San Antonio del desierto, Cartas

Carta Quinta

Hijos, reconoced 115 la liberalidad de nuestro Señor Jesucristo: de rico que era, se ha hecho pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza (II Cor.8,9). Su esclavitud nos ha devuelto la libertad 116 , su debilidad nos ha dado la fuerza, su locura nos ha enseñado la sabiduría. Pero esto no es todo: quiere también, por su muerte, procurarnos la resurrección. Tenemos razón para elevar la voz y decir: "Incluso si conocimos a Cristo según la carne, ahora ya no es así: porque en Cristo hay una creación nueva" (II Cor. 5, 16-17).

Os digo con verdad, queridos hijos en el Señor, que, si tuviera que detallar los mensajes de salvación que nos da, tendría mucho que decir; pero aún no ha llegado la hora. De momento me basta con saludaros, queridos hijos míos en el Señor, hijos de Israel, nacidos santos según vuestra naturaleza espiritual 117 . A vosotros, que habéis deseado acercaros a vuestro Creador, os conviene buscar la salvación de vuestras almas en la Ley de la Alianza 118 . Es verdad que, a consecuencia de nuestros innumerables pecados, de nuestras funestas rebeldías, de nuestras pasiones sensuales 119 , se ha enfriado 120 la Ley de la Promesa y se han embotado las facultades de nuestras almas. Por la muerte 121 en que estamos precipitados se nos ha hecho imposible tener cuidado de nuestro verdadero título de gloria: nuestra naturaleza espiritual 122 . Por eso se lee en las divinas Escrituras: "Como en Ad n todos los hombres morimos, en Cristo todos somos vivificados" (I Cor.15,22).

Ahora es El la vida de toda inteligencia espiritual entre las criaturas hechas a imagen de la Imagen que es El mismo, pues es la auténtica inteligencia del Padre y su Imagen inmutable. Por el contrario, las criaturas hechas a su imagen tienen una naturaleza mudable. De ahí la desgracia que nos hirió, en la que todos hallamos la muerte y que nos hizo perder nuestra condición primera de naturaleza espiritual. Por esta misma razón, dejada nuestra primera naturaleza, adquirimos una morada de tinieblas 123 en que por todas partes reina la guerra.

Nosotros mismos hemos dado testimonio de ello: no teníamos la menor noción de virtud. Pero Dios, nuestro Padre, contemplando nuestra debilidad, nuestra incapacidad para revestir nuestra verdadera naturaleza, quiso 124 , por su bondad, visitar a sus criaturas mediante el ministerio de los santos.

Os suplico a todos en el Señor, queridos hijos, que os penetréis bien de cuanto os escribo 125 porque mi amor hacia vosotros no se dirige sólo a vuestros cuerpos sino que es caridad espiritual, según Dios.

Volved vuestra alma hacia vuestro Creador y rasgad vuestro corazón en vez de vuestro vestido (Joel, 2,13) 126 . Preguntaos qué podríamos devolver al Señor por todas sus gracias. El se acuerda siempre de nosotros por su gran bondad, por su indecible amor. Y aquí mismo, en la presente morada de nuestra miseria, no nos ha dado lo que merecían nuestros pecados. Su bondad es tan grande que ha querido que el mismo sol se ponga a nuestro servicio en esta casa de tinieblas, y también la luna y las estrellas para apoyo físico de un ser al que su propia debilidad condenaría a perecer. Sin hablar de sus otros poderes, ocultos, pero también a disposición nuestra sin que podamos verlos con los ojos corporales.

Así pues, ¿qué le devolveremos el día del juicio? 127 ; o, si preferís, ¿qué beneficio podemos imaginar que ya no nos haya concedido? Los Patriarcas, ¿no han sufrido por nosotros? ¿No nos han enseñado los Sacerdotes? ¿Acaso no combatían por nosotros los Jueces y Reyes? 128 . ¿No mataron a los Profetas por nosotros? 129 . Los Apóstoles, ¿no sufrieron persecución por nosotros? Y el Hijo predilecto, ¿no murió por nosotros?

