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Pontificio Consejo para los Laicos, La dignidad del anciano y su misi贸n en la Iglesia y el mundo
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V. ORIENTACIONES PARA UNA PASTORAL DE LOS ANCIANOS

Al compartir 芦 los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo 禄, 10 la Iglesia 鈥攁dem谩s de entregarse a ellos con materna solicitud, mediante obras de asistencia y de caridad鈥� pide a los ancianos que contin煤en su misi贸n evangelizadora, no s贸lo posible y justa tambi茅n en la vejez, sino transformada por la misma edad en algo espec铆fico y original.

En la exhortaci贸n apost贸lica post-sinodal Christifideles laici sobre la vocaci贸n y la misi贸n de los laicos, Juan Pablo II, dirigi茅ndose a los ancianos, escribe: 芦 La cesaci贸n [...] de la actividad profesional y laboral [abre] un espacio nuevo a [vuestra] tarea apost贸lica. Es un deber que hay que asumir, por un lado, superando decididamente la tentaci贸n de refugiarse nost谩lgicamente en un pasado que no volver谩 m谩s, o de renunciar a comprometerse en el presente por las dificultades halladas en un mundo de continuas novedades; y, por otra parte, tomando conciencia cada vez m谩s clara de que su propio papel en la Iglesia y en la sociedad de ning煤n modo conoce interrupciones debidas a la edad, sino que conoce s贸lo nuevos modos. [...] La entrada en la tercera edad ha de considerarse como un privilegio; y no s贸lo porque no todos tienen la suerte de alcanzar esta meta, sino tambi茅n y sobre todo porque 茅ste es el per铆odo de las posibilidades concretas de volver a considerar mejor el pasado, de conocer y vivir m谩s profundamente el misterio pascual, de convertirse en ejemplo en la Iglesia para todo el Pueblo de Dios 禄 (n. 48).

La comunidad eclesial, por su parte, est谩 llamada a responder a las expectativas de participaci贸n de los ancianos, valorizando el 芦 don 禄 que ellos representan como testigos de la tradici贸n de fe (cf. Sal 44, 2; 脡x 12, 26-27), maestros de vida (cf. Eclo 6, 34; 8, 11-12) y agentes de caridad. Y debe, por tanto, sentirse interpelada a reconsiderar la pastoral de la tercera edad como espacio abierto a la acci贸n y colaboraci贸n de los mismos ancianos.

Entre los 谩mbitos que m谩s se prestan al testimonio de los ancianos en la Iglesia, no se deben olvidar:

鈥� El amplio campo de la caridad: gran parte de los ancianos gozan de suficientes energ铆as f铆sicas, mentales y espirituales que les permiten comprometer generosamente su propio tiempo libre y sus capacidades en acciones y programas de voluntariado.

鈥� El apostolado: los ancianos pueden contribuir ampliamente al anuncio del Evangelio, como catequistas y como testigos de vida cristiana.

鈥� La liturgia: muchos ancianos contribuyen ya eficazmente a cuidar de los lugares de culto. Las personas de la tercera edad, si reciben una formaci贸n adecuada, podr铆an desempe帽ar, en mayor n煤mero, los oficios de Lector y Ac贸lito, ejercer el ministerio extraordinario de la Eucarist铆a y desarrollar la actividad de animadores de la liturgia, as铆 como la de fieles cultores de las formas de piedad eucar铆stica y de las devociones, sobre todo de la devoci贸n mariana y de los santos.

鈥� La vida de las asociaciones y de los movimientos eclesiales: sobretodo despu茅s del Concilio, se ha manifestado una gran apertura, por parte de los ancianos, a la dimensi贸n comunitaria de la vida de fe. El desarrollo de numerosas realidades eclesiales 鈥攓ue representan un gran enriquecimiento para la Iglesia鈥� se debe tambi茅n a una participaci贸n que integra las generaciones y manifiesta la riqueza y la fecundidad de los distintos carismas del Esp铆ritu.

