S.S. Juan Pablo II, Carta a los religiosos y religiosas de Am茅rica Latina con motivo del V Centenario de la Evangelizaci贸n del Nuevo Mundo

II. LOS OBJETIVOS DEL PRESENTE: VIDA CONSAGRADA Y COMUNI脫N ECLESIAL: FIDELIDAD AL CONCILIO VATICANO II

13. El Esp铆ritu Santo, que "con la fuerza del Evangelio rejuvenece la Iglesia, la renueva incesantemente y la conduce a la uni贸n consumada con su Esposo" 5 , ha preparado providencialmente al Pueblo de Dios con las ense帽anzas del Concilio Vaticano II para afrontar mejor su misi贸n apost贸lica en el mundo de hoy, al final del segundo milenio, en medio de las nuevas y exigentes situaciones en que vivimos.

Es, pues, necesario que cuantos aman la verdad revelada y sienten la urgencia de la misi贸n apost贸lica en el mundo actual vuelvan su mirada al Magisterio de la Iglesia y, siguiendo las ense帽anzas conciliares, hagan una fiel lectura de las exigencias del Evangelio de Cristo para los tiempos presentes, sin dejarse desorientar por ideolog铆as ajenas a la revelaci贸n.

El Concilio Vaticano II -sobre todo en la Constituci贸n dogm谩tica Lumen gentium- ha expuesto la doctrina sobre la Iglesia y nos ha invitado a contemplarla tambi茅n como Pueblo de Dios que camina hacia la Jerusal茅n celestial 6 . Al mismo tiempo, ha puesto de relieve la naturaleza y estructura jer谩rquica de la Iglesia, como expresi贸n de la sucesi贸n apost贸lica que se da en ella, tal como la ha querido su divino Fundador 7 .

El sacerdocio ministerial, en el seno de la constituci贸n jer谩rquica de la Iglesia, lleva a cabo la obra santificadora, que se expresa tambi茅n mediante una actitud de servicio que tiene a Cristo como modelo supremo, y que contribuye a mantener a la Iglesia entera en la comuni贸n de fe, de culto y de vida. Los Obispos, como sucesores de los Ap贸stoles, ejercen tambi茅n este ministerio por medio de la comuni贸n rec铆proca y la colegialidad, bajo la potestad del Romano Pont铆fice, Sucesor de Pedro, que ha recibido el primado directamente de Cristo 8 .

SENTIDO ECLESIAL DEL PUEBLO DE DIOS

14. El Pueblo de Dios que vive en Am茅rica Latina siente profundamente la comuni贸n eclesial, la obediencia y el amor a sus Pastores, as铆 como el afecto filial al Papa. Todo ello explica su fidelidad secular a la fe recibida y tambi茅n su conciencia de ser parte activa de la Iglesia universal. Firme en sus creencias, ha resistido a los ataques del laicismo y ha dado pruebas heroicas, incluso con el martirio de no pocos de sus hijos.

La urgente llamada a la nueva evangelizaci贸n del Continente tiene como objetivo que la fe se profundice y se encarne cada vez m谩s en las conciencias y en la vida social. Por eso es necesario que los religiosos y religiosas mantengan inc贸lume su fidelidad plena a las ense帽anzas del Concilio Vaticano II y expresen con coherencia su comuni贸n con los Pastores, como testimonio de una perfecta sinton铆a eclesial para edificaci贸n del Pueblo de Dios.

DIMENSI脫N ECLESIAL DE LA VIDA CONSAGRADA

15. Precisamente este mismo Concilio ha querido encuadrar en el misterio de la Iglesia la vocaci贸n y la misi贸n de los Institutos religiosos, as铆 como la identidad de cada una de las personas consagradas, llamadas a la santidad.

