fue llamado "mi amigo". B√ļsquenlo como Jos√©, que luch√≥ contra la impureza hasta reinar sobre sus enemigos. B√ļsquenlo como Mois√©s, que sigui√≥ a su Se√Īor; √©l lo constituy√≥ legislador y le hizo conocer su imagen. Lo busc√≥ Daniel y (Dios) le dio a conocer grandes misterios y lo salv√≥ de las fauces de los leones. Lo buscaron los tres santos y lo encontraron en el horno ardiente. Job se refugi√≥ en √©l, y √©l le cur√≥ sus heridas. Lo busc√≥ Susana, y (Dios) la salv√≥ de las manos de los imp√≠os. Lo busc√≥ Judit, y lo encontr√≥ en la carpa de Holofernes. Todos estos lo buscaron, y √©l los salv√≥, y tambi√©n salv√≥ a los otros.

En cuanto a ti, hijo m√≠o, ¬Ņhasta cu√°ndo ser√°s negligente? ¬Ņcual es el l√≠mite de tu negligencia? Este a√Īo es como el a√Īo pasado y hoy es como ayer. Mientras seas negligente, no habr√° ning√ļn progreso para ti. S√© sobrio, eleva tu coraz√≥n. Deber√°s comparecer delante del tribunal de Dios y rendir cuentas de lo que has hecho en lo secreto y de lo que has hecho p√ļblicamente. Si vas a un lugar donde se combate la guerra, la guerra de Dios, y si el Esp√≠ritu de Dios te exhorta: "No te duermas en este lugar, porque hay insidias", y el diablo por su parte te susurra: "Cualquier cosa que te suceda, es la primera vez, o si has visto esto o aquello, no te aflijas"; no escuches sus astutos discursos. No sea que el Esp√≠ritu de Dios se retire de ti y te desanimes, que pierdas la fuerza como Sans√≥n, que los extranjeros te aten con cadenas y te lleven a la rueda de moler; es decir, al rechinar de dientes y te conviertas para ellos en un objeto de irrisi√≥n, es decir que se burlen de ti y que ya no conozcas m√°s el camino hacia tu ciudad, porque te han sacado los ojos por haberle abierto tu coraz√≥n a Dalila, es decir al diablo que te ha capturado con el enga√Īo, porque no has escuchado los consejos del Esp√≠ritu. Has visto tambi√©n lo que le sucedi√≥ a un hombre valiente como David; felizmente en seguida se arrepinti√≥ respecto de la mujer de Ur√≠as. Est√° escrito asimismo: Han visto mi herida, teman (Job 6,21).

He aquí que has aprendido que Dios no les ha ahorrado (pruebas) a los santos. Vigila, entonces, sabes las promesas que has hecho, huye de la arrogancia, arranca de ti mismo al diablo para que él no te arranque los ojos de tu inteligencia y te deje ciego, de modo que no conozcas más el camino de la ciudad, el lugar donde vives. Reconoce de nuevo la ciudad de Cristo, dale gloria porque ha muerto por ti.

¬ŅPor qu√© cu√°ndo un hermano te hiere con una palabra, te enojas, te comportas como una fiera? ¬ŅAcaso no recuerdas que Cristo muri√≥ por ti? Y cuando tu enemigo, esto es el diablo, te susurra alguna cosa, inclinas tu o√≠do hacia √©l para que te derrame su maldad, le abres tu coraz√≥n y absorbes el veneno que te ha dado. Desdichado! √Čste es el momento de transformarte en una fiera o ser como el fuego, para quemar toda su maldad! Debiste tener n√°useas y vomitar la maloliente iniquidad; que el veneno no penetre dentro de ti y perezcas! Oh hombre, no has soportado una peque√Īa palabra dicha por tu hermano. Pero cuando el enemigo busca devorar tu alma, ¬Ņentonces, qu√© has hecho? ¬ŅCon √©l s√≠ tuviste paciencia?

No, querido mío, no se deberá lamentar tu situación, puesto que en vez de un ornamento de oro sobre la cabeza, se te rapará la cabeza a causa de tus obras (Is 3,24). Vigila más bien sobre ti, soporta alegremente a quien te desprecia, sé misericordioso con tu hermano, no temas los sufrimientos del cuerpo.

