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Pontificio Consejo para los Laicos, La dignidad del anciano y su misi贸n en la Iglesia y el mundo
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III. PROBLEMAS DE LOS ANCIANOS: PROBLEMAS DE TODOS

Marginaci贸n

Entre los problemas que experimentan los ancianos, a menudo, hoy, uno 鈥攓uiz谩s m谩s que otros鈥� atenta contra la dignidad de la persona: la marginaci贸n. El desarrollo de este fen贸meno, relativamente reciente, ha hallado terreno f茅rtil en una sociedad que, concentrando todo en la eficiencia y en la imagen satinada de un hombre eternamente joven, excluye de los propios 芦 circuitos de relaciones 禄 a quienes ya no tienen esos requisitos.

Responsabilidades institucionales eludidas, con las consiguientes deficiencias sociales; la pobreza, o una dr谩stica reducci贸n de los ingresos y de los recursos econ贸micos que pueden garantizar una vida decorosa y la posibilidad de gozar de atenciones adecuadas, y el alejamiento m谩s o menos progresivo del anciano del propio ambiente social y de la familia, son los factores que colocan a muchos ancianos al margen de la comunidad humana y de la vida c铆vica.

La dimensi贸n m谩s dram谩tica de esta marginaci贸n es la falta de relaciones humanas que hace sufrir a la persona anciana, no s贸lo por el alejamiento, sino por el abandono, la soledad y el aislamiento. Con la disminuci贸n de los contactos interpersonales y sociales, comienzan a faltar los est铆mulos, las informaciones, los instrumentos culturales. Los ancianos, al ver que no pueden cambiar la situaci贸n por estar imposibilitados a participar en las tomas de decisiones que les conciernen, como personas y como ciudadanos, terminan perdiendo el sentido de pertenencia a la comunidad de la cual son miembros.

Este problema nos concierne a todos. Es tarea de la sociedad, de sus distintos organismos, intervenir para garantizar una efectiva tutela, incluso jur铆dica, de esa parte no 铆nfima de la poblaci贸n que vive en estado de emergencia socio-econ贸mico-informativa.

Asistencia

A煤n hoy d铆a, para atender y asistir a los enfermos ancianos no autosuficientes, sin familia, o con pocos medios econ贸micos, se recurre 鈥攕iempre con mayor frecuencia鈥� a la asistencia institucionalizada. Pero el hecho de recluirlos en un instituto puede transformarse en una especie de segregaci贸n de la persona respecto al contexto civil. Algunas opciones socio-asistenciales, y las instituciones que de ellas han surgido, comprensibles en un pasado que ten铆a un contexto social y cultural distinto, est谩n superadas actualmente y son contrarias a las nuevas formas de sensibilidad humana. Una sociedad consciente de sus propios deberes hacia las generaciones m谩s ancianas, que han contribuido a edificar su presente, debe ser capaz de crear instituciones y servicios apropiados. En la medida de lo posible, los ancianos deber谩n poder permanecer en el propio ambiente, gracias al apoyo que se les prestar谩 mediante, por ejemplo, la asistencia a domicilio, el day-hospital, centros diurnos, etc.

En este panorama, no sobra una referencia a las residencias para ancianos. Por el hecho mismo de que ofrecen alojamiento a personas que han tenido que dejar su propio hogar, habr谩 que insistir en que en ellas se ha de respetar la autonom铆a y la personalidad de cada individuo, garantiz谩ndole la posibilidad de desarrollar actividades vinculadas a sus propios intereses; y se han de prestar todas las atenciones que requiere la edad que avanza, dando a la acogida una dimensi贸n lo m谩s familiar posible.

Formaci贸n y ocupaci贸n

La mentalidad actual tiende a relacionar 铆ntimamente la formaci贸n con la actividad de trabajo. He aqu铆 el motivo de la carencia de programas de formaci贸n para la tercera edad. En una 茅poca en la que el training y la actualizaci贸n constantes son una condici贸n indispensable para seguir el paso de la r谩pida evoluci贸n de las tecnolog铆as y sacar los beneficios correspondientes, incluso de orden material, los ancianos 鈥攃uyo saber ya no se puede colocar en el mercado del trabajo鈥� se ven exclu铆dos de las pol铆ticas de educaci贸n permanente. Esto desatiende sus crecientes solicitudes y expectativas al respecto.

La separaci贸n del mundo del trabajo y de todo lo relacionado con 茅l se realiza en forma brusca, poco flexible, y s贸lo muy raramente coincide con los tiempos y modalidades elegidos por las personas interesadas. No es raro que muchas de 茅stas, para compensar pensiones insuficientes o casi inexistentes, busquen luego, pero sin mayores resultados, una ocupaci贸n. Es preciso satisfacer ese anhelo de seguridad, proporcionando a los ancianos oportunidades que les permitan permanecer activos, expresar su creatividad y desarrollar la dimensi贸n espiritual de su vida.

Parece ya comprobado el hecho de que la jubilaci贸n obligatoria da comienzo a un proceso de envejecimiento precoz; mientras el desarrollo de una actividad posterior a la pensi贸n produce un efecto ben茅fico en la calidad misma de la vida. El tiempo libre de que disponen los ancianos es, pues, el principal recurso que se ha de tener en cuenta para volverles a dar un papel activo, promoviendo su acceso a las nuevas tecnolog铆as, su compromiso en trabajos socialmente 煤tiles y su apertura a experiencias de servicio y de voluntariado.

Participaci贸n

Est谩 comprobado que los ancianos, cuando se les presenta la oportunidad, participan activamente en la vida social, tanto a nivel civil como cultural y asociativo. Lo confirma el hecho de que tantos puestos de responsabilidad est茅n ocupados por jubilados 鈥攑or ejemplo, en el campo del voluntariado鈥� as铆 como su peso pol铆tico no indiferente. Es preciso rectificar las im谩genes err贸neas que se dan del anciano, as铆 como los prejuicios y desviaciones comportamentales que, en nuestros d铆as, han menoscabado su figura.

Se debe dar la posibilidad a los ancianos de ejercer influencia en las pol铆ticas relacionadas con su vida, pero tambi茅n con la vida de la sociedad en general; esto, mediante organizaciones de la categor铆a y representantes a nivel pol铆tico y sindical. Ha de fomentarse, pues, la creaci贸n de asociaciones de ancianos y hay que apoyar aquellas ya existentes que, como lo desea Juan Pablo II, 芦 deben ser reconocidas por los responsables de la sociedad como expresi贸n leg铆tima de la voz de los ancianos, y sobre todo de los ancianos m谩s desheredados 禄. 7

Para poner remedio a la cultura de la indiferencia, al individualismo exasperado, a la competitividad y al utilitarismo, que actualmente constituyen una amenaza en todos los 谩mbitos del consorcio humano, y con el fin de evitar toda ruptura entre las generaciones, es necesario promover una nueva mentalidad, nuevas costumbres, nuevos modos de ser, una nueva cultura. Buscar un bienestar y una justicia social que no olviden colocar a la persona humana, y su dignidad, en el centro de sus objetivos.


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Insegnamenti V, 3 (1982), p. 130.
Consultas

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