La teolog铆a de la vida religiosa, expuesta en la constituci贸n dogm谩tica Lumen gentium y en el decreto Perfectae caritatis, as铆 como en otros numerosos documentos del magisterio postconciliar, ha encontrado una acogida favorable en Am茅rica Latina, que se ha manifestado tambi茅n en realizaciones creativas. El mismo documento de Puebla se hizo eco de las tendencias positivas de la vida consagrada en Am茅rica Latina dentro de la misi贸n de la Iglesia, sobre todo, en la perspectiva de comuni贸n y participaci贸n en la evangelizaci贸n 9 . Sin embargo, por desgracia, no han faltado a este respecto desviaciones y actitudes demasiado radicales y unilaterales, que han llegado a empa帽ar en algunas ocasiones el "sensus Ecclesiae".

No es mi intenci贸n reiterar aqu铆 expl铆citamente las ense帽anzas del Magisterio de la Iglesia acerca de la vida consagrada, propuestas por el Concilio Vaticano II en los documentos que acabamos de mencionar. Estas ense帽anzas conciliares han sido, durante los 煤ltimos veinticinco a帽os, ampliamente desarrolladas por mis Predecesores en numerosas alocuciones, mensajes, y en algunos documentos de especial importancia, como la Exhortaci贸n Apost贸lica del Papa Pablo VI Evangelica testificatio, del 29 de junio de 1971 10 . Por mi parte, en el A帽o Santo de la Redenci贸n dirig铆 a todos los religiosos y religiosas del mundo la Exhortaci贸n Apost贸lica Redemptoris donum 11 .

A este respecto, tambi茅n la Congregaci贸n para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apost贸lica ha publicado una reciente Instrucci贸n titulada: Orientaciones sobre la formaci贸n en los Institutos religiosos. Tanto este documento como los citados anteriormente ofrecen indicaciones muy precisas para la formaci贸n personal y la vida comunitaria de los religiosos y religiosas que, por su propia consagraci贸n, est谩n plenamente comprometidos en la Iglesia y, en vuestro caso concreto, en la tarea permanente de evangelizaci贸n en Am茅rica Latina. En estos mismos documentos se van delineando la identidad y autenticidad de la vida consagrada y su dimensi贸n eclesial. A ello quiero referirme pensando particularmente en vuestra labor como heraldos del Evangelio.

SEGUIMIENTO DE CRISTO Y CONSAGRACI脫N RELIGIOSA

16. La identidad y autenticidad de la vida religiosa se caracteriza por el seguimiento de Cristo y la consagraci贸n a El mediante la profesi贸n de los consejos evang茅licos de castidad, pobreza y obediencia. Con ellos se expresa la total dedicaci贸n al Se帽or y la identificaci贸n con El en su entrega al Padre y a los hermanos. El seguimiento de Cristo mediante la vida consagrada supone una particular docilidad a la acci贸n del Esp铆ritu Santo, sin la cual la fidelidad a la propia vocaci贸n quedar铆a vac铆a de contenido.

Jesucristo, crucificado y resucitado, Se帽or de la vida y de la historia, tiene que ser el ideal vivo y perenne de todos los consagrados. De su palabra se vive, en su compa帽铆a se camina, de su presencia interior se goza, de su misi贸n salv铆fica se participa. Su persona y su misterio son el anuncio y el testimonio esencial de vuestro apostolado. No pueden existir soledades cuando 茅l llena el coraz贸n y la vida. No deben existir dudas acerca de la propia identidad y misi贸n cuando se anuncia, se comunica y se encarna su misterio y su presencia entre los hombres.

Todos los religiosos y religiosas deben renovar continuamente esta uni贸n con Cristo, mediante la escucha de su palabra, la celebraci贸n de su misterio pascual en los sacramentos -especialmente los de la reconciliaci贸n y de la Eucarist铆a- as铆 como con la oraci贸n asidua. S贸lo as铆 podr茅is ser aut茅nticos evangelizadores, capaces de satisfacer las necesidades espirituales del pueblo de Dios, con un coraz贸n compasivo de donde brotan los mismos sentimientos de Cristo.