Hijo m√≠o, presta atenci√≥n a las palabras del sabio Pablo cuando dice: Me esperan cadenas y tribulaciones en Jerusal√©n, pero no justifico mi alma con ninguna palabra sobre el modo de acabar mi carrera (Hch 20,23-24); y: Estoy dispuesto a morir en Jerusal√©n por el nombre de mi Se√Īor Jesucristo (Hch 21,13). Ni el sufrimiento, en efecto, ni la prueba, impedir√°n a los santos alcanzar al Se√Īor. Ten confianza! S√© valiente! Acaba con la cobard√≠a diab√≥lica! Corre m√°s bien en pos del coraje de los santos. Hijo m√≠o, ¬Ņpor qu√© huyes de Adonai, el Se√Īor Sabaoth y recaes en la esclavitud de los Caldeos? ¬ŅPor qu√© das de comer a tu coraz√≥n en compa√Ī√≠a de los demonios?

Hijo mío, cuídate de la fornicación, no corrompas los miembros de Cristo. No obedezcas a los demonios. No hagas de los miembros de Cristo, miembros de una prostituta (1 Co 6,15). Piensa en la angustia del castigo, pon delante de ti el juicio de Dios, huye toda concupiscencia, despójate del hombre viejo y de sus obras y revístete del hombre nuevo (Col 3,9). Piensa en la angustia (que experimentarás) en el momento de salir de este cuerpo.

Hijo m√≠o, ref√ļgiate a los pies de Dios! Es √©l quien te ha creado y por ti ha padecido estos sufrimientos. Ha dicho, en efecto: Ofrec√≠ mi espalda a los latigazos y mis mejillas a los golpes, no retir√© mi cara a la ignominia de los salivazos (Is 50,6). Oh hombre, ¬Ņde qu√© te sirve hacer el camino hacia Egipto para beber el agua de Ge√≥n, que est√° contaminada? (Jr 2,18). ¬ŅEn qu√© te benefician estos pensamientos turbulentos, hasta el extremo de sufrir tales penas? Convi√©rtete, m√°s bien, y llora sobre tus pecados. Est√° escrito, en efecto: Si hacen una oferta por sus pecados, sus almas tendr√°n una descendencia que vivir√° por mucho tiempo (Is 53,10).

Oh hombre, has visto que la transgresi√≥n es una cosa mala, y cu√°nto sufrimiento y angustia engendra el pecado. Pronto, huye, oh hombre, del pecado, piensa en seguida en la muerte. Est√° escrito: El hombre sensato trata duramente al pecado (Pr 29,8), y: El rostro de los ascetas resplandecer√° como el sol (Mt 13,43; Dan 12,3). Acu√©rdate tambi√©n de Mois√©s: Prefiri√≥ sufrir con el pueblo de Dios, antes que gozar de las delicias moment√°neas del pecado (Hb 11,25). Si amas el sufrimiento de los santos, ellos ser√°n tus amigos e intercesores ante Dios y el te conceder√° todas tus justas peticiones, pues has llevado tu cruz y has seguido a tu Se√Īor.

No busques un puesto de honor entre los hombres, para que Dios te proteja contra las tempestades que t√ļ no conoces y te establezca en su ciudad, la Jerusal√©n celestial. Examina todo y qu√©date con lo que bueno (1 Ts 5,21). No seas altanero frente a la imagen de Dios. Vigila sobre tu juventud, para velar sobre tu ancianidad. Que no debas experimentar verg√ľenza o reproches en el valle de Josafat, all√≠ donde todas las criaturas de Dios te ver√°n y te increpar√°n diciendo: "Siempre hab√≠amos pensado que eras una oveja y aqu√≠, en cambio, hemos constatado que eres un lobo! Vete ahora al abismo del infierno, arr√≥jate en el seno de la tierra" (Is 14,15). Qu√© gran verg√ľenza! En el mundo eras alabado como un elegido, pero cuando llegaste al valle de Josafat, al lugar del juicio, te han visto desnudo, y todos contemplan tus pecados y tu inmundicia expuestos ante Dios y los hombres. Pobre de ti en aquella hora! ¬ŅHacia d√≥nde volver√°s tu rostro? ¬ŅAbrir√°s acaso tu boca? ¬ŅQu√© dir√°s? Tus pecados est√°n impresos sobre tu alma negra como un cilicio. ¬ŅQu√© har√°s entonces? ¬ŅLlorar√°s? Tus l√°grimas no ser√°n recibidas. ¬ŅSuplicar√°s? Tus s√ļplicas no ser√°n recibidas, porque no tienen piedad aquellos a los cuales te has entregado. Pobre de ti en aquella hora, cuando oigas la voz severa y terrible: Los pecadores, vayan al infierno (Sal 9,18), y tambi√©n: Ap√°rtense de mi malditos, al fuego eterno que ha sido preparado por el diablo y sus √°ngeles (Mt 25,41). Y tambi√©n: A los que cometieron transgresiones yo los he detestado (Sal 100,3). Borrar√© de la ciudad del Se√Īor a todos aquellos que obran el mal (Sal 100,8).

