Como confirmación del interés bioético de la encÃclica, es preciso añadir que se abordan varios e importantes temas propios de esta materia.
No sólo trata del aborto y la eutanasia, los dos puntos más destacados de la encÃclica, sobre los que se pronuncian condenas formales y comprometedoras para los fieles, incluso desde el punto de vista de la fe.
Se recogen, aunque sea en forma sintética, las valoraciones morales con respecto a la procreación artificial, el diagnóstico prenatal, la experimentación y, en general, con respecto a las intervenciones sobre embriones humano; si se reafirma el valor y la situación ético-jurÃdica del embrión; se condena el suicidio especÃficamente en la forma, recientemente propuesta, del suicidio asistido; se recuerdan las valoraciones éticas sobre la anticoncepción, la esterilización, la pena de muerte y la legÃtima defensa.
Estos temas se hallan en el capÃtulo primero, que describe los delitos que se realizan contra la vida, y luego vuelven a aparecer en el capÃtulo tercero, que es de Ãndole doctrinal y moral, donde, por consiguiente, se pronuncian los juicios morales. Asà pues, se trata una amplia gama de problemas de bioética.
Pero tras una primera lectura, puede parecer que sobre los temas de bioética la encÃclica, en definitiva, no ha dicho nada sustancialmente nuevo con respecto a los documentos anteriores de Ãndole ética. La originalidad de la encÃclica consistirÃa sólo en el hecho de haber dado unidad orgánica a todas las enseñanzas propuestas con anterioridad.
En realidad, si se hace un análisis más atento, se descubre que hay novedades, tal vez no con respecto a la doctrina moral, pero sà con respecto al carácter oficial que brota del hecho de que son tratadas en una encÃclica. Bajo este aspecto, me parece una novedad el amplio pasaje dedicado a la amenaza contra la vida que se realiza en el ámbito demográfico, sobre todo con polÃticas impuestas a los paÃses pobres, pero que producen daños también en los paÃses ricos. El Santo Padre compara esas polÃticas a las de antiguo faraón. «Del mismo modo se comportan hoy no pocos poderosos de la tierra. Éstos consideran también una pesadilla el crecimiento demográfico actual y temen que los pueblos más prolÃficos y más pobres representen una amenaza para el bienestar y la tranquilidad de sus paÃses» (n. 16).
AquÃ, en la encÃclica, el Papa reafirma el discurso de Denver y lo inserta como un juicio moral con respecto a las polÃticas de planificación familiar: «Se trata de amenazas programadas de manera cientÃfica y sistemática» (n.17).
El mandamiento no matarás tiene asà un alcance planetario, de acuerdo con la extensión mundial de los delitos y de las polÃticas contra la vida.
Otro punto que, a mi parecer, constituye una novedad, no en sentido absoluto, sino en la enseñanza oficial del Magisterio, es el relativo a la conexión que existe entre anticoncepción y aborto.
Se recuerda que los dos hechos tienen una calificación diversa desde un punto de vista ético, porque tienen un objeto moral diferente. Pero se subraya que están vinculados entre sÃ, no sólo desde el punto de la mentalidad que une esos dos hechos como factores contrarios a la acogida de la vida, sino también desde el punto de vista objetivo, y lo demuestra el hecho de que «la preparación de productos quÃmicos, dispositivos intrauterinos y "vacunas" que, distribuidos con la misma facilidad que los anticonceptivos, actúan en realidad como abortivos en las primerÃsimas fases de desarrollo de la vida del nuevo ser humano» (n. 13).
AsÃ, es nueva la consideración dentro de la defensa de la vida humana, la conexión con la conservación del ambiente, a la que ya aludimos a propósito de la relación entre naturaleza y persona.
Deseo terminar destacando una novedad muy alentadora para quien se dedica al estudio de la bioética. Entre los signos de esperanza la encÃclica incluye también el desarrollo del estudio de la bioética. «Con el nacimiento y desarrollo cada vez más extendido de la bioética se favorece la reflexión y el diálogo —entre creyentes y no creyentes, asà como entre creyentes de diversas religiones— sobre problemas éticos, incluso fundamentales, que afectan a la vida del hombre» (n. 27).
Los que cultivan la bioética deben dar gracias a Juan Pablo II por las muchas contribuciones de su magisterio y ahora por esta encÃclica, con la que ilumina los fundamentos mismos de la bioética: la dignidad de la persona humana, también en sus fases frágiles, la relación entre naturaleza y persona, la fundamentación del juicio moral, y la relación entre ley moral y ley civil.
En definitiva, la encÃclica, que concluye con una oración a MarÃa, recuerda a un mundo centrado en su horizonte terreno que el hombre no es, como los demás seres vivos, un simple momento del devenir universal, porque es capaz de devolver al mundo más de lo que recibe del mundo, y de elevarse a lo eterno.
25 de agosto de 1995
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