MISTERIO PASCUAL Y CONSEJOS EVANG脡LICOS

17. En efecto, los consejos evang茅licos tienen una profunda dimensi贸n pascual, ya que suponen una identificaci贸n con Cristo, con su muerte y resurrecci贸n. Por eso se deben vivir con la misma actitud de Cristo, el cual "se despoj贸 de s铆 mismo" (kenosis), haci茅ndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz (cf. Flp. 2, 5-8). Pero al mismo tiempo nos hacen participar del gozo de la nueva vida a la que estamos llamados, para as铆 hacer en todo la voluntad salv铆fica del Padre. La profesi贸n de los consejos evang茅licos os constituye, pues, en testigos de la Resurrecci贸n del Se帽or y de la fuerza transformadora de su Esp铆ritu de Pentecost茅s.

La entrega total de las personas consagradas implica, como en Jes煤s de Nazaret, una 铆ntima relaci贸n entre los tres consejos evang茅licos, de manera que el crecimiento y madurez en la vivencia de uno de ellos hace a los otros m谩s fecundos; y, por el contrario, la falta de fidelidad a uno de ellos pone en peligro la solidez y autenticidad de los dem谩s.

En verdad, no es aut茅nticamente pobre, seg煤n el modelo y la medida de Cristo, quien no vive plenamente la castidad y la obediencia; ni es puro de coraz贸n quien no practica la pobreza y vive con gozo la voluntaria obediencia; ni es obediente al designio del Padre y a las exigencia del Reino quien no abraza, con coraz贸n puro e indiviso, el desprendimiento de las cosas terrenas.

Con la donaci贸n total de la propia vida por amor a Dios, los religiosos y religiosas son testigos elocuentes de la primac铆a y perennidad del mensaje evang茅lico, que somete a juicio a los 铆dolos de este mundo: el poder, las riquezas, el placer. De este modo, manifiestan en s铆 mismos la madurez que se alcanza con el don de la propia libertad puesta al servicio exclusivo de Dios y de los hermanos.

Quiero recordaros, a este respecto, lo que escrib铆 en la Enc铆clica Redemptor hominis, pensando precisamente en las personas consagradas: "Humanidad madura significa pleno uso del don de la libertad; que hemos obtenido del Creador, en el momento en que El ha llamado a la existencia al hombre hecho a su imagen y semejanza. Este don encuentra su plena realizaci贸n en la entrega sin reservas de toda la persona humana concreta, en esp铆ritu de amor nupcial a Cristo y, a trav茅s de Cristo, a todos aquellos a los que El env铆a, hombres o mujeres, que se han consagrado totalmente a El seg煤n los consejos evang茅licos" 12 .

VERDADERA LIBERTAD Y AUT脡NTICA LIBERACI脫N

18. De esta humanidad madura de los religiosos y religiosas tiene hoy necesidad el Continente latinoamericano para anunciar a Jesucristo con la palabra y con la vida, para s铆 construir una nueva humanidad seg煤n el esp铆ritu de las bienaventuranzas.

La historia de estos quinientos a帽os atestigua la fidelidad de tantos religiosos y religiosas que han contribuido a mantener vivo y a enriquecer el patrimonio de la primera evangelizaci贸n. No hay que olvidar que todos aquellos que se han consagrado al servicio de Cristo mediante los consejos evang茅licos y con el esp铆ritu de las bienaventuranzas contribuyen eficazmente a la obra evangelizadora, apoyando la predicaci贸n de la palabra con la fuerza del propio testimonio.

Es importante, pues, que ese testimonio no se deforme bajo influencias e interpretacione reductivas del Evangelio, que podr铆an afectar al genuino contenido de su mensaje y a la misma vida consagrada, con el peligro, sobre el cual ya nos advierte el Se帽or, de que la sal se desvirt煤e y pierda su sabor (cf. Mt. 5, 13).