Hijo m√≠o, usa de este mundo con circunspecci√≥n, avanza consider√°ndote nada, sigue al Se√Īor en todas las cosas para estar seguro en el valle de Josafat. Que el mundo te mire como a uno de aquellos que han sido despreciados; a fin de que en el d√≠a del juicio, en cambio, tu seas hallado revestido de gloria! Y no conf√≠es a nadie tu coraz√≥n en lo que ata√Īe al descanso de tu alma, sino conf√≠a todos tus anhelos al rey el te sustentar√° (Sal 54,23). Mira a El√≠as, confi√≥ en el Se√Īor en el torrente Querit y fue alimentado por un cuervo.

Cu√≠date atentamente de la fornicaci√≥n. √Čsta ha herido y hecho caer a muchos. No te hagas amigo de un joven. No corras detr√°s de las mujeres. Huye de la complacencia del cuerpo, porque las amistades inflaman como llamas. No corras tras ninguna carne, porque si la piedra cae sobre el hierro, la llama se inflama y consume todas las sustancias. Ref√ļgiate siempre en el Se√Īor, si√©ntate a su sombra, porque quien vive bajo la protecci√≥n del Alt√≠simo, habitar√° a la sombra del Dios del cielo (Sal 90,1), y no vacilar√° nunca (Sal 124,1). Acu√©rdate del Se√Īor y que suba a tu coraz√≥n el pensamiento de la Jerusal√©n celestial; estar√°s bajo la bendici√≥n del cielo y la gloria de Dios te custodiar√°.

Vigila con toda solicitud tu cuerpo y tu coraz√≥n. Busca la paz y la pureza (Hb 12,14), que est√°n unidas entre s√≠, y ver√°s a Dios. No tengas disputas con nadie, porque quien est√° en alguna pelea con su hermano, es enemigo de Dios y quien est√° en paz con su hermano, est√° en paz con Dios. ¬ŅNo has aprendido ahora que nada es m√°s grande que la paz que conduce al amor mutuo? Incluso si est√°s libre de todo pecado, pero eres enemigo de tu hermano, te haces extra√Īo a Dios; est√° escrito, en efecto: Busquen la paz y la pureza (Hb 12,14), porque est√°n unidas entre s√≠. Est√° escrito asimismo: Aunque tuviese toda la fe como para mover monta√Īas, si no tengo la caridad del coraz√≥n, de nada me servir√≠a (1 Co 13,2-3). La caridad edifica (1 Co 8,1). ¬ŅQu√© cosa podr√≠a ser purificada de la impureza? (Si 34,4). Si sientes en tu coraz√≥n odio o enemistad, ¬Ņd√≥nde est√° tu pureza? El Se√Īor dice por Jerem√≠as: Dirige a su pr√≥jimo palabras de paz, pero hay enemistad en su coraz√≥n, habla amablemente a su pr√≥jimo pero hay enemistad en su coraz√≥n, o alimenta pensamientos de enemistad. ¬ŅContra esto no deber√© encolerizarme? dice el Se√Īor. ¬ŅO de un pagano como √©ste mi alma no deber√° vengarse? (Jr 9,5-9). Es como si dijese: "El que es enemigo de su hermano, √©se es un pagano, porque los paganos caminan en las tinieblas, sin conocer la luz. As√≠, quien odia a su hermano camina en las tinieblas y no conoce a Dios. El odio y la enemistad, en efecto, han cegado sus ojos y no ve la imagen de Dios.

El Se√Īor nos ha mandado amar a nuestros enemigos, bendecir a los que nos maldicen y hacer el bien a los que nos persiguen. En qu√© peligro nos encontramos entonces, si nos odiamos unos a otros, (si odiamos) a nuestros miembros-hermanos unidos a nosotros, los hijos de Dios, renuevos de la verdadera vid, ovejas del reba√Īo espiritual reunidas por el verdadero pastor, el Unig√©nito de Dios, que se ofreci√≥ en sacrificio por nosotros! Por esta obra grandiosa el Verbo viviente ha padecido esos sufrimientos. ¬ŅY t√ļ, oh hombre, la odias por envidia y vanagloria, por avaricia o por arrogancia? As√≠, el enemigo te ha descarriado para hacerte extra√Īo a Dios. ¬ŅQu√© defensa presentar√°s delante de Cristo? √Čl te dir√°: "Odiando a tu hermano me odias a m√≠". Ir√°s, pues, al castigo eterno, porque has alimentado la enemistad hacia tu hermano; en cambio, tu hermano entrar√° en la vida eterna, porque se ha humillado delante de ti por causa de Jes√ļs.