鈥� La familia: los ancianos representan la 芦 memoria hist贸rica 禄 de las generaciones m谩s j贸venes y son portadores de valores humanos fundamentales. Dondequiera que falta la memoria faltan las ra铆ces y, con ellas, la capacidad de proyectarse con la esperanza en un futuro que vaya m谩s all谩 de los l铆mites del tiempo presente. La familia 鈥攜, por tanto, toda la sociedad鈥� recibir谩n un gran beneficio con la revaloraci贸n del papel educativo del anciano.

鈥� La contemplaci贸n y la oraci贸n: es preciso estimular a los ancianos, a que consagren los a帽os que est谩n ocultos en la mente de Dios a una nueva misi贸n iluminada por el Esp铆ritu Santo, dando as铆 principio a una etapa de la vida humana que, a la luz del misterio del Se帽or, se revela como la m谩s rica y prometedora. A este respecto, Juan Pablo II, dirigi茅ndose a los participantes en el Forum internacional sobre el envejecimiento activo, dec铆a: 芦 Los ancianos, gracias a su sabidur铆a y experiencia, fruto de toda una vida, han entrado en una 茅poca de gracia extraordinaria que les abre in茅ditas oportunidades de oraci贸n y de uni贸n con Dios. Les son dadas nuevas energ铆as espirituales, que ellos est谩n llamados a poner al servicio de los dem谩s, haciendo de la propia vida una ferviente oferta al Se帽or y Dador de vida 禄. 11

鈥� La prueba, la enfermedad, el sufrimiento: estas experiencias representan el momento que hace 芦 completar 禄, en la carne y en el coraz贸n, la pasi贸n de Cristo por la Iglesia y por el mundo (cf. Col 1, 24). Es importante guiar a los ancianos 鈥攜 no s贸lo a ellos鈥� para que sepan captar, en esas circunstancias, la dimensi贸n del testimonio del abandono en las manos de Dios, siguiendo las huellas del Se帽or. Pero eso ser谩 posible s贸lo en la medida en que la persona anciana se sienta amada y respetada. La preocupaci贸n por los m谩s d茅biles, los que sufren, los no autosuficientes, es deber de la Iglesia y prueba de la autenticidad de su maternidad. Habr谩, pues, que brindar a los ancianos toda una serie de cuidados y servicios, para que no se sientan in煤tiles, o un peso para los dem谩s, y vivan el sufrimiento como posibilidad de encuentro con el misterio de Dios y del hombre.

鈥� El compromiso en favor de la 芦 cultura de la vida 禄: el momento de la enfermedad y del sufrimiento remite por excelencia al principio inalienable del car谩cter sagrado e inviolable de la vida. La misi贸n misma de Jes煤s, con las numerosas curaciones que 茅l realiz贸, indica c贸mo Dios tiene en cuenta tambi茅n la vida corporal del hombre (cf. Lc 4, 18). Pero el hombre no puede elegir arbitariamente entre vivir y morir, entre dejar vivir y dejar morir: de ello dispone s贸lo Aquel en el cual 芦 vivimos, nos movemos y existimos 禄 (Hch 17, 28; cf. Dt 32, 39). Ese cerrarse a la trascendencia, t铆pico de nuestros d铆as, va alimentando siempre m谩s la tendencia a apreciar la vida s贸lo en la medida en que aporta bienestar y placer, y a considerar el sufrimiento como una amenaza insoportable de la que es preciso librarse a toda costa. La muerte, considerada como cosa 芦 absurda 禄 si interrumpe una vida abierta a un futuro lleno de posibles experiencias interesantes, se transforma en 芦 liberaci贸n reivindicada 禄 cuando se contempla la existencia como algo que no tiene sentido, por estar sumergida en el dolor. Este es el contexto cultural del drama de la eutanasia, que la Iglesia condena por ser una 芦 grave violaci贸n de la Ley de Dios en cuanto eliminaci贸n deliberada y moralmente inaceptable de una persona humana 禄. 12

