24. La celebraci贸n del V Centenario del comienzo de la Evangelizaci贸n de Am茅rica nos impulsa de modo particular a una nueva proclamaci贸n del mensaje salvador de Cristo a los hombres y mujeres de nuestro tiempo.
"La Iglesia -como se帽alaba en la Exhortaci贸n Apost贸lica postsinodal Christifideles laici- tiene que dar hoy un gran paso adelante en su evangelizaci贸n; debe entrar en una nueva etapa hist贸rica de su dimensi贸n misionera" 23 . En ese mismo documento, mirando especialmente a Am茅rica Latina, escrib铆a: "En otras regiones o naciones todav铆a se conservan muy vivas las tradiciones de piedad y religiosidad popular cristiana; pero este patrimonio moral y espiritual corre hoy el riesgo de ser disperdigado bajo el impacto de m煤ltiples procesos, entre los que destacan la secularizaci贸n y tambi茅n la difusi贸n de las sectas. S贸lo una nueva evangelizaci贸n puede asegurar el crecimiento de una fe l铆mpida y profunda, capaz de hacer de estas tradiciones una fuerza de aut茅ntica libertad. Ciertamente urge en todas partes rehacer el entramado cristiano de la sociedad humana. Pero la condici贸n es que se rehaga la cristiana trabaz贸n de las mismas comunidades eclesiales que viven en estos pa铆ses o naciones" 24 .
Los religiosos, que fueron los primeros evangelizadores -y han contribuido en tan relevante manera a mantener viva la fe en el Continente-, no pueden faltar a esta convocatoria eclesial de la nueva evangelizaci贸n. Los diversos carismas de la vida consagrada hacen vivo el mensaje de Jes煤s, presente y actual en todo tiempo y lugar, a trav茅s tambi茅n de las palabras y el testimonio de los Fundadores, que han expresado, a lo largo de la historia de la Iglesia, la riqueza sublime del misterio y ministerio de Cristo, "ya entregado a la contemplaci贸n en el monte, ya anunciando el reino de Dios a las multitudes, o curando a los enfermos y pacientes y convirtiendo a los pecadores al buen camino, o bendiciendo a los ni帽os y haciendo bien a todos, siempre, sin embargo, obediente a la voluntad del Padre que lo envi贸" 25 .
Por eso, la Iglesia espera de los religiosos y religiosas un impulso constante y decidido en la obra de la nueva evangelizaci贸n, ya que est谩n llamados, cada uno seg煤n su carisma, a "difundir por todo el mundo la buena nueva de Cristo" 26 . La urgencia de la nueva evangelizaci贸n en Am茅rica Latina, que vivifique sus ra铆ces cat贸licas, su religiosidad popular, sus tradiciones y culturas, exige que los religiosos, hoy como ayer -y en estrecha comuni贸n con sus Pastores- sigan estando en la vanguardia misma de la predicaci贸n dando siempre testimonio del Evangelio de la salvaci贸n.
A este prop贸sito quisiera ofrecer algunas orientaciones m谩s, que os puedan servir de aliento y est铆mulo en vuestra vida consagrada al servicio del Reino.
25. Una de las notas que han caracterizado la vida consagrada en Am茅rica Latina en los 煤ltimos decenios ha sido la b煤squeda de una aut茅ntica experiencia de Dios, que es como un nuevo nombre de la contemplaci贸n, a partir de la meditaci贸n de la palabra, la oraci贸n personal y comunitaria, el descubrimiento de la presencia y de la acci贸n divina en la vida, compartiendo al mismo tiempo esta experiencia con todo el Pueblo de Dios. El documento de Puebla se hac铆a eco de esta b煤squeda se帽alando que "hay ciertos signos que expresan un deseo de interiorizaci贸n y de profundizaci贸n en la vida de la fe al comprobar que, sin el contacto con el Se帽or, no se da una evangelizaci贸n convincente y perseverante" 27 .
No pocas veces, como atestiguan muchos de vosotros, la fe sencilla y sentida del pueblo os ha evangelizado y os ha hecho tomar conciencia de la necesidad de la plegaria y de la profunda experiencia de Dios. Por eso, la meditaci贸n personal y comunitaria de la Palabra de vida ser谩 siempre hontanar profundo que suscite un impulso evangelizador, a imitaci贸n de Jes煤s, cuya actividad apost贸lica estaba unida a aquel di谩logo con el Padre del que flu铆an sus ense帽anzas de vida eterna.
