Soporte
San Atanasio, Carta a Marcelino sobre la interpretación de los salmos
Incrementar tama√Īo de fuente Disminuir tama√Īo de fuente
Compartir

Carta de nuestro santo padre Atanasio, arzobispo, a Marcelino sobre la interpretación de los salmos

Querido Marcelino, admiro tu fervor cristiano. Sobrellevas perfectamente tu actual situación, y, aunque mucho te haga sufrir, no descuidas en absoluto la ascesis. Pregunté al portador de tu carta por el género de vida que llevas ahora que est s enfermo; me ha informado que si bien dedicas tu tiempo a toda la Escritura santa, tienes, sin embargo, con mayor frecuencia el libro de los Salmos entre las manos, tratando de comprender el sentido que cada uno esconde. Te felicito, pues tengo idéntica pasión por los Salmos, como la tengo por la Escritura entera.

Hallándome en una ocasión (invadido) por semejantes sentimientos, tuve un encuentro con un anciano estudioso y quiero transcribirte la conversación que sobre los Salmos, - ¡Salterio en mano! - sostuvo conmigo. Lo que aquel viejo maestro me transmitió es agradable y, al mismo tiempo instructivo. He aquí lo que me dijo:

Toda nuestra Escritura hijo m√≠o, tanto del Antiguo como del Nuevo (Testamento), est√° , tal como est√° escrito, inspirada por Dios y es √ļtil para ense√Īar (2 Tm.3,16). Pero el libro de los Salmos, si se reflexiona atentamente, posee algo que merece una especial atenci√≥n.

Cada uno de los libros, en efecto, nos ofrece y nos entrega su propia ense√Īanza: El Pentateuco, por ejemplo, relata el comienzo del mundo y la vida de los Patriarcas, la salida de Israel de Egipto como tambi√©n la entrega de la legislaci√≥n. El Triteuco relata la distribuci√≥n de la tierra, las haza√Īas de los jueces, como tambi√©n la genealog√≠a de David. Los libros de los Reyes y de las Cr√≥nicas relatan los hechos de los reyes. Esdr√°s describe la liberaci√≥n del cautiverio, el retorno del pueblo, la reconstrucci√≥n del templo y de la ciudad. Los (libros de los) profetas predicen la venida del Salvador, recuerdan los mandamientos, advierten y exhortan a los pecadores, como tambi√©n profetizan acerca de las naciones. El libro de los Salmos, es como un jard√≠n en el que no s√≥lo crecen todas estas plantas, -¬°y adem√°s melodiosamente cantadas! -, sino que nos muestra lo que le es privativo, ya que al cantar (salmos) a√Īade lo suyo propio.

Canta los acontecimientos del G√©nesis en el salmo 18: Los cielos pregonan la gloria de Dios, y el firmamento proclama la obra de sus manos (Sal 18,1), y en el salmo 23: La tierra y todo lo que contiene es del Se√Īor; el mundo y todo lo que lo habita √Čl lo fund√≥ sobre los mares (Sal 23,1-2). Los temas del √Čxodo, N√ļmeros y Deuteronomio los canta hermosamente en los salmos 77 y 113: Cuando Israel sali√≥ de Egipto, la casa de Jacob, de un pueblo b√°rbaro, Jud√° fue su santuario e Israel su dominio (Sal 113,1-2). Similares temas canta en el salmo 104: Envi√≥ a Mois√©s su siervo, y a Aar√≥n, su elegido. Les confi√≥ sus palabras y sus maravillas en la tierra de Cam. Envi√≥ la oscuridad y oscureci√≥; pero se rebelaron contra sus palabras. Transform√≥ sus aguas en sangre, y dio muerte a sus peces. Su tierra produjo ranas, hasta en las habitaciones del rey. Habl√≥ y se llen√≥ de t√°banos y de mosquitos todo su territorio (Sal 104,26-31). Es f√°cil descubrir que todo este salmo como tambi√©n el 105 fueron escritos en referencia a todos estos acontecimientos. Las cosas que se refieren al sacerdocio y al tabern√°culo las proclama en aquello del salmo 28: al salir del tabern√°culo, diciendo: Ofrezcan al Se√Īor, hijos de Dios, ofr√©zcanle gloria y honor (Sal 28,1).

Los hechos concernientes a Josu√© y a los jueces los refiere brevemente el salmo 106 con las palabras: Fundaron ciudades para habitar en ellas, sembraron campos y plantaron vi√Īas (Sal 106, 36-37). Pues fue bajo Josu√© que se les entreg√≥ la tierra prometida. Al repetir reiteradamente en el mismo salmo, Entonces gritaron al Se√Īor en su tribulaci√≥n, y √©l los libr√≥ de todas sus angustias (Sal 106,6), se est indicando el libro de los Jueces. Ya que cuando ellos gritaban les suscitaba jueces a su debido tiempo para librar a su pueblo de aquellos que lo aflig√≠an. Lo referente a los reyes se canta en el salmo 19 al decir: Algunos se glor√≠an en carros, otros en caballos, pero nosotros en el nombre del Se√Īor nuestro Dios. Ellos fueron detenidos y cayeron; pero nosotros nos levantamos y mantenemos en pie. ¬°Se√Īor, salva al Rey y esc√ļchanos cuando te invocamos! (Sal 19,8-10). Y lo que se refiere a Esdr√°s lo canta en el salmo 125 (uno de los salmos graduales): Cuando el Se√Īor cambi√≥ la cautividad de Si√≥n, quedamos consolados (Sal 125,1); y nuevamente en el 121: Me alegr√© cuando me dijeron, vayamos a la casa del Se√Īor. Nuestros pies recorrieron tus palacios, Jerusal√©n; Jerusal√©n est edificada cual ciudad completamente poblada. Pues all√≠ suben las tribus, las tribus del Se√Īor, como testimonio para Israel (Sal 121, 1-4).

Pr√°cticamente cada salmo remite a los profetas. Sobre la venida del Salvador, y de que aquel que deb√≠a venir, ser√≠a Dios, as√≠ se expresa el salmo 49: El Se√Īor nuestro Dios vendr√° manifiestamente, y no se callar (Sal 49,2-3); y el salmo 117: ¬°Bendito el que viene en el nombre del Se√Īor! Nosotros los hemos bendecido desde la casa del Se√Īor; el Se√Īor (es) Dios y √©l se nos manifest√≥ (Sal 117, 26-27). √Čl es el Verbo del Padre, como lo canta el 106: √Čl envi√≥ su Verbo y los cur√≥, los salv√≥ de sus corrupciones (Sal 106,20). El Dios que viene es √©l mismo el Verbo enviado. Sabiendo que este Verbo es el Hijo de Dios, hace decir al Padre en el salmo 44: Mi coraz√≥n ha proferido un Verbo bueno (Sal 44,1), y tambi√©n en el salmo 109: De m√≠ seno antes de la aurora yo te he engendrado (Sal 109,3). ¬ŅQui√©n puede decirse engendrado por el Padre, sino su Verbo y su Sabidur√≠a?. Sabiendo que es a √©l al que el Padre dec√≠a: Que sea la luz, y el firmamento y todas las cosas, el libro de los Salmos tambi√©n contiene palabras similares: El Verbo del Se√Īor afianz√≥ los cielos y por el Esp√≠ritu de su boca toda su potencia (Sal 32,6).

