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Luis Fernando Figari, La Biblia en castellano
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La Biblia del padre Scío

El famoso padre Felipe Scío y Riaza nació en Balsaín, Segovia, el 28 de setiembre de 1738. En su bautismo fue apadrinado por el rey Felipe V, de la casa de Borbón. Contando con 16 años de edad ingresó a la orden de clérigos regulares fundada por el aragonés San José de Calasanz, conocida como escolapios o piaristas, por lo de Escuelas Pías 76 . Dos años después hizo su profesión asumiendo, como era costumbre entonces, un nuevo nombre. Tomó el de Felipe de San Miguel. Perteneció a la Provincia Escolapia de Castilla. Fue ordenado sacerdote en 1761, viajando a Roma para completar sus estudios teológicos, donde permanece hasta 1768, en que vuelve a España.

Llega a ser Provincial escolapio de Madrid, preceptor de los nietos del rey Carlos III de España, preceptor de una infanta de Portugal. Escribe algunas obras y realiza traducciones como su conocida de San Juan Crisóstomo, Sobre el Sacerdocio. Conocedor del latín, griego y hebreo, logra una amplia biblioteca que cuenta con textos claves de esas lenguas sobre Sagrada Escritura. En 1795, estando en Valencia, recibe el nombramiento de Obispo de Segovia, por el Papa Pío VI. Estando delicado de salud no toma posesión del Obispado hasta 1796, a través de un procurador. El Señor lo llama en ese mismo año, antes de llegar a ser consagrado Obispo.

La Biblia traducida al castellano

Según cuenta Scío, el rey Carlos III le encomendó en 1780 la traducción de la Biblia completa al castellano. Para acompañar la traducción y corrección de la obra a realizarse fue designado otro sacerdote escolapio, Benito Felíu de San Pedro 77 . Para 1788, el rey Carlos IV asume el proyecto de su padre y decide que se imprima la obra en Valencia. Para entonces Scío se encontraba en Portugal, así que la dirección de la impresión y la corrección de las pruebas se realiza en Valencia bajo la dirección del padre Felíu de San Pedro. El padre Scío envía en ese tiempo los libros pertinentes de su biblioteca a Valencia 78 y los pone a disposición del p. Felíu y los demás escolapios que estaban revisando las pruebas de la primera edición. De 1790 a 1793 se imprime la Biblia traducida por el padre Scío, con la colaboración cercana del p. Felíu. Y tan sólo un año después estaba ya agotada totalmente la primera edición.

La obra lleva multitud de argumentos justificatorios para aparecer en castellano. Se trata de una edición a dos columnas, con el latín y el castellano en paralelo. La traducción es por momentos bastante dura por el deseo de Scío de ajustarse a la letra de la Vulgata. Constituye también un monumento de erudición por las notas a pie de página. La alusión al texto hebreo y griego para ciertos libros del Antiguo Testamento y al griego para otros y para los del Nuevo Testamento evidencian su vasto conocimiento bíblico. Las notas del padre Scío también traen posibles variantes de traducción al castellano 79 . Además hay notas de carácter espiritual. La edición lleva unos bastante completos índices de nombres y lugares, así como una cronología, obviamente según la información de la época, y otros elementos auxiliares. Todo ello habla elocuentemente de la notable calidad científica de quienes participaron en la traducción del siglo XVIII.

Para 1794, como ya se dijo, la primera edición estaba agotada. Así, fue planeada una segunda que procurase acoger algunas críticas levantadas contra faltas de traducción literal. La segunda edición, numerosísimas veces reimpresa, fue revisada en Madrid por un equipo de sacerdotes: Calixto Hornero, Hipólito Leréu, Luis Minguez y Ubaldo Hornero. Sobre una mayor dureza y servilismo al latín en la versión revisada hay ciertas críticas 80 .

Una interesante apología de la Biblia de Scío y una sistemática y pormenorizada crítica a diversos juicios emitidos en la obra Historia de los Heterodoxos Españoles, en la que Menéndez y Pelayo tiene un par de poco afortunadas expresiones al paso sobre la traducción de Scío, y que han sido copiadas por algunos, es la realizada por el escolapio Miguel Balague 81 .

De la calidad exegética de Scío y su colaborador Felíu no se puede dudar. De la seriedad con la que fue acometida tan magna empresa tampoco. Tanto por el resultado, como por los planteamientos que hace en su Advertencia, Disertación Preliminar, y Disertación Segunda. En cuanto a la literalidad, Scío la justifica con sus razones en los textos mencionados. Pero cabe señalar, como otros han hecho, el espíritu de los tiempos, en particular una actitud de ‘caza de brujas’ que perseguía a las traducciones de la Biblia a lengua vernácula. Basta revisar la argumentación que cree necesaria dar el Inquisidor General Felipe Bertrán cuando en 1782 autoriza la traducción de las Sagradas Escrituras a lengua vernácula, y las condiciones que éstas deben llenar. Gabriel M. Verd, S.J., luego de formular un elenco de los principios de traducción de Scío 82 , resume el ambiente cultural en que se dio la famosa traducción: «Tras muchos años de prohibición se permite en España editar la Biblia en lengua vulgar. Naturalmente el recelo y la desconfianza flotan en el ambiente. El P. Scío se inclina por una versión literal en la teoría, aunque sin extremismos en la práctica. Pero no logra evitar las suspicacias» 83 . Esas «suspicacias» son la fuente de las críticas que llevaron a la revisión de la primera edición con la intención de hacer más literal aún el texto.

