5. Comenzando ahora a exponer, Venerables Hermanos, cu谩les y cu谩n grandes sean los bienes concedidos por Dios al verdadero matrimonio, se Nos ocurren las palabras de aquel preclar铆simo Doctor de la Iglesia a quien recientemente ensalzamos en Nuestra enc铆clica Ad salutem 10 , dada con ocasi贸n del XV centenario de su muerte. Estos, dice San Agust铆n, son los bienes por los cuales son buenas las nupcias: la prole, la fidelidad, el sacramento 11 . De qu茅 modo estos tres cap铆tulos contengan con raz贸n un s铆ntesis fecunda de toda la doctrina del matrimonio cristiano, lo declara expresamente el mismo Santo, cuando dice: En la fidelidad se atiende a que, fuera del v铆nculo conyugal, no se unan con otro o con otra; en la prole, a que 茅sta se reciba con amor, se cr铆e con benignidad y se eduque religiosamente; en el sacramento, a que el matrimonio no se disuelva, y a que el repudiado o repudiada no se una a otro ni aun por raz贸n de la prole. Esta es la ley del matrimonio: no s贸lo ennoblece la fecundidad de la naturaleza, sino que reprime la perversidad de la incontinencia 12 .
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