(El salmista) no ignoraba que el que deb√≠a venir fuese tambi√©n el Ungido, ya que propiamente de √©l habla (como sujeto principal) el salmo 44: Tu trono, oh Dios, permanece por los siglos de los siglos; es cetro de rectitud el cetro de tu Reino. Has amado la justicia y odiado la iniquidad: por eso Dios, tu Dios, te ha ungido con el √≥leo de la alegr√≠a en preferencia a tus compa√Īeros (Sal 44,7-8). Para que nadie se imagine que √©l viene s√≥lo en apariencia, aclara que es este mismo el que se har√° hombre y que es por √©l por quien todo fue creado, y por ello afirma en el salmo 86: La madre Si√≥n dir√° : un hombre, un hombre fue engendrado en ella, el Alt√≠simo en persona la ha fundado (Sal 86,5). Lo que equivale a afirmar: El Verbo era Dios, todo fue hecho por √©l, y, El Verbo se hizo carne. Conociendo, igualmente, el nacimiento virginal, el Salmista no se call√≥, sino que lo expres√≥ claramente en el salmo 44, al decir: Escucha, hija m√≠a, y mira, inclina tu o√≠do, olvida tu pueblo y la casa de tu padre, porque el rey est prendado de tu belleza (Sal 44, 11-12). Nuevamente, esto equivale a lo dicho por Gabriel, ¬°Al√©grate, llena de gracia, el Se√Īor est contigo! (Lc 1,28). Despu√©s de haber afirmado que √©l es el Ungido, muestra a rengl√≥n seguido su nacimiento humano de la Virgen, al decir: Escucha, hija m√≠a. Gabriel la llama por su nombre, Mar√≠a, porque es un extra√Īo, - en cuanto a parentesco se refiere -; pero David, el salmista, ya que ella es de su familia, la llama con toda raz√≥n su hija.

Habiendo afirmado que se har√≠a hombre, los salmos muestran l√≥gicamente que √©l es pasible seg√ļn la carne. El salmo 2 prev√© la conjura de los jud√≠os: ¬ŅPor qu√© se rebelaron los paganos? ¬ŅPor qu√© concibieron vanos proyectos? Los reyes de la tierra se prepararon, los jefes se conjuraron contra el Se√Īor y contra su Ungido (Sal 2, 1-2). En el salmo 21 el Salvador mismo da a conocer su g√©nero de muerte: ...me aprisionas en el polvo de la muerte, me rodea un tropel de mastines; la asamblea de los perversos me circunda. Taladraron mis manos y mis pies. Han contado todos mis huesos. Ellos me miraron vigilantes, se dividieron mi ropa y echaron a suerte m√≠ t√ļnica (Sal 21,17-19). Taladrar sus manos y sus pies, ¬Ņqu√© otra cosa es, sino indicar su crucifixi√≥n? Despu√©s de ense√Īar todo esto, a√Īade que el Se√Īor padeci√≥ por causa nuestra, y no, por la suya. Y, con sus propios labios, afirma nuevamente en el salmo 87: Pesadamente reposa sobre m√≠ tu ira (Sal 87,17), y en el salmo 68: He devuelto lo que no hab√≠a arrebatado (Sal 68,5). Pues si bien no deb√≠a pagar las cuentas de crimen alguno, √©l muri√≥, - pero sufriendo por causa nuestra, tomando sobre si la c√≥lera que nos estaba destinada, por nuestros pecados, como lo dice en Isa√≠as, √Čl carg√≥ nuestras flaquezas; lo que se hace evidente cuando afirmamos en el salmo 137: El Se√Īor los recompensar por mi causa, y el Esp√≠ritu dice en el salmo 71, que √©l salvar a los hijos del pobre, y quebrantar a los que acusan en falso... pues √©l rescatar al pobre del opresor, y redimir al indigente que no tiene protector (Sal 71, 4.12).

Por eso predice tambi√©n su ascensi√≥n a los cielos, diciendo en el salmo 23: Pr√≠ncipes, levanten sus portones y abran sus puertas eternas y entrar el rey de la gloria (Sal 23,7.9). En el 46: Dios asciende entre aclamaciones, el Se√Īor al sonido de trompeta(s) (Sal 46,6). Tambi√©n su sentarse (a la derecha de Dios) lo anuncia en el salmo 109: Dijo el Se√Īor a mi Se√Īor, si√©ntate a mi derecha hasta que ponga a tus enemigos como tarima para tus pies (Sal 109,1). Hasta la destrucci√≥n del diablo se anuncia a voces en el salmo 9: Te sientas en tu trono cual juez que juzga justamente. Reprendiste a los pueblos y pereci√≥ el imp√≠o (Sal 9,5-6). Tampoco call√≥ que recibir√≠a plena potestad de juzgar, de parte del Padre, y que vendr√≠a con autoridad sobre todo, al afirmar en el 71: ¬°Oh Dios, concede tu juicio al rey, y tu justicia al hijo del rey, para que juzgue a tu pueblo con justicia, y a tus pobres con rectitud (Sal 71,1-2). Y en el salmo 49 dice: Convocar al cielo en lo alto, y a la tierra, para juzgar a su pueblo...Y los cielos proclamar√°n su justicia, pues Dios es juez (Sal 49,4.6). Y en el 81 leemos: Dios est en pie en la asamblea de los dioses, y rodeado de dioses, (los) juzga (Sal 81,1). Sobre la vocaci√≥n de los paganos mucho se habla en nuestro libro, pero sobre todo en el salmo 46: Pueblos todos, aplaudan, aclamen a Dios con voces jubilosas (Sal 46,2). De manera similar en el 71: Delante suyo se postran los et√≠opes, y sus enemigos lamer√°n el polvo; los reyes de Tarsis, y las islas, ofrecen sus dones. Los reyes de Arabia y de Sab√° le ofrecer√°n regalos. Y lo adorar√°n todos los reyes de la tierra; todos los pueblos le servir√°n (Sal 71,9-11). Todo esto lo cantan los Salmos y se anuncia en cada uno de los otros Libros.

No siendo un ignorante, (el anciano) agregaba: en cada libro de la Escritura se significan realidades id√©nticas, sobre todo en relaci√≥n con el Salvador, pues todos est n √≠ntimamente relacionados y sinf√≥nicamente concordes en el Esp√≠ritu. Por eso, del mismo modo que es posible descubrir en el Salterio el contenido de los otros Libros, tambi√©n se encuentra con frecuencia el contenido del primero en los restantes. As√≠, por ejemplo, Mois√©s compuso un himno e Isa√≠as canta y Habacuc suplica con un c√°ntico. M√°s a√ļn, en todos los libros es posible hallar profec√≠as, leyes y relatos. El mismo Esp√≠ritu lo abarca todo, y de acuerdo al don asignado a cada cual, proclama la gracia peculiar, reparti√©ndola en plenitud, sea como capacidad de profetizar, o de legislar, o de relatar lo sucedido, o el don de los Salmos. Si bien el Esp√≠ritu es uno e indivisible, de √©l provienen todos los dones particulares y en cada don est totalmente presente, aunque cada uno lo percibe seg√ļn las revelaciones y dones recibidos y en la medida y forma de las necesidades, de modo que en la medida en que cada uno se deja guiar por el Esp√≠ritu se hace servidor del Verbo. Es por eso, como lo dije m√°s arriba, que cuando Mois√©s est legislando, algunas veces tambi√©n profetiza y otras canta; y los Profetas al profetizar algunas veces proclaman mandatos, como aquel: L vense, purif√≠quense. Limpia tu coraz√≥n de toda inmundicia, Oh Jerusal√©n (Is 1,16; Jr 4,14), y otras veces relatan historias como lo hace Daniel con los acontecimientos concernientes a Susana, o Isa√≠as cuando relata lo de Rabsaces y Senaquerib. El rasgo caracter√≠stico del libro de los Salmos, como ya dijimos, es el del canto, y por ello modula melodiosamente lo que en otros libros se narra con detalle. Pero algunas veces hasta legisla: Abandona la ira y deja la c√≥lera (Sal 36,8), y Ap√°rtate del mal, obra el bien; anhela la paz y corre tras ella (Sal 33,15). Y otras veces relata el camino de Israel y profetiza acerca del Salvador, como lo dijimos m√°s arriba.

