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Mons. Carlo Caffarra, Conferencia en el Curso de Bio茅tica, en Bolonia, el 13 de abril de 1994, por el Mons. Carlo Caffarra
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2. La familia y la genealog铆a de la persona

Es una afirmaci贸n central y permanente en la visi贸n cristiana de la persona humana la que dice que 茅sta (la persona humana) encuentra su cuna, no solo biol贸gica sino espiritual, en la comunidad de la familia. Santo Tom谩s habla de la necesidad para el hombre, no s贸lo de un 煤tero f铆sico para su desarrollo, sino tambi茅n de un 煤tero espiritual, constituido por la comuni贸n conyugal de los padres. Se trata de una afirmaci贸n de car谩cter antropol贸gico. Pero no es solo esto. Se trata tambi茅n de afirmaci贸n de la estructura social, de la relaci贸n entre la familia y otras sociedades. Como veremos.

驴Cu谩l es la raz贸n profunda de este nexo entre familia y genealog铆a de la persona? Podemos partir de una afirmaci贸n que la Iglesia ha hecho siempre, aunque sea una de las afirmaciones m谩s contestadas de parte de quien no comparte la visi贸n cristiana. Es la afirmaci贸n seg煤n la cual se da un nexo, de derecho inseparable, entre el ejercicio de la sexualidad, amor conyugal y procreaci贸n de una nueva persona. Considero que la percepci贸n neta de este nexo tiene una importancia decisiva para comprender toda la doctrina cristiana del hombre y del matrimonio. Veamos cu谩l es el contenido de este nexo y las razones por las que es afirmado.

El contenido. En el ser-hombre y en el ser-mujer est谩 inscrito un significado que no pertenece a la libertad de inventar, sino s贸lo a la de descubrir e interpretar en la verdad. La masculinidad y la femineidad son un lenguaje dotado de un significado originario. No son un dato puramente biol贸gico apto para recibir cualquier sentido que la libertad decida atribuirle. 驴Cu谩l es este significado? Es el don total de s铆 al otro. El lenguaje de la masculinidad / femineidad es el lenguaje del don total. En cuanto tal, es lenguaje intr铆nsecamente, esencialmente esponsal, conyugal. El ser sexuado humano es orientado a la conyugalidad (y en Cristo a la virginidad consagrada). En este sentido, la doctrina de la Iglesia habla de nexo de derecho indeleble entre el ejercicio de la sexualidad y la conyugalidad.

"La l贸gica del don de s铆 al otro en totalidad comporta la apertura potencial a la procreaci贸n (鈥�). Ciertamente, el don rec铆proco del hombre y de la mujer no tiene como finalidad solo el nacimiento de los hijos, sino que es en s铆 comuni贸n mutua de amor y de vida. Siempre debe ser garantizada la 铆ntima verdad de tal don. 脥ntima no es sin贸nimo de subjetiva. Significa m谩s bien esencialmente coherente con la objetiva verdad de aquel y aquella que se donan" (Carta a las familias, 12) Y entra en la edificaci贸n de esta verdad tambi茅n la potencial paternidad y maternidad inscrita en ellos. De este modo, la persona es generada a partir de un acto de amor y esperada como puro don.

Las razones por las que la Iglesia afirma estos nexos son profundas. Podemos percibirlas a trav茅s del trazo de una contrafigura. Este nexo puede ser negado en una doble direcci贸n. La primera: el ser hombre - el ser mujer no transmite ning煤n significado originario que preceda a la libertad por lo cual no existe ninguna definici贸n prescriptiva de relaci贸n sexual, sino solamente descriptiva y por lo tanto la paternidad - maternidad no tiene ning煤n enraizamiento objetivo. En este contexto se coloca el actual ennoblecimiento de la contracepci贸n como liberaci贸n de la biolog铆a sexual, el intento de la equiparaci贸n de las parejas homosexuales y la negativa a considerar la adopci贸n como "pareja" de una filiaci贸n natural. 驴Cu谩l es el resultado de esta desconexi贸n? Me limito a llamar su atenci贸n sobre lo que me parece lo m谩s importante. En la raz贸n est谩 la negaci贸n de que el ser hombre - ser mujer sea el lenguaje originario del ser simplemente persona. Es decir: la persona expresa su vocaci贸n originaria mediante el lenguaje del cuerpo, mediante su ser hombre y su ser mujer. Destruyendo esta reciprocidad en el don, se destruye el c贸digo fundamental de la comunicaci贸n interpersonal. Se destruye en su origen mismo, la posibilidad de la comuni贸n interpersonal. No lo olvidemos: el hombre se sinti贸 solo y Dios no cre贸 otro hombre. Cre贸 la mujer. Es la posibilidad de una civilizaci贸n del don la que es destruida.

