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Santo Tomás de Villanueva, Explicación de las Bienaventuranzas y su correspondencia, ya con los dones del Espíritu Santo, ya con la oración del Padre Nuestro
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Explicación de las Bienaventuranzas y su correspondencia, ya con los dones del Espíritu Santo, ya con la oración del Padre Nuestro

Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Bienaventurados los mansos, porque ellos poseer√°n la tierra.

Bienaventurados los que lloran, porque ellos ser√°n consolados.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos ser√°n saciados.

Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzar√°n misericordia.

Bienaventurados los que tienen puro su corazón, porque ellos verán a Dios.

Bienaventurados los pacíficos, porque ellos serán llamados hijos de Dios.

Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Dichosos seréis cuando los hombres por mi causa os maldijeren, y os persiguieren, y dijeren con mentira toda suerte de mal contra vosotros. Alegraos y regocijaos, porque es muy grande la recompensa que os aguarda en los cielos. (Mt 5,3-12)

Estas siete palabras tan admirables que nuestro Se√Īor ha predicado en el principio de su serm√≥n, son fundamento sobre que ha de cargar el peso de los mandamientos que ha de dar en toda esta su Ley; y son tan altas, que quien a ellas hubiere subido ha llegado a la cumbre de la perfecci√≥n que en esta vida puede tener. Porque los pobres de esp√≠ritu y los mansos, llorosos, y los dem√°s de estas siete palabras, no son los que tienen estas virtudes as√≠ como quiera, mas los que en el m√°s alto grado, y a modo de esp√≠ritu divino m√°s que humano. As√≠ como el que fuere tan humilde, que tuviere muy claro conocimiento c√≥mo de s√≠ mismo es nada, y amare con grande amor su propio desprecio, dando de coraz√≥n la honra a Dios, √©ste ser√° pobre de esp√≠ritu. Y el que se hallare libre, no s√≥lo del deseo de venganza, m√°s a√ļn de la turbaci√≥n de la ira, d√°ndose suave y afable a los rencillosos, como si no hubiera sido injuriado, √©ste ser√° el manso de quien aqu√≠ se habla. Y el que huyere los deleites presentes y tomare el gemido por canto, abrazando los trabajos con mayor afici√≥n que los mundanos sus placeres, √©ste es lloroso bienaventurado. Y los que tuvieren grand√≠sima gana del manjar espiritual, como los muy golosos del corporal, son los que han hambre y sed de justicia. Quien tuviere los males ajenos por suyos, a semejanza de madre, que est√° m√°s enferma y llorosa por la enfermedad de su unig√©nito hijo, que el buen hijo que padece, √©ste es el buen misericordioso. Y a los que tuvieren perfecta limpieza de coraz√≥n, la cual es perfecta santidad, a √©stos conviene la sexta palabra. Y a cuyos movimientos estuvieren tan sosegados que no se levantan contra la raz√≥n, y que la voluntad siga con mucho amor a la vida de Dios, y despu√©s tuviere gran deseo y trabajo por ver esta paz en los otros, a √©ste conviene la postrera palabra.

Dichosos aquellos que estos escalones hubieren subido; porque habr√°n llegado a la puerta del Cielo, figurada por el templo que vio Ezequiel 1 , hasta la puerta del cual hab√≠a siete escalones. √Čste tiene la vida m√°s descansada que en este mundo se puede tener; porque est√° su √°nima perfectamente sana y gusta de los frutos del Esp√≠ritu Santo, que son arca de la bienaventuranza y del Cielo. Y as√≠ como en la Ley pasada prometi√≥ Dios 2 abundancia de los bienes temporales a quien la guardase, as√≠ Cristo, para incitarnos a guardar esta su Ley, que tan alta es, nos pone al principio el gran prometimiento, no de bienes de tierra, que no pueden dar bienaventuranza, mas de eternos y celestiales, que tienen cumplida hartura, siendo por dos causas bienaventurados los que estas palabras guardaren: una, por el bien que esperan en los Cielos, as√≠ como ser consolados, hartos, alcanzar misericordia, ver a Dios y todo lo dem√°s que en estas siete palabras prometen; otra, y menos principal, por la esperanza tan cierta de gozar de aquellos bienes cuando se mueran y la abundancia del gozo y riquezas espirituales que en este mundo poseen. Para que as√≠ como los malos son quebrantados con dos quebrantamientos, uno en este mundo por la tristeza de la conciencia, otro en el otro con tormentos de infierno, as√≠ los que guardan estas palabras vayan de virtud y de gozo en gozo y reciban en este mundo ciento tanto de lo que dejaron por Dios y despu√©s la vida eterna.

