Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Carta a los obispos de la Iglesia Cat贸lica sobre algunos aspectos de la meditaci贸n cristiana

Cuestiones de m茅todo

16. La mayor parte de las grandes religiones que han buscado la uni贸n con Dios en la oraci贸n, han indicado tambi茅n caminos para conseguirla. Como " la Iglesia Cat贸lica nada rechaza de lo que, en estas religiones, hay de verdadero y santo ", no se deber铆an despreciar sin previa consideraci贸n estas indicaciones, por el mero hecho de no ser cristianas. Se podr谩 al contrario tomar de ellas lo que tienen de 煤til, a condici贸n de no perder nunca de vista la concepci贸n cristiana de la oraci贸n, su l贸gica y sus exigencias, porque s贸lo dentro de esta totalidad esos fragmentos podr谩n ser reformados e incluidos. Entre 茅stos, se puede enumerar en primer lugar la humilde aceptaci贸n de un maestro experimentado en la vida de oraci贸n y que conozca sus normas; de esto se ha tenido siempre conciencia en la experiencia cristiana desde los tiempos antiguos, ya en la 茅poca de los Padres del desierto. Este maestros, experto en el "sentire cum ecclesia ", debe no s贸lo dirigir y llamar la atenci贸n sobre ciertos peligros, sino tambi茅n , como " padre espiritual ", introducir de manera viva, de coraz贸n a coraz贸n, en la vida de oraci贸n, que es don del Esp铆ritu Santo.

17. El tard铆o clasicismo no cristiano distingu铆a tres estados en la vida de perfecci贸n: las v铆as de la purificaci贸n, de la iluminaci贸n y de la uni贸n. Esta doctrina ha servido de modelo para muchas escuelas de espiritualidad cristiana. Este esquema, en s铆 mismo v谩lido, necesita sin embargo algunas precisiones que permitan su correcta interpretaci贸n cristiana, evitando peligrosos malentendidos.

18. La b煤squeda de Dios mediante la oraci贸n debe ser precedida y acompa帽ada de la ascesis y de la purificaci贸n de los propios pecados y errores, porque seg煤n la palabra de Jes煤s solamente " los limpios de coraz贸n ver谩n a Dios " (Mt 5, 8). El Evangelio se帽ala sobre todo una purificaci贸n moral de la falta de verdad y de amor y, sobre un plano m谩s profundo, de todos los instintos ego铆stas que impiden al hombre reconocer y aceptar la voluntad de Dios en toda su integridad. En contra de lo que pensaban los estoicos y neoplat贸nicos, las pasiones que son, en s铆 mismas, negativas; es negativa su tendencia ego铆sta y, por tanto, el cristiano debe liberarse de ella para llegar a aquel estado de libertad positiva que el clasicismo cristiano llama " apatheia ", el Medioevo " impassibilitas " y los Ejercicios Espirituales ignacianos " indiferencia ".

Esto es imposible sin una radical abnegaci贸n, como se ve tambi茅n en San Pablo que usa abiertamente la palabra " mortificaci贸n " (de las tendencias pecaminosas). S贸lo esta abnegaci贸n hace al hombre libre para realizar la voluntad de Dios y participar en la libertad del Esp铆ritu Santo.

19. Por consiguiente, la doctrina de aquellos maestros que recomiendan " vaciar " el esp铆ritu de toda representaci贸n sensible y de todo concepto, deber谩 ser correctamente interpretada, manteniendo sin embargo una actitud de amorosa atenci贸n a Dios, de tal forma que permanezca, en la persona que hace oraci贸n, un vac铆o susceptible de llenarse con la riqueza divina. El vac铆o que Dios necesita es la renuncia al propio ego铆smo, no necesariamente la renuncia a las cosas creadas que nos ha dado y entre las cuales nos ha colocado. No hay duda de que en la oraci贸n hay que concentrarse enteramente en Dios y excluir lo m谩s posible aquellas cosas de este mundo que nos encadenan a nuestros ego铆smo. En este punto, San Agust铆n es un maestro insigne. Si quieres encontrar a Dios, dice, abandona el mundo exterior y entra en t铆 mismo. Sin embargo, prosigue, no te quedes all铆, sino sube por encima de t铆 mismo, porque t煤 no eres Dios : El es m谩s profundo y grande que t煤. " Busco en mi alma su sustancia y no la encuentro; sin embargo, he meditado en la b煤squeda de Dios y, empujado hacia El a trav茅s de las cosas creadas, he intentado conocer sus " perfecciones invisibles " (Rm 1, 20)". " Quedarse en s铆 mismo " : he aqu铆 el verdadero peligro. EL gran Doctor de la Iglesia recomienda concentrarse en s铆 mismo, pero tambi茅n trascender el yo que no es Dios, sino s贸lo una criatura. Dios es " interior intimo meo, et superior summo meo ".Efectivamente, Dios est谩 en nosotros y con nosotros, pero nos trasciende en su misterio 10 .

