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S.S. P铆o XI, Casti connubii
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Supremos principios

3. Y comenzando por esa misma Enc铆clica, encaminada casi totalmente a vindicar la divina instituci贸n del matrimonio, su dignidad sacramental y su perpetua estabilidad, quede asentado, en primer lugar, como fundamento firme e inviolable, que el matrimonio no fue instituido ni restaurado por obra de los hombres, sino por obra divina; que no fue protegido, confirmado ni elevado con leyes humanas, sino con leyes del mismo Dios, autor de la naturaleza, y de Cristo Se帽or, Redentor de la misma, y que, por lo tanto, sus leyes no pueden estar sujetas al arbitrio de ning煤n hombre, ni siquiera al acuerdo contrario de los mismos c贸nyuges. Esta es la doctrina de la Sagrada Escritura 3 , 茅sta la constante tradici贸n de la Iglesia universal, 茅sta la definici贸n solemne del santo Concilio de Trento, el cual, con las mismas palabras del texto sagrado, expone y confirma que el perpetuo e indisoluble v铆nculo del matrimonio, su unidad y su estabilidad tienen por autor a Dios 4 .

Mas aunque el matrimonio sea de instituci贸n divina por su misma naturaleza, con todo, la voluntad humana tiene tambi茅n en 茅l su parte, y por cierto nobil铆sima, porque todo matrimonio, en cuanto que es uni贸n conyugal entre un determinado hombre y una determinada mujer, no se realiza sin el libre consentimiento de ambos esposos, y este acto libre de la voluntad, por el cual una y otra parte entrega y acepta el derecho propio del matrimonio 5 , es tan necesario para la constituci贸n del verdadero matrimonio, que ninguna potestad humana lo puede suplir 6 . Es cierto que esta libertad no da m谩s atribuciones a los c贸nyuges que la de determinarse o no a contraer matrimonio y a contraerlo precisamente con tal o cual persona, pero est谩 totalmente fuera de los l铆mites de la libertad del hombre la naturaleza del matrimonio, de tal suerte que si alguien ha contra铆do ya matrimonio se halla sujeto a sus leyes y propiedades esenciales. Y as铆 el Ang茅lico Doctor, tratando de la fidelidad y de la prole, dice: Estas nacen en el matrimonio en virtud del mismo pacto conyugal, de tal manera que si se llegase a expresar en el consentimiento, causa del matrimonio, algo que les fuera contrario, no habr铆a verdadero matrimonio 7 .

Por obra, pues, del matrimonio, se juntan y se funden las almas aun antes y m谩s estrechamente que los cuerpos, y esto no con un afecto pasajero de los sentidos o del esp铆ritu, sino con una determinaci贸n firme y deliberada de las voluntades; y de esta uni贸n de las almas surge, porque as铆 Dios lo ha establecido, un v铆nculo sagrado e inviolable.


3

Gen. 1, 27-28; 2, 22-23; Mat. 19, 3 ss.; Eph. 5, 23 ss.

4

Conc. Trid. sess. 24.

5

Cf. C.I.C. c. 1081, #2.

6

Ibid. c. 1081, #1.

7

3, 49, 3.
Consultas

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