11. Se completa, sin embargo, el c煤mulo de tan grandes beneficios y, por decirlo as铆, h谩llase coronado, con aquel bien del matrimonio que en frase de San Agust铆n hemos llamado Sacramento, palabra que significa tanto la indisolubilidad del v铆nculo como la elevaci贸n y consagraci贸n que Jesucristo ha hecho del contrato, constituy茅ndolo signo eficaz de la gracia.
Y, en primer lugar, el mismo Cristo insiste en la indisolubilidad del pacto nupcial cuando dice: No separe el hombre lo que ha unido Dios 33 , y: Cualquiera que repudia a su mujer y se casa con otra, adultera, y el que se casa con la repudiada del marido, adultera 34 .
En tal indisolubilidad hace consistir San Agust铆n lo que 茅l llama bien del sacramento con estas claras palabras: Como sacramento, pues, se entiende que el matrimonio es indisoluble y que el repudiado o repudiada no se una con otro, ni aun por raz贸n de la prole 35 .
Esta inviolable indisolubilidad, aun cuando no en la misma ni tan perfecta medida a cada uno, compete a todo matrimonio verdadero, puesto que habiendo dicho el Se帽or, de la uni贸n de nuestros primeros padres, prototipo de todo matrimonio futuro: No separe el hombre lo que ha unido Dios, por necesidad ha de extenderse a todo verdadero matrimonio. Aun cuando antes de la venidad el Mes铆as se mitigase de tal manera la sublimidad y serenidad de la ley primitiva, que Mois茅s lleg贸 a permitir a los mismos ciudadanos del pueblo de Dios que por dureza de su coraz贸n y por determinadas razones diesen a sus mujeres libelo de repudio, Cristo, sin embargo, revoc贸, en virtud de su poder de legislador supremo, aquel permiso de mayor libertad y restableci贸 铆ntegramente la ley primera, con aquellas palabras que nunca se han de echar en olvido: No separe el hombre lo que ha unido Dios.
Por lo cual muy sabiamente escribi贸 Nuestro antecesor P铆o VI, de f. m., contestando al Obispo de Agra: Es, pues, cosa clara que el matrimonio, aun en el estado de naturaleza pura y, sin ning煤n g茅nero de duda, ya mucho antes de ser elevado a la dignidad de sacramento propiamente dicho, fue instituido por Dios, de tal manera que lleva consigo un lazo perpetuo e indisoluble, y es, por lo tanto, imposible que lo desate ninguna ley civil.
En consecuencia, aunque pueda estar separada del matrimonio la raz贸n de sacramento, como acontece entre los infieles, sin embargo, aun en este matrimonio, por lo mismo que es verdadero, debe mantenerse y se mantiene absolutamente firme aquel lazo, tan 铆ntimamente unido por prescripci贸n divina desde el principio al matrimonio, que est谩 fuera del alcance de todo poder civil. As铆, pues, cualquier matrimonio que se contraiga, o se contrae de suerte que sea en realidad un verdadero matrimonio, y entonces llevar谩 consigo el perpetuo lazo que por ley divina va anejo a todo verdadero matrimonio; o se supone que se contrae sin dicho perpetuo lazo, y entonces no hay matrimonio, sino uni贸n ileg铆tima, contraria, por su objeto, a la ley divina, que por lo mismo no se puede l铆citamente contraer ni conservar 36 .
12. Y aunque parezca que esta firmeza est谩 sujeta a alguna excepci贸n, bien que rar铆sima, en ciertos matrimonios naturales contra铆dos entre infieles o tambi茅n, trat谩ndose de cristianos, en los matrimonios ratos y no consumados, tal excepci贸n no depende de la voluntad de los hombres, ni de ninguna autoridad meramente humana, sino del derecho divino, cuya depositaria e int茅rprete es 煤nicamente la Iglesia de Cristo. Nunca, sin embargo, ni por ninguna causa, puede esta excepci贸n extenderse al matrimonio cristiano rato y consumado, porque as铆 como en 茅l resplandece la m谩s alta perfecci贸n del contrato matrimonial, as铆 brilla tambi茅n, por voluntad de Dios, la mayor estabilidad e indisolubilidad, que ninguna autoridad humana puede desatar.