Evangelizar a partir de una profunda experiencia de Dios; buscando comunitariamente la luz y el discernimiento para afrontar los problemas de la vida cotidiana, ser谩 garant铆a de una eficaz y transparente predicaci贸n del Evangelio a los hombres y mujeres de nuestro tiempo; ser谩 aut茅ntico anuncio y testimonio de la Palabra de vida, acogida con fe y experimentada en la comuni贸n eclesial (cf. 1 Jn. 1, 1-3).
26. Amados religiosos y religiosas: Al igual que lo hicieron en su tiempo, vuestros Fundadores pondr铆an tambi茅n en nuestros d铆as al servicio de Cristo sus mejores energ铆as apost贸licas, su profundo sentido eclesial, la creatividad de sus iniciativas pastorales, su amor a los pobres del que han brotado tantas obras eclesiales.
La misma generosidad y abnegaci贸n que impulsaron a los Fundadores deben moveros a vosotros, sus hijos espirituales, a mantener vivos sus carismas que, con la misma fuerza del Esp铆ritu que los ha suscitado, siguen enriqueci茅ndose y adapt谩ndose, sin perder su car谩cter genuino, para ponerse al servicio de la Iglesia y llevar a plenitud la implantaci贸n de su Reino.
Am茅rica Latina, durante estos cinco siglos, ha sido ciertamente crisol de muchos carismas de vida consagrada, nacidos en otros lugares, pero encarnados y consolidados en estas tierras. Al mismo tiempo, ha sido tambi茅n cuna de nuevos Institutos religiosos que responden a la experiencia espiritual de sus hijos y a las necesidades apost贸licas del Continente.
Toda esta riqueza de energ铆as y carismas con que Dios ha bendecido a este Continente ha de orientarse convenientemente para que redunde en una acci贸n pastoral cada vez m谩s encarnada. A este prop贸sito, la participaci贸n espiritual y apost贸lica de todos los consagrados, a trav茅s de los organismos comunes de servicio y coordinaci贸n, es sin duda muy importante para lograr una mayor eficacia en la nueva evangelizaci贸n. De aqu铆 su responsabilidad y su deber de actuar siempre en comuni贸n con la jerarqu铆a, seg煤n las normas y directrices de la Santa Sede.
27. La nueva evangelizaci贸n exige tambi茅n una estrecha cooperaci贸n de los religiosos con los sacerdotes diocesanos, que con dedicaci贸n y generosidad desempe帽an su labor pastoral como pr贸vidos colaboradores de los Obispos. Hab茅is de cooperar igualmente con los laicos, con sus asociaciones y movimientos, algunos de los cuales tienen hoy una gran vitalidad.
En efecto, los religiosos, desde la propia identidad, ten茅is que dar ejemplo de una renovada comuni贸n espiritual con los dem谩s agentes de pastoral, promoviendo una colaboraci贸n apost贸lica que respete y consolide las responsabilidades de cada vocaci贸n en la Iglesia. La fuerza de la evangelizaci贸n radica en el testimonio de unidad de todos los disc铆pulos de Cristo (cf. Jn. 17, 21-23); por ello, sacerdotes, religiosos y laicos deben ayudarse rec铆procamente en su camino espiritual y pastoral, dando ejemplo de aut茅ntica fraternidad cristiana 28 .
28. El reto de la nueva evangelizaci贸n exige que el mensaje salvador cale en el coraz贸n de los hombres y en las estructuras de la vida social. As铆 he querido ponerlo de relieve en mi alocuci贸n a la Asamblea Plenaria de la Pontificia Comisi贸n para Am茅rica Latina 29 .