La gracia del Esp√≠ritu es com√ļn (a todos los libros), estando la misma acorde a la tarea encomendada y seg√ļn el Esp√≠ritu la concede. Los m√°s y los menos no provocan distinci√≥n alguna siempre que cada cual efect√ļe y lleve a cabo su propia misi√≥n. Pero aun siendo as√≠, el libro de los Salmos tiene, en este mismo terreno, un don y gracia peculiares, una propiedad de particular relieve. Pues junto a las cualidades, que le son comunes y similares con los restantes Libros, tiene adem√°s una maravillosa peculiaridad: contiene exactamente descritos y representados todos los movimientos del alma, sus cambios y mudanzas. De modo que una persona sin experiencia, al irlos estudiando y ponderando puede irse modelando a su imagen. Pues los otros libros s√≥lo exponen la ley y c√≥mo ella estipula lo que se deba, o no, cumplir. Escuchando las profec√≠as s√≥lo se sabe de la venida del Salvador. Prestando atenci√≥n a las descripciones hist√≥ricas s√≥lo se llega a averiguar los hechos de los reyes y de los santos. El libro de los Salmos, adem√°s de dichas ense√Īanzas, permite reconocer al lector las mociones de su propia alma y se las ense√Īa, por el modo como algo lo afecta o lo turba; de acuerdo a este libro puede uno tener una idea aproximada de lo que debe decir. Por eso no se contenta con escuchar simplemente, sino que sabe c√≥mo hablar y c√≥mo actuar para curar su mal. Es cierto que tambi√©n los otros libros tienen palabras que prohiben el mal, pero este tambi√©n describe c√≥mo apartarse de √©l. Por ejemplo, hacer penitencia es un precepto, hacer penitencia significa dejar de pecar; aqu√≠ se indica no s√≥lo c√≥mo hacer penitencia y lo que es necesario decir para arrepentirse. As√≠ mismo Pablo dijo: La tribulaci√≥n produce en el alma la constancia, la constancia la virtud probada, la virtud probada la esperanza, y la esperanza no queda defraudada (Rm.5,3-5). Los Salmos describen y muestran, adem√°s, c√≥mo soportar las tribulaciones, lo que debe hacer el afligido, lo que debe decir una vez pasada la tribulaci√≥n, c√≥mo cada uno es puesto a prueba, cuales son los pensamientos del que espera en el Se√Īor. Lo de dar gracias en toda circunstancia es tambi√©n un precepto. Los Salmos indican lo que debe decir aquel que da gracias. Sabiendo, por otra parte, que los que pretenden vivir piadosamente ser√°n perseguidos, aprendemos de los Salmos c√≥mo clamar cuando huimos en medio de la persecuci√≥n, y qu√© palabras dirigir a Dios una vez escapados de ella. Somos invitados a bendecir al Se√Īor, encontramos las expresiones adecuadas para manifestarle nuestra confesi√≥n. Los Salmos expresan c√≥mo debemos alabar al Se√Īor, qu√© palabras le rinden homenaje de modo adecuado. Para toda ocasi√≥n y sobre todo argumento encontraremos entonces poemas divinos adecuados a nuestras emociones y sensibilidad.

1. Todav√≠a esto de asombroso y maravilloso tienen los Salmos: al leer los dem√°s libros, aquello que dicen los santos y el objeto de sus discursos, los lectores lo relacionan con el argumento del libro, los oyentes se sienten extra√Īos al relato, de modo que las acciones recordadas suscitan mera admiraci√≥n o el simple deseo de emularlas. El que en cambio abre el libro de los Salmos recorre, con la admiraci√≥n y el asombro acostumbrados, las profec√≠as sobre el Salvador contenidas ya en los restantes libros, pero lee los salmos como si fueran personales. El auditor, igual que el autor, entran en clima de compunci√≥n, apropi√°ndose las palabras de los c√°nticos como si fueran suyas. Para ser m√°s claro, no vacilar√≠a, al igual que el bienaventurado Ap√≥stol, en retomar lo dicho. Los discursos pronunciados en nombre de los patriarcas, son numerosos; Mois√©s hablaba y Dios respond√≠a; El√≠as y Eliseo, establecidos sobre la monta√Īa del Carmelo, invocaban sin cesar al Se√Īor, diciendo: ¬°Vive el Se√Īor, en cuya presencia estoy hoy! (1 Re 17,1; 2 Re 3,4). Las palabras de los restantes santos profetas tienen por objeto al Salvador, y un cierto n√ļmero se refieren a los paganos y a Israel. Sin embargo, ninguna persona pronunciar√≠a las palabras de los patriarcas como si fueran suyas, ni osar√≠a imitar y pronunciar las mismas palabras que Mois√©s, ni las de Abrah√°n acerca de su esclava e Ismael o las referentes al gran Isaac; por necesario o √ļtil que fuera, nadie se animar√≠a a decirlas como propias. Aunque uno se compadeciera de los que sufren y deseara lo mejor, jam√°s dir√≠a con Mois√©s: ¬°Mu√©strate a m√≠! (Ex 33,13), o tampoco: Si les perdonas su pecado, perd√≥naselo; si no se lo perdonas, b√≥rrame del libro que t√ļ has escrito (Ex 33,12). Aun en el caso de los profetas, nadie emplear√≠a personalmente sus or√°culos para alabar o reprender a aquellos que se asemejan por sus acciones a los que ellos reprend√≠an o alababan; nadie dir√≠a: ¬°Vive el Se√Īor, en cuya presencia estoy hoy! Quien toma en sus manos esos libros, ve claramente que dichas palabras deben leerse no como personales, sino como pertenecientes a los santos y a los objetos de los cuales hablan. Los Salmos, ¬°cosa extra√Īa!, salvo lo que concierne al Salvador y las profec√≠as sobre los paganos, son para el lector palabras personales, cada uno las canta como escritas para √©l y no las toma ni las recorre como escritas por otro ni tampoco referentes a otro. Sus disposiciones (de √°nimo) son las de alguien que habla de s√≠ mismo. Lo que dicen, el orante lo eleva hacia Dios como si fuera √©l quien hablara y actuara. No experimenta temor alguno ante estas palabras, como ante las de los patriarcas, de Mois√©s o de los otros profetas, sino que m√°s bien, consider√°ndolas como personales y escritas referidas a √©l, encuentra el coraje para proferirlas y cantarlas. Sea que uno cumpla o quebrante los mandamientos, los Salmos se aplican a ambos. Es necesario, en cualquier caso, sea como transgresor, sea como cumplidor, verse como obligado a pronunciar las palabras escritas sobre cada cual.