Si queremos investigar, Venerables Hermanos, la raz贸n 铆ntima de esta voluntad divina, f谩cilmente la encontraremos en aquella significaci贸n m铆stica del matrimonio, que se verifica plena y perfectamente en el matrimonio consumado entre los fieles. Porque, seg煤n testimonio del Ap贸stol, en su carta a los de Efeso 37 , el matrimonio de los cristianos representa aquella perfect铆sima uni贸n existente entre Cristo y la Iglesia: este sacramento es grande, pero yo digo, con relaci贸n a Cristo y a la Iglesia; uni贸n, por lo tanto, que nunca podr谩 desatarse mientras viva Cristo y la Iglesia por El.
Lo cual ense帽a tambi茅n expresamente San Agust铆n con las siguientes palabras: Esto se observa con fidelidad entre Cristo y la Iglesia, que por vivir ambos eternamente no hay divorcio que los pueda separar; y esta misteriosa uni贸n de tal suerte se cumple en la ciudad de Dios... es decir, en la Iglesia de Cristo..., que aun cuando, a fin de tener hijos, se casen las mujeres, y los varones tomen esposas, no es l铆cito repudiar a la esposa est茅ril para tomar otra fecunda. Y si alguno as铆 lo hiciere, ser谩 reo de adulterio, as铆 como la mujer si se une a otro: y esto por la ley del Evangelio, no por la ley de este siglo, la cual concede, una vez otorgado el repudio, el celebrar nuevas nupcias con otro c贸nyuge, como tambi茅n atestigua el Se帽or que concedi贸 Mois茅s a los israelitas a causa de la dureza de su coraz贸n 38 .
13. Cu谩ntos y cu谩n grandes beneficios se derivan de la indisolubilidad del matrimonio no podr谩 menos de ver el que reflexione, aunque sea ligeramente, ya sobre el bien de los c贸nyuges y de la prole, ya sobre la utilidad de toda la sociedad humana. Y, en primer lugar, los c贸nyuges en esta misma inviolable indisolubilidad hallan el sello cierto de perennidad que reclaman de consumo, por su misma naturaleza, la generosa entrega de su propia persona y la 铆ntima comunicaci贸n de sus corazones, siendo as铆 que la verdadera caridad nunca llega a faltar 39 . Constituye ella, adem谩s, un fuerte baluarte para defender la castidad fiel contra los incentivos de la infidelidad que pueden provenir de causas externas o internas; se cierra la entrada al temor celoso de si el otro c贸nyuge permanecer谩 o no fiel en el tiempo de la adversidad o de la vejez, gozando, en lugar de este temor, de seguridad tranquila; se provee asimismo muy convenientemente a la conservaci贸n de la dignidad de ambos c贸nyuges y al otorgamiento de su mutua ayuda, porque el v铆nculo indisoluble y para siempre duradero constantemente les est谩 recordando haber contra铆do un matrimonio tan s贸lo disoluble por la muerte, y no en raz贸n de las cosas caducas, ni para entregarse al deleite, sino para procurarse mutuamente bienes m谩s altos y perpetuos. Tambi茅n se atiende perfectamente a la protecci贸n y educaci贸n de los hijos, que debe durar muchos a帽os, porque las graves y continuadas cargas de este oficio m谩s f谩cilmente las pueden sobrellevar los padres aunando sus fuerzas.
Ni son menores los beneficios que de la estabilidad del matrimonio se derivan aun para toda la sociedad en conjunto. Pues bien consta por la experiencia c贸mo la inquebrantable firmeza del matrimonio es ub茅rrima fuente de honradez en la vida de todos y de integridad en las costumbres; c贸mo, observada con serenidad tal indisolubilidad, se asegura al propio tiempo la felicidad y el bienestar de la rep煤blica, ya que tal ser谩 la sociedad cuales son las familias y los individuos de que consta, como el cuerpo se compone de sus miembros. Por lo cual todos aquellos que denodadamente defienden la inviolable estabilidad del matrimonio prestan un gran servicio as铆 al bienestar privado de los esposos y al de los hijos como al bien p煤blico de la sociedad humana.
14. Pero en este bien del sacramento, adem谩s de la indisoluble firmeza, est谩n contenidas otras utilidades mucho m谩s excelsas, y apt铆simamente designadas por la misma palabra Sacramento; pues tal nombre no es para los cristianos vano ni vac铆o, ya que Cristo Nuestro Se帽or, fundador y perfeccionador de los venerables sacramentos 40 , elevando el matrimonio de sus fieles a verdadero y propio sacramento de la Nueva Ley, lo hizo signo y fuente de una peculiar gracia interior, por la cual aquel su natural amor se perfeccionase, se confirmara su indisoluble unidad, y los c贸nyuges fueran santificados 41 .