Y es de mirar que a estas siete palabras corresponden siete dones del Esp√≠ritu Santo, y las siete peticiones del Pater noster; porque el que fuere verdadero humilde, aqu√©l es sobre quien se asienta el esp√≠ritu del temor de Dios, que es una reverencia del √°nima, considerando la grandeza de Dios en su propia peque√Īez; y √©ste s√≥lo puede decir en verdad: Santificado sea tu nombre; que quiere decir que toda la honra sea atribuida a Dios. Y de la humildad nace la mansedumbre, que concuerda con el don de la piedad, con el cual no resistimos, mas honramos las obras y palabras de Dios, aunque no las entendamos; y en estos tales reina Dios, porque no le resisten, y por tanto oran a Dios con verdad: Venga a nos tu Reino. Y despu√©s de haber echado de s√≠ los alborotos de la ira, queda en sosiego para pensar de cu√°ntos males est√© lleno este mundo; y ense√Īando por el don de la ciencia, sabe que m√°s conviene en √©l trabajar que holgar, y llorar que re√≠r; y la causa porque llora es, entre otras, porque en s√≠ mismo y en otros no se obedece del todo la voluntad de Dios, y por eso ora; y sintiendo dolor por sufrir este destierro, conf√≥rmase por quererlo Dios, y dice: Fiat voluntas tua: c√ļmplase tu voluntad en la tierra como en el Cielo. Y como este lloroso desarraiga del coraz√≥n el deseo de los placeres del cuerpo, no le queda en qu√© emplear la hambre de su deseo, sino en las cosas espirituales; y as√≠ ha hambre y sed de justicia; y para esto es menester el don de la fortaleza, porque mayor trabajo es que cavar pasar de la carne al esp√≠ritu, y desechar el pasatiempo presente, y buscar el mantenimiento escondido; y estos solos hambrientos dicen a Dios con verdad: El pan nuestro de cada d√≠a d√°noslo hoy. Mas porque, por muy vigilantes que sean en vencer a s√≠ mismos, para comer este pan que los hace justos, empero todav√≠a caen en algunos pecados, por tanto han menester el don de consejo, por el cual acuerdan de ser misericordiosos con ellos, perdonando los suyos; y a estos conviene decir: Perd√≥nanos nuestras deudas, as√≠ como nos perdonamos a nuestros deudores. Y con estas virtudes pasadas nace en el √°nima un deseo de perfecta limpieza, la cual limpie su entendimiento para poder ver a Dios, el cual no se deja ver sino de ojos muy limpios; y para esta vista les es dado el don del entendimiento, con que penetren las cosas de Dios y lo conozcan en s√≠ y en ellas; y como mientras m√°s las conocen, m√°s huyen y temen el ofenderlo, por tanto le ruegan con mucha instancia: No nos traigas en tentaci√≥n. ¬ŅQu√© resta de todas aquestas cosas, sino un deseo grande de ordenar en tanto sosiego su cuerpo y su √°nima, que los que posean en tanta paz, que ninguna cosa haya en ellos que se levante contra Dios, deseando la misma paz a sus pr√≥jimos? Y entonces tienen el don de sabidur√≠a, porque el √°nima del justo silla es de la sabidur√≠a, estando unida a Dios por pac√≠fico amor, y √©stos son los que ruegan a Dios (y lo alcanzan): L√≠branos del mal.

Estas siete palabras son las siete candelas del candelero del templo y los siete pueblos que se han de vencer para que poseamos en paz la tierra de promisi√≥n; √©stas son las siete vueltas que en siete d√≠as y con siete bocinas se dieron, con las cuales cayeron en tierra los muros de Jeric√≥; y las siete estrellas que tiene Cristo en su mano, y siete candeleros de oro, en medio de los cuales est√°. Mas no piense alguno que, habiendo cumplido estas siete palabras, se ha de echar a dormir, porque aun le queda lo m√°s trabajoso; y se preguntan: ¬Ņqu√©? Sepan que el padecer. No queda m√°s que hacer ni que estudiar; mas queda el sufrir, que es como examen de los que han estudiado. Conviene que quien ha aprendido a recibir bienes de Dios, aprenda pasar males por √Čl. Oro es quien ha cumplido estas palabras; mas conviene que entre en el fuego, para que sea m√°s apurado; trigo es de Cristo; conviene que sea molido por √Čl, para que sea sabroso pan. Estas siete palabras armas son para el √°nima; conviene probarlas en la persecuci√≥n, porque, de otra manera, el ser caballero y el tener armas, cosa de s√≥lo nombre ser√≠a. Si tanto has amado a la bondad, que lo has hecho por ella todo ello, parezca ahora c√≥mo la amas en sufrir algo por ella. La tribulaci√≥n no quita la hambre la bondad, mas da resplandor a la bondad verdadera y derriba la fingida; como la simiente que cay√≥ en tierra de piedras, que luego se sec√≥ con el calor del sol. Y, por tanto, as√≠ como tras la verdad de la doctrina viene la prueba de los milagros, as√≠ despu√©s de la buena vida ha de venir el sufrir con paciencia, cuya virtud es mayor que el hacer milagros. Mucho es hacer buenas obras, pero m√°s es sufrir las malas. No hay otra se√Īal tan grande de amor como es padecer por el amado; porque la paciencia obra perfecta tiene. Pues luego la bondad acabada consiste en dos cosas: en hacer bienes por Dios y en padecer de gana males por √Čl, y mayor se√Īal es de bondad lo segundo que lo primero. Y, por tanto, despu√©s que nuestro Se√Īor nos ha ense√Īado en las palabras pasadas lo que hemos de hacer, esfu√©rzanos ahora a que hayamos de padecer diciendo: Bienaventurados los que padecen persecuci√≥n por la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos. Como si dijese: los buenos cristianos a ning√ļn hombre han de hacer mal, y a todos han de aprovechar en lo que pudiesen; mas si viviendo ellos as√≠ hubiere algunos hombre tan malos que los persiguen, no por culpa que en ellos haya, mas porque siguen la justicia, no pierdan los buenos su voluntad por ocasi√≥n de la maldad ajena, porque no es bueno de verdad el que no sabe sufrir al malo.