En los 煤ltimos a帽os, ante ciertas tendencias que presentaban una particular hermen茅utica de la revelaci贸n, -con graves repercusiones en la vida y la misi贸n de la Iglesia, e incluso en la misma vida religiosa, como es el caso de algunas teolog铆as de la liberaci贸n- la Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe ha emanado dos documentos, Libertatis nuntius (1984) y Libertatis conscientia (1986), para establecer las l铆neas maestras del pensamiento de la Iglesia sobre la verdadera libertad y la aut茅ntica liberaci贸n seg煤n el Evangelio.

Estas dos Instrucciones no s贸lo son v谩lidas en s铆 mismas, sino que se presentan adem谩s como realmente prof茅ticas por haber contribuido a desenmascarar falaces utop铆as ideol贸gicas y servilismos pol铆ticos que est谩n en total desacuerdo con la doctrina y la misi贸n de Cristo y de su Iglesia.

La palabra del Se帽or, que nos llama a la plena libertad de los hijos de Dios, sigue urgi茅ndonos a la fidelidad: "Si os manten茅is en mi palabra ser茅is verdaderamente mis disc铆pulos, y conocer茅is la verdad, y la verdad os har谩 libres" (Jn. 8, 31-31). S贸lo Jesucristo libera. S贸lo en su amor, experimentado y transmitido, se encuentra la aut茅ntica liberaci贸n.

LA OPCI脫N PREFERENCIAL POR LOS POBRES

19. En este contexto es necesario subrayar una vez m谩s el justo significado de la opci贸n preferencial, no exclusiva ni excluyente, en favor de los pobres; opci贸n particularmente connatural a todos aquellos que viven el consejo evang茅lico de la pobreza y que est谩n llamados a amar, acoger y servir a los pobres "con las entra帽as de Jesucristo" 13 .

Como ya hac铆a notar el documento de Puebla, la opci贸n preferencial por los pobres ha sido un factor muy destacado en la vida religiosa latinoamericana durante los 煤ltimos tiempos 14 . Son muchos los religiosos y religiosas que viven esta opci贸n preferencial con un aut茅ntico esp铆ritu evang茅lico, fuertemente motivados por las palabras del Se帽or y en coherencia con el esp铆ritu de su propio Instituto. En efecto, los religiosos y las religiosas est谩n presentes en los barrios marginados, entre los ind铆genas, junto a los ancianos y enfermos, en las innumerables situaciones de miseria que Am茅rica Latina vive y sufre, como son las nuevas pobrezas que afectan sobre todo a los j贸venes, desde el alcoholismo a la droga. Por medio de los religiosos la Iglesia se hace servidora de los hermanos m谩s necesitados, en cuyo rostro dolorido reconoce los rasgos sufrientes de Cristo, el Se帽or, que nos interpela y nos convoca al juicio definitivo, cuando seremos juzgados acerca del amor 15 .

VIRTUDES TEOLOGALES Y VIDA CONSAGRADA

20. Sin embargo, se han dado casos en los que una interpretaci贸n err贸nea del problema de los pobres en clave marxista ha llevado a un falso concepto y a una praxis an贸mala de la opci贸n por los pobres y del voto de pobreza, desvirtuado por falta de referencia a la pobreza de Cristo y desconectado de su medida que es la vida teologal. La vida consagrada tiene que estar, pues, firmemente afianzada en las virtudes teologales, para que la fe no ceda al espejismo de las ideolog铆as; la esperanza cristiana no se confunda con las utop铆as; la caridad universal, que llega hasta el l铆mite del amor a los enemigos, no sucumba ante la tentaci贸n de la violencia.

No han faltado casos en los que esta opci贸n ha llevado a una politizaci贸n de la vida consagrada, no exenta de opciones partidistas y violentas, con la instrumentalizaci贸n de personas e instituciones religiosas para fines ajenos a la misi贸n de la Iglesia.