Y porque Cristo, al consentimiento matrimonial v谩lido entre fieles lo constituy贸 en signo de la gracia, tan 铆ntimamente est谩n unidos la raz贸n de sacramento y el matrimonio cristiano, que no puede existir entre bautizados verdadero matrimonio sin que por lo mismo sea ya sacramento 42 .
Desde el momento en que prestan los fieles sinceramente tal consentimiento, abren para s铆 mismos el tesoro de la gracia sacramental, de donde hay de sacar las energ铆as sobrenaturales que les llevan a cumplir sus deberes y obligaciones, fiel, santa y perseverantemente hasta la muerte.
Porque este sacramento, en aquellos que no ponen lo que se suele llamar 贸bice, no s贸lo aumenta la gracia santificante, principio permanente de la vida sobrenatural, sino que a帽ade peculiares dones, disposiciones y g茅rmenes de gracia, elevando y perfeccionando las fuerzas de la naturaleza, de suerte tal que los c贸nyuges puedan no solamente bien entender, sino 铆ntimamente saborear, retener con firmeza, querer con eficacia y llevar a la pr谩ctica todo cuanto pertenece al matrimonio y a sus fines y deberes; y para ello les concede, adem谩s, el derecho al auxilio actual de la gracia, siempre que la necesiten, para cumplir con las obligaciones de su estado.
Mas en el orden sobrenatural, es ley de la divina Providencia el que los hombres no logren todo el fruto de los sacramentos que reciben despu茅s del uso de la raz贸n si no cooperan a la gracia; por ello, la gracia propia del matrimonio queda en gran parte como talento in煤til, escondido en el campo, si los c贸nyuges no ejercitan sus fuerzas sobrenaturales y cultivan y hacen desarrollar la semilla de la gracia que han recibido. En cambio, si haciendo lo que est谩 de su parte cooperan diligentemente, podr谩n llevar la carga y llenar las obligaciones de su estado, y ser谩n fortalecidos, santificados y como consagrados por tan excelso sacramento, pues, seg煤n ense帽a San Agust铆n, as铆 como por el Bautismo y el Orden el hombre queda destinado y recibe auxilios, tanto para vivir cristianamente como para ejercer el ministerio sacerdotal, respectivamente, sin que jam谩s se vea destituido del auxilio de dichos sacramentos, as铆 y casi del mismo modo (aunque sin car谩cter sacramental) los fieles, una vez que se han unido por el v铆nculo matrimonial, jam谩s podr谩n ser privados del auxilio y del lazo de este sacramento. M谩s a煤n, como a帽ade el mismo Santo Doctor, llevan consigo este v铆nculo sagrado aun los que han cometido adulterio, aunque no ya para honor de la gracia, sino para castigo del crimen, como el alma del ap贸stata que, aun separ谩ndose de la uni贸n de Cristo, y aun perdida la fe, no pierde el sacramento de la fe que recibi贸 con el agua bautismal 43 .
15. Los mismos c贸nyuges, no ya encadenados, sino adornados; no ya impedidos, sino confortados con el lazo de oro del sacramento, deben procurar resueltamente que su uni贸n conyugal, no s贸lo por la fuerza y la significaci贸n del sacramento, sino tambi茅n por su esp铆ritu y por su conducta de vida, sea siempre imagen, y permanezca 茅sta viva, de aquella fecund铆sima uni贸n de Cristo con su Iglesia, que es, en verdad, el misterio venerable de la perfecta caridad.
Todo lo cual, Venerables Hermanos, si ponderamos atentamente y con viva fe, si ilustramos con la debida luz estos eximios bienes del matrimonio -la prole, la fe y el sacramento-, no podremos menos de admirar la sabidur铆a, la santidad y la benignidad divina, pues tan copiosamente provey贸 no s贸lo a la dignidad y felicidad de los c贸nyuges, sino tambi茅n a la conservaci贸n y propagaci贸n del g茅nero humano, susceptible tan s贸lo de procurarse con la casta y sagrada uni贸n del v铆nculo nupcial.
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