No se enga√Īen, empero, algunos pensando que este padecer por justicia es ser castigado del juez o ser afrentado o perseguido de otro por los pecados que ha hecho; porque, aunque este tal padecer con paciencia sea muy provechoso, pues Dios les tomar√° en cuenta todo lo que padecieren de unos y otros, y aun puede ser tan grande el castigo, y tomado con tanta paciencia, que delante el juicio de Dios no le quede m√°s que purgar, antes aquel castigo sea purgatorio para aquel y los otros pecados, y lo haga, a semejanza de martirio, volar al cielo; mas estos de quien aqu√≠ se habla, son aquellos que ni por delito que hayan hecho, ni por odio particular que les tengan, mas solamente porque siguen a la justicia, que quiere decir la virtud, son perseguidos.

As√≠ como guardar castidad para entender en obras de misericordia, por mirar el provecho com√ļn, por predicar la verdad y, generalmente, porque no quieren cometer alg√ļn pecado, o porque hacen alguna obra que sea buena, ahora sean perseguidos de fieles, ahora de infieles, ahora de los que persiguen pensando que aciertan, ahora de los que con pura malicia, todos estos padecen por la justicia, y los llama Cristo bienaventurados. Y si les pareciere recia cosa padecer males por hacer bienes y ser perseguidos por lo que era raz√≥n que fuesen amados, oigan que de ellos es el Reino de los Cielos, y ver√°n luego que est√°n bien pagados breves trabajos con descanso sin fin. ¬ŅPor dicha es de tener en poco ganar el Reino de Dios, y no para un d√≠a, sino para siempre? ¬ŅY qui√©n ser√° tan sin seso que no desee ser coronado con corona de gloria por la bendita mano de Dios? Pues si aquel reino no os contenta, sabed que, aunque es reino de paz y descanso, con trabajos y persecuciones se gana, y con pedradas de brazos de malos se ganan los abrazos de Dios, y el huir de ser perseguidos es huir de ser coronados; por tanto, no hay por qu√© teman los buenos la maldad ajena, mas hay mucho en que provecharse de ella.

Decidme: si a alg√ļn codicioso le arrojasen perlas que las tomase por suyas, ¬Ņpesarle hab√≠a por dicha que le hiciesen un poco con ellas o desear√≠a que m√°s y m√°s le tirasen? Mas creed por muy cierto que no hay perlas tan valerosas, si las sab√©is conocer y sois codiciosos del Cielo, como la persecuci√≥n de los malos. Una corona gan√°is por el bien que hac√©is, y otra m√°s excelente porque padec√©is mal. Pues ¬Ņpor qu√© la ganancia tan grande no os quita dolor tan peque√Īo? No os quej√©is, pues, de lo que os deb√©is gozar, ni os cans√©is de atesorar en el cielo, porque, al fin, no son dignas las pasiones de este tiempo para la gloria que se revelar√° en vosotros. Y, por tanto, disc√≠pulos m√≠os, ciertos de aquesta promesa, y confiados de mi favor, aparejaos, porque en la pelea que ha de venir no ser√©is derribados como cobardes, mas coronados como vencedores. No pens√©is que os hab√©is llegado a seguirme para que vuestra honra sea m√°s alta, o vuestra hacienda m√°s rica, o para vivir en regalo; que si esto fuese, ni se sabr√≠a quien me segu√≠a por amor de estas cosas. Quiero yo que me busquen a m√≠ por m√≠ y que me amen sobre todas las cosas. Y sabed por muy cierto que, si alguno viene a m√≠ y no aborrece su padre y su madre, y mujer e hijos, y hermanos y hermanas, y aun su vida propia, no puede ser disc√≠pulo m√≠o; porque si no est√° aparejado a contentarme a m√≠, aunque descontente a todos, y a perderlo todo (si conviniere) por servicio de Dios, no puede gozar de Dios, que quiere ser amado √ļnicamente, y abrir el camino del ser perseguido por amor de la justicia, tomando mi cruz; y recibir malquerencia en lugar de amor, y blasfemias por buena doctrina, y persecuciones por hacer bienes, y perder la vida por la honra del Padre. Mas sabed por cierto que el que no toma su cruz y apareja el sufrir por m√≠ todo lo que le viniere, no ser√° digno de m√≠.

