26. La experiencia humana demuestra que la posici贸n y la actitud del cuerpo no dejan de tener influencia sobre el recogimiento y la disposici贸n del esp铆ritu. Esto constituye un dato al que han prestado atenci贸n algunos escritores espirituales del Oriente y del Occidente cristiano.
Sus reflexiones, aun presentando puntos en com煤n con los m茅todos orientales no cristianos de meditaci贸n, evitan aquellas exageraciones o visiones unilaterales que, en cambio, con frecuencia se proponen hoy en d铆a a personas insuficientemente preparadas.
Los autores espirituales han adoptado aquellos elementos que facilitan el recogimiento en la oraci贸n, reconociendo al mismo tiempo su valor relativo: son 煤tiles si se conforman y se orientan a la finalidad de la oraci贸n cristiana. Por ejemplo, el ayuno cristiano posee ante todo el significado de un ejercicio de penitencia y de sacrificio, pero, ya para los Padres, estaba tambi茅n orientado a hacer m谩s disponible al hombre para el encuentro con Dios y al cristiano m谩s capaz de dominio de s铆 mismo y, simult谩neamente, m谩s atento a los hermanos necesitados.
En la oraci贸n el hombre entero debe entrar en relaci贸n con Dios y, por consiguiente, tambi茅n su cuerpo debe adoptar la postura m谩s propicia al recogimiento. Tal posici贸n puede expresar simb贸licamente la misma oraci贸n, variando seg煤n las culturas y la sensibilidad personal! En algunos lugares, los cristianos est谩n adquiriendo hoy una mayor conciencia de c贸mo puede favorecer la oraci贸n una determinada actitud del cuerpo.
27. La meditaci贸n cristiana del Oriente ha valorizado el simbolismo psicof铆sico, que a menudo falta en la oraci贸n del Occidente. Este simbolismo puede ir desde una determinada actitud corp贸rea hasta las funciones vitales fundamentales, como la respiraci贸n o el latido card铆aco.. El ejercicio de la " oraci贸n a Jes煤s " por ejemplo, que se adapta al ritmo respiratorio natural, puede -al menos por un cierto tiempo- servir de ayuda real para muchos. Por otra parte, los mismos maestros orientales han constatado tambi茅n que no todos son igualmente id贸neos para hacer uso de este simbolismo, porque no todas las personas est谩n en condiciones de pasar del signo material a la realidad espiritual que se busca. El simbolismo, comprendido en modo inadecuado e incorrecto, puede incluso convertirse en un 铆dolo y, como consecuencia, en un impedimento para la elevaci贸n del esp铆ritu a Dios. Vivir en el 谩mbito de la oraci贸n toda la realidad del propio cuerpo como s铆mbolo es todav铆a m谩s dif铆cil: puede degenerar en un culto al mismo y hacer que se identifiquen subrepticiamente todas sus sensaciones con experiencias espirituales.
28. Algunos ejercicios f铆sicos producen autom谩ticamente sensaciones de quietud o de distensi贸n, sentimientos gratificantes y, quiz谩, hasta fen贸menos de luz y calor similares a un bienestar espiritual. Confundirlos con aut茅nticas consolaciones del Esp铆ritu Santo ser铆a un modo totalmente err贸neo de concebir el camino espiritual. Atribuirles significados simb贸licos t铆picos de la experiencia m铆stica, cuando la actitud moral del interesado no se corresponde con ella, representar铆a una especie de esquizofrenia mental que puede conducir incluso a disturbios ps铆quicos y, en ocasiones, aberraciones morales.
Esto no impide que aut茅nticas pr谩cticas de meditaci贸n provenientes del Oriente cristiano y de las grandes religiones no cristianas, que ejercen un atractivo sobre el hombre de hoy -dividido y desorientado-, puedan constituir un medio adecuado para ayudar, a la persona que hace oraci贸n, a estar interiormente distendida delante de Dios, incluso en medio de las solicitaciones exteriores.
Sin embargo, es precios recordar que la uni贸n habitual con Dios, o esa actitud de vigilancia interior y de invocaci贸n de la ayuda divina que en el Nuevo Testamento viene llamada la " oraci贸n continua ", no se interrumpe necesariamente ni siquiera cuando hay que dedicarse, seg煤n la voluntad de Dios, al trabajo y al cuidado del pr贸jimo. " Ya com谩is, ya beb谩is o hag谩is cualquier otra cosa ", nos dice el Ap贸stol, " hacedlo todo para gloria de Dios " (1 Cor 10, 31). Efectivamente, la oraci贸n aut茅ntica, como sostienen los grandes maestros espirituales, suscita en los que la practican una ardiente caridad que los empuja a colaborar en la misi贸n de la Iglesia y al servicio de sus hermanos para mayor gloria de Dios.
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