Las ediciones de la Biblia traducida por el padre Scío se multiplicaron calculándose unas ochenta ediciones 84 . En realidad es difícil determinar con exactitud el número, que bien puede ser mayor, pues si bien se conoce un buen número de ediciones 85 , algunas son de dos tiradas, en unos casos una en bilingüe y otra sólo en castellano, o en otros casos una con láminas otra sin láminas. A ello se suman varias ediciones en París, Nueva York y Londres, e incluso la publicación de la traducción Scío, aunque sin notas, por las Sociedades Bíblicas. En América se difundió profusamente al punto que aún hoy no es difícil encontrar ejemplares de diversas ediciones de la traducción de Scío. En América Latina hay al menos dos ediciones, hechas en México con el título de la Biblia Vulgata Latina, 1831 y 1943 86 . Hay también una traducción bilingüe en aimara y castellano de un Evangelio, publicada en Londres con varias reimpresiones desde 1829. El texto castellano es el de la traducción de Scío, el aimara de V. Pazos-Kamki. El título de la obra: El Evangelio de Jesu Christo según San Lucas en aymará y castellano.


76

San José de Calasanz vio su fundación aprobada en 1617 con el largo nombre de: Congregatio paulina clericorum regularium pauperum Matris Dei scholarum piarum (ver Hostie, pp. 204s; ver igualmente López, pp. 471ss).

77

Nace Benito Felíu en la provincia de Teruel, en 1732. Vistió el hábito escolapio a los 15 años de edad, ingresando a la Provincia Escolapia de Aragón y Valencia. Simultáneamente con Scío, como provincial de Castilla, Felíu fue provincial de Aragón de 1778 a 1781. Era un notable filólogo. Entre sus publicaciones se encuentra una denominada Investigaciones Filológicas acerca de la integridad y autoridad de los Códices hebreo y griego del Antiguo y Nuevo Testamento, acerca de los principales dogmas de la Religión Cristiana y acerca de la antigüedad de la Iglesia Española. Fue llamado por el Señor en 1801.

78

En un catálogo de 1888, la Biblioteca escolapia de Valencia muestra lo rico de su fondo bibliográfico. Tiene 309 volúmenes de Sagrada Escritura, 332 de comentarios a la misma, 18 de árabe y hebreo, y 275 de Santos Padres, entre sus más de trece mil volúmenes (ver Blay, p. 16).

79

Las notas sobre la manera de traducir ciertas palabras al castellano, constituyen un remoto, aunque diverso, precedente del trabajo que realizó José O’Callaghan sobre las formas en que distintas traducciones vierten al castellano las variantes importantes del texto griego del Nuevo Testamento.

80

Ver p. ej., Blay, p. 14, n. 4; ver también Balague, pp. 28ss; igualmente para una opinión algo diversa ver Verd (1973), pp. 144ss. Él cree que en algunos casos los revisores mejoraron la traducción, aunque reconoce su tendencia al literalismo «a veces a costa de la claridad y forzando el hipérbaton» (p. 147).

81

Ver las puntuales críticas y hasta ataques de Balague en relación a juicios de Menéndez en su artículo La Santa Biblia del P. Scío. Como una especie de subtema el artículo se orienta a explicitar los errores de juicio de Menéndez y Pelayo, para lo que incluso llama en su ayuda a Dámaso Alonso en un artículo, luego ampliado en Menéndez y Pelayo. Crítico Literario. (Las palinodias de Don Marcelino). En él, Balague, también analiza críticamente a otro detractor de Scío y su obra: A.M. García Blanco. Habría que sopesar y evaluar las diversas críticas argumentadas, independientemente de los ataques. Sobre el asunto de las frases de Menéndez ver también Verd (1973), pp. 150ss, quien luego de ponderados análisis concluye: «Creo que la obra del P. Scío fue muy meritoria en su conjunto y en sus efectos».

82

Ver Verd (1973), pp. 142ss.

83

Verd (1973), p. 144.

84

Ver González, p. 569.

85

Ver Balague, pp. 451ss.

86

Así aparece en ob. cit., p. 453.
Consultas

© Copyright 2001. BIBLIOTECA ELECTRÓNICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS™. Fuente : 'Figari, Luis Fernando, La Biblia en castellano, en Revista VE, mayo-agosto 1995, año 11, nro. 31, pp. 67-102.' La versión electrónica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos los derechos reservados. La -BEC- está protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben parámetros para su uso. Hecho el depósito legal.


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