2. [Las palabras de los Salmos] me parece que son para quien las canta, como un espejo en el que se reflejan las emociones de su alma para que as√≠, bajo su efecto, pueda recitarlos. Hasta quien s√≥lo los escucha, percibe el canto como referido a √©l: o bien, convencido por su conciencia y compungido se arrepiente; o bien, oyendo hablar de la esperanza en Dios y del auxilio concedido a los creyentes, se alegra de que le haya sido otorgado y prorrumpir en acciones de gracias a Dios. As√≠, por ejemplo, ¬Ņcanta alguno el salmo tercero? Reflexionando sobre sus propias tribulaciones, se apropiar de las palabras del salmo. As√≠ mismo, leer al 11SS y al 16SS de acuerdo a su confianza y oraci√≥n; el recitado del 50SS ser expresi√≥n de su propia penitencia; el 53SS, 55SS, 100SS y el 41SS expresan sus sentimientos sobre la persecuci√≥n de la que √©l es objeto; son sus palabras las que le cantan al Se√Īor. As√≠ pues, cada salmo sin entrar en mayores detalles, podemos decir que est compuesto y es proferido por el Esp√≠ritu, de modo que en esas mismas palabras, como ya lo dije antes, podamos captar los movimientos de nuestra alma y nos las hace decir como provenientes de nosotros, como palabras nuestras, para que trayendo a la memoria nuestras emociones pasadas, reformemos nuestra vida espiritual. Lo que los salmos dicen puede servirnos de ejemplo y de patr√≥n de medida.

3. Esto tambi√©n es don del Salvador: hecho hombre por nosotros, ofreci√≥ por nosotros su cuerpo a la muerte, para librarnos a todos de la muerte. Queriendo mostrarnos su manera celestial y perfecta de vivir la plasm√≥ en s√≠ mismo para que no seamos ya f√°cilmente enga√Īados por el enemigo, ya que tenemos una prenda segura en la victoria que en favor nuestro obtuvo sobre el diablo. Es por esta raz√≥n que no s√≥lo ense√Ī√≥, sino que practic√≥ su ense√Īanza, de modo que cada uno lo escuche cuando habla y mir√°ndolo, como se observa un modelo, acepte de √©l el ejemplo, como cuando dice: Aprendan de m√≠, que soy manso y humilde de coraz√≥n (Mt 11,29). No podr√° hallarse ense√Īanza m√°s perfecta de la virtud que la realizada por el Salvador en su propia persona: paciencia, amor a la humanidad, bondad, fortaleza, misericordia, justicia, todo lo encontraremos en √©l y nada tienes ya que esperar, en cuanto a virtudes, al mirar detenidamente su vida. Pablo lo dec√≠a claramente: Sean imitadores m√≠os, como yo lo soy de Cristo (1 Co 11,1). Los legisladores, entre los griegos, tienen gracia √ļnicamente para legislar; el Se√Īor, cual verdadero Se√Īor del universo, preocupado por su obra, no solamente legisla, sino que se da como modelo para que aquellos que lo desean, sepan c√≥mo actuar. Aun antes de su venida entre nosotros, lo puso de manifiesto en los Salmos, de manera que al igual que nos provey√≥ de la imagen acabada del hombre terrenal y del celestial en su propia persona, tambi√©n en los Salmos, aquel que lo desea, puede aprender y conocer las disposiciones del alma, encontrando como curarlas y rectificarlas.

4. Hablando con mayor precisi√≥n, puntualicemos entonces que si bien toda la Escritura divina es maestra de virtud y de fe aut√©ntica, el libro de los Salmos ofrece, adem√°s un perfecto modelo de vida espiritual. Al igual que quien se presenta ante un rey asume las correctas actitudes corporales y verbales, no sea que apenas abra la boca, sea arrojado fuera por su falta de compostura, tambi√©n a aquel que corre hacia la meta de las virtudes y desea conocer la conducta del Salvador durante su vida mortal, el sagrado Libro lo conduce primero, a trav√©s de la lectura, a la consideraci√≥n de los movimientos del alma, y a partir de all√≠ va representando sucesivamente el resto, ense√Īando a los lectores gracias a dichas expresiones. En este libro llama la atenci√≥n que algunos salmos contengan narraciones hist√≥ricas, otros admoniciones morales, otros profec√≠as, otros s√ļplicas y otros, todav√≠a, confesi√≥n.

En forma de narración tenemos los siguientes: 18; 43; 48; 49; 72; 76; 88; 89; 106; 113; 126 y 136.

En forma de oración tenemos al: 16; 67; 89; 101; 131 y 141.

Los proferidos como s√ļplica, y petici√≥n instante son el: 5; 6; 7; 11; 12; 15; 24; 27; 30; 34; 37; 42; 53; 54; 55; 56; 58; 59; 60; 63; 82; 85; 87; 137; 139 y 142.

En forma de s√ļplica junto con acci√≥n de gracias tenemos el 138.

Entre los que sólo suplican tenemos: 3; 25; 68; 69; 70; 73; 78; 79; 1O8; 122; 129 y 130.

Los salmos 9; 74; 91; 104; 105; 106; 107; 110; 117; 135 y 137 tienen forma de confesión.

Aquellos que entretejen narración con confesión son: 9; 74; 105; 106; 117; 135 y 137.

Un salmo que combina confesión con narración y acción de gracias es el 110.

El salmo 36 tiene forma de admonición.

Los que contienen profecía son: 20; 21; 44; 46 y 75.

En el 109 tenemos anuncio junto con profecía.

Los salmos que exhortan y prescriben y como que ordenan son: el 28; 32; 80; 94; 95; 96; 97; 102; 103 y 113.

El salmo 149 combina la exhortación con la alabanza.

Describen la vida hornada por la virtud los: 104; 11; 118; 124 y 132. Aquellos que expresan alabanza son: 90; 112; 116; 134; 144; 145; 146; 148 y 150.

Son acción de gracias: 8; 9; 17; 33; 45; 62; 76; 84; 114; 115; 120; 121; 123; 125; 128 y 143.

Aquellos que anuncian una promesa de bienaventuranza son: 1; 31; 40; 118 y 127.

Demostrativo de alegre prontitud con (ribetes) de c√°ntico el 107.

Otro hay que exhorta a la fortaleza, el 80.

Tenemos los que reprochan a impíos e inicuos, como el 2; 13; 35; 51 y 52.

El salmo 4 es una invocación.

Est√°n aquellos salmos que hablan [del cumplimiento] de votos, como el 19 y el 63.

Tienen palabras de glorificaci√≥n al Se√Īor: 22; 26; 38; 39; 41; 61; 75; 83; 96; 98 y 151.

Acusaciones escritas para provocar verg√ľenza son: 57 y 81.

Se encuentran acentos hímnicos en 47 y 64.

El 65 es un canto de j√ļbilo y se refiere a la resurrecci√≥n.

Otro, el 99, es √ļnicamente canto de j√ļbilo.

5. Estando, entonces, los salmos dispuestos y ordenados de esta manera, les es posible a los lectores, - como ya lo dije antes -, descubrir en cada uno de ellos los movimientos y la constituci√≥n de su alma, del mismo modo que descubren el g√©nero y la ense√Īanza que cada uno les transmiten. Igualmente se puede aprender de ellos las palabras a decir para agradar al Se√Īor, o con cu√°les palabras expresar el deseo de corregirse y arrepentirse o de darle gracias. Todo esto impide, al que recita literalmente estas expresiones, caer en la impiedad. Ya que no s√≥lo tendremos que dar raz√≥n de nuestras obras al Juez (supremo), sino hasta de toda palabra in√ļtil (Mt 12,36). Si quieres bendecir a alguno, aprendes c√≥mo hacerlo y en nombre de qui√©n, en los salmos 1; 31; 40; 11; 118 y 127. Si deseas censurar las conjuras de los jud√≠os contra el Salvador, ah√≠ tienes al segundo de nuestros poemas. Si los tuyos te persiguen, y muchos se levantan contra ti, recita el tercero. Si estando afligido invocaste al Se√Īor, y porque te escuch√≥ quieres darle gracias, entona el cuarto, o el 74, o el 114. Si atisbas que los malhechores te preparan trampas y quieres que muy de ma√Īana tu oraci√≥n llegue a sus o√≠dos, recita el quinto. Si la amenaza de castigo del Se√Īor te intranquiliza, puedes recitar el 6 o el 37. Si algunos se re√ļnen para tramar algo contra ti, como lo hizo Ajit√≥fel contra David, y llega a tus o√≠dos, canta el salmo 7 y conf√≠a en el Se√Īor, √©l te defender .