Busquemos entonces los remedios para este mal antes de morir. Querid√≠simos, dirij√°monos al evangelio de la verdadera ley de Dios, el Cristo, y le oiremos decir: No condenen para no ser condenados, perdonen y ser√°n perdonados (Lc 6,37). Si no perdonas, tampoco ser√°s perdonado. Si est√°s en peleas con tu hermano, prep√°rate para el castigo por tus culpas, tus transgresiones, tus fornicaciones realizadas ocultamente, tus mentiras, tus palabras obscenas, tus malos pensamientos, tu avaricia, tus malas acciones de las que rendir√°s cuenta al tribunal de Cristo, cuando todas las creaturas de Dios te contemplar√°n y todos los √°ngeles del entero ej√©rcito ang√©lico estar√°n presentes con sus espadas desenvainadas, oblig√°ndote a justificarte y a confesar tus pecados; y tus vestidos estar√°n todos manchados y tu boca permanecer√° cerrada; estar√°s aterrado sin tener nada que decir! Desventurado, ¬Ņde cu√°ntas cosas deber√°s rendir cuentas? Impurezas innumerables, que son como un c√°ncer para tu alma, deseos de los ojos, malos pensamientos que entristecen al Esp√≠ritu y afligen el alma, palabras inconvenientes, lengua fanfarrona que mancha todo el cuerpo, bromas, malas diversiones, maledicencias, celos, odios, burlas, ofensas contra la imagen de Dios, condenas, deseos del vientre que te han excluido de los bienes del para√≠so, pasiones, blasfemias que es vergonzoso mencionar, malos pensamientos contra la imagen de Dios, c√≥lera, disputas, obscenidades, arrogancia de los ojos, deseos perversos, falta de respeto, vanidades. Sobre todo esto ser√°s interrogado, porque has pleiteado con tu hermano y no has resuelto el pleito, como hubieras debido, en el amor de Dios. ¬ŅNunca has o√≠do decir que la caridad cubre una multitud de pecados (1 P 4,8)? Y Su Padre que esta en los cielos har√° con ustedes lo mismo si no se perdonan mutuamente en sus corazones (Mt 18,35). Su Padre que est√° en los cielos no les perdonar√° sus pecados.

He aqu√≠, queridos m√≠os, que ustedes saben que nos hemos revestido de Cristo, bueno y amigo de los hombres. No nos despojemos de Cristo a causa de nuestras malas obras. Hemos prometido la pureza a Dios, hemos prometido la vida mon√°stica, cumplamos las obras que son: ayuno, oraci√≥n incesante, la pureza de cuerpo y la pureza de coraz√≥n. Si hemos prometido a Dios la pureza, no nos ocurra que seamos sorprendidos en la fornicaci√≥n, la cual asume formas variadas. Se ha dicho, en efecto: Se han prostituido de m√ļltiples formas (Ez 16,25). Hermanos m√≠os, que no nos sorprendan en obras de este g√©nero, qu√© no nos encuentren inferiores a todos los hombres!

Nos hemos prometido a nosotros mismos ser discípulos de Cristo; mortifiquémonos, porque la mortificación maltrata a la impureza. Esta es la hora de la lucha. No nos retiremos, por el temor de devenir esclavos del pecado. Hemos sido constituidos luz del mundo; que nadie se escandalice por causa nuestra. Revistámonos de silencio, pues muchos, en efecto, le deben su salvación.

Velen sobre ustedes mismos, hermanos! No seamos exigentes entre nosotros, por temor a que lo sean con nosotros en la hora del castigo. A nosotros, v√≠rgenes, monjes, anacoretas, ciertamente se nos dir√°: "Dame lo m√≠o con los intereses. Nos increpar√°n y nos dir√°n: "¬ŅD√≥nde est√° el vestido de bodas? ¬ŅD√≥nde est√° la luz de las l√°mparas? Si eres mi hijo, ¬Ņdonde esta mi gloria? Si eres mi siervo, ¬Ņd√≥nde mi temor? (Mal 1,6). Si me has odiado en este mundo, ahora ap√°rtate de mi porque no te conozco (Mt 7,23). Si has odiado a tu hermano, te has hecho extra√Īo a mi reino. Si has estado en peleas con tu hermano y no lo has perdonado, te atar√°n las manos detr√°s de la espalda, te atar√°n los pies y te arrojar√°n a las tinieblas exteriores, donde habr√° llantos y rechinar de dientes (Mt 22,13). Si has golpeado a tu hermano, ser√°s entregado a los √°ngeles sin piedad y ser√°s fustigado con el flagelo de las llamas eternamente. No has tenido respeto por mi imagen, me has insultado, me has despreciado y deshonrado, por eso yo no tendr√© respeto por ti en la aflicci√≥n de tu angustia. No has hecho las paces con tu hermano en este mundo, yo no estar√© contigo en el d√≠a del gran juicio. Has insultado al pobre. Es a m√≠ a quien has insultado. Has golpeado al desgraciado. As√≠ te has hecho c√≥mplice de quien me ha golpeado en mi humillaci√≥n sobre la cruz.

