La vocación del artista: ese es nuestro tema este fin de semana. Asà que, ¿cuál es el llamado del artista? PermÃtanme aproximarme a ello de manera indirecta.
Hace varias semanas, buscando entre mis periódicos del domingo, me topé con un interesante contraste. La portada de la revista Parade presentaba una entrevista con la actriz Jane Alexander, quien ahora encabeza la Fundación Nacional para las Artes.
La Sra. Alexander es uno de los nombramientos más astutos de la administración Clinton. Ella es una artista de gran credibilidad y carácter. Uno siente que serÃa de "malos modales" hablar en su presencia de Jesse Helms y Karen Finley, o de Andrés Serrano y la controversia sobre PissChrist.
En su entrevista, ella argumentaba que los americanos necesitan ser iluminados, y algunas veces incluso asustados, por el arte. Más aun, los artistas deberÃan tener libertad de ofendernos, y cuando lo hacen, realizan un servicio social de gran valor desalojándonos de la complacencia.
Ahora bien, Parade es el periódico más "casero", para las clases medias, y de circulación masiva en América, y cuando una mujer de tan evidente buena voluntad llama a la tolerancia en sus páginas, el llamado tiene gran fuerza. Después de todo, ¿quién puede no estar de acuerdo con la libertad y la tolerancia, o con ensanchar nuestro sentido de cultura?
Ese mismo domingo, en la página principal de la sección "Semana en Revisión" del New York Times, apareció otro artÃculo. Este portaba el tÃtulo, "La Jerga de la CrÃtica ArtÃstica" y contaba una historia un poco diferente. La crÃtica del arte de hoy, decÃa el reportero, se ha hundido en la parálisis. Se ha vuelto extremadamente complicada, aislada y cerebral. ¿Y por qué ha ocurrido esta catástrofe? Porque el arte mismo se ha vuelto mediocre y obsesionado en sà mismo. Es oscuro. Es irrelevante. Y la gente que silenciosamente se queja de esto no son Republicanos del ala derecha. Son encargados de museos y serios crÃticos, como George Steiner en su libro Presencias Reales.
Tom Wolfe argumentó hace como dos décadas que está muy lejos del arte moderno el triunfo del concepto, la teorÃa y la forma sobre la sustancia. Como resultado, no tiene mucho que decir al corazón humano. Simplemente no es muy interesante.
Los ejemplos abundan. El mismo artÃculo del Times que he mencionado trae la fotografÃa de una exhibición realizada por la artista Sherrie Levine en la GalerÃa Marian Goodman de New York. La instalación de Levine -cálidamente revisada por una revista llamada International Flash Art- consistÃa enteramente en seis grandes pianos, colocados simétricamente y coronados con reproducciones en cristal de una escultura de Brancusi. Eso es todo. Llámenme un escéptico, pero eso parece un salón de demostraciones de Steinway. Uno como que espera que un vendedor se pasee por la estructura y le ofrezca bajas cuotas mensuales de pago y envÃo gratis.
Compitiendo con esta banalidad por el escenario y espacio en los museos, se encuentra lo que el crÃtico de arte de la revista Time, Robert Hughes, llama el nuevo "arte vÃctima", de la raza, la clase y el género. En su libro de 1993 La Cultura de la Queja, escribe que "los rasgos permanentes del arte vÃctima norteamericano son la afectación y la ineptitud. En las ejecuciones de Karen Finley y Holly Hughes, se alcanza el extremo de lo que puede ir mal con un arte-como-polÃtica -la creencia de que la mera expresividad es suficiente; que me convierto en artista mostrándote mis agallas y desafiándote a rechazarlas...".
Continúa diciendo que "la disciplina del arte, caracterizada por un amor a la estructura, la claridad, la complejidad, la gradación y la ambición imaginativa, se retira; y se presentan clamores por la exención. Soy una vÃctima: ¿cómo te atreves a imponerme tus modelos estéticos?".
El resultado es un gran incremento de malas obras de arte enraizadas en el ego, la neurosis y el infantilismo; una activa hostilidad por la artesanÃa; un instrumentalismo en el que la persona humana no es más que un medio; una desconfianza de la calidad; y un cinismo hacia el canon occidental del gran arte. La existencia humana es vaciada de toda brillantez y significado. Sólo los "Sonidos del Silencio" se escuchan ante la pregunta: ¿por qué hay algo y no simplemente nada?
El rechazo de esta pregunta conduce, necesariamente, a la pérdida del acto metafÃsico en el corazón de todo arte. No todos los artistas de hoy en dÃa habitan en este terreno estéril. Pero sà los suficientes como para causar verdadera alarma.
En las palabras de un conservador de Nueva York, el arte del mundo de hoy enfrenta la antigua pregunta del cuento de hadas: "¿Está el rey vistiendo ropa alguna?". La Sra. Alexander, hábil como actriz y ahora como funcionaria de la FNA, respondió que sà en las páginas de Parade. Pero sonaba sospechosamente a un funcionario de relaciones públicas cuando lo dijo.
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