Es necesario, pues, recordar lo dicho en la Instrucci贸n Libertatis conscientia: "La opci贸n preferencial por los pobres, lejos de ser un signo de particularismo o de sectarismo, manifiesta la universalidad del ser y de la misi贸n de la Iglesia. Dicha opci贸n no es exclusiva. Esta es la raz贸n por la que la Iglesia no puede expresarla mediante categor铆as sociol贸gicas e ideol贸gicas reductivas, que har铆an de esta preferencia una opci贸n partidista y de naturaleza conflictiva" 16 .

隆La sal no debe perder su sabor! 隆La vida religiosa no puede dejar de ser testimonio vivo del "Reino de los cielos" prometido a los pobres! "Si la sal se desvirt煤a -advierte Jes煤s- 驴con qu茅 se la salar谩? Ya no sirve para nada m谩s que para ser tirada afuera" (Mt. 5, 13). Puede suceder a veces que el Pueblo de Dios no siempre encuentre el deseado apoyo en las personas consagradas porque quiz谩 no reflejan suficientemente en sus vidas el fuerte sentido de Dios que deber铆an transmitir.

Tales situaciones pueden ser ocasi贸n de que muchas personas pobres y sencillas, -como por desgracia est谩 ocurriendo- se conviertan en f谩cil presa de las sectas, en las que buscan un sentido religioso de la vida que quiz谩 no encuentran en quienes se lo tendr铆an que ofrecer a manos llenas.

PROMOCI脫N DE LA SOLIDARIDAD SOCIAL

21. Toda esta problem谩tica, lejos de frenar el compromiso por la justicia y la libertad, indica que la Iglesia en Am茅rica Latina, con la firme colaboraci贸n de los religiosos, debe esforzarse en comprender y realizar de una manera justa "la opci贸n preferencial por los pobres".

La situaci贸n socioecon贸mica de algunas naciones latinoamericanas constituye un motivo de profunda preocupaci贸n. La Iglesia, plenamente conocedora de esta realidad, quiere iluminar con el evangelio y la doctrina social cat贸lica la conciencia de los ciudadanos. Ella misma, que con su acci贸n evangelizadora favorece la promoci贸n integral de las personas, se dirige a los laicos, y de modo especial a quienes est谩n al frente de las diversas instancias p煤blicas, para que sean promotores de una aut茅ntica justicia social. A este respecto, la Iglesia ha puesto en marcha muchas instituciones en favor de los m谩s necesitados, creando en ellas un clima de afectuosa acogida y abri茅ndoles el camino de la esperanza cristiana.

Para hacer frente a las muchas carencias que afectan a amplios sectores de la poblaci贸n, los Pastores de la Iglesia en Am茅rica Latina cuentan con la inestimable cooperaci贸n de tantos religiosos y religiosas que realiz谩is el apostolado en ambientes tan variados. Por vuestra presencia entre la gente sois responsables de la animaci贸n de muchas comunidades eclesiales, y sobre todo de la formaci贸n religiosa y moral de los laicos, especialmente la educaci贸n cristiana de la juventud a trav茅s de la ense帽anza y la catequesis.

En todos deb茅is despertar un recto sentido de la justicia social, inspirada en el amor fraterno, base indispensable para que cada pa铆s, en el 谩mbito del bien com煤n, siga creciendo en paz y armon铆a, y alcance as铆 un desarrollo cultural y econ贸mico asequible a todos. De este modo, el Continente de la esperanza se ir谩 configurando como una verdadera comunidad de naciones hermanas.

FORTALECER LOS V脥NCULOS DE LA COMUNI脫N ECLESIAL

22. El Concilio Vaticano II ha puesto de relieve el profundo sentido eclesial de la vida consagrada, que tiene que manifestarse en una sincera comuni贸n y colaboraci贸n con los Pastores de la Iglesia.

