S.S. P铆o XI, Casti connubii

B) La fidelidad conyugal

9. El segundo de los bienes del matrimonio, enumerados, como dijimos, por San Agust铆n, es la fidelidad, que consiste en la mutua lealtad de los c贸nyuges en el cumplimiento del contrato matrimonial, de tal modo que lo que en este contrato, sancionado por la ley divina, compete a una de las partes, ni a ella le sea negado ni a ning煤n otro permitido; ni al c贸nyuge mismo se conceda lo que jam谩s puede concederse, por ser contrario a las divinas leyes y del todo disconforme con la fidelidad del matrimonio.

Tal fidelidad exige, por lo tanto, y en primer lugar, la absoluta unidad del matrimonio, ya prefigurada por el mismo Creador en el de nuestros primeros padres, cuando quiso que no se instituyera sino entre un hombre y una mujer. Y aunque despu茅s Dios, supremo legislador, mitig贸 un tanto esta primitiva ley por alg煤n tiempo, la ley evang茅lica, sin que quede lugar a duda ninguna, restituy贸 铆ntegramente aquella primera y perfecta unidad y derog贸 toda excepci贸n, como lo demuestran sin sombra de duda las palabras de Cristo y la doctrina y pr谩ctica constante de la Iglesia. Con raz贸n, pues, el santo Concilio de Trento declar贸 lo siguiente: que por raz贸n de este v铆nculo tan s贸lo dos puedan unirse, lo ense帽贸 claramente Cristo nuestro Se帽or cuando dijo: "Por lo tanto, ya no son dos, sino una sola carne" 22 .

Mas no solamente plugo a Cristo nuestro Se帽or condenar toda forma de lo que suelen llamar poligamia y poliandria simult谩nea o sucesiva, o cualquier otro acto deshonesto externo, sino tambi茅n los mismos pensamientos y deseos voluntarios de todas estas cosas, a fin de guardar inviolado en absoluto el sagrado santuario de la familia: Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer para codiciarla ya adulter贸 en su coraz贸n 23 . Las cuales palabras de Cristo nuestro Se帽or ni siquiera con el consentimiento mutuo de las partes pueden anularse, pues manifiestan una ley natural y divina que la voluntad de los hombres jam谩s puede quebrantar ni desviar 24 .

M谩s a煤n, hasta las mutuas relaciones de familiaridad entre los c贸nyuges deben estar adornadas con la nota de castidad, para que el beneficio de la fidelidad resplandezca con el decoro debido, de suerte que los c贸nyuges se conduzcan en todas las cosas conforme a la ley de Dios y de la naturaleza y procuren cumplir la voluntad sapient铆sima y sant铆sima del Creador, con entera y sumisa reverencia a la divina obra.

Esta que llama, con mucha propiedad, San Agust铆n, fidelidad en la castidad, florece m谩s f谩cil y mucho m谩s agradable y noblemente, considerado otro motivo important铆simo, a saber: el amor conyugal, que penetra todos los deberes de la vida de los esposos y tiene cierto principado de nobleza en el matrimonio cristiano: Pide, adem谩s, la fidelidad del matrimonio que el var贸n y la mujer est茅n unidos por cierto amor santo, puro, singular; que no se amen como ad煤lteros, sino como Cristo am贸 a la Iglesia, pues esta ley dio el Ap贸stol cuando dijo: "Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo am贸 a la Iglesia" 25 , y cierto que El la am贸 con aquella su infinita caridad, no para utilidad suya, sino proponi茅ndose tan s贸lo la utilidad de la Esposa 26 . Amor, decimos, que no se funda solamente en el apetito carnal, fugaz y perecedero, ni en palabras regaladas, sino en el afecto 铆ntimo del alma y que se comprueba con las obras, puesto que, como suele decirse, obras son amores y no buenas razones 27 .

Todo lo cual no s贸lo comprende el auxilio mutuo en la sociedad dom茅stica, sino que es necesario que se extienda tambi茅n y aun que se ordene sobre todo a la ayuda rec铆proca de los c贸nyuges en orden a la formaci贸n y perfecci贸n, mayor cada d铆a, del hombre interior, de tal manera que por su mutua uni贸n de vida crezcan m谩s y m谩s tambi茅n cada d铆a en la virtud y sobre todo en la verdadera caridad para con Dios y para con el pr贸jimo, de la cual, en 煤ltimo t茅rmino, depende toda la ley y los profetas 28 . Todos, en efecto, de cualquier condici贸n que sean y cualquiera que sea el g茅nero honesto de vida que lleven, pueden y deben imitar aquel ejemplar absoluto de toda santidad que Dios se帽al贸 a los hombres, Cristo nuestro Se帽or; y, con ayuda de Dios, llegar incluso a la cumbre m谩s alta de la perfecci贸n cristiana, como se puede comprobar con el ejemplo de muchos santos.