20. Desde el punto de vista dogm谩tico, es imposible llegar al amor perfecto de Dios si se prescinde de su autodonaci贸n en el Hijo encarnado, crucificado y resucitado. En El, bajo la acci贸n del Esp铆ritu Santo, participamos, por pura gracia, de la vida intradivina. Cuando Jes煤s dice : "El que me ha visto a m铆 ha visto al Padre" (Jn 14, 9), no se refiere simplemente a la visi贸n y al conocimiento exterior de su figura humana ("la carne no sirve para nada", Jn 6, 63). Lo que entiende con ello es m谩s bien un " ver " hecho posible por la gracia de la fe : ver a trav茅s de la manifestaci贸n sensible de Jes煤s lo que 茅ste, como Verbo del Padre, quiere verdaderamente mostrarnos de Dios (" El Esp铆ritu es el que da la vida (...); las palabras que os he dicho son esp铆ritu y vida", ibid). Es este " ver" no se trata de la abstracci贸n puramente humana (" ab-stractio ") de la figura en la que Dios se ha revelado, sino de captar la realidad divina en la figura humana de Jes煤s, de captar su dimensi贸n divina y eterna en su temporalidad. Como dice S. Ignacio en los Ejercicios Espirituales, deber铆amos intentar captar " la infinita suavidad y dulzura de la divinidad " (n. 124), partiendo de la finita verdad revelada en la que hab铆amos comenzado. Mientras nos eleva, Dios es libre de " vaciarnos " de todo lo que nos ata en este mundo, de atraernos completamente a la vida trinitaria de su amor eterno. Sin embargo, este don puede ser concedido s贸lo " en Cristo a trav茅s del Esp铆ritu Santo " y no por nuestras propias fuerzas, prescindiendo de su revelaci贸n.

21. En el camino de la vida cristiana despu茅s de la purificaci贸n sigue la iluminaci贸n mediante el amor que el Padre nos da en el Hijo y la unci贸n que del El recibimos en el Esp铆ritu Santo (cfr. 1 Jn 2, 20).

Desde la antig眉edad cristiana se hace referencia a la " iluminaci贸n " recibida en el bautismo. Esta introduce a los fieles, iniciados en los divinos misterios, en el conocimiento de Cristo, mediante la fe que opera por medio de la caridad. Es m谩s, algunos escritores eclesi谩sticos hablan expl铆citamente de la iluminaci贸n recibida en el bautismo como fundamento de aquel sublime conocimiento de Cristo Jes煤s (cfr. Flp 3, 8) que viene definido como " theoria " o contemplaci贸n.

Los fieles, con la gracia del bautismo, est谩n llamados a progresar en el conocimiento y en el testimonio de las verdades de la fe, cuando " comprenden internamente los misterios que viven ". Ninguna luz divina hace que las verdades de la fe queden superadas. Por el contrario, las eventuales gracias de iluminaci贸n que Dios pueda conceder ayudan a aclarar la dimensi贸n m谩s profunda de los misterios confesados y celebrados por la Iglesia, en espera de que el cristiano pueda contemplar a Dios en la gloria tal y como es (cfr. 1 Jn 3, 2).

22. Finalmente, el cristiano que hace oraci贸n puede llegar, si Dios lo quiere, a una experiencia particular de uni贸n. Los sacramentos, sobre todo el bautismo y l eucarist铆a, son el comienzo objetivo de la uni贸n del cristiano con Dios. Sobre este fundamento, por una especial gracia del Esp铆ritu, quien ora puede ser llamado a aquel particular tipo de uni贸n con Dios, que, en el 谩mbito cristiano, viene calificado como m铆stica.

23. Ciertamente el cristiano tiene necesidad de determinados tiempos de retiro en la soledad para recogerse y encontrar, cerca de Dios, su camino. Pero, dado su car谩cter de criatura, y de criatura consciente de no estar seguro sino por la gracia, su modo de acercarse a Dios no se fundamenta en una t茅cnica, en el sentido estricto de la palabra. Esto ir铆a en contra del esp铆ritu de infancia exigido por el Evangelio. La aut茅ntica m铆stica cristiana nada tiene que ver con la t茅cnica: es siempre un don de Dios, cuyo beneficiario se siente indigno.

24. Hay determinadas gracias m铆sticas -por ejemplo, las conferida a los fundadores de instituciones eclesiales en favor de toda su fundaci贸n, as铆 como a otros santos-, que caracterizan su peculiar experiencia de oraci贸n y no pueden, como tales, ser objeto de imitaci贸n y aspiraci贸n para otros fieles, aunque pertenezcan a la misma instituci贸n y est茅n deseosos de una oraci贸n m谩s perfecta 11 . Pueden existir diversos niveles y modalidades de participaci贸n en la experiencia de oraci贸n de un fundador, sin que a todos debe ser conferida con id茅nticas caracter铆sticas. Por otra parte, la experiencia de oraci贸n, que ocupa un puesto privilegiado en todas las instituciones aut茅nticamente eclesiales antiguas y modernas, constituye siempre, en 煤ltimo t茅rmino, algo personal. Y es a la persona a quien Dios da su gracia en vista de la oraci贸n.