¬ŅAcaso te he dejado faltar alguna cosa desde mi salida del mundo? ¬ŅNo te hice el don de mi cuerpo y de mi sangre como alimento de vida?. No padec√≠ la muerte por tu causa, a fin de salvarte? ¬ŅNo te manifest√© el misterio celestial, para hacer de ti mi hermano y mi amigo? No te he dado el poder de pisar serpientes y escorpiones y todo poder sobre el enemigo (Lc 10,19)? ¬ŅNo te he dado m√ļltiples remedios de vida con los cuales puedes salvarte: mis portentos, mis signos, mis milagros, con los cuales me revest√≠ en el mundo como con una armadura de guerra? Te los he dado para que te ci√Īas y derrotes a Goliat, es decir el diablo. ¬ŅQu√© cosa te falta ahora, por qu√© te me has convertido en un extra√Īo? S√≥lo tu negligencia te precipita en el abismo infernal!".

Hijo mío, estas cosas y otras peores nos dirán si somos negligentes y no obedecemos (el mandamiento) de perdonarnos mutuamente. Vigilemos sobre nosotros mismos y cuales son las potestades de Dios, que vendrán en nuestro auxilio en el día de la muerte; aquellas que nos guiaron en medio de la dura y terrible guerra, aquellas que harán resurgir nuestras almas de entre los muertos.

Se nos han dado, ante todo, la fe y la ciencia para expulsar de nosotros mismos la incredulidad, se nos han dado, después, la sabiduría y la prudencia para discernir los pensamientos del diablo, huirles y detestarlos. Se nos ha predicado el ayuno, la oración, la templanza, que otorgan la calma al cuerpo y la quietud a las pasiones. Se nos han dado la pureza y la vigilancia, gracias a las cuales Dios habitará en nosotros. Se nos han dado la paciencia y la mansedumbre. Si custodiamos todas esto, heredaremos la gloria de Dios.

Se nos han dado la caridad y la paz, poderosas en la lucha; el enemigo, en efecto, no se puede acercar al lugar donde se encuentran éstas. Respecto a la alegría, se nos ha ordenado combatir con ella la tristeza. Se nos han dado la generosidad y la disposición para el servicio. Nos han dado la santa oración y la perseverancia que colman de luz el alma. Se nos han dado la modestia y la simplicidad, que desarman la maldad. Ha sido escrito para nosotros que debemos abstenernos de juzgar, para vencer la mentira, perverso vicio que está en el hombre, porque si no juzgamos no seremos juzgados en el día del juicio. Se nos ha dado la paciencia para afrontar el sufrimiento y las injusticias, para que no nos oprima el desaliento.

Nuestros padres han transcurrido sus vidas en el hambre, en la sed y en innumerables mortificaciones, hasta conquistar la pureza; sobre todo han huido del h√°bito del vino, que nos colma de todos los males. Las turbaciones, los tumultos y los des√≥rdenes en nuestros miembros son causados por el abuso del vino. Esta es una pasi√≥n llena de pecados, es la esterilidad y la podredumbre de los frutos. La insaciable voluptuosidad entenebrece el entendimiento, hace imp√ļdica la conciencia y rompe el freno de la lengua. Hay alegr√≠a plena cuando no se entristece al Esp√≠ritu Santo y no est√° atontada la voluntad. El sacerdote y el profeta, est√° escrito, fueron atontados por el vino (Is 28,7). El vino es licencioso, insolente la ebriedad. Quien se abandona a √©l no estar√° limpio de pecado (Pr 20,1). Cosa buena es el vino, si se bebe con moderaci√≥n. Si vuelves tus ojos a las copas y a los c√°lices, caminar√°s desnudo como un necio (Pr 23,31). El que se haya preparado para hacerse disc√≠pulo de Jes√ļs, que se abstenga del vino y de la ebriedad.