No es cosa de delicados el ser cristianos, mas de caballeros; que si siguen a mí, yo soy el racimo colgado del palo que fue traído entre dos hombres de la tierra de promisión, porque será llevado entre dos ladrones al lagar de la cruz, adonde sea pisado y salga vino de sangre; mas conviene que los que llegaren a mí, piensen que se han llegado al lagar para ser pisados. Y anímense y enciéndanse, embriáguense con el vino y calor de mi sangre, para que, cuando sean pisados, no sean secos; mas den su fruto en mucha paciencia, que como vino dulce alegre a Dios y a los ángeles. Y yo ceno del pez asado en el fuego y criado en la mar salada de las tribulaciones, mas quiero que coman mis discípulos de lo que me sobra, porque quiero que me sigan en el padecer. Mírese bien, que no debe ser comenzado a ser cristiano, conforme debe de ir con el mundo, pues con él tien paz; porque ésta es muy firme sentencia: que todos los que quisieren vivir bien en mí han de padecer persecución.

Por tanto, no pens√©is de poder agradar juntamente a dos tan contrarios como a m√≠ y al mundo; y si mi compa√Ī√≠a os agradare, no os espanten las persecuciones que os han de venir; y d√≠gooslas antes para que no os derriben con su tropel, si os vinieren sin ser esperadas. Sabed por muy cierto que el mundo, enemigo m√≠, se levantar√° contra vosotros y os perseguir√° con todas sus fuerzas y en todas vuestras cosas. Quitaros ha la honra, despedazar√° vuestra fama, robar√° vuestras haciendas, alanzaros han de los templos, desterraros han de los pueblos, y aun mandar√°n que no os den mantenimientos, como a hombres pestilenciales, y pensar√°n que por vosotros vienen las hambres y males al mundo. Y despu√©s de c√°rceles y azotes y otros tormentos, perder√©is la vida por m√≠. Ning√ļn g√©nero de gente habr√° que no os quieran mal: perseguiros han los letrados con argumentos, y los pr√≠ncipes con tormentos, los sacerdotes con acusaciones, la gente com√ļn con deshonras; ser√©is estimados por locos y enga√Īadores y por el esti√©rcol m√°s despreciado de todo el mundo. Teneros han por tan malos, que quien m√°s mal os hiciere y m√°s presto os matare pensar√° que mejor sacrificio ha ofrecido a Dios; porque ser√° tenido por el mayor de los males nombrarme, y creerme, y seguirme, y llamarse cristianos. Ser√©is perseguidos los que quisi√©redes ser verdaderos cristianos de los jud√≠os, gentiles y falsos cristianos. De jud√≠os, porque como siguen la letra muerta de la Ley, y se contentan con parecer santos de fuera, sin buscar limpieza de coraz√≥n, y tambi√©n como son muy amadores de los bienes de aqueste mundo, no cabr√° en ellos el vino nuevo del Evangelio espiritual, que principalmente habla del coraz√≥n, donde est√° la santidad verdadera, y ense√Īa a despreciar los bienes que pasan y amar los eternos.

Pues los filósofos hinchados con su propio saber, que tienen por necedad todo aquello que por razón no pueden alcanzar, tampoco podrán recibir el Evangelio, que quiere ser más sencillamente oído y creído que curiosamente disfrutado. No porque sean las cosas de Dios contra razón, mas porque son sobre toda razón y en ellas va más seguro el humilde e ignorante que el sabio soberbio, porque son como río muy grande, en el cual nada el cordero y se ahoga el elefante. Y, por tanto, porque estos tales se quieren hacer necios para ser sabios, quedarse han con su sabiduría, que es necedad, regidos por su espíritu: pues no quieren recibir el de Dios, el cual se da a los chicos y humildes y es negado a los grandes soberbios.

Pues los falsos cristianos, cuyas persecuciones son m√°s de temer, son en una de dos maneras: porque los unos pierden la verdad de la fe por estar en alguna herej√≠a, y persiguen a los buenos cristianos con palabras de Dios, entendidas seg√ļn el propio enga√Īado juicio de ellos, y aun con c√°rceles y tormentos si pueden, porque les falta la raz√≥n. Otro g√©nero hay de fingidos cristianos, cuya persecuci√≥n es m√°s de temer que todas las pasadas, y son los que sienten de la fe rectamente y no siguen en la vida la voluntad de Dios. Estos, aunque reciben mi Evangelio, empero, no me obedecen; tr√°enme en su boca y h√≥nranme con se√Īales de fuera; empero, el coraz√≥n de ellos, donde yo miro, lejos est√° de m√≠; y porque teni√©ndolo lleno de codicias, como jud√≠os, o de honras, como si fuesen gentiles, o de amor de deleite, como si fuesen animales, ¬Ņc√≥mo podr√° Dios estar cercano al tal coraz√≥n, pues que est√° lleno de lo que √Čl aborrece? Y de aqu√≠ viene que, como los verdaderos cristianos obedezcan al Evangelio, el cual es totalmente contrario a estos deseos, no puede faltar guerra de fuera entre ellos y los otros, pues tanta diferencia hay de deseos entre sus corazones. Y la persecuci√≥n no la mueven los buenos, porque son mansos como corderos y pac√≠ficos aun con los malos, mas mu√©venla los fingidos cristianos, que son rencillosos, mofadores y descuidados de entender en su vida y notadores de las vidas ajenas. Y esto no por tomar ejemplo de lo bueno que ven y enmendar sus faltas con la bondad ajena, mas para tener qu√© hablar y qu√© reprender, ensuci√°ndose y haci√©ndose peores con la limpieza y bondad de los otros.