Pero la desconexi贸n procede tambi茅n en el sentido inverso: desarraigar la procreaci贸n (y la genealog铆a) de la persona de la comunidad conyugal y de la actividad sexual. En este contexto est谩 la artificializaci贸n de la procreaci贸n humana, que parece ahora no conocer l铆mite alguno. 驴Cu谩l es el resultado de este segundo tipo de desconexi贸n? El riesgo de reducir el hijo a un "producto" del que se tiene necesidad para la propia felicidad.

Como se ve, la ra铆z por la que la Iglesia afirma que entre el ejercicio de la sexualidad, la conyugalidad y la procreaci贸n existe una conexi贸n de derecho inalienable es una sola: s贸lo salvando esta conexi贸n se salva la comuni贸n interpersonal, se salva la dignidad de la persona.

Esta reflexi贸n de base nos ha ya introducido en la consideraci贸n de la familia como lugar de crecimiento de la persona. En el primer punto de nuestra reflexi贸n hemos visto que el crecimiento de la persona es crecimiento de su libertad, esto es, de su capacidad de amar, de entregarse a s铆 misma en la verdad. 驴Por qu茅 justamente la familia es el lugar originario, no digo el 煤nico, de este crecimiento de la persona?

Teniendo presente cuanto queda dicho sobre la relaci贸n sexualidad - conyugalidad - procreaci贸n podemos disponer nuestra respuesta en dos momentos. En realidad, la comunidad familiar se construye en dos relaciones interpersonales, la relaci贸n conyugal y la relaci贸n parental. Consider茅moslas anal铆ticamente.

2.1 He hablado ya del "lenguaje del cuerpo" como el lenguaje fundamental de la persona; la masculinidad - femineidad tienen en s铆 y por s铆 un significado que debe ser le铆do en la verdad. El autor inspirado del segundo cap铆tulo del G茅nesis nos ha revelado verdades decisivas para nuestra vivencia espiritual. El hombre vive una soledad originaria, esto es, intr铆nseca a su mismo ser hombre. Puesto en el universo de las cosas, en el universo de las no-personas, 茅l se siente absolutamente solo. Esta soledad no es un bien: el ser humano en estas condiciones no ha alcanzado su plenitud. En t茅rminos m谩s abstractos, m谩s metaf铆sicos, dec铆amos que la subsistencia en s铆 y por s铆 no es el 煤nico constitutivo de la persona. Y de hecho, justamente para salir de esta soledad, el hombre - cada uno de nosotros - busca un dominio, una posesi贸n. Dominio y posesi贸n que no lo hacen salir de su soledad originaria. El hombre alcanza su plenitud puesto frente a la mujer. Es el momento en que se descubre llamado a una comuni贸n, capaz de realizarla porque est谩 al frente de otra persona. Hay aqu铆 un misterio muy profundo. Es a trav茅s del lenguaje corporal que la persona dice cu谩l es su vocaci贸n originaria. Podemos ahora comprender, creo, por qu茅 en la comuni贸n conyugal la persona humana crece como persona humana: porque es en 茅sta que se realiza como don de s铆. Y en efecto en el v铆nculo conyugal encontramos de modo eminente toda la misteriosa paradoja humana. No existe un v铆nculo de mutua pertenencia m谩s radical que el de la pertenencia conyugal: no es posible, in humanis, pertenecerse m谩s que conyugalmente. No existe un acto de libertad m谩s grande que el acto con el cual dos esposos se entregan: quiz谩 no es posible, in humanis, ser m谩s libre. La libertad coincide con el don. Y el don de s铆 implica la posesi贸n de s铆: no se puede donar aquello que no se posee. El m谩ximo de la auto-afirmaci贸n coincide con el m谩ximo de la auto-donaci贸n. Por esto la comuni贸n conyugal es el lugar del crecimiento de la persona como tal.

