Desde hace tiempo la humanidad se interesa por los productos capaces de obrar sobre el sistema nervioso y de ejercer asà una influencia sobre las funciones psÃquicas. El alcohol y los productos que contienen opio, por ejemplo, son conocidos universalmente por la euforia pasajera y el alivio que procuran, al alejar al individuo de la realidad cotidiana dolorosa o demasiado exigente. El descubrimiento de los barbitúricos ha venido a añadir muy recientemente una nueva arma al arsenal médico de productos capaces de ejercer una acción deprimente en el sistema nervioso central, y la cirugÃa, de modo particular no deja de valerse de ellos en forma amplia. Pero, desde hace algunos años, se ha visto introducir en los laboratorios y en las clÃnicas psiquiátricas agentes de un tipo totalmente nuevo que han alcanzado rapidamente una gran notoriedad y que despiertan ahora un interés considerable, a juzgar por el numero de publicaciones, symposiums y congresos que se les consagra tanto en Europa como en América.
Puede caracterizárselas por su aptitud para influenciar el comportamiento del individuo, para tranquilizarle sin provocar en él la tendencia al sueño. La psicofarmacologÃa, que estudia estas nuevas drogas, las distingue en "psicomiméticas" utilizadas con una finalidad experimental, con objeto de provocar trastornos de comportamientos que imitan a los de los enfermos mentales, y en "tranquilizantes", que ejercen un efecto sedante. Estos últimos interesan nosolamente al laboratorio sino a los clÃnicos, para quienes representan una preciosa aportación en el tratamiento de las psicosis graves y, sobre todo, de los estados de excitación.
El primero de ellos, la clorpromazina, fué empleado en primer lugar en terapéutica psiquiátrica para reforzar la acción de los barbitúricos en las curas de sueño, permitiendo reducir a la vez las dosis y los peligros. Pero cuando se ensayaron sus propiedades psicotropas, resultó de una eficacia insospechable para provocar rápidamente una depresión profunda del sistema nervioso central. Su aplicación dió éxitos notables, que llegaron hasta la curación de un 80 por ciento de casos en la psicosis agudas acompañadas de excitación psicomotora y, en grado menor, en las psicosis confusionales agudas.
Los resultados más sorprendentes, cuando se emplea sola, han sido conseguidos en las psicosis consideradas como las mas rebeldes a los tratamientos, las esquizofrenias paranoides, las crisis esquizofrénicas confusionales y delirantes, y los delirios alucinantes crónicos. Los resultados son menos evidentes en las psicosis depresivas endógenas, son modestos en las psico-neurosis, salvo cuando los fenómenos ansiosos son particularmente marcados. Ha encontrado también un campo de acción vasto en las enfermedades neurológicas, asà como en la terapéutica del dolor, para reforzar la acción de los analgésicos y de los hipnóticos, o para reducir la componente emotiva de los dolores fÃsicos. Manifiesta también propiedades anti-heméticas eficaces.
Si la clorpromazina es el fruto de investigaciones de laboratorio, basadas en estructuras quÃmicas, cuya acción por otra parte no era psicotropa sino antihistamÃnica, la "Rauwolfia serpentina", de la que en 1952 se extrajo el principio activo, la reserpina, que era conocida desde los tiempos antiguos en Extremo Oriente, donde su raÃz era utilizada para el tratamiento de ciertas psicopatÃas. Fue en 1582 cuando el médico y naturalista Leonard Rauwolf, al volver de un viaje a la India, trajo algunas muestras de esta planta. Pero no fué hasta la época moderna, a partir de 1931, que sus propiedades fueron objeto por parte de los sabios de la India de un estudio sistemático. Hubo que esperar hasta estos últimos años para ver entrar la reserpina en la practica psiquiátrica corriente. Muy utilizada para combatir la hipertensión debido a su seguridad relativa y a su acción prolongada , presta notables servicios en el tratamiento de los enfermos mentales, y sobre todo de los esquizofrénicos, cuyos desordenes de comportamiento han impuesto la hospitalización. Su acción terapéutica se manifiesta con mas fuerza sobre las crisis agudas, las fases de confusión mental, las agitaciones repentinas emotivas, y siempre que hay que poner remedio a fuertes tensiones emotivas, a la ansiedad y a las excitaciones psicomotoras. Se ha comprobado que el efecto benéfico se manifiesta inmediatamente en la mayor parte de los casos, y provoca un alivio profundo muy particular; los fenómenos de la enfermedad pierden pronto su importancia en la vida emotiva del sujeto, desaparecen las alucinaciones y disminuyen las dificultades. Cuando la psicosis se instala al cabo de cierto tiempo en un individuo, cuya personalidad ha deformado de una manera permanente, la terapéutica ordinaria no consigue resultados definitivos, pero, prolongando el uso del medicamento en dosis reducidas, se logra, sin embargo, en la mayor parte de los casos, una sensible mejorÃa.