Teniendo en cuenta la gran diversidad de las situaciones y condiciones de vida de los ancianos, la pastoral de la tercera y la cuarta edad deber铆a incluir la realizaci贸n de iniciativas que permitan el logro de objetivos como los que siguen:

鈥� Dar a conocer mejor las necesidades de los ancianos, no por 煤ltima la de poder contribuir a la vida de la comunidad desempe帽ando actividades apropiadas a su condici贸n peculiar. Este conocimiento dar谩 la posibilidad de estructurar acciones adecuadas y de sensibilizar y comprometer a las comunidades eclesiales y civiles para que se orienten hacia aquellas opciones que parecen ser evang茅licamente y culturalmente m谩s v谩lidas, teniendo en cuenta tambi茅n la renovaci贸n de las obras caritativas y asistenciales de la Iglesia.

鈥� Ayudar a los ancianos a superar las actitudes de indiferencia, desconfianza y renuncia a una participaci贸n activa, a una responsabilidad com煤n.

鈥� Integrar a los ancianos, sin discriminaciones, en la comunidad de los creyentes. Todos los bautizados, en todo momento de la vida, deben poder renovar la riqueza de la gracia del propio Bautismo y vivirla plenamente. Nadie debe quedarse sin el anuncio de la Palabra de Dios, sin el don de la oraci贸n y de la gracia de Dios, sin el testimonio de la caridad.

鈥� Organizar la vida de la comunidad, de manera que en ella se favorezca y se promueva la participaci贸n de las personas ancianas, valorizando las capacidades de cada una. Con ese objeto, las di贸cesis deber铆an crear departamentos especiales para el ministerio de los ancianos; se estimular铆a, as铆, a las parroquias, a que desarrollen actividades espirituales, comunitarias y de recreo para ese grupo de edad; hay que promover el servicio de los ancianos en los consejos diocesanos y parroquiales y en los consejos para asuntos econ贸micos.

鈥� Facilitar la participaci贸n de los ancianos en la celebraci贸n de la Eucarist铆a; darles la posibilidad de acercarse al sacramento de la Reconciliaci贸n y de tomar parte en peregrinaciones, retiros y ejercicios espirituales, procurando que no se impida su presencia por la falta de acompa帽amiento o debido a barreras arquitect贸nicas.

鈥� Recordar que la atenci贸n y asistencia a los enfermos ancianos no autosuficientes, o a los que por debilitamiento senil han perdido las propias facultades mentales, es tambi茅n una atenci贸n espiritual a trav茅s de los signos mediadores de la oraci贸n y de la cercan铆a en la fe, como testimonio del valor inalienable de la vida, incluso cuando 茅sta ha llegado al extremo l铆mite de las fuerzas f铆sicas.

鈥� Otorgar una especial atenci贸n a la administraci贸n del sacramento de la Unci贸n de los Enfermos y del mismo Vi谩tico, dando una preparaci贸n catequ茅tica adecuada. Si las circunstancias lo consienten, es deseable que los pastores incluyan la administraci贸n de la Unci贸n de los Enfermos en celebraciones comunitarias, tanto en las parroquias como en los lugares de residencia de los ancianos.

鈥� Contrarrestar la tendencia a dejar solos, sin asistencia religiosa y consuelo humano, a los moribundos. Esta tarea no corresponde s贸lo a los capellanes, cuyo papel es fundamental, sino tambi茅n a los familiares y a la comunidad de pertenencia.

鈥� Prestar una atenci贸n particular, por un lado, a los ancianos de otras confesiones religiosas, para ayudarles a vivir su propia fe con esp铆ritu de caridad y de di谩logo; y, por otro, a los ancianos no creyentes, ante los cuales no se debe dejar de testimoniar la propia fe con esp铆ritu de fraternidad y de solidaridad.