6. Si, observando la extensi√≥n universal de la gracia del Salvador y la salvaci√≥n del g√©nero humano, quieres conversar con Dios, canta el salmo 8. ¬ŅQuieres entonar el c√°ntico de la vendimia, para dar gracias al Se√Īor? Tienes nuevamente a tu disposici√≥n el 8 y tambi√©n el 83. En honor a la victoria sobre los enemigos y la liberaci√≥n de la criatura, sin gloriarte t√ļ, sino reconociendo que estos hechos magn√≠ficos son obra del Hijo de Dios, recita el ya mencionado salmo 9. Si alguien quiere confundirte o asustarte, ten confianza en el Se√Īor y repite el salmo 10. Al observar la soberbia de tantos y como el mal crece, al punto que ya no hay acciones santas entre los hombres, busca refugio en el Se√Īor y di el salmo 11. ¬ŅProlongan los enemigos sus ataques? No desesperes como si Dios te olvidara, sino inv√≥calo cantando el salmo 12. No te asocies en modo alguno con los que blasfeman imp√≠amente contra la Providencia, m√°s bien suplica al Se√Īor recitando los salmos 13 y 52. El que quiera aprender qui√©n es el ciudadano del reino de los cielos debe decir el salmo 14.

7. Necesitas orar porque tus adversarios asedian tu alma, canta los salmos 16; 85; 87 y 140. Si quieres saber c√≥mo rezaba Mois√©s, ah√≠ tienes el salmo 89. ¬ŅFuiste liberado de tus enemigos y perseguidores? Canta el salmo 17. ¬ŅTe maravillan el orden de la creaci√≥n y la providente gracia que en ella resplandece, como tambi√©n los preceptos santos de la Ley? Canta entonces el 18 y el 23. Viendo sufrir a los atribulados, consu√©lalos orando y recit√°ndoles las palabras del salmo 19. Ves que el Se√Īor te conduce y pastorea, gui√°ndote por el camino recto, ¬°al√©grate de ello y salmodia el 22! ¬ŅTe sumergen los enemigos? Eleva tu alma hasta Dios salmodiando el 24 y ver s que los inicuos quedan malogrados . ¬ŅTe asechan los enemigos, teniendo sus manos totalmente manchadas de sangre, y no buscan m√°s que perderte y confundirte? Entonces, no conf√≠es tu justicia a un hombre, - ¬°toda justicia humana es sospechosa! -, p√≠dele al Se√Īor que te haga justicia, ya que √©l es el √ļnico Juez, recitando el 25; 34 o 42. Cuando te asaltan violentamente los enemigos y se congregan como un ej√©rcito y te desprecian como si a√ļn no estuvieras ungido, y por eso te hacen la guerra, no tiembles, canta m√°s bien el salmo 26. La naturaleza humana es d√©bil, y si [a pesar de ello] los perseguidores se hacen tan desvergonzados e insisten, no les hagas caso, suplica en cambio al Se√Īor con el salmo 27. Si quieres aprender c√≥mo ofrecer sacrificios al Se√Īor con acci√≥n de gracias, recita entonces con inteligencia espiritual el salmo 28. Si dedicas y consagras tu casa, esto es, tu alma que hospeda al Se√Īor, como tambi√©n la casa corp√≥rea en la que moras f√≠sicamente, recita con acci√≥n de gracias el 29 y entre los salmos graduales el 126.

8. Si ves que eres despreciado y perseguido por amigos y conocidos a causa de la verdad, no pierdas el √°nimo por eso, ni temas a los que se te oponen, sino ap√°rtate de ellos y contemplando el futuro, salmodia el trig√©simo. Si al ver a los bautizados y rescatados de su vida corruptible, ponderas y admiras la misericordia de Dios, canta en favor suyo tus alabanzas con el salmo 31. Si deseas salmodiar en compa√Ī√≠a de muchos, re√ļne a los hombres justos y probos, y recita el 32. Si ca√≠ste v√≠ctima de tus enemigos y sagazmente pudiste evitar sus asechanzas, re√ļne a los hombres mansos y recita en su presencia el salmo 33. Si ves el celo para cometer el mal que impera entre los transgresores a la Ley, no pienses que la maldad es algo natural en ellos, como lo afirman los herejes, sino recita el 35 y te convencer s de que a ellos les corresponde la responsabilidad por el pecado. Si ves a los malvados cometer muchas iniquidades, y envalentonarse contra los humildes, y quieres exhortar a alguien que ni se junte con los inicuos ni les tenga envidia, pues su porvenir quedar truncado, entonces di para ti mismo y para los otros el 36.

9. Si, por otra parte, queriendo prestar atenci√≥n a tu propia persona, y viendo que el enemigo se dispone a atacarte, - pues le agrada provocar a este tipo de personas -, quisieras fortalecerte contra √©l, canta el salmo 38. Si teniendo que soportar ataques de los perseguidores quieres aprender las ventajas de la paciencia, recita entonces el 39. Cuando viendo multitud de pobres y mendigos, quieres mostrarte misericordioso con ellos, ser s capaz de serlo gracias a la recitaci√≥n del salmo 40, ya que con √©l alabar s a los que ya actuaron compasivamente, y exhortar s a los dem√°s a que obren de igual manera. Si ansiando buscar a Dios, escuchas las burlas de los adversarios, no te turbes, sino que considerando la recompensa eterna de tal nostalgia, consuela tu alma con la esperanza en Dios, y, superados los pesares que te acongojan en esta vida, entona el salmo 41. Si no quieres dejar de recordar los innumerables beneficios que el Se√Īor otorg√≥ a tus padres, como el √©xodo de Egipto y la estancia en el desierto, y qu√© bueno es Dios y cu√°n ingratos los hombres, tienes al 43; 77; 88; 104; 105; 106 y 113. Si habi√©ndote refugiado en Dios, poderoso defensor en el peligro, quieres darle gracias y narrar sus misericordias para contigo, tienes el 45.

