11.- La unidad o comunión entre las Iglesias particulares en la Iglesia universal, además de en la misma fe y en el Bautismo común, está radicada sobre todo en la EucaristÃa y en el Episcopado.
11.1.- Está radicada en la EucaristÃa porque el Sacrificio eucarÃstico, aun celebrándose siempre en una particular comunidad, no es nunca celebración de esa sola comunidad: está, en efecto, recibiendo la presencia eucarÃstica del Señor, recibe el don completo de la salvación, y se manifiesta asÃ, a pesar de su permanente particularidad visible, como imagen y verdadera presencia de la Iglesia una, santa, católica y apostólica.
11.2.- El redescubrimiento de una eclesiologÃa eucarÃstica, con sus indudables valores, se ha expresado sin embargo a veces con acentuaciones unilaterales del principio de la Iglesia local. Se afirma que donde se celebra la EucaristÃa, se harÃa presente la totalidad del misterio de la Iglesia, de modo que habrÃa que considerar no-esencial cualquier otro principio de unidad y de universalidad. Otras concepciones, bajo influjos teológicos diversos, tienden a radicalizar aún más esta perspectiva particular de la Iglesia, hasta el punto de considerar que es el mismo reunirse en el nombre de Jesús (cfr. Mt 18,20) lo que genera la Iglesia: la asamblea que en el nombre de Cristo se hace comunidad, tendrÃa en sà los poderes de la Iglesia, incluido el relativo de la EucaristÃa; la Iglesia, como algunos dicen, nacerÃa "de la base". Estos y otros errores similares no tienen suficientemente en cuenta que es precisamente la EucaristÃa la que hace imposible toda autosuficiencia de la Iglesia particular. En efecto, la unicidad e indivisibilidad del Cuerpo eucarÃstico del Señor implica la unicidad de su Cuerpo mÃstico, que es la Iglesia una e indivisible. Desde el centro eucarÃstico surge la necesaria apertura de cada comunidad celebrante, de cada Iglesia particular: del dejarse atraer por los brazos abiertos del Señor se sigue la inserción en su Cuerpo, único e indivisivo. También por esto, la existencia del ministerio petrino, fundamento de la unidad del Episcopado y de la Iglesia universal, está en profunda correspondencia con la Ãndole eucarÃstica de la Iglesia.
12.- Efectivamente, la unidad de la Iglesia está también fundamentada en la unidad del Episcopado. Como la idea misma del Cuerpo de las Iglesias reclama la existencia de una Iglesia cabeza de las Iglesias, que es precisamente la Iglesia de Roma, que "preside la comunión universal de la caridad", asà la unidad del Episcopado comporta la existencia de un Obispo Cabeza del Cuerpo o Colegio de los Obispos, que es el Romano PontÃfice. De la unidad del Episcopado, como de la unidad de la entera Iglesia, "el Romano PontÃfice, como sucesor de Pedro, es principio y fundamento perpetuo y visible". Esta unidad del Episcopado se perpetúa a lo largo de los siglos mediante la sucesión apostólica, y es también fundamento de la entidad de la Iglesia de cada época con la Iglesia edificada por Cristo sobre Pedro y sobre los demás apóstoles.
13.- El obispo es principio y fundamento visible de la unidad en la Iglesia particular confiada a su ministerio pastoral, pero para que cada Iglesia particular sea plenamente Iglesia, es decir, presencia particular de la Iglesia universal con todos sus elementos esenciales, y por lo tanto constituida a imagen de la Iglesia universal, debe hallarse presente en ella, como elemento propio, la suprema autoridad de la Iglesia: el Colegio episcopal "junto con su Cabeza el Romano PontÃfice, y jamás sin ella". El Primado del Obispo de Roma y el Colegio episcopal son elementos propios de la Iglesia universal "no derivados de la particularidad de las Iglesias", pero interiores a cada Iglesia particular. Por tanto, "debemos ver el ministerio del sucesor de Pedro, no sólo como un servicio global que alcanza a toda la Iglesia particular desde fuera, sino como perteneciente ya a la esencia de cada Iglesia particular desde dentro. En efecto, el ministerio del Primado comporta esencialmente una potestad verdaderamente episcopal, no sólo suprema, plena y universal, sino también inmediata, sobre todos, tanto sobre los pastores como sobre los demás fieles. Que el ministerio del Sucesor de Pedro sea interior a cada Iglesia particular, es expresión necesaria de aquella fundamental mutua interioridad entre la Iglesia universal e Iglesia particular.
14.- Unidad de la EucaristÃa y unidad del Episcopado con Pedro y bajo Pedro no son raÃces independientes de la unidad de la Iglesia, porque Cristo ha instituido la EucaristÃa y el Episcopado como realidades esenciales vinculadas. El Episcopado es uno como una es la EucaristÃa: el único Sacrificio del único Cristo muerto y resucitado. La liturgia expresa de varios modos esta realidad, manifestando, por ejemplo, que toda celebración de la EucaristÃa se realiza en unión no sólo con el propio Obispo sino también con el Papa, con el orden episcopal, con todo el clero y con el entero pueblo. Toda válida celebración de la EucaristÃa expresa esta comunión universal con Pedro y con la Iglesia entera, o la reclama objetivamente, como en el caso de las Iglesias cristianas separadas de Roma.
15.- "La universalidad de la Iglesia, de una parte, comporta la más sólida unidad y, de otra, una pluralidad y una diversificación, que no obstaculizan la unidad, sino que le confieren en cambio el carácter de comunión" Esta pluralidad se refiere sea a la diversidad de ministerios, carismas, formas de vida y de apostolado dentro de cada Iglesia particular, sea la diversidad de tradiciones litúrgicas y culturales entre las distintas Iglesias particulares.
15.1.- La promoción de la unidad que no obstaculiza la diversidad, asà como el reconocimiento y la promoción de una diversidad que no obstaculiza la unidad sino que la enriquece, es tarea primordial del Romano PontÃfice para toda la Iglesia y, salvo el derecho general de la misma Iglesia, de cada Obispo en la Iglesia particular confiada a su ministerio pastoral. Pero la edificación y salvaguardia de esta unidad, a la que la diversidad confiere el carácter de comunión, es también tarea de todos en la Iglesia, porque todos están llamados a construirla y respetarla cada dÃa, sobre todo mediante aquella caridad que es "el vÃnculo de la perfección".
16.- Para una visión más completa de este aspecto de la comunión eclesial -unidad en la diversidad-, es necesario considerar que existen instituciones y comunidades establecidas por la Autoridad Apostólica para peculiares tareas pastorales. Estas, en cuanto tales, pertenecen a la Iglesia universal, aunque sus miembros de las Iglesias particulares donde viven y trabajan. Tal pertenencia a las Iglesias particulares, con la flexibilidad que le es propia, tiene diversas expresiones jurÃdicas. Esto no sólo no lesiona la unidad de la Iglesia particular fundada en el Obispo, sino que por el contrario contribuye a dar a esta unidad la interior diversificación propia de la comunión.
16.1.- En el contexto de la Iglesia entendida como comunión, hay que considerar también los múltiples institutos y sociedades, expresión de los carismas de vida consagrada y de vida apostólica, con los que el EspÃritu Santo enriquece el Cuerpo MÃstico de Cristo: aun no perteneciendo a la estructura jerárquica de la Iglesia, pertenecen a su vida y a su santidad.
16.2.- Por su carácter supradiocesano, radicado en el ministerio petrino, todas estas realidades eclesiales son también elementos al servicio de la comunión entre las diversas Iglesias particulares.
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