Por nuestra parte dispongámonos ahora a ir hacia nuestro Creador por el camino de la pureza 130 . Porque viendo que los santos, o más bien todas sus criaturas, no conseguían curar la profunda herida 131 de sus propios miembros 132 , y conociendo la imperfección de su espíritu, El, el Padre de las criaturas, les manifestó su misericordia, y por su gran amor no perdonó a su Hijo Unico, al cual entregó por nuestros pecados para salvación de todos (Rom.8,32). "El ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas. El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados" (Is.53,5). Así su Verbo omnipotente nos ha reunido de todos los países para llevar a cabo la restauración de nuestro espíritu caído y enseñarnos que somos miembros unos de otros.

Así 133 , ya que hemos vuelto a nuestro Creador, conviene que todos ejercitemos nuestra inteligencia y nuestro espíritu para conocer exactamente la naturaleza propia del bien y para saber discernir el mal, para conocer bien 134 la Economía establecida por la venida de Jesús a este mundo 135 , el cual se ha hecho semejante a nosotros en todo excepto en el pecado (Hb.4,15).

Es verdad que a consecuencia de nuestra gran malicia, del desorden de nuestra vida, de las pesadas consecuencias de nuestra inestabilidad, la venida de Jesús fue para algunos un escándalo 136 , para otros un beneficio (cf. I Cor,1,23), para algunos sabiduría y poder, para otros también resurrección y vida. Pero estad convencidos: su venida fue 137 el juicio del mundo entero. Está escrito: "He aquí que vienen días - oráculo del Señor - en que todos me conocer n, pequeños y grandes, y no tendrán que enseñarse unos a otros diciendo 'conoced a Yahvé '" (Jer.31,33-34) porque seré yo quien hará resonar mi Nombre hasta los confines de la tierra. Toda boca se cerrar y el mundo entero quedar bajo la soberanía de Dios (Rom.3,19). No conocían a Dios, no le daban gloria como a su Creador (Rom.1,21), a consecuencia de su locura que les impedía comprender su sabiduría. Y cada uno de nosotros se abandonaba a sus voluntades propias 138 para cometer el mal y hacerse esclavo de él. Por eso también se despojó Jesús de su gloria 139 tomando condición de siervo (Fil.2,7) a fin 140 de que su esclavitud fuera nuestra libertad. Entregados a la locura habíamos conocido toda clase de males; El se revistió con esta locura para que, hecha suya, fuera nuestra sabiduría. Habíamos caído en la miseria y la miseria nos había arrebatado toda fuerza; El abrazó la pobreza para colmarnos por ella de ciencia e inteligencia. Y esto no fue todo: nuestra debilidad la hizo suya y su debilidad fue nuestra fuerza. Por su Padre quiso obedecer en todo hasta la muerte, y muerte de cruz (Fil.2,8), para que ella 141 fuera nuestra resurrección y su dueño, el diablo fuera aniquilado. Si esta liberación que nos ha traído su venida a este mundo llega a hacerse verdaderamente nuestra, nos hará un día discípulos de Jesús, por quien entraremos en la herencia divina.

A decir verdad, queridos hijos en el Señor, es grande mi inquietud y mi espíritu está turbado y agitado. Hemos tomado el hábito y llevamos el nombre de santos, título de gloria entre los incrédulos, pero temo que se cumpla en nosotros la palabra de Pablo: "Profesan seguir a Dios, mas con sus obras niegan su poder" (Tito 1,16; Rom.2,20) 142 .

El amor que os tengo me hace suplicar a Dios que os lleve a reflexionar sobre la vida 143 que lleváis y a considerar como herencia vuestra lo invisible. Sin duda, hijos míos, esto no supera nuestra naturaleza sino que, normalmente, la corona, incluso si debemos utilizar nuestras fuerzas en la búsqueda de Dios. Porque buscar a Dios, o servirle, sigue siendo siempre para el hombre una búsqueda natural. El pecado de que somos culpables 144 es lo que está fuera y más allá de las condiciones normales de nuestra naturaleza 145 .