10. ¬°Pecaste, sientes verg√ľenza, buscas hacer penitencia y alcanzar misericordia! Encontrar s palabras de arrepentimiento y confesi√≥n en el salmo 50. Aun si debes soportar calumnias por parte de un rey inicuo, y ves c√≥mo se envalentona el calumniador, al√©jate de all√≠ y usa las expresiones que encuentras en el 51. Si te atacan, te acosan y quieren traicionarte, entreg√°ndote a la justicia, como lo hicieron zifeos y filisteos con David, no pierdas el valor, ten √°nimo, conf√≠a en el Se√Īor y al√°balo con las palabras de los salmos 53 y 55. La persecuci√≥n te sobreviene, cae sobre ti y sin saberlo penetra inesperadamente en la cueva en la que te escond√≠as, ni entonces temas, pues aun en ese aprieto encontrar s palabras de consuelo y de memorial indeleble en los salmos 56 y 141. Si quien te persigue da la orden de vigilar tu casa, y t√ļ, a pesar de todo, logras escapar, da gracias a Dios, e inscribe el agradecimiento en tu coraz√≥n, como sobre una estela indeleble, en memorial de que no pereciste y entona el salmo 58. Si los enemigos que te afligen profieren insultos, y los que aparentaban ser amigos lanzan acusaciones en contra tuya, y esto perturba tu oraci√≥n por un breve tiempo, reconf√≥rtate alabando a Dios y recitando las palabras del 54. Contra los hip√≥critas y los que se glor√≠an desfachatadamente, recita, - para verg√ľenza suya -, el salmo 57. Contra los que arremeten salvajemente contra ti y quieren arrebatarte el alma, contrap√≥n tu confianza y adhesi√≥n al Se√Īor; cuanto m√°s se envalentonen ellos, tanto m√°s descansa en √©l, recitando el 61. Si perseguido, huyes al desierto, nada temas por estar all√≠ solo, pues tienes a Dios junto a ti, a quien, muy de madrugada, puedes cantarle el 62. Si te aterran los enemigos y no cesan en su conjura contra ti, busc√°ndote sin descanso, aunque sean muchos no te aflijas, ya que sus ataques ser√°n como heridas causadas por flechas arrojadas por ni√Īos, entona, entonces (confiado), los salmos 63; 64; 69 y 70.

11. Si deseas alabar a Dios recita el 64, y cuando quieras catequizar a alguno acerca de la resurrecci√≥n, entona el 65. ¬°Imploras la misericordia del Se√Īor!, al√°balo salmodiando el 66. Si ves que los malvados prosperan gozando de paz y los justos, en cambio, viven en aflicci√≥n, para no tropezar ni escandalizarte recita tambi√©n t√ļ el 72. Cuando la ira de Dios se inflama contra el pueblo, tienes palabras sabias para su consuelo en el 73. Si andas necesitado de confesi√≥n, salmodia el 9; 74; 91; 104; 105; 106; 107; 110; 117; 125 y 137. Quieres confundir y avergonzar a paganos y herejes, demostrando que ni uno solo de ellos posee el conocimiento de Dios, sino √ļnicamente la Iglesia cat√≥lica, puedes, si as√≠ lo piensas, cantar y recitar inteligentemente las palabras del 75. Si tus enemigos te persiguen y te cortan toda posibilidad de huida, aunque est√©s muy afligido y grandemente confundido, no desesperes, sino clama, y si tu grito es escuchado, da gracias a Dios recitando el 76. Pero si los enemigos persisten e invaden y profanan el templo de Dios, matando a los santos y arrojando sus cad√°veres a las aves del cielo, no te dejes intimidar ni temas su crueldad, sino compadece con los que padecen y ora a Dios con el salmo 78.

12. Si deseas alabar al Se√Īor en d√≠a de fiesta, convoca los siervos de Dios y recita los salmos 80 y 94. Y si nuevamente los enemigos todos, se re√ļnen, asalt√°ndote por todas partes, profiriendo amenazas hacia la casa de Dios y ali√°ndose contra la piedad, no te amilane su multitud o su poder, ya que tienes un ancla de esperanza en las palabras del salmo 82. Si viendo la casa del Se√Īor y sus tabern√°culos eternos, sientes nostalgia por ellos como la ten√≠a el Ap√≥stol, recita el salmo 83. Cuando habiendo cesado la ira y terminada la cautividad, quisieras dar gracias a Dios, tienes al 84 y al 125. Si quieres saber la diferencia que media entre la Iglesia cat√≥lica y los cism√°ticos, y avergonzar a estos √ļltimos, puedes pronunciar las palabras del 86. Si quieres exhortarte a ti y a otros, a rendir culto verdadero a Dios, demostrando que la esperanza en Dios no queda confundida, sino que, todo lo contrario, el alma queda fortalecida, alaba a Dios recitando el 90. ¬ŅDeseas salmodiar el S√°bado? Tienes el 91.

13. ¬ŅQuieres dar gracias en el d√≠a del Se√Īor? Tienes el 23; o, ¬Ņdeseas hacerlo en el segundo d√≠a de la semana?: recita el 47. ¬ŅQuieres glorificar a Dios en el d√≠a de preparaci√≥n?: tienes la alabanza del 92. Porque entonces, cuando ocurri√≥ la crucifixi√≥n, fue edificada la casa aunque los enemigos trataron de rodearla, es conveniente cantar como c√°ntico triunfal lo que se enuncia en el 92. Si te sobrevino la cautividad, y la casa fue derribada y vuelta a edificar, canta lo que se contiene en el 95. La tierra se ha librado de los guerreros y ha aparecido la paz: reina el Se√Īor y t√ļ quieres hacerlo objeto de tus alabanzas, ah√≠ tienes el 96. ¬ŅQuieres salmodiar el cuarto d√≠a de la semana?. Hazlo con el 93; pues en un d√≠a como ese fue el Se√Īor entregado y comenz√≥ a asumir y ejecutar el juicio contrario a la muerte, triunfando confiadamente sobre ella. Si lees el Evangelio, ver s que en el cuarto d√≠a de la semana los jud√≠os se reunieron en Consejo contra el Se√Īor, y tambi√©n ver s que con todo valor comenz√≥ a procurarnos justicia contra el diablo: salmodia, respecto a todo esto, con las palabras del 93. Si, adem√°s, observas la providencia y el poder universal del Se√Īor, y quieres instruir a algunos en la obediencia y en la fe, exh√≥rtalos ante todo a confesar laudativamente: salmodia el 99. Si has reconocido el poder de su juicio, es decir que Dios juzga atemperando la justicia con su misericordia, y quieres acerc√°rtele, tienes para este prop√≥sito las palabras del cent√©simo entre los salmos.

14. Nuestra naturaleza es d√©bil, si las angustias de la vida te han asimilado a un mendigo, y sinti√©ndote exhausto buscas consuelo, entona el 101. Es conveniente que siempre y en todo lugar demos gracias a Dios; si deseas bendecirlo, espuela tu alma recitando el 102 y el 103. ¬ŅQuieres alabar a Dios y saber, c√≥mo, por qu√© motivos, y con qu√© palabras hacerlo? Tienes el 104; 106; 134; 145; 146; 147; 148 y 150. ¬ŅPrestas fe a lo que ha dicho el Se√Īor y tienes fe en las palabras que t√ļ mismo dices cuando rezas? Profiere el 115. ¬ŅSientes que vas progresando gradualmente en tus obras, de modo que puedes hacer tuyas las palabras: olvidando lo que queda detr√°s m√≠o, me lanzo hacia lo que est delante (Flp 3,13)?: puedes entonces entonar para cada uno de los pelda√Īos de tu adelanto uno de los quince salmos graduales.