Nuestros padres, conociendo cu√°ntos males provienen del vino, se abstuvieron. Beb√≠an poqu√≠simo, en caso de enfermedad. Y si le fue concedido un poco a Timoteo, ese gran trabajador, eso sucedi√≥ porque su cuerpo estaba lleno de enfermedades. Pero a quien hierve de vicios en la flor de la juventud, en quien se acumulan las impurezas de las pasiones, ¬Ņqu√© le dir√©? Tengo miedo de decirle que no beba (vino) por temor de que alguno, despreciando la propia salvaci√≥n, murmure contra m√≠. En nuestros d√≠as, en efecto, para muchos este lenguaje es duro. Adem√°s, queridos m√≠os, es bueno vigilar y es √ļtil mortificarse, porque quien se mortifica pondr√° en un lugar seguro su nave, en el buen y santo puerto de la salvaci√≥n, y saciar√° de los bienes del cielo.

Pero lo que es todav√≠a m√°s grande que todo esto: nos ha sido dada la humildad; ella vela sobre todas las otras virtudes, tal es la gran y santa fuerza de la cual se revisti√≥ Dios cuando vino al mundo. La humildad es el baluarte de las virtudes, el tesoro de las obras, la armadura de la salvaci√≥n, el remedio para toda herida. Despu√©s de haber fabricado las telas finas, los ornamentos preciosos y todos los adornos para el tabern√°culo, se lo revisti√≥ con una tela da cilicio. La humildad es cosa m√≠nima delante de los hombres, pero preciosa y estimada delante de Dios. Si la adquirimos pisaremos todo el poder del enemigo (Lc 10,19). Est√° escrito, en efecto: ¬ŅA qui√©n mirar√©, sino al humilde y al manso? (Is 66,2).

No concedamos reposo a nuestro coraz√≥n en este tiempo de carest√≠a, porque si se ha multiplicado la jactancia y la vanagloria, se ha multiplicado la avidez, reina la fornicaci√≥n por causa de la saciedad de la carne, ha prevalecido el orgullo. Los j√≥venes no obedecen m√°s a los ancianos, los ancianos no se preocupan m√°s por los j√≥venes, cada uno camina seg√ļn los deseos de su coraz√≥n. √Čste es el tiempo de gritar con el profeta: Ay de m√≠, oh alma m√≠a! El hombre que teme a Dios ha desaparecido de la tierra y el que es recto entre los hombres no vive m√°s seg√ļn el Cristo; cada uno oprime a su pr√≥jimo (Mi 7,1-2).

Querid√≠simos m√≠os, luchen porque el tiempo est√° cerca y los d√≠as se han acortado. Ya no hay un padre que ense√Īe a sus hijos, no hay un hijo que obedezca a su padre, han desaparecido las v√≠rgenes rectas; los santos padres han muerto doquiera. Han desaparecido madres y viudas. Hemos llegado a ser como hu√©rfanos; se pisa a los humildes y se golpea la cabeza de los pobres. Por esto, todav√≠a un poco y vendr√° la ira de Dios, y estaremos en la aflicci√≥n sin que haya nadie para consolarnos. Todo esto nos ha sucedido porque no hemos querido mortificarnos.

Queridos m√≠os, luchemos para recibir la corona que ha sido preparada. El trono est√° listo, la puerta del reino est√° abierta; al vencedor le dar√© el man√° escondido. Si luchamos y vencemos las pasiones, reinaremos para siempre, pero si somos vencidos tendremos remordimientos y lloraremos con l grimas amargas. Combat√°monos a nosotros mismos mientras est√© a nuestro alcance la penitencia. Revist√°monos con la mortificaci√≥n y as√≠ nos renovaremos en la pureza. Amemos a los hombres y seremos amigos de Jes√ļs, amigo de los hombres.

Si hemos prometido a Dios la vida mon√°stica, ¬ęhagamos las obras de la vida mon√°stica que son: ayuno, pureza, silencio, humildad, ocultamiento¬Ľ, caridad, virginidad, pero no s√≥lo del cuerpo, sino aquella virginidad que es (escudo) contra todo pecado. En el evangelio, en efecto, algunas v√≠rgenes fueron rechazadas a causa de su pereza; aquellas, en cambio, que vigilaban valerosamente entraron en la sala de bodas. Qu√© cada uno de nosotros pueda entrar en ese lugar para siempre!

El amor al dinero: por su causa somos combatidos. Si quieres amasar riquezas, que son la carnada para el anzuelo del pescador, sobre todo mediante la avaricia o con el comercio, o bien con la violencia o con el enga√Īo, o con un trabajo excesivo, al extremo de no tener tiempo para servir a Dios, o por cualquier otro medio; si has deseado amasar oro y plata, recuerda aquello que se dice en el evangelio: Insensato! Esta noche te ser√° quitada la vida y aquello que has amontonado ¬Ņpara quien ser√°? (Lc 12,20). Y tambi√©n: Amontona tesoros, sin saber para qui√©n los amontona (Sal 38,7).