Al lado de estos dos medicamentos principales, señalemos también el meprobamate, utilizado al principio para combatir los espasmos y tensión musculares, y que sirve sobre todo en psiquiatrÃa para calmar la ansiedad en todas sus formas ambulatorias.
La utilidad de estos medicamentos y de otros muchos del mismo tipo que
los acompañan y que se deben a la ingeniosidad y a la labor incesante de los investigadores, se ha manifestado en forma espectacular en las clÃnicas y hospitales psiquiátricos a donde por regla general no se envÃa más que a los pacientes que presentan serios inconvenientes y a veces incluso un verdadero peligro para quienes les rodean. Pues bien, los que sufren de hiperactividad o de excitación afectiva, con estas drogas ven su exagerada movilidad reducida a una medida normal; dejan de ser una amenaza para ellos mismos y para los demás, sobre todo para el personal de los hospitales, al que imponÃan una vigilancia agotadora. El empleo de los medios de violencia, del electrochock y de los barbitúricos resulta menos necesario. La atmósfera de la institución se transforma completamente, procurando por lo tanto a los enfermos una cuadro infinitamente más propicio, y permitiéndoles el ejercicio de actividades terapeúticas bienhechoras y el establecimiento de relaciones más fáciles con quienes les rodean.
Si han renovado los métodos de tratamiento de las psicosis, los nuevos calmantes no carecen de efecto en el tratamiento de las neurosis, sobre todo en los sujetos que, por escapar a su ansiedad, evaden en la acción. Incluso en la vida normal no son raros los casos en que una tensión excesiva, provocada por dificultades profesionales o familiares, o por el temor de peligros inminentes, encuentra en los medicamentos psicotropos un colaborador precioso, que permite enfrentarse con la situación con más firmeza y más serenidad. Los efectos secundarios de estos calmantes no son graves en general y pueden ser combatidos con otros medicamentos. Vosotros, sin embargo, señaláis el peligro que representa para el público el recurrir sin control a estas drogas, con la única finalidad de evitar sistemáticamente las dificultades afectivas, los temores y las tensiones que son inseparables de una vida activa y consagrada a las normales ocupaciones humanas.
Es difÃcil en la hora actual prever cuál será el porvenir de los medicamentos psicotropos. Los primeros resultados conseguidos parecen indicar que se ha dado un paso serio en el tratamiento de las enfermedades mentales, de la esquizofrenia en particular, cuyo pronóstico se consideraba como muy sombrÃo. Pero se escuchan voces autorizadas que invitan a la circunspección y ponen en guardia contra irreflexivos entusiasmos. Varias cuestiones, en efecto, y cuestiones fundamentales, esperan aún una solución precisa, de modo especial las que conciernen al modo de acción de las drogas psicotropas en el sistema nervioso central. Examinando los numerosos trabajos que han abordado ya diversos aspectos de este problema, no se puede ya menos que admirar la incansable perseverancia de los investigadores para arrancar los secretos del funcionamiento de estos delicados mecanismos bioquÃmicos, para precisar el punto de aplicación electivo de cada una de las drogas, sus afinidades y sus antagonismos. En este campo infinitamente complejo, os encontráis perfectamente decididos a hacer luz poco a poco, con el fin de sentar bases farmacológicas seguras para las aplicaciones prácticas, y de las que la terapéutica habrá de aventajarse.
Mas difÃcil aún es las cuestión de las relaciones de la psiquiatrÃa y de la neuropsicofarmacologÃa. La medicación psicoterapéutica ¿obra realmente sobre la causa de la enfermedad, o se contenta con modifica, de forma mas o menos transitoria, ciertos sÃntomas, dejando intactas las causas profundas que son origen del mal? ¿En qué medida ciertas alteraciones del sistema nervioso central son el origen o la consecuencia de los desórdenes emotivos a los que acompañan ? Ciertos autores observan que la experimentación, que tanto ha progresado en estos últimos años, ha puesto en evidencia causas fÃsicas que antes se ignoraban. Los psiquiatras, por su parte, subrayan la naturaleza psicogénica de las enfermedades mentales. Se alegran de que los medicamentos tranquilizantes faciliten el dialogo entre el enfermo y su médico, pero recuerdan que la mejorÃa del comportamiento social obtenida gracias a ellos no significa en absoluto que las profundas dificultades hayan sido resueltas. Lo que hay que enderezar es toda la personalidad, a la que hay que devolver el equilibrio instintivo indispensable para el ejercicio normal de su libertad. SerÃa más bien peligroso ocultar al paciente sus problemas personales, proporcionándole un alivio completamente exterior y una adaptación superficial a la realidad social.
© Copyright 2008. BIBLIOTECA ELECTRÓNICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOSâ„¢. La versión electrónica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos los derechos reservados. La -BEC- está protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben parámetros para su uso. Hecho el depósito legal.