Es un hecho que las Ordenes y Congregaciones religiosas han sido siempre promotores de la cultura, desde los comienzos mismos de la predicaci贸n del mensaje de Cristo en el Continente; lo son tambi茅n por la variedad de sus carismas, por sus obras apost贸licas, por su presencia en la sociedad latinoamericana. En efecto, los religiosos ejercen su actividad en todos los campos de la ense帽anza, desde la elemental y media hasta la profesional y universitaria; tambi茅n en la catequesis, desde la infantil hasta la de adultos, tratando de formar apost贸licamente a los laicos; se hallan en el coraz贸n de las grandes metr贸polis, en los barrios marginales, entre los ind铆genas, cuya cultura estudian y cuyos derechos defienden.
Estoy seguro de que los religiosos y las religiosas en Am茅rica Latina sabr茅is estar en la vanguardia de esta nueva responsabilidad evangelizadora que ha de asumir, con al fuerza del mensaje salv铆fico, toda la riqueza cultural de los pueblos y etnias del Continente en una solidaria y esperanzadora civilizaci贸n del amor. Contribuid, pues, a forjar una cultura que est茅 siempre abierta a los valores de la vida, a la originalidad del mensaje evang茅lico, a la solidaridad entre las personas; una cultura de la paz y de la unidad que Cristo ha pedido al Padre para todos los que creen en El.
Para ello, los religiosos, en la medida en que se谩is fieles al propio carisma, encontrar茅is la fuerza de la creatividad apost贸lica que os guiar谩 en la predicaci贸n e inculturaci贸n del Evangelio. Tengo plena confianza en que, con vuestra aportaci贸n generosa, se seguir谩 llevando a cabo la deseada transformaci贸n cultural y social de ese Continente. En efecto, la historia de la primera Evangelizaci贸n de Am茅rica Latina es para todos un llamamiento ineludible a perseverar en la labor emprendida y, al mismo tiempo, constituye un motivo de viva esperanza cristiana.
29. Antes de terminar estas reflexiones sobre la nueva evangelizaci贸n de ese Continente, deseo referirme a un reto que ya est谩 despertando cierta inquietud apost贸lica entre muchos de vosotros y de vosotras: la necesidad y disponibilidad a evangelizar m谩s all谩 de vuestras fronteras.
Desde la llegada misma del Evangelio, Am茅rica Latina ha acogido con generosa hospitalidad a tantos religiosos y religiosas de otras naciones, los cuales han hecho de esas tierras su patria espiritual y adoptiva. Muchos de ellos se han identificado totalmente con vuestras Iglesias y con vuestros pueblos, dando prueba del alcance universal de la vocaci贸n religiosa. Algunos de ellos -quiero recordarlo-, as铆 como otros religiosos y religiosas nativos, han sellado con la propia sangre su fidelidad al Evangelio y su entrega a los m谩s pobres, defendiendo sus derechos o acompa帽谩ndolos en su camino. Por todos ellos doy gracias a Dios Padre que suscita continuamente nuevas vocaciones al seguimiento de Cristo. Abrigo, pues, la firme esperanza de que, para llevar a cabo las tareas de la nueva evangelizaci贸n, Am茅rica Latina sabr谩 acoger, con igual sentido de hospitalidad eclesial, a todos aquellos que se sienten llamados a trabajar en esta porci贸n de la vi帽a del Se帽or.
Por otra parte, es una exigencia insoslayable de todos los Institutos el promover, con mayor generosidad si cabe que en otras 茅pocas, una pastoral vocacional y una adecuada formaci贸n de los candidatos a la vida consagrada, que haga posible que Am茅rica Latina pueda disponer, en n煤mero y en calidad, de aquellos nuevos evangelizadores que necesita para su futuro.
Adem谩s, ha llegado la hora en que vosotros, hombres y mujeres consagrados de Am茅rica Latina, os hag谩is cada vez m谩s presentes en otras Iglesias del mundo, con un dinamismo sin fronteras, y que ofrezc谩is generosamente, incluso "desde vuestra pobreza", ayuda a la misi贸n evangelizadora de la Iglesia en otras Naciones que tambi茅n est谩n necesitadas de una primera o de una nueva evangelizaci贸n. Esta reciprocidad, prueba del dinamismo cristiano y misionero de las Iglesias en que trabaj谩is, ser谩 tambi茅n manifestaci贸n de la madurez de un Continente que, evangelizado hace cinco siglos, quiere ser a su vez en la Iglesia universal un Continente evangelizador.
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