La condici√≥n de los tales sueles ser que cuando ven en el pr√≥jimo alguna obra dudosa, m√°s se huelgan de echarla a la peor parte que a la mejor; porque cual es cada uno, por tales juzgan a otros. Y si la obra es tan buena que no la pueden calumniar, ponen sospecha a la intenci√≥n con que se hace, hurtando su oficio a Dios, que es juzgar corazones. Y siendo raz√≥n que por los frutos conozcamos al √°rbol, y aunque (seg√ļn la regla) si alguna tacha, aunque muy clara, hubiese en el pr√≥jimo, es raz√≥n que disimule y sufra, por las virtudes que debemos tener; haciendo √©stos al rev√©s, que por alguna falta liviana y m√°s sospechada que sabida, teniendo ellos otras mayores y muchas, reprenden y blasfeman todo lo bueno del pr√≥jimo; y siendo raz√≥n que le sufriesen y aconsejasen por misericordia sus faltas y le diesen favor en lo bueno que tienen, para que as√≠ creciese la honra de Dios, desbaratan todo lo bueno con su rigor y contradicci√≥n, como personas que desean poco la gloria de Dios y el provecho del pr√≥jimo. Y de √©stos, unos persiguen viendo que yerran, otros pensando que aciertan. La causa de lo primero es la mucha maldad de su coraz√≥n, que les hace parecer mal la bondad ajena. Porque ¬Ņcu√°ndo podr√°n parecer bien a un soberbio, que como pav√≥n quiere tender en este mundo la rueda de plumas de su vanidad, la humildad de quien en este mundo se abaja como gusanillo para ser ensalzado en el otro? ¬ŅY c√≥mo contentar√° al airado le√≥n la mansedumbre del cordero, que no sabe vengarse? Tarde se contentar√° la maliciosa y doblada raposa de la paloma sencilla, que no sabe enga√Īar. Y, finalmente, no se contenta el mundano del espiritual, ni el indevoto del devoto, ni el que busca las cosas presentes de quien tiene todo su amor puesto en el Cielo. Y de aqu√≠ es que, queriendo uno comenzar a subir de la bajeza terrena a la alteza de seguir el Evangelio muy de verdad, vendiendo todos su bienes y d√°ndolos en limosna a los pobres, goz√°ndose con las injurias y con los otros desastres, no curando de su honra, mas buscando el mundo, andando al rev√©s de su vanidad, hablando del Cielo, oyendo de las cosas que llevan a √Čl, teniendo por gran vanidad lo que en este mundo m√°s florece y estando con el solo cuerpo en este mundo, vive ya con el coraz√≥n en el Cielo. ¬°C√≥mo se arman luego contra este tal saetas de lengua, como si hubiese hecho una gran traici√≥n en despreciar el mundo por Dios!

Y esto denota David cuando en los salmos que hizo para subir las quince gradas del templo, que significa la vida espiritual, luego en la subida de la primera grada dijo: Siendo yo atribulado, di voces al Se√Īor y oy√≥me; libra, Se√Īor, mi √°nima de los labios malos y de la lengua enga√Īosa. Atribulado se siente en subiendo la primera grada, por las murmuraciones de los labios malos y de la lengua enga√Īosa, que abiertamente dicen mal del que comienza a subir; y tambi√©n es atribulado de la lengua enga√Īosa, que es la que, poniendo temores vanos, o prometimientos de bienes presentes, o debajo de otra raz√≥n que parezca buena, quieren impedir al que no se contenta con seguir a Dios tibiamente mas sube a servirle con todas sus fuerzas. Y de aqu√≠ es que, as√≠ como en el vientre de la madre Rebeca hab√≠a dos hijos que guerreaban, el uno malo y otro bueno, y de los hermanos Isaac e Ismael, el malo, nacido seg√ļn la carne, persegu√≠a al bueno, nacido seg√ļn el esp√≠ritu; as√≠ de los que la Iglesia tiene en su vientre, y que son hermanos, porque son sus hijos, el malo persigue al bueno, aunque sea de su pueblo, aunque sea vecino, aunque sea amigo, aunque sea pariente y aunque sea padre con hijo; y tanto suele ser la contienda m√°s cruda, cuando el parentesco es mayor. Y aunque esta pelea no sea con armas que matan los cuerpos, son, empero, de lenguas, que hieren las √°nimas.