鈥� Recordar que si los ancianos tienen derecho a un espacio en la sociedad, con mayor raz贸n les corresponde un lugar respetable en la familia. Recordar a la familia, llamada a ser una comuni贸n de personas, la misi贸n que le compete de conservar, revelar y comunicar el amor. Insistir en el deber que ella tiene de proveer a la asistencia de los familiares m谩s d茅biles, incluso los ancianos, rode谩ndolos de cari帽o. Y hacer hincapi茅 en la necesidad de apoyos adecuados para la familia: subsidios econ贸micos, servicios sociosanitarios, y pol铆ticas para la casa, las pensiones y la seguridad social.

鈥� Preocuparse por los ancianos que viven en estructuras residenciales p煤blicas o privadas. Estar lejos de la propia familia ser谩 para ellos menos traum谩tico, si cada comunidad mantiene los v铆nculos con los propios ancianos. La comunidad parroquial, 芦 familia de familias 禄 tendr谩 que transformarse en 芦 diacon铆a 禄 para las personas ancianas y sus problemas, buscando una colaboraci贸n con los responsables de dichas estructuras, con el objeto de encontrar los modos adecuados de asegurar la presencia del voluntariado, la animaci贸n cultural y el servicio religioso. 脡ste tendr谩 que garantizar el alimento eucar铆stico de los ancianos, procurando que la Comuni贸n asuma el significado de participaci贸n en la celebraci贸n del d铆a del Se帽or, de signo de la paternidad de Dios y de la fecundidad de una vida y de un sufrimiento que, si no est谩n iluminados por el consuelo del Se帽or, corren el riesgo de perderse en la tristeza e incluso en la desesperaci贸n.

鈥� No olvidar que, entre los ancianos, hay sacerdotes: ministros de la Iglesia y pastores de las comunidades cristianas. La Iglesia diocesana tiene que hacerse cargo de ellos a trav茅s de medidas y estructuras adecuadas. Tambi茅n las comunidades parroquiales est谩n llamadas a colaborar con el objeto de que los sacerdotes ancianos que 鈥攑or la edad avanzada o por motivos de salud鈥� se retiran del ministerio activo, encuentren una situaci贸n conveniente. Eso mismo vale para las comunidades religiosas y para sus superiores, que deben prestar una atenci贸n particular a sus hermanos y hermanas ancianos.

鈥� Educar a los j贸venes pertenecientes a grupos, asociaciones y movimientos presentes en las parroquias, a la solidaridad con los miembros m谩s ancianos de la comunidad eclesial; una solidaridad entre generaciones que se expresa tambi茅n en la compa帽铆a que los j贸venes pueden ofrecer a los ancianos. Los j贸venes que tienen la oportunidad de estar con los ancianos saben que esta experiencia los forma y los hace madurar, ayud谩ndoles a adquirir una visi贸n atenta a los dem谩s que les ser谩 煤til durante toda la vida. En una sociedad donde reinan el ego铆smo, el materialismo y el consumismo, y en la cual los medios de comunicaci贸n no contribuyen a disminuir la creciente soledad del hombre, valores como la gratuidad, la entrega, la compa帽铆a, la acogida y el respeto por los m谩s d茅biles representan un desaf铆o para quienes desean que se forme una nueva humanidad y, por tanto, tambi茅n para los j贸venes.

Para realizar toda la acci贸n pastoral en favor de los ancianos ser谩 especialmente ilustrativa y 煤til una constante referencia al Decreto conciliar Apostolicam actuositatem y a los documentos publicados por el Magisterio en los 煤ltimos a帽os, especialmente la Exhortaci贸n apost贸lica post-sinodal Christifideles laici, la Carta apost贸lica Salvifici doloris y la Exhortaci贸n apost贸lica Familiaris consortio.


10

Constituci贸n pastoral Gaudium et spes, 1.

11

Insegnamenti III, 2 (1980), p. 538.

12

Carta enc铆clica Evangelium vitae, 65.
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