15. ¬ŅHas sido conducido al cautiverio por pensamientos extra√Īos y te hallas nost√°lgicamente tironeado por ellos? ¬ŅTe embarga el arrepentimiento, deseas no caer en el futuro y, sin embargo, sigues cautivo de ellos? ¬°Si√©ntate, llora, y, como lo hizo anta√Īo el pueblo, pronuncia las palabras del 136! ¬ŅEres tentado y as√≠ sondeado y probado? Si superada la tentaci√≥n quieres dar gracias, utiliza el salmo 138. ¬ŅTe hallas nuevamente acosado por los enemigos y quieres ser liberado? Pronuncia las palabras del 139. ¬ŅDeseas suplicar y orar? Salmodia el 5 y el 142. Si se ha alzado el tir√°nico enemigo contra el pueblo y contra ti, al modo de Goliat contra David, no tiembles, ten fe, y como David, salmodia el 143,. Si maravillado por los beneficios que Dios otorg√≥ a todos y tambi√©n a ti, quieres bendecirlo, repite las palabras que David dijo en el 144. ¬ŅQuieres cantar y alabar al Se√Īor? Lo que debas entonar est en los salmos 92 y 97. ¬ŅAun siendo peque√Īo, has sido preferido a tus hermanos y colocado sobre ellos? No te glor√≠es ni te envalentones contra ellos, sino que atribuyendo la gloria a Dios que te eligi√≥, salmodia el 151, que es un poema genuinamente dav√≠dico. Supongamos que deseas entonar los salmos en los que resuena la alabanza a Dios, es decir que van encabezados por el Aleluya, puedes usar: el 104; 105; 106; 111; 112; 113; 114; 115; 116; 117; 118; 134; 135; 145; 146; 147; 148; 149 y el 150.

16. Si al salmodiar quieres destacar lo que se refiere al Salvador, encontrar s referencias prácticamente en cada salmo: así, por ejemplo, tienes el 44 y el 100, que proclaman tanto su generación eterna del Padre como su venida en la carne; el 21 y el 68 que preanuncian la cruz divina, como también todos los padecimientos y persecuciones que soportó por nosotros; el 2 y el 108 que pregonan la maldad y las persecuciones de los judíos y la traición de Judas Iscariote; el 20, 49 y 71 proclaman su reinado y su potestad de juzgar, como también su manifestación a nosotros en la carne y la vocación de los paganos. El 15 anuncia su resurrección de entre los muertos; el 23 y 46 anuncian su ascensión a los cielos. Al leer el 92, 95, 97 o 98, caes en la cuenta y contemplas los beneficios que el Salvador nos otorgó gracias a sus padecimientos.

17. Esta es la caracter√≠stica que posee el libro de los salmos, para utilidad de los hombres: una parte de los salmos han sido escritos para purificaci√≥n de los movimientos del alma; otra parte para anunciarnos prof√©ticamente la venida en la carne de nuestro Se√Īor Jesucristo, como arriba dijimos. Pero en modo alguno debemos pasar por alto la raz√≥n por la que los salmos se modulan armoniosamente y con canto. Algunos simplotes entre nosotros, si bien creen en la inspiraci√≥n divina de las palabras, sostienen que los salmos se cantan por lo agradable de los sonidos y para placer del o√≠do. Esto no es exacto. La Escritura para nada busc√≥ el encanto o la seducci√≥n, sino la utilidad del alma; esta forma fue elegida sobre todo por dos razones. En primer lugar, conven√≠a que la Escritura no alabara a Dios √ļnicamente en una secuencia de palabras r pida y continua, sino tambi√©n con voz lenta y pausada. En secuencia ininterrumpida se leen la Ley, los Profetas, los libros hist√≥ricos y el Nuevo Testamento; la voz pausada es empleada para los Salmos, odas y c√°nticos. As√≠ se obtiene que los hombres expresen su amor a Dios con todas sus fuerzas y con todas sus posibilidades. La segunda raz√≥n estriba en que, al igual que una buena flauta unifica y armoniza perfectamente todos los sonidos, del mismo modo requiere la raz√≥n que los diversos movimientos del alma, como pensamiento, deseo, c√≥lera, sean el origen de los distintas actividades del cuerpo, de modo que el obrar del hombre no sea desarm√≥nico, conflictuado consigo mismo, pensando muy bien y obrando muy mal. Por ejemplo, Pilato que dijo: ning√ļn delito encuentro yo en √©l para condenarlo a muerte (Jn 18,38), pero obr√≥ seg√ļn el querer de los jud√≠os; o, que deseando obrar mal, est√©n imposibilitados de realizarlo, como los ancianos con Susana; o que aun absteni√©ndose de adulterar sea ladr√≥n, o, sin ser ladr√≥n sea homicida, o, sin ser asesino sea blasfemo.

18. Para impedir que surja esa desarmon√≠a interior, la raz√≥n requiere que el alma, que posee el pensamiento de Cristo (1 Co 2,16), como dice el Ap√≥stol, haga que √©ste le sirva de director, que domine en √©l sus pasiones, ordenando los miembros del cuerpo para que obedezcan la raz√≥n. Como plectro para la armon√≠a, en ese salterio que es el hombre, el Esp√≠ritu debe ser fielmente obedecido, los miembros y sus movimientos deben ser d√≥ciles obedeciendo la voluntad de Dios. Esta tranquilidad perfecta, esta calma interior, tienen su imagen y modelo en la lectura modulada de los Salmos. Nosotros damos a conocer los movimientos del alma a trav√©s de nuestras palabras; por eso el Se√Īor, deseando que la melod√≠a de las palabras fuera el s√≠mbolo de la armon√≠a espiritual en el alma, ha hecho cantar los Salmos melodiosa, modulada y musicalmente. Precisamente este es el anhelo del alma, vibrar en armon√≠a, como est escrito: alguno de ustedes es feliz, ¬°que cante! (St 5,13). As√≠, salmodiando, se aplaca lo que en ella haya de confuso, √°spero o desordenado y el canto cura hasta la tristeza: ¬Ņpor qu√© est s triste alma m√≠a, por qu√© te me turbas? (Sal 41, 6.12 y 42,5); reconocer su error confesando: casi resbalaron mis pisadas (Sal 72,2); y en el temor fortalecer la esperanza: el Se√Īor est conmigo: no temo; ¬Ņqu√© podr√° hacerme el hombre? (Sal 117,6).

19. Los que no leen de esta manera los c√°nticos divinos, no salmodian sabiamente, sino que buscando su deleite, merecen reproche, ya que la alabanza no es hermosa en boca del pecador (Si 15,9). Pero cuando se cantan de la manera que arriba mencionamos, de modo que las palabras se vayan profiriendo al ritmo del alma y en armon√≠a con el Esp√≠ritu, entonces cantan al un√≠sono la boca y la mente; al cantar as√≠ son √ļtiles a s√≠ mismos y a los oyentes bien dispuestos. El bienaventurado David, por ejemplo, cantando para Sa√ļl, complac√≠a a Dios y alejaba de Sa√ļl la turbaci√≥n y la locura, devolvi√©ndole tranquilidad a su alma. De id√©ntica manera los sacerdotes al salmodiar, aportaban la calma al alma de las multitudes, induci√©ndolas a cantar un√°nimes con los coros celestiales. El hecho de que los Salmos se reciten melodiosamente, no es en absoluto indicio de buscar sonidos placenteros, sino reflejo de la armoniosa composici√≥n del alma. La lectura mesurada es s√≠mbolo de la √≠ndole ordenada y tranquila del esp√≠ritu. Alabar a Dios con platillos sonoros, con la c√≠tara y el salterio de diez cuerdas, es, a su vez, s√≠mbolo e indicaci√≥n de que los miembros del cuerpo est n armoniosamente unidos al modo que lo est n las cuerdas; de que los pensamientos del alma act√ļan cual c√≠mbalos, recibiendo todo el conjunto movimiento y vida a impulsos del esp√≠ritu, ya que vivir√°n, como est√° escrito, si con el Esp√≠ritu hacen morir las obras del cuerpo (Rm√°8,13). Quien salmodia de esta manera armoniza su alma llev√°ndola del desacuerdo al acorde, de modo que hall√°ndose en natural acuerdo nada la turbe, al contrario con la imaginaci√≥n pacificada desea ardientemente los bienes futuros. Bien dispuesta por la armon√≠a de las palabras, olvida sus pasiones, para centrada gozosa y armoniosamente en Cristo concebir los mejores pensamientos.