Hijos queridísimos en el Señor, vosotros que habéis querido estar dispuestos a ofreceros a Dios como víctimas puras, no os hemos ocultado nada de cuanto puede seros útil. Atestiguamos, más bien, lo que nosotros mismos hemos visto (Jn.3,11) 146 porque los enemigos de la santidad piensan incesantemente en atacar a quienes de verdad la desean. Estad convencidos: el hombre carnal persigue siempre al espiritual (G l.4,29), y quien quiere vivir piadosamente la vida de Cristo sufrir persecución (II Tim.2,12) 147 .

Por este mismo motivo, Jesús dirigía a sus apóstoles estas palabras confortadoras: "en este mundo tendréis muchas tribulaciones, pero no temáis: Yo he vencido al mundo" (Jn.16,33). El sabía que a los apóstoles les esperan en este mundo inquietudes y pruebas. Pero su paciencia vencer el poder del enemigo, es decir, la idolatría. Les enseñaba también: "No temáis al mundo, sus males no tienen comparación con la gloria que os espera (Rom.8,18). Si han perseguido a los profetas antes que a vosotros, también a vosotros os perseguir n; si a Mi me han odiado, también a vosotros os odiar n (Jn.15,20); pero no temáis porque vuestra paciencia vencer el poder del enemigo".

Entrar en los detalles del tema sería preparar un largo discurso, y está escrito: "da consejos al sabio y se hará más sabio" (Prov.9,9). Pocas palabras bastan para consolarnos. Cuando el espíritu las ha aprendido ya no necesita de las palabras, con frecuencia de doble sentido, de nuestra boca.

Pido por la salvación de todos vosotros, queridos hijos en el Señor. Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros (II Cor.13,13). Amén.


115

E: "he conocido".

116

E omite.

117

E omite esta frase.

118

E: "conviene luchar para librarnos de las pasiones según la Ley espiritual".

119

E añade: "de las tentaciones del diablo".

120

G: "reseca".

121

E: "a causa de las pasiones".

122

E añade: "no hay salvación para nosotros sino por el Señor Jesucristo".

123

E: "Hemos nacido en la carne".

124

E: "Enviado su Hijo Unico, que ha tomado nuestra carne y, con sus dones, ha visitado su creación, sus ministros y sus santos".

125

E: "Por el amor que os tengo"; omite lo que sigue.

126

E omite.

127

E omite.

128

E omite.

129

E omite.

130

S: "Santidad"; E omite el final del párrafo.

131

S: "hecha a los judíos, es decir, a sus miembros".

132

Es decir, de sus hermanos, miembros del mismo cuerpo. Otra vez la insistencia en el carácter social, tanto de la caída como de la salvación.

133

S: "a cuantos se apresuran a ir hacia su Creador El les enseña cómo han de ejercitar su inteligencia".

134

E: "Para cambiarnos e ir al encuentro del Señor".

135

S: "por amor hacia nosotros".

136

G: "una prueba".

137

E: "los juicios de unos y la vida de otros".

138

G: "a su voluntad"; E: "espontáneamente al mal".

139

E omite.

140

E: "de salvarnos"; omite hasta muerte de cruz.

141

S: "su muerte y anonadamiento".

142

Cita que se encuentra en AMMONAS, Cartas IX,3-4.

143

E: "que está oculta en vosotros, por la cual obráis para adquirir la herencia invisible".

144

E: "Somos dignos de corrección o de castigo porque es extraño a nuestra naturaleza".

145

S omite esta frase.

146

E y S omiten.

147

E omite y continúa: "Os hago saber que el cuerpo hace siempre la guerra al Espíritu, como dice el Apóstol Pablo(G l.5,4). Quien quiere llevar una vida piadosa en Jesucristo debe expulsar de sí los deseos del cuerpo mediante oraciones dirigidas a nuestro Señor Jesucristo. El, en su misericordiosa bondad, os quitar el trabajo y las tentaciones que proceden del cuerpo".

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