25. A prop贸sito de la m铆stica, se debe distinguir entre los dones del Esp铆ritu Santo y los carismas concedidos en modo totalmente libre por Dios. Los primeros son algo que todo cristiano puede reavivar en s铆 mismo a trav茅s de una vida sol铆cita de fe, de esperanza y de caridad y, de esa manera, llegar a una cierta experiencia de Dios y de los contenidos de la fe, por medio de una seria ascesis. En cuanto a los carismas, S. Pablo dice que existen sobre todo en favor de la Iglesia, de los otros miembros del Cuerpo m铆stico de Cristo (cfr. 1 Cor 12, 7). Al respecto hay que recordar, por una parte, que los carismas no se pueden identificar con los dones extraordinarios -" m铆sticos "- (cfr. Rm 12, 3-21), por otra, que la distinci贸n entre " dones del Esp铆ritu Santo " y " carismas " no es tan estricta. Un carisma fecundo para la Iglesia no puede ejercitarse, en el 谩mbito neotestamentario, sin un determinado grado de perfecci贸n personal; por otra parte, todo cristiano " vivo " posee una tarea peculiar -y en este sentido un "carisma"- " para la edificaci贸n del Cuerpo de Cristo " (cfr. Ef 4, 15-16) 12 , en comuni贸n con la Jerarqu铆a, a la cual " compete ante todo no sofocar el Esp铆ritu, sino probarlo todo y retener lo que es bueno " (LG n. 12).


10

El sentido cristiano positivo del " vaciamiento" de las criaturas, resplandece de forma ejemplar en el Pobrecito de As铆s. San Francisco, precisamente porque ha renunciado a ellas por amor del Se帽or, las ve llenas de su presencia y resplandecientes en su dignidad de criaturas de Dios y entona la secreta melod铆a de su ser en el C谩ntico de las criaturas (Cfr. C. Esser, Opuscula sancti Patris Francisci Assisiensis, Ed. Ad Claras aquas Grottaferrata (Roma) 1978, pp. 83-86; (en castellano, puede encontrarse en : San Francisco de As铆s. Escritos completos y biograf铆as primitivas. La Editorial Cat贸lica (Madrid) 1956, p. 71). En el mismo sentido escribe en la " Carta a todos los fieles ": " Toda criatura que hay en el cielo y en la tierra, en el mar y los abismos (Ap 5, 13), rinda a Dios alabanzas, gloria, honor y bendici贸n, pues El es nuestra virtud y fortaleza; El s贸lo es bueno (Lc 18, 19), El s贸lo alt铆simo, omnipotente, admirable, glorioso; s贸lo El santo, digno de ser alabado y bendecido por los siglos de los siglos. Am茅n ". (Ibid, Opuscula... 124).

San Buenaventura hace notar c贸mo Francisco percib铆a en cada criatura la huella de Dios y derramaba su alma en el gran himno del reconocimiento y, la alabanza (cfr. Legenda S. Francisci, cap. 9 n 1, en Opera omnia, ed. Quarachi 1898, Vol. VIII, p. 530; traducci贸n al castellano en : San Francisco... , p. 586).

11

Nadie que haga oraci贸n, aspirar谩, sin una gracia especial, a una visi贸n global de la revelaci贸n de Dios como s. Gregorio Magno reconoce en S. Benito, o al impulso m铆stico con el que S. Francisco de As铆s contemplaba a Dios en todas sus criaturas, o a una visi贸n tambi茅n global, como la que tuvo S. Ignacio en el r铆o Cardoner y de la cual afirma que, en el fondo, habr铆a podido tomar para 茅l el puesto de la Sagrada Escritura. La " noche obscura " descrita por S. Juan de la Cruz, es parte de su personal carisma de oraci贸n: no es preciso que todos los miembros de su orden la vivan de la misma forma, como si fuera la 煤nica manera de alcanzar la perfecci贸n en la oraci贸n a que est谩n llamados por Dios.

12

La llamada del cristiano a experiencias " m铆sticas " puede incluir tanto lo que Santo Tom谩s califica como experiencia viva de Dios a trav茅s de los dones del Esp铆ritu Santo, como las formas inimitables -a las que, por tanto, no se debe aspirar- de donaci贸n de la gracia (cfr. STO. TOMAS DE AQUINO, Summa Theologiae, I陋, IIae, a. 1 c, como tambi茅n a. 5 ad 1).

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