20. Es por tanto necesario, hijo m√≠o, que todo el que lee este libro lo haga con pureza de coraz√≥n, aceptando que se debe a la divina inspiraci√≥n, y, benefici√°ndose por eso mismo de √©l, como de los frutos del jard√≠n del para√≠so, emple√°ndolos seg√ļn las circunstancias y la utilidad de cada uno de ellos. Estimo, en efecto, que en las palabras de este libro se contienen y describen todas las disposiciones, todos los afectos y todos los pensamientos de la vida humana y que fuera de estos no hay otros. ¬ŅHay necesidad de arrepentimiento o confesi√≥n; les han sorprendido la aflicci√≥n o la tentaci√≥n; se es perseguido o se ha escapado a emboscadas; est uno triste, en dificultades o tiene alguno de los sentimientos arriba mencionados; o vive pr√≥speramente, habiendo triunfado sobre tus enemigos, deseando alabar, dar gracias o bendecir al Se√Īor? Para cualquiera de estas circunstancias hallar la ense√Īanza adecuada en los Salmos divinos. Que elija aquellos relacionados con cada uno de esos argumentos, recit√°ndolos como si √©l los profiriera, y adecuando los propios sentimientos a los en ellos expresados.

21. En modo alguno se busque adornarlos con palabras seductoras, modificar sus expresiones o cambiarlas totalmente; lea y cántese lo que est escrito, sin artificios, para que los santos varones que nos los legaron, reconozcan el tesoro de su propiedad, recen con nosotros, o más bien, lo haga el Espíritu Santo que habló a través de ellos, y al constatar que nuestros discursos son eco perfecto del suyo, venga en nuestra ayuda. Pues en tanto en cuanto la vida de los santos es mejor que la del resto, por tanto mejores y más poderosas se tendrán, con toda verdad, sus palabras que las que agreguemos nosotros. Pues con esas palabras agradaron a Dios y al proferirlas ellos lograron, como lo dice el Apóstol, conquistar reinos, hicieron justicia, alcanzaron las promesas, cerraron la boca a los leones; apagaron la violencia del fuego, escaparon del filo de la espada, curaron de sus enfermedades, fueron valientes en la guerra, rechazaron ejércitos extranjeros, las mujeres recobraron resucitados a sus muertos (Hb 11, 33-35).

22. Todo el que ahora lee esas mismas palabras [de los Salmos], tenga confianza, que por ellas Dios vendr√° instant√°neamente en nuestra ayuda. Si est afligido, su lectura procurar un gran consuelo; si es tentado o perseguido, al cantarlas saldr√° fortalecido y como m√°s protegido por el Se√Īor, que ya hab√≠a protegido antes al autor, y har√° que huyan el diablo y sus demonios. Si ha pecado volver en s√≠ y dejar de hacerlo; si no ha pecado, se estimar dichoso al saber que corre en procura de los verdaderos bienes; en la lucha, los Salmos dar√°n las fuerzas para no apartarse jam√°s de la verdad; al contrario, convencer a los impostores que trataban de inducirle al error. No es un mero hombre la garant√≠a de todo esto, sino la misma Escritura divina. Dios orden√≥ a Mois√©s escribir el gran C√°ntico ense√Ī√°ndoselo al pueblo; al que √©l constituyera como jefe le orden√≥ transcribir el Deuteronomio, guard√°ndolo entre sus manos y meditando continuamente sus palabras, pues sus discursos son suficientes para traer a la memoria el recuerdo de la virtud y aportar ayuda a los que los meditan sinceramente. Cuando Josu√©, hijo de Nun√° penetr√≥ en la tierra prometida, viendo los campamentos enemigos y a los reyes amorreos reunidos todos en son de guerra, en lugar de armas o espadas, empu√Ī√≥ el libro del Deuteronomio, lo ley√≥ ante todo el pueblo, recordando las palabras de la Ley, y habiendo armado al pueblo sali√≥ vencedor sobre los enemigos. El rey Jos√≠as, despu√©s del descubrimiento del libro y su lectura p√ļblica, no albergaba ya temor alguno de sus enemigos. Cuando el pueblo sal√≠a a la guerra, el arca conteniendo las tablas de la Ley iba delante del ej√©rcito, siendo protecci√≥n m√°s que suficiente, siempre que no hubiera entre los portadores o en el seno del pueblo prevalencia de pecado o hipocres√≠a. Pues se necesita que la fe vaya acompa√Īada por la sinceridad para que la Ley d√© respuesta a la oraci√≥n.

23. Al menos yo, dijo el anciano, escuch√© de boca de hombres sabios, que antiguamente, en tiempos de Israel, bastaba con la lectura de la Escritura para poner en fuga los demonios y destruir las trampas tendidas por ellos a los hombres. Por eso, me dec√≠a [mi interlocutor], son del todo condenables aquellos que abandonando estos libros componen otros con expresiones elegantes, haci√©ndose llamar exorcistas, ¬°como les ocurri√≥ a los hijos del jud√≠o Esceva, cuando intentaron exorcisar√° de esa manera!. Los demonios se divierten y burlan cuando los escuchan; por el contrario tiemblan ante las palabras de los santos y ni o√≠rlas pueden. Pues en las palabras de la Escritura est el Se√Īor y al no poder soportarlo gritan: ¬°Te ruego que no me atormentes antes de tiempo! (Lc 8,28). Con sola la presencia del Se√Īor se consum√≠an. Del mismo modo Pablo daba √≥rdenes a los esp√≠ritus impuros y los demonios se somet√≠an a los disc√≠pulos. Y la mano del Se√Īor cay√≥ sobre Eliseo el profeta, de modo que profetiz√≥ a los tres reyes acerca del agua, cuando por orden suya el salmista cantaba al son del salterio. Incluso ahora, si uno est preocupado por los que sufren, lea los Salmos y les ayudar much√≠simo, demostrando igualmente que su fe es firme y veraz; al verla Dios conceder la completa salud a los necesitados. Sabi√©ndolo el santo dijo en el salmo 118: meditar√© sobre tus decretos, no olvidar√© tus palabras; y tambi√©n: tus decretos eran mis cantos, en el lugar de mi peregrinaci√≥n. En ellas encontraron salvaci√≥n al decir: si tu ley no fuese mi meditaci√≥n, ya habr√≠a perecido en mi humillaci√≥n. Tambi√©n Pablo buscaba confirmar a su disc√≠pulo, al decir: medita estas cosas; vive entregado a ellas para que tu aprovechamiento sea manifiesto a todos (1 Tm√°4,15). Pract√≠calo igualmente t√ļ, lee con sabidur√≠a los Salmos y podr√°s, bajo la gu√≠a del Esp√≠ritu, comprender el significado de cada uno. Imitar s la vida que llevaron los varones santos, quienes entusiasmados por el Esp√≠ritu de Dios esto dijeron.

La versi√≥n electr√≥nica de este documento no puede ser reproducida p√ļblicamente sin la debida autorizaci√≥n de los poseedores del Copyright.

Consultas

¬© Copyright 2001. BIBLIOTECA ELECTR√ďNICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS™. La versi√≥n electr√≥nica de este documento no puede ser reproducida p√ļblicamente sin la debida autorizaci√≥n de los poseedores del copyright. La -BEC- est√° protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben par√°metros para su uso. Hecho el dep√≥sito legal.


Dise√Īo web :: Hosting Cat√≥lico