Ligera cosa parece la palabra, mas su injuria no hiere livianamente; porque escrito est√°: La herida del azote levanta cardenal, mas la plaga de la lengua quebranta los huesos. Y sin duda da√Īan m√°s √©stos algunas veces con guerra de lenguas que parece paz, que los infieles con armas y los herejes con sus enga√Īos; que los infieles no matar√°n m√°s del cuerpo, y aun de su persecuci√≥n pueden huir; y los herejes cualquier buen cristiano los evita, pues est√°n apartados de la Iglesia. Mas ¬Ņc√≥mo huir√° del que est√° en su pueblo y casa o evitar√° al que es tenido por hijo de la Iglesia? Y esto es lo que en nombre de la Iglesia dice en el c√°ntico de Ezequ√≠as: Mirad que en la paz es mi amargura muy mucho amarga; porque amarga fue la Iglesia en la muerte de los m√°rtires y m√°s amarga en la persecuci√≥n de los herejes; empero, muy m√°s amarga en la paz de los malos hijos. Estos son figurados por la mujer de Job, la persecuci√≥n de la cual le fue m√°s grande que la del demonio y sus amigos, que significan los herejes. Y tambi√©n por la mujer de Tob√≠as, la cual, haciendo burla de la buena vida de su marido, le hizo gemir y llorar, habiendo tenido primero mucha paciencia en la reprensi√≥n de los otros. Estos son comparados a San Pedro, que, mirando el amor de la vida presente, aconsejaba a Cristo que no tomase la cruz. Y de la misma manera Abisay aconsej√≥ a David que matase a Seme√≠ porque le hab√≠a maldicho. Y San Pedro por boca de Cristo, como √©ste por boca de David, fueron llamados Satan√°s; porque todo aquel que impide hacer bien o aconseja el mal, miembro es del diablo y llamado Satan√°s, que quiere decir contrario. Y de √©stos dice San Gregorio que no empecer√≠an tanto si la Iglesia no los tuviese dentro de s√≠ por la fe, a los cuales hace que no los puedan evitar cuando los reciben por la profesi√≥n de la fe.

Conforme a los cual dice San Agust√≠n: ‚ÄúNo nos enga√Īen los enga√Īosos herejes, o los vanos paganos, o los malos cristianos que est√°n en la misma Iglesia cat√≥lica, tanto m√°s da√Īosos cuanto m√°s enemigos dentro. De los cuales el profeta no call√≥ cuando dijo: As√≠ como el lirio entre las espinas, as√≠ mi amiga entre las hijas. No dijo en medio de los extra√Īos, mas en medio de las hijas. El que tiene orejas para o√≠r, oiga‚ÄĚ. De las palabras de aquestos santos, y especialmente de estas postreras, claramente parece cu√°n da√Īosa es la lengua de los malos para los que desean seguir a Cristo; y pluguiera a Dios no hubi√©ramos probado por experiencia cu√°ntos pecados se hacen, y cu√°ntos bienes se dejan de hacer, y cu√°ntos bienes comenzados tornan atr√°s por el mofar y aconsejar de los malos. ¬°Oh cosa para llorar! Si Cristo dice: Qui√©n no allega junto conmigo, aqu√©l desperdicia, ¬Ņqu√© ser√° de aquel que no solamente no allega, mas derrama las √°nimas allegadas y estorba que no se alleguen las derramadas? Y si dice el mismo Cristo: Quien no es conmigo, contra m√≠ es, ¬Ņqu√© ser√° de aquel que no ayuda a ser castos, sufridos y virtuosos, pues que esto es ser de la parte de Cristo; antes aconseja y ayuda a otros que pequen, y les dicen que han hecho bien cuando han pecado, y burlan de los que siguen a Cristo?

