27. Todos los que empa帽an el brillo de la fidelidad y castidad conyugal, como maestros que son del error, echan por tierra tambi茅n f谩cilmente la fiel y honesta sumisi贸n de la mujer al marido; y muchos de ellos se atreven todav铆a a decir, con mayor audacia, que es una indignidad la servidumbre de un c贸nyuge para con el otro; que, al ser iguales los derechos de ambos c贸nyuges, defienden presuntuos铆simamente que por violarse estos derechos, a causa de la sujeci贸n de un c贸nyuge al otro, se ha conseguido o se debe llegar a conseguir una cierta emancipaci贸n de la mujer. Distinguen tres clases de emancipaci贸n, seg煤n tenga por objeto el gobierno de la sociedad dom茅stica, la administraci贸n del patrimonio familiar o la vida de la prole que hay que evitar o extinguir, llam谩ndolas con el nombre de emancipaci贸n social, econ贸mica y fisiol贸gica: fisiol贸gica, porque quieren que las mujeres, a su arbitrio, est茅n libres o que se las libre de las cargas conyugales o maternales propias de una esposa (emancipaci贸n 茅sta que ya dijimos suficientemente no ser tal, sino un crimen horrendo); econ贸mica, porque pretenden que la mujer pueda, aun sin saberlo el marido o no queri茅ndolo, encargarse de sus asuntos, dirigirlos y administrarlos haciendo caso omiso del marido, de los hijos y de toda la familia; social, finalmente, en cuanto apartan a la mujer de los cuidados que en el hogar requieren su familia o sus hijos, para que pueda entregarse a sus aficiones, sin preocuparse de aqu茅llos y dedicarse a ocupaciones y negocios, aun a los p煤blicos.
Pero ni siquiera 茅sta es la verdadera emancipaci贸n de la mujer, ni tal es tampoco la libertad dign铆sima y tan conforme con la raz贸n que comete al cristiano y noble oficio de mujer y esposa; antes bien, es corrupci贸n del car谩cter propio de la mujer y de su dignidad de madre; es trastorno de toda la sociedad familiar, con lo cual al marido se le priva de la esposa, a los hijos de la madre y a todo el hogar dom茅stico del custodio que lo vigila siempre. M谩s todav铆a: tal libertad falsa e igualdad antinatural con el marido t贸rnase en da帽o de la mujer misma, pues si 茅sta desciende de la sede verdaderamente regia a que el Evangelio la ha levantado dentro de los muros del hogar, muy pronto caer谩 -si no en la apariencia, s铆 en la realidad- en la antigua esclavitud, y volver谩 a ser, como en el paganismo, mero instrumento de placer o capricho del hombre.
Finalmente, la igualdad de derechos, que tanto se pregona y exagera, debe, sin duda alguna, admitirse en todo cuanto ata帽e a la persona y dignidad humanas y en las cosas que se derivan del pacto nupcial y van anejas al matrimonio; porque en este campo ambos c贸nyuges gozan de los mismos derechos y est谩n sujetos a las mismas obligaciones; en lo dem谩s ha de reinar cierta desigualdad y moderaci贸n, como exigen el bienestar de la familia y la debida unidad y firmeza del orden y de la sociedad dom茅stica.
Y si en alguna parte, por raz贸n de los cambios experimentados en los usos y costumbres de la humana sociedad, deben mudarse alg煤n tanto las condiciones sociales y econ贸micas de la mujer casada, toca a la autoridad p煤blica el acomodar los derechos civiles de la mujer a las necesidades y exigencias de estos tiempos, teniendo siempre en cuenta lo que reclaman la natural y diversa 铆ndole del sexo femenino, la pureza de las costumbres y el bien com煤n de la familia; y esto contando siempre con que quede a salvo el orden esencial de la sociedad dom茅stica, tal como fue instituido por una sabidur铆a y autoridad m谩s excelsa que la humana, esto es, por la divina, y que por lo tanto no puede ser cambiado ni por p煤blicas leyes ni por criterios particulares.
28. Avanzan aun m谩s los modernos enemigos del matrimonio, sustituyendo el genuino y constante amor, base de la felicidad conyugal y de la dulce intimidad, por cierta conveniencia ciega de caracteres y conformidad de genios, a la cual llaman simpat铆a, la cual, al cesar, debilita y hasta del todo destruye el 煤nico v铆nculo que un铆a las almas. 驴Qu茅 es esto sino edificar una casa sobre la arena? Y ya de ella dijo nuestro Se帽or Jesucristo que el primer soplo de la adversidad la har铆a cuartearse y caer: Y soplaron vientos y dieron con 铆mpetu contra ella y se desplom贸 y fue grande su ruina 61 . Mientras que, por lo contrario, el edificio levantado sobre la roca, es decir, sobre el mutuo amor de los esposos, y consolidado por la uni贸n deliberada y constante de las almas, ni se cuartear谩 nunca ni ser谩 derribado por alguna adversidad.
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