2.2 La comuni贸n conyugal se expande en la comunidad familiar. Es el lugar propio de la genealog铆a de la persona: el lugar propio de su crecimiento. A pesar de estar radicado en la biolog铆a, el concepto de la persona no es simplemente el resultado de una fortuita o necesaria coincidencia de factores biol贸gicos. Esto explica la llegada a la existencia de un individuo, del todo funcional para la supervivencia de la especie. Pero el hombre que es concebido, es una persona, 煤nica e insustituible en su valor infinito. Y de hecho los esposos pueden solo querer un ni帽o(a): uno cualquiera. Ellos no pueden decidir a quien concebir: a 茅l y no a otro. El conocimiento de esta persona 煤nica, insustituible puede llegar a ellos de la existencia de 茅sta: al verla, ellos dicen: "茅ste es mi ni帽o(a)". No pueden conocerlo antes de que exista. 驴Por qu茅? Descubrimos aqu铆 la diferencia esencial entre el conocimiento creado y el conocimiento divino. El hombre conoce aquello que existe y por qu茅 existe; mientras es el conocimiento divino el que hace ser. En una palabra: toda concepci贸n implica un acto de creaci贸n.

Cada uno de nosotros existe porque ha sido pensado y querido por Dios. Como consecuencia de esto no habiendo 茅stos (los esposos) decidido, sino siendo el hijo un don de Dios, 茅stos lo reciben como tal. Y en esta acogida est谩 el origen de toda la genealog铆a de la persona. Entrada en el universo la nueva persona se pregunta sobre el "rostro" de este mismo universo: si es un rostro hostil o amigo, si lo rechaza o lo acoge, si considera un bien su estar ah铆 o por el contrario, un mal. Seg煤n la respuesta que recibe la nueva persona, ser谩 marcada toda su existencia. Su crecimiento ser谩 determinado por la respuesta que reciba a su pregunta. 驴De qui茅n recibe esta respuesta? De la mujer que la ha concebido y de su padre: "qu茅 bueno es que est茅s aqu铆". Es el bienvenido. El universo lo esperaba como un don y 茅l puede vivir con la certeza de que es bueno existir. As铆 se inicia el crecimiento de la persona en la verdad y en el bien. Dice profundamente el Santo Padre en la Carta ya citada: "Si, el hombre es un bien com煤n: bien com煤n de la familia y de la humanidad, de los grupos particulares y de las m煤ltiples estructuras sociales" (11,6). En el amor esponsal en el cual la persona del c贸nyuge es afirmada en s铆 y por s铆 se cumple as铆 la afirmaci贸n de la nueva persona. Esta puede iniciar en el ambiente del amor conyugal su crecimiento.

Se ve verdaderamente como la afirmaci贸n del nexo entre ejercicio de la sexualidad, conyugalidad y procreaci贸n est谩 en la base de la consiguiente afirmaci贸n de que la familia es el lugar originario del crecimiento de la persona.

Siempre he dicho, en el curso de mi reflexi贸n, "lugar originario", no exclusivo. La persona humana necesita tambi茅n de otros "ambientes", otros lugares para un crecimiento integral. Esto trae un problema de relaciones, de relaciones de la familia con otros lugares para el crecimiento de la persona: hablaba de un problema de arquitectura social y pol铆tica.

Tambi茅n el Tercer informe sobre la familia en Italia (a cargo de P.P. Donati, CISF, Mil谩n, 1993) insiste en este punto, con an谩lisis y propuestas bastante pertinentes. No quiero adentrarme en este campo, en el cual adem谩s soy incompetente. Quisiera m谩s bien con atenci贸n continuar mi reflexi贸n en la perspectiva antropol贸gica y 茅tica, limit谩ndome a estudiar un proceso cultural que tiende a sustituir a la familia como lugar originario del crecimiento, o cuando menos como lugar no necesariamente originario.

Este proceso cultural contesta precisamente aquellos tres anillos de la conexi贸n y entonces viene a caer la conexi贸n misma. La primera negaci贸n rechaza la existencia de un significado originario propio del lenguaje sexual: cada uno crea el propio lenguaje sexual. La segunda negaci贸n rechaza que la definici贸n de matrimonio sobre la base de la sexualidad sea prescriptiva, que exista una definici贸n prescriptiva de conyugalidad: cada uno crea el propio c贸nyuge. La tercera negaci贸n rechaza que sea de importancia decisiva que el matrimonio sea el fundamento de la familia. La consecuencia de esta triple negaci贸n es bien descrita en el mencionado Informe, al cual remitimos (sobretodo v茅ase en la p谩g.430).

Hablar de familia como lugar necesario originario de crecimiento de la persona pierde cada vez m谩s significado te贸rico y pr谩ctico.

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