Por cierto, pues, San Agust√≠n y Or√≠genes dicen que todos los que no aman a Dios y comenten pecados son anticristos, por hacer obras contrarias a Cristo; aunque con mucha raz√≥n ser√°n llamados por este nombre los que reprenden por malo lo que a Cristo parece bueno y aprueban por bueno lo que a √Čl parece malo; aborrecedores de lo que Cristo ama y amadores de lo que Cristo aborrece, hombres al rev√©s de Dios, de los cuales dice Isa√≠as: Que llaman a lo bueno malo y a lo malo bueno, poniendo la luz por tiniebla y las tinieblas por luz 3 . ¬°Oh si √©stos sintiesen aquella terrible palabra de Cristo, que dice: ¬°Ay de aquel por quien esc√°ndalo viene! Y quien escandalizare a uno de estos chiquitos que en m√≠ creen, mejor le ser√≠a que le cargasen a su cuello una muela de tahona y le echasen en el profundo del mar 4 . ¬°Oh con cu√°nta raz√≥n debe temer y llorar quien ha sido causa que hagan alg√ļn mal o se estorbe alg√ļn bien! Y ¬°con cu√°nta vigilancia ha de refrenar todo hombre su lengua y su vida, para no ser causa que otro tropiece por √©l! Porque, allende que si lo tal hiciere es contrario a Cristo, cuyo oficio es hacer √°nimas buenas, y es del bando del diablo, pues que le ayuda a su oficio, que es hacer pecar a los hombres, empero, ¬Ņqui√©n contar√° cu√°n grave sea este pecado, por el grande mal que al pr√≥jimo viene? No se puede hacer penitencia si no se restituye lo que se lleva; y tanto es m√°s dificultosa la restituci√≥n, cuanto lo tomado es de mayor precio. Pues lo que a un hombre tomamos cuando le hacemos pecar, no es oro, ni plata, ni fama, ni vida; mas la buena conciencia, la gracia y amistad con Dios, que no hay cosa m√°s preciosa en el mundo. Pues si queremos tornar a hacer bueno al que una vez hicimos malo, unas veces est√° muerto, y aun quiz√° en el infierno por aquel pecado, y ser√° su mal sin remedio, y su queja sin fin, pidiendo a Dios venganza de quien fue causa de su perdici√≥n; y ya que est√© vivo, quiz√° est√° ausente o no le podemos haber; y ya que se haya, quiz√° ha cometido otros muchos pecados y sido causa de que otros los cometan. Y la experiencia declara que es m√°s ligera cosa hacer a uno malo que despu√©s de hecho tornarlo a hacer ser bueno. Y, por tanto, conviene a los que esto tocan que muy a menudo y con mucha humildad y dolor pidan perd√≥n a Dios de las √°nimas que le hicieron perder, como quien toma al padre sus hijas buenas y las hizo malas mujeres; y le supliquen entre sus principales peticiones por aquellos que hicieron malos, y trabajen por cuantas v√≠as hubieren, ahora sea habl√°ndoles ellos, ahora buscando personas que les hablen, y dando buen ejemplo, y con pedir oraciones ajenas (si todo lo tienen) para que los tales errados se conviertan. Y ayudarse ha para esto con muchos ayunos y limosnas, y con sacrificios de muchas misas por la conversi√≥n de los tales: porque es mucha raz√≥n que aquel tal hombre trabaje muy especialmente por llegar √°nimas a Dios, aqu√©llas u otras, para que por la v√≠a que err√≥ haga penitencia, tornando √°nimas por las que rob√≥.

Esto se ha dicho para despertar a los que tienen en poco haber sido causa que otros pequen por ellos o dejen el bien; porque, seg√ļn dice Gerson 5 , dificultosamente se hace conveniente penitencia de aqueste pecado. Y tambi√©n hase dicho: porque de aqu√≠a delante, si uno quiere ser malo, s√©aselo √©l solo, y baste que se corte √©l del cuerpo de Cristo, sin lastimarle en cortar a otros. ¬ŅQui√©n ser√≠a tan cruel que cortase a Cristo las manos o pies o le sacase sus ojos? ¬ŅY qui√©n es el cristiano que s√≥lo o√≠rlo no tiembla? Creamos, pues, por muy cierto que m√°s verdaderamente hace estas cosas y m√°s le lastima quien hace pecar a las √°nimas que si le cortase sus pies y sus manos. Porque no dijo San Pablo de burla que los buenos cristianos son miembros de Cristo 6 , y tan amados, que por darles vida espiritual perdi√≥ √Čl la vida de su propio cuerpo. Y pues ninguno pierde algo sino por cobrar lo que m√°s ama, claro es amar√° Cristo m√°s las vidas de las almas que la de su propio cuerpo. Y siendo as√≠, m√°s le lastima quien hace que una √°nima peque que si los ojos corporales le sacaran. Todo lo cual afirma San Bernardo, diciendo as√≠: ¬°Oh ceguedad tan grande de los que no huyen de aqueste pecado! ¬ŅQu√© cristiano hay que no le parezca mal la malicia de Herodes, que deseaba la muerte de Cristo reci√©n nacido 7 ? Tengamos, pues, por cierto (pues Cristo lo dice) que toda √°nima que hace la voluntad de Dios 8 , es madre espiritual de Cristo, y esto aunque no sea seg√ļn el cuerpo, empero es muy m√°s excelente modo de ser madre que corporal; y la misma Virgen Mar√≠a fue m√°s bienaventurada en concebirlo en el √°nima 9 , siendo su madre espiritual, que corporal engendr√°ndole de su pur√≠sima sangre, siendo madre seg√ļn el cuerpo. Pues siendo esto as√≠, ¬Ņqu√© otra cosa es hacer tornar a uno atr√°s, cuando comienza a seguir la voluntad de Dios, o hacer pecar al que ha d√≠as que es bueno, sino matar a Cristo, que era reci√©n nacido en aquel √°nima o que hab√≠a d√≠as que era nacido? Miremos, pues, estas cosas tan de mirar, y trabajemos por aumentar al cuerpo de Cristo, que son los buenos cristianos, por que muera por las ya nacidas; porque Cristo, que es vid, tenga muchos sarmientos verdes unidos a s√≠, y no cortados los que tiene; y seamos a una con El allegando √°nimas, no contra √Čl desperdici√°ndolas.

