13. Permitidme, venerables y queridos Hermanos, que termine ya estas consideraciones, que se han limitado a profundizar s贸lo algunas cuestiones. Al proponerlas he tenido delante toda la obra desarrollada por el Concilio Vaticano II, y he tenido presente en mi mente la Enc铆clica de Pablo VI "Mysterium fidei", promulgada durante el Concilio, as铆 como todos los documentos emanados despu茅s del mismo Concilio para poner en pr谩ctica la renovaci贸n lit煤rgica postconciliar. Existe, en efecto, un v铆nculo estrech铆simo y org谩nico entre la renovaci贸n de la liturgia y la renovaci贸n de toda la vida de la Iglesia.
La Iglesia no s贸lo act煤a, sino que se expresa tambi茅n en la liturgia, vive de la liturgia y saca de la liturgia las fuerzas para la vida. Y por ello, la renovaci贸n lit煤rgica, realizada de modo justo, conforme al esp铆ritu del Vaticano II, es, en cierto sentido, la medida y la condici贸n para poner en pr谩ctica las ense帽anzas del Concilio Vaticano II, que queremos aceptar con fe profunda, convencidos de que, mediante el mismo, el Esp铆ritu Santo "ha dicho a la Iglesia" las verdades y ha dado las indicaciones que son necesarias para el cumplimiento de su misi贸n respecto a los hombres de hoy y de ma帽ana.
Tambi茅n en el futuro habremos de tener una particular solicitud para promover y seguir la renovaci贸n de la Iglesia, conforme a la doctrina del Vaticano II, en el esp铆ritu de una Tradici贸n siempre viva. En efecto, pertenece tambi茅n a la sustancia de la Tradici贸n, justamente entendida, una correcta "relectura" de los "signos de los tiempos", seg煤n los cuales hay que sacar del rico tesoro de la Revelaci贸n "cosas nuevas y cosas antiguas" 71 . Obrando en este esp铆ritu, seg煤n el consejo del Evangelio, el Concilio Vaticano II ha realizado un esfuerzo providencial para renovar el rostro de la Iglesia en la sagrada liturgia, conectando frecuentemente con lo que es "antiguo", con lo que proviene de la herencia de los Padres y es expresi贸n de la fe y de la doctrina de la Iglesia unida desde hace tantos siglos.
Para continuar poniendo en pr谩ctica, en el futuro, las normas del Concilio en el campo de la liturgia, y concretamente en el campo del culto eucar铆stico, es necesaria una 铆ntima colaboraci贸n entre el correspondiente Dicasterio de la Santa Sede y cada Conferencia Episcopal, colaboraci贸n atenta y a la vez creadora, con la mirada fija en la grandeza del sant铆simo Misterio y, al mismo tiempo, en las evoluciones espirituales y en los cambios sociales, tan significativos para nuestra 茅poca, dado que no s贸lo crean a veces dificultades, sino que disponen adem谩s a un modo nuevo de participar en ese gran Misterio de la fe.
Me apremia sobre todo el subrayar que los problemas de la liturgia, y en concreto de la Liturgia eucar铆stica, no pueden ser ocasi贸n para dividir a los cat贸licos y amenazar la unidad de la Iglesia. Lo exige una elemental comprensi贸n de ese Sacramento, que Cristo nos ha dejado como fuente de unidad espiritual. Y 驴c贸mo podr铆a precisamente la Eucarist铆a, que es en la Iglesia "sacramentum pietatis, signum unitatis, vinculum caritatis" 72 constituir en este momento, entre nosotros, punto de divisi贸n y fuente de disconformidad de pensamientos y comportamientos, en vez de ser centro focal y constitutivo, cual es verdaderamente en su esencia, de la unidad de la misma Iglesia?
Somos todos igualmente deudores hacia nuestro Redentor. Todos juntos debemos prestar o铆do al Esp铆ritu de verdad y amor, que El ha prometido a la Iglesia y que obra en ella. En nombre de esta verdad y de este amor, en nombre del mismo Cristo Crucificado y de su Madre, os ruego y suplico que, dejando toda oposici贸n y divisi贸n, nos unamos todos en esta grande y salv铆fica misi贸n, que es precio y a la vez fruto de nuestra redenci贸n. La Sede Apost贸lica har谩 todo lo posible para buscar, tambi茅n en el futuro, los medios que puedan garantizar la unidad de la que hablamos. Evite cada uno, en su modo de actuar, "entristecer al Esp铆ritu Santo" 73 .
Para que esta unidad y la colaboraci贸n constante y sistem谩tica que a ella conduce, puedan proseguirse con perseverancia, imploro de rodillas para todos nosotros la luz del Esp铆ritu Santo, por intercesi贸n de Mar铆a, su Santa Esposa y Madre de la Iglesia. Al bendecir a todos de coraz贸n, me dirijo una vez m谩s a vosotros, venerados y queridos Hermanos en el Episcopado, con un saludo fraterno y plena confianza. En esta unidad colegial de la que participamos, hagamos el m谩ximo esfuerzo para que, dentro de la unidad universal de la Iglesia de Cristo sobre la tierra, la Eucarist铆a se convierta cada vez m谩s en fuente de vida y luz para la conciencia de todos nuestros hermanos, en todas las comunidades.
Con esp铆ritu de fraterna caridad, me es grato impartir la Bendici贸n Apost贸lica a vosotros y a todos los hermanos en el sacerdocio.
Vaticano, 24 de febrero, domingo I de Cuaresma, del a帽o 1980, segundo de mi Pontificado.
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