Pero la categoría de personas se torna también categoría de pueblos. Nos hallamos en la perspectiva demográfica.
Encontramos aquí un amplio campo que entra plenamente en la doctrina social de la Iglesia, y donde se juega una solidaridad real, con un actitud de respeto y de justicia.
Hay muchos pueblos pobres en el mundo maltratados por los poderosos del mundo. Son manipulados, recortados en su soberanía, con políticas demográficas impuestas, con procedimientos condicionantes que la Iglesia no cesa de denunciar 14 .
Hay una denuncia vigorosa, hasta cierto punto inusitada, en la que Juan Pablo II muestra la trama ideológica que todo lo invade, con un gran temor, en vez de una corriente de solidaridad, porque pueden disturbar su tranquilidad. Una tranquilidad egoísta, satisfecha e injusta. «Éstos -los poderosos de la tierra- consideran también como una pesadilla el crecimiento demográfico actual y temen que los pueblos más prolíficos y más pobres representen una amenaza para el bienestar y la tranquilidad de sus Países. Por consiguiente, antes que querer afrontar y resolver estos graves problemas respetando la dignidad de las personas y de las familias, y el derecho inviolable de todo hombre a la vida, prefieren promover e imponer por cualquier medio una masiva planificación de los nacimientos. Las mismas ayudas económicas, que estarían dispuestos a dar, se condicionan injustamente a la aceptación de una política antinatalista» 15 .
Hay documentos, recientemente publicados, que prueban lo fundado de esta denuncia. Lo que pone en movimiento drásticos mecanismos de defensa es el temor que suscitan pueblos pobres, agresores de la placidez de los poderosos. Es un riesgo, o un atentado contra el poder de la fuerza, contra la fuerza transmutada en "derecho", el de los fuertes. En un organismo de la ONU se celebra la imaginación de festivales de control natal: los niños inflan como bombas de juguete los preservativos. Se los distribuyen en escuelas y colegios. ¡El sexo es un juego 16 ! Se trata de un "Rapport" de 1990, de la Banca Mundial, publicada en Washington. El profesor Schooyans muestra las inquietantes conclusiones del documento, coordinado por Kissinger, del año 1974, que tiene como título Implications of world wide Population Grow for U.S. security and overseas interests. El control natal es cuestión de "seguridad" 17 .
Se habla de un darwinismo social. ¿Qué significa? En el evolucionismo hay un filum, el de los más fuertes, que avanza, permanece, mientras otros caen en el camino. En los campos sociales y económicos pareciera que habría una ideología y unas políticas demográficas que conceden todos los derechos a los pueblos ricos, los cuales son negados a los pobres. Éstos no tendrían derecho a engendrar hijos, a procrear. Esto sería ya una irresponsabilidad.
La ideología culpabiliza a los pobres por su acelerado crecimiento poblacional. Ellos así atentarían contra el ecosistema. Son la causa del deterioro del medio ambiente. Ideas semejantes fueron llevadas a la Conferencia de Río de Janeiro sobre el medio ambiente. Fue necesario que la delegación de la Santa Sede recordara los abusos que provienen de los desafueros de una industrialización sin límites y que defendiera los derechos de la familia y de una paternidad responsable. ¡Poco se habló de la polución letal de centrales nucleares como Chernobyl!
Primero se exageran los peligros con tonos apocalípticos. El mundo en la "revolución demográfica", superpoblado, no soportaría más habitantes. No cabemos en un mundo con recursos limitados. No caben más pasajeros en la balsa. Las proyecciones hacia el futuro serían aterradoras si no se frena el crecimiento demográfico de los pobres, rápido y por todos los medios. ¿Dónde está la verdad?
Imposible resumir aquí, en toda su fuerza, una serie de argumentos que han sido objeto en varios recientes congresos sobre demografía, en una reflexión seria que se ha profundizado en el documento de trabajo Evoluciones demográficas: dimensiones éticas y pastorales 18 , del Pontificio Consejo para la Familia.
Se olvida que nos hallamos en un momento de transición que muestra que al crecimiento acelerado desde 1825, hacia la década del '70, se ha alcanzado una tendencia hacia una estabilización. Ésta es producto del hecho de la drástica caída de la tasa de nacimientos en muchos países ricos que acusan el "invierno demográfico" y de los cambios operados en tantos países en donde no se puede hablar de "explosión" demográfica. Un período de rápido crecimiento poblacional, causado por la reducción notable de la mortalidad infantil y a los avances de la medicina y de la higiene, que han permitido que la media de esperanza de vida haya aumentado en forma tan positiva.
Ilustra muy bien este nuevo momento, el hecho de las rectificaciones de proyecciones que antes eran lanzadas a los cuatro vientos con tintes apocalípticos. Y no me refiero a las confusiones del Club de Roma hace años. Los mismos datos de las Naciones Unidas cambian sorprendentemente, en los últimos años. Es aleccionador el libro del profesor Gérard-François Dumont, Le monde et les hommes. Les grandes évolutions démographiques 19 .
