"Lo que hemos contemplado y lo que hemos tocado con nuestras manos...es lo que les anunciamos" (1 Jn 1,1). Esto es válido sobre todo, para la Palabra de Vida . Los auténticos comunicadores de vida en la Iglesia son los contemplativos. No se trata de comunicar una ciencia sino una vida. Lo cual exige una grande capacidad de silencio, de escucha, de diálogo, de acogida, de profundidad interior, de serenidad, de oración. El profeta se pone siempre en profunda y humilde actitud de escucha: "Habla, Señor que tu Siervo escucha" (1 Sam 3,10). Hay comunicaciones que exigen una particular capacidad contemplativa: cuando se trata de anunciar directamente la Palabra de Dios. Es preciso, entonces, "Devorar el rollo" (Ez 3,1). Engendrar la Palabra y anunciarla; es el caso del evangelizador, del catequista, del misionero. "El futuro de la misión depende en gran parte de la contemplación. El misionero, si no es contemplativo, no puede anunciar a Cristo de modo creÃble" (RM 91). Se nota en seguida cuando una palabra es simplemente estudiada y aprendida o nace de un corazón contemplativo. Pero se advierte también cuando la simple palabra comunicada (una noticia o un comentario) tiene sus raÃces en una profunda capacidad contemplativa. Ya sé que la contemplación es un puro don de Dios; pero hace falta pedirlo en la oración y prepararse en el silencio y la pobreza. Las cosas de Dios deben ser comunicadas desde la contemplación; son asà más verdaderas, más ardientes y más concretas. Tal vez, también más simples y más sencillas, menos complicadas y más breves. Resultan para los destinatarios más comprensibles y amables; más serenamente creÃbles y acogidas.
Pero la contemplación tiene también una dimensión humana, o mejor aún, una fuerte y fácil capacidad divina para entender la historia, leer los signos de los tiempos y comprender, exponer y explicar los acontecimientos. Sobre todo, para entender y explicar el misterio del hombre. PodrÃamos ser injustos al dar la noticia de un hombre sin entender (o tener en cuenta el misterio de un hombre. Lo mismo pasa con los pueblos y con sus culturas. Esta capacidad de contemplación divina-humana, supone mucha capacidad de escucha y observación, de reflexión y de estudio, de silencio y de oración.
Para obtener esta capacidad contemplativa hace falta un espÃritu de humildad y de pobreza, de desprendimiento y de austeridad, de amor a la verdad y de respeto al hombre. Quien empieza por saberlo todo o cree tener una exclusiva capacidad creativa, corre el riesgo de no entender nada o de deformar la realidad objetiva. El comunicador contemplativo es capaz de ayudar a crear culturas nuevas fieles a sus orÃgenes. Pero la contemplación no se improvisa. Ya dijimos que es un Don de Dios y hay que pedirla con humildad. La rapidez de la noticia - para que sea la primera - puede entorpecer la contemplación y dañar la verdad de la noticia.
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