Queda ahora la postrer guerra de los fingidos cristianos, que persiguen a los verdaderos pensando que aciertan. La cual persecuci√≥n suele ser tanto m√°s recia, cuanto m√°s piensan que sirven a Dios los que lo hacen. Porque, cuando los otros perseguidores allegan las cosas de Dios, cesan de perseguir; mas √©stos, cuanto el tiempo es m√°s santo y cuanto m√°s devotos est√°n, tanto con mayores fuerzas persiguen. Y el yerro de √©stos no est√° en la voluntad (pues por buen celo lo hacen), mas est√° en el entendimiento, que no saben conocer la verdad. Y la causa del yerro es aqu√©sta: que como los hombres espirituales son regidos por el Esp√≠ritu Divino, que los hace m√°s altos que hombres, est√°n tan renovados, y tan sutiles, y tan celestiales, y tan conformes a la imagen del celestial, que s√≥lo aqu√©l los puede juzgar y entender que tuviere esp√≠ritu de Dios en s√≠. Porque el que √©ste no tiene y no est√° renovado en los sentidos espirituales, y todo ense√Īado por la sabidur√≠a de Dios, no puede juzgar de las cosas espirituales; porque muchas veces pensar√° que juzga seg√ļn la voluntad de Dios, y es enga√Īado; que como √©l con su esp√≠ritu humano quiere juzgar al que es regido por esp√≠ritu de Dios, y es semejable como el que duerme quisiese juzgar al que vela, y el ciego al que ve, y la bestia al hombre, y el hombre a Dios; pues quiere juzgar con su propio seso al que tiene en s√≠ el seso de Dios, en lo cual es imposible acierte. Y de aqu√≠ es que, as√≠ como lo disc√≠pulos de Cristo, navegando por la mar una noche, no conoc√≠an a Cristo, que conoc√≠a a ellos, y dieron voces diciendo que era fantasma 10 ; as√≠ √©stos que est√°n en tinieblas de ignorancia, regidos por su propio saber, y porque les falta el esp√≠ritu que escudri√Īa las cosas, cuando ven alguna cosa espiritual de Cristo no la conocen; antes, porque no va conforma con el saber de ellos, se espantan y contradicen con voces, y piensan ser enga√Īo lo que vieran muy claro ser Cristo si fuesen espirituales. Empero, aunque yerran con buena intenci√≥n, no por eso dejan de errar, ni dejar√°n de ser castigados; pues que ninguno debe usar oficio falt√°ndole la suficiencia, y aqu√©l s√≥lo ha de ser juez de todas las cosas de Dios que tuviere esp√≠ritu de √Čl, como dice San Pablo, que el espiritual todas las cosas juzga 11 , y √©l de ninguno puede ser juzgado.

Pues seg√ļn estas cosas que arriba se han dicho, grandes y muchas, y de mano de muchos, y de muchas maneras son las persecuciones de los apurados cristianos que adoran a Dios en esp√≠ritu y en verdad y no en carne y en mentira. Muy trillado ha de ser este trigo para que se ponga en las trojes de Dios; y de todas partes ha de ser combatido el que ha de ser coronado en el cielo. Empero, entre estas persecuciones tan recias de lenguas, y robos, y muertes; entre los tribunales, jueces y de magn√≠ficos emperadores, y sabidur√≠a de letrados, religi√≥n de sacerdotes y ferocidad de hombres aramdos, ¬Ņqu√© har√°n las ovejas de Cristo que con sencillez obedecen su voz? ¬ŅNegar√°n por dicha su fe, o apartarse han de seguir su doctrina, o dejar√°n de predicar su verdad? ¬ŅEstar√°n arrepentidos por haberla comenzado a seguir, y dir√°n: qui√©n me sac√≥ de mi paz y me meti√≥ en esta guerra, habi√©ndome enemistado con todos? Como dec√≠an a Mois√©s los israelitas: ¬ŅPara qu√© nos sacaste de Egipto a este destierro? 12 Ya que no se arrepientan, ¬Ņtemblar√°n quiz√° de las armas que ven sobre s√≠, o espantarse ha su coraz√≥n, o demud√°rseles ha su cara, cuando arremetiesen los lobos a ellos, o llevarse han en las c√°rceles y destierros por hombres desdichados, afrentados y perseguidos? No por cierto; nada de aquesto. Mas oigan las verdaderas ovejas las voces de su verdadero Pastor, que dice as√≠: Bienaventurados ser√©is cuando os maldijeren los hombres y os persiguieren y dijeren todo mal por m√≠; gozaos, alegraos, que vuestro galard√≥n muy copioso y grande ser√° en los cielos 13 .


1

Ez 40,12.

2

Dt 8,1-8.

3

Is 5,20.

4

Mt 18,6.

5

Gers., I, 6.15.

6

1Cor 6,15.

7

Mt 2,13.

8

Mc 3,35.

9

Lc 16,28.

10

Mt 14,26.

11

1Cor 2,15.

12

Ex 16,3.

13

Mt 5,4.
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