Él trabaja sobre los mismos datos de Naciones Unidas. ¿Qué es posible observar? En menos de cinco años ya no se usa la proyección alta que hace poco se ofrecía y se difundía por doquiera, es decir, los 11 mil millones de habitantes para el año 2025. Se habla ahora de la hipótesis media de 8 mil millones. ¡En un lapso de 30 años, solamente, se hace ya una "rebaja" de 3 mil millones! ¡Más de la mitad de la actual población mundial! Se trata de hipótesis de proyecciones cambiantes que se suceden caprichosamente. Hay ya hipótesis que contemplan la posibilidad (es verdad, muy baja) de 4 mil millones de habitantes en el año 2010...
El problema radica en los recursos actuales y potenciales, y los que la imaginación y el trabajo del hombre pueden descubrir, explotar y arbitrar.
Y esto en cada país, en cada región, y en todo el mundo. Somos una familia. ¡El problema es el desarrollo "integral", como lo señalaba Pablo VI en la Populorum progressio, de todo el hombre y de todos los hombres! Hoy hay países como Estados Unidos que son una despensa para el mundo. El progreso, el crecimiento agrícola es superior, muy superior, a sus necesidades. En el mundo ha habido un notable crecimiento en la agricultura. En algunas partes guerras intestinas, más que desastres ecológicos, han provocado sensibles reducciones. Hay una capacidad de imaginación que abre nuevas esperanzas. Se dice que si el hombre tiene una boca, goza de dos manos y de inteligencia. Gracias a ello no es verdad que choquemos contra límites inalterables.
Es necesario desmontar pieza por pieza los mitos que liquidan la esperanza, por medio de un esfuerzo científico, serio, abierto al diálogo. Hoy tenemos la sensación de un diálogo de sordos en donde se cree que la victoria está de parte de quienes cuentan con más medios de comunicación para imponer sus impresiones. La ONU podría ayudar no poco y liberarse de ataduras políticas, burocráticas, que traicionan su noble diseño original, propiciando un diálogo urgente y posible. Tiene el riesgo de convertir sus órganos en pulpos de una especie de gran poder omnipotente y arbitrario.
A pesar de la dificultad de acopiar datos serios en muchos países, hay cifras que son indicativas. Si en Nigeria y en Ciudad de México las estadísticas se caracterizan por caprichosas, no es imposible captar tendencias y hacer previsiones, al menos por un lapso adecuado de tiempo. Por lo que hemos comprobado, por ejemplo, en América Latina la cuestión demográfica está lejos de ser dramática. Algunos países están en el umbral que llevaría incluso a un desequilibrio demográfico. Y esto lo van reconociendo los datos oficiales.
Allí donde los recursos actuales no cubren ni son suficientes para las necesidades de una población en crecimiento, como v.gr. en algunos países de África y en Asia, un esfuerzo colectivo por el desarrollo, y no el recurso a métodos y técnicas inmorales, indignas del hombre, es la única vía de solución posible. La dignidad de los pueblos no puede ser puesta en juego.
Se equivocan quienes creen que los caudales inmensos de dinero, puestos al servicio de la anticoncepción y del aborto, para la esterilización masiva, con distintos métodos, son la solución a los problemas. Se difunden en las escuelas y colegios primero textos que banalizan el sexo y luego píldoras y preservativos -como ya lo recordábamos-, como si solamente fuera importante combatir (en forma además equivocada e insegura) las enfermedades sexualmente transmisibles. Se impone a los pueblos un estilo de vida errado, un lenguaje imperial desprovisto de verdad, aprovechando temores artificiosamente suscitados, apoyados en aspectos objetivos y en riesgos que no es dable ni justo ocultar. Un obispo africano me decía: primero les enseñan a hacer lo que quieran con su cuerpo y luego a abortar.
Permitidme recordar una síntesis, con su toque de humor pedagógico, de un apóstol de la dignidad, como fue el profesor Jérôme Lejeune, a quien el Santo Padre hizo el homenaje, que recibió casi doblegado por la enfermedad, de nombrar Presidente de la Academia Pontificia para la Vida: «La anticoncepción es hacer el amor, sin hacer el niño; la fecundación asistida es hacer el niño, sin hacer el amor; el aborto es deshacer el niño, y la pornografía es deshacer el amor». Una síntesis de un falso estilo de vida y una suma de errores, que no dejan de serlo con vanas apologías. Y todo esto cuesta, está costando muy caro, en el desconcierto de sociedades enfermas, con la peor enfermedad: la que socava las fuerzas del alma.
Hay un enorme riesgo de que se impongan, como si fueran impecables conclusiones de la paternidad responsable, que las familias pobres y los pueblos pobres deben estar condenados a no tener hijos. En las vastas dimensiones de la pobreza, sería impedimento moral para procrear.
Preocupa sí que se procree fuera del hogar, en el abandono total. Éste es uno de los más graves problemas. Preocupa mucho la ausencia de mecanismos legales, de códigos de la familia. El futuro, con el avance de la mentalidad divorcista, será más doloroso. La pobreza es una cruz en muchos hogares y la Iglesia reconoce numerosas causas justas para limitar la familia y apelar a los métodos naturales de la regulación de la fertilidad. La enseñanza es conocida y reiterada 20 . Pero donde hay un hogar constituido, estable, responsable, los hijos tienen alguna protección.
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