Esta rec铆proca formaci贸n interior de los esposos, este cuidado asiduo de mutua perfecci贸n puede llamarse tambi茅n, en cierto sentido muy verdadero, como ense帽a el Catecismo Romano 29 , la causa y raz贸n primera del matrimonio, con tal que el matrimonio no se tome estrictamente como una instituci贸n que tiene por fin procrear y educar convenientemente los hijos, sino en un sentido m谩s amplio, cual comunidad, pr谩ctica y sociedad de toda la vida.

Con este mismo amor es menester que se concilien los restantes derechos y deberes del matrimonio, pues no s贸lo ha de ser de justicia, sino tambi茅n norma de caridad aquello del Ap贸stol: El marido pague a la mujer el d茅bito; y, de la misma suerte, la mujer al marido 30 .

10. Finalmente, robustecida la sociedad dom茅stica con el v铆nculo de esta caridad, es necesario que en ella florezca lo que San Agust铆n llamaba jerarqu铆a del amor, la cual abraza tanto la primac铆a del var贸n sobre la mujer y los hijos como la diligente sumisi贸n de la mujer y su rendida obediencia, recomendada por el Ap贸stol con estas palabras: Las casadas est茅n sujetas a sus maridos, como al Se帽or; porque el hombre es cabeza de la mujer, as铆 como Cristo es cabeza de la Iglesia 31 .

Tal sumisi贸n no niega ni quita la libertad que en pleno derecho compete a la mujer, as铆 por su dignidad de persona humana como por sus nobil铆simas funciones de esposa, madre y compa帽era, ni la obliga a dar satisfacci贸n a cualesquiera gustos del marido, no muy conformes quiz谩 con la raz贸n o la dignidad de esposa, ni, finalmente, ense帽a que se haya de equiparar la esposa con aquellas personas que en derecho se llaman menores y a las que por falta de madurez de juicio o por desconocimiento de los asuntos humanos no se les suele conceder el ejercicio de sus derechos, sino que, por lo contrario, prohibe aquella exagerada licencia, que no se cuida del bien de la familia, prohibe que en este cuerpo de la familia se separe el coraz贸n de la cabeza, con grand铆simo detrimento del conjunto y con pr贸ximo peligro de ruina, pues si el var贸n es la cabeza, la mujer es el coraz贸n, y como aqu茅l tiene el principado del gobierno, 茅sta puede y debe reclamar para s铆, como cosa que le pertenece, el principado del amor.

El grado y modo de tal sumisi贸n de la mujer al marido puede variar seg煤n las varias condiciones de las personas, de los lugares y de los tiempos; m谩s a煤n, si el marido faltase a sus deberes, debe la mujer hacer sus veces en la direcci贸n de la familia. Pero tocar o destruir la misma estructura familiar y su ley fundamental, establecida y confirmada por Dios, no es l铆cito en tiempo alguno ni en ninguna parte.

Sobre el orden que debe guardarse entre el marido y la mujer, sabiamente ense帽a Nuestro Predecesor Le贸n XIII, de s. m., en su ya citada Enc铆clica acerca del matrimonio cristiano: El var贸n es el jefe de la familia y cabeza de la mujer, la cual, sin embargo, puesto que es carne de su carne y hueso de sus huesos, debe someterse y obedecer al marido, no a modo de esclava, sino de compa帽era, es decir, de tal modo que a su obediencia no le falte ni honestidad ni dignidad. En el que preside y en la que obedece, puesto que el uno representa a Cristo y la otra a la Iglesia, sea siempre la caridad divina la reguladora de sus deberes 32 .

Est谩n, pues, comprendidas en el beneficio de la fidelidad: la unidad, la castidad, la caridad y la honesta y noble obediencia, nombres todos que significan otras tantas utilidades de los esposos y del matrimonio, con las cuales se promueven y garantizan la paz, la dignidad y la felicidad matrimoniales, por lo cual no es extra帽o que esta fidelidad haya sido siempre enumerada entre los eximios y peculiares bienes del matrimonio.


22

Conc. Trid., sess. 24.

23

Mat. 5, 28.

24

Cf. Decr. S. Off., 2 mar. 1679, prop. 50.

25

Eph. 5, 25; cf. Col. 3, 19.

26

Catech. Rom. 2, 8, 24.

27

Cf. S. Greg. M. Homil. 30 in Evang. (1o. 14, 23-31), n. 1.

28

Mat. 22, 40.

29

Cf. Cateches. Rom. 2, 8, 13.

30

1 Cor. 7, 3.

31

Eph. 5, 22-23.

32

Enc. Arcanum.

漏 Copyright 2001. BIBLIOTECA ELECTR脫NICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS™. La versi贸n electr贸nica de este documento ha sido realizada integralmente por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos losderechos reservados. La -BEC- est谩 protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben par谩metros para su uso. Patrimonio cultural com煤n. Hecho el dep贸sito legal.


Dise帽o web :: Hosting Cat贸lico