Lucha, querido m√≠o, combate contra las pasiones y di: "Har√© como Abraham, levantar√© mis manos hacia el Dios Alt√≠simo, que ha creado el cielo y la tierra (para atestiguar) que no tomar√© nada de lo que es tuyo , ni un hijo, ni la correa de una sandalia (Gn 14,22-23)"; son bienes esenciales para un humilde extranjero. Y (di tambi√©n) El Se√Īor ama al pros√©lito, para proveerlo de pan y vestido (Dt 10,18). Igualmente a prop√≥sito de la pereza, por causa de la cual se nos combate: Acumula riquezas en vistas a la limosna y para los necesitados (Si 18,25). Recuerda que est√° escrito: Ser√°n maldecidos tus graneros y todo lo que ellos contengan (Dt 28,17). A prop√≥sito del oro y de la plata, Santiago ha dicho: Su herrumbre se levantar√° en testimonio contra ustedes; la herrumbre devorar√° su carne como el fuego (St 5,3), y: Es superior el hombre justo que no tiene √≠dolos (Ba 6,72) y ve la su ignominia. Purif√≠cate de la maldici√≥n, antes que el Se√Īor te llame. Has puesto tu esperanza en Dios, porque est√° escrito: Que sus corazones sean puros y perfectos delante de Dios (1 R 8,61).

Querido m√≠o, te saludo en el Se√Īor. En verdad has puesto en Dios tu auxilio, √©l te ama, has caminado con todo el coraz√≥n seg√ļn los mandamientos de Dios. Qu√© Dios te bendiga, que tus fuentes se vuelvan r√≠os y tus r√≠os un mar! Verdaderamente eres carro y auriga de la templanza. La l√°mpara de Dios arde delante de ti, que reflejas la luz secreta del Esp√≠ritu y dispones tus palabras con juicio. Que Dios te conceda la gracia de fuerza atl√©tica de los santos, que no se encuentren √≠dolos en tu ciudad. Que puedas poner tu pie sobre el cuello del pr√≠ncipe de las tinieblas, ver al general√≠simo del ej√©rcito del Se√Īor a tu derecha, sumergir al fara√≥n y sus ej√©rcitos y hacer atravesar a tu pueblo el mar salado, es decir √©sta vida. As√≠ sea!

Te ruego a√ļn no dar reposo a tu coraz√≥n! Esta es la alegr√≠a de los demonios: hacer que el hombre conceda reposo a su coraz√≥n y arrastrarlo a la red antes que lo advierta. No seas negligente en aprender el temor del Se√Īor, crece como las j√≥venes plantas y agradar√°s a Dios, como un joven b√ļfalo que levanta en alto sus cuernos y sus pezu√Īas. S√© un hombre fuerte en obras y palabras; no reces como los hip√≥critas, para que tu suerte no sea como la de ellos. No pierdas ni siquiera un d√≠a de tu existencia, conoce qu√© cosa le das a Dios cada d√≠a. Vive solo, como un general prudente. Discierne tu pensamiento, sea que vivas en la soledad, sea en medio de otros. Cada d√≠a, en suma, j√ļzgate a ti mismo. Es mejor, en efecto, vivir en medio de un millar de hombres con toda humildad, que solo, en una guarida de hiena, con orgullo. De Lot, que viv√≠a en medio de Sodoma se atestigua que era un excelente hombre de fe. Hemos escuchado, en cambio, respecto a Ca√≠n, con el cual no hab√≠a sobre la tierra sino tres seres humanos, que fue un malvado.

Ahora se te propone la lucha. Examina lo que te ocurre cada d√≠a, para saber si est√°s en el n√ļmero de los nuestros o en el de aquellos que nos combaten. Solamente a ti los demonios acostumbran a presentarse por tu derecha, a los dem√°s hombres se les aparecen por la izquierda. Tambi√©n yo, en verdad, fui asaltado por la derecha; me llevaron al diablo atado como un asno salvaje, pero el Se√Īor me socorri√≥; yo no confi√© en ellos y no les entregu√© mi coraz√≥n. Muchas veces fui tentado por insidias diab√≥licas a mi derecha, y (el diablo) se puso a caminar delante m√≠o. Se atrevi√≥ incluso a tentar al Se√Īor, pero √©ste lo hizo desaparecer junto con sus enga√Īos.

Hijo m√≠o, rev√≠stete de humildad, toma como consejeros tuyos a Cristo y a su Padre bueno; s√© amigo de un hombre de Dios, que tenga la ley de Dios en su coraz√≥n, s√© como un pobre que lleva su cruz y ama las l√°grimas. Permanece de duelo tambi√©n t√ļ, con un sudario en la cabeza. Que tu celda sea para ti una tumba, hasta que Dios te resucite y te d√© la corona de la victoria.

Si alguna vez llegas a litigar con un hermano que te ha hecho sufrir con una palabra suya, o si tu coraz√≥n hiere a un hermano dici√©ndole: "No mereces esto", o bien si el enemigo te insin√ļa contra alguien: "No merece esas alabanzas", si recibes la sugesti√≥n o el pensamiento del diablo; si crece la hostilidad de tu pensamiento; si estas en disputa con tu hermano, sabiendo que no hay b√°lsamo en Galaad, ni m√©dico en la vecindad (Jr 8,22), ref√ļgiate en seguida en la soledad con la conciencia en Dios, llora a solas con Cristo y el esp√≠ritu de Jes√ļs le hablar√° a tu entendimiento y te convencer√° de la plenitud del mandamiento. ¬ŅPor qu√© debes luchar solo, igual que una fiera salvaje, como si este veneno estuviese dentro de ti?

Piensa que t√ļ tambi√©n has ca√≠do a menudo. ¬ŅNo has escuchado decir a Cristo: Perdona a tu hermano setenta veces siete (Mt 18,22)? ¬ŅNo has derramado l√°grimas muchas veces suplicando: Perd√≥name mis innumerables pecados (Sal 24,18)? Si t√ļ exiges lo poco que tu hermano te debe, en seguida el Esp√≠ritu de Dios pone delante tuyo el juicio y el temor de los castigos. Recuerda que los santos fueron considerados dignos de ser ultrajados. Recuerda que Cristo fue abofeteado, insultado y crucificado por tu causa; y √©l colmar√° inmediatamente tu coraz√≥n con la misericordia y el temor; entonces te postrar√°s en tierra llorando, y diciendo: "Perd√≥name, Se√Īor, porque he hecho sufrir a tu imagen". Inmediatamente te levantar√°s con el consuelo del arrepentimiento y te arrojar√°s a los pies de tu hermano con el coraz√≥n abierto, con el rostro radiante, la sonrisa sobre los labios, irradiando paz y, sonriendo, le pedir√°s a tu hermano: "Perd√≥name, hermano m√≠o, por haberte hecho sufrir". Que abunden tus l√°grimas; despu√©s de las l√°grimas viene una gran alegr√≠a. Que la paz exulte entre ustedes dos y el Esp√≠ritu de Dios, por su parte, se gozar√° y exclamar√°: Dichosos los pac√≠ficos por que ser√°n llamados hijos de Dios (Mt 5,9). Cuando el enemigo oye el sonido de esta voz, queda confundido, Dios es glorificado y sobre ti desciende una gran bendici√≥n.

Hermano m√≠o, √©ste es el tiempo de hacernos la guerra a nosotros mismos; t√ļ sabes que por todas partes se levantan las tinieblas. Las Iglesias est√°n llenas de litigantes y excitados, las comunidades mon√°sticas se han vuelto ambiciosas, reina el orgullo. No hay ninguno que se ponga a servir al pr√≥jimo: en cambio, todos oprimen a su pr√≥jimo (Mi 7,2). Estamos inmersos en el dolor. No hay m√°s profeta ni sabio. No hay ninguno que pueda convencer a otro, porque abunda la dureza de coraz√≥n. Quienes comprenden permanecen en silencio pues los tiempos son malos. Cada uno es Se√Īor de s√≠ mismo, se desprecia lo que no se deber√≠a despreciar.

Ahora, hermano m√≠o, vive en paz con tu hermano. Y reza tambi√©n por m√≠, porque no puedo hacer nada, sino que estoy atribulado por mis deseos. T√ļ vigila sobre ti en todas las cosas, esfu√©rzate, cumple tu obra de predicador. Permanece firme en la prueba, lleva a t√©rmino el combate de la vida mon√°stica con humildad, mansedumbre y temblor ante las palabras que escuchar√°s. Custodia la virginidad, evita los excesos y esas abominables palabras poco oportunas; no te alejes de los escritos de los santos, sino que s√© firme en la fe de Cristo Jes√ļs nuestro Se√Īor. A √©l sea la gloria, a su Padre bueno y al Esp√≠ritu Santo! As√≠ sea! Bend√≠cenos.

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