La historia de la primera evangelizaci贸n ilustra abundantemente la aportaci贸n ofrecida por los religiosos en la implantaci贸n y consolidaci贸n de la jerarqu铆a eclesi谩stica en el Continente latinoamericano. Tambi茅n hoy son numerosos los obispos de esa Iglesia, que han sido escogidos de entre los religiosos para este ministerio pastoral.

Las relaciones entre Obispos y religiosos son, en general, satisfactorias. Podr铆a decirse que han recibido un favorable impulso con las orientaciones de la Santa Sede y gracias al buen entendimiento entre los organismos de comuni贸n y de colaboraci贸n establecidos entre las di贸cesis y los Institutos religiosos 17 . No han faltado, sin embargo, en determinadas situaciones, algunas incomprensiones y fuertes contrastes que no responden a una verdadera eclesiolog铆a de comuni贸n y perturban la paz y la concordia, influyendo negativamente en la tarea evangelizadora de la Iglesia.

El hecho de que los Institutos religiosos gocen de la justa autonom铆a de vida, de que habla el c贸digo de derecho can贸nico 18 , no ha de ser pretexto para una actividad apost贸lica al margen de la jerarqu铆a o que ignore sus orientaciones pastorales. Ser铆a ir contra la naturaleza misma de la Iglesia y de la vida consagrada reivindicar, por parte de los religiosos y de sus instituciones, una especie de paralelismo, traducido en una pastoral o en un magisterio paralelos. Ser铆a tambi茅n err贸neo pensar que los religiosos, por su vocaci贸n eclesial, est谩n investidos de una funci贸n prof茅tica, de la que carecer铆an los pastores de la Iglesia, contraponiendo as铆 el carisma de la vida consagrada a la instituci贸n jer谩rquica, y el profetismo de los religiosos a la misi贸n de los obispos o al mismo car谩cter prof茅tico de la vocaci贸n laical.

Estas tendencias o actitudes no encuentran justificaci贸n posible en una recta eclesiolog铆a de la vida religiosa. M谩s bien est谩n en clara contradicci贸n con la naturaleza misma de la vida consagrada, que es vida de comuni贸n y de unidad. No responden tampoco al esp铆ritu de los Fundadores que tuvieron siempre como criterio seguro "sentire Ecclesiam" y "sentire cum Ecclesia", actuando en perfecta comuni贸n con sus Pastores; ni se encuadran en una recta concepci贸n de la misi贸n apost贸lica de los religiosos, que no puede ser otra que la construcci贸n y extensi贸n del Reino dentro de una perspectiva de unidad eclesial.

COHESI脫N AFECTIVA Y EFECTIVA ENTRE OBISPOS Y RELIGIOSOS

23. El fomentar una s贸lida y org谩nica cohesi贸n afectiva y efectiva entre los religiosos y los Obispos es de primordial importancia en toda eclesiolog铆a de comuni贸n que se inspire en la doctrina conciliar 19 . En efecto, la autonom铆a de los religiosos a que hemos aludido tiene como fundamento la obediencia de los mismos al Sumo Pont铆fice y a la Santa Sede, y como finalidad una mayor y m谩s generosa cooperaci贸n en su solicitud por el bien de todas las Iglesias. Adem谩s, tal autonom铆a supone en todo caso la debida sumisi贸n a los Obispos en el campo pastoral 20 .

Ahora bien, la colaboraci贸n de los religiosos en la solicitud por todas la Iglesias no puede ejercerse sin la comuni贸n org谩nica con el ministerio pastoral de los Obispos y el acatamiento de sus disposiciones en lo que concierne al culto divino, a la evangelizaci贸n y a la catequesis, seg煤n prescribe el derecho can贸nico.

Est谩 claro, pues, que las iniciativas pastorales de los religiosos y de sus organismos de coordinaci贸n a nivel diocesano, nacional o supranacional, tienen que expresar sin ambig眉edades ni reticencias una perfecta comuni贸n con los Pastores de la Iglesia en sus respectivas instancias, ya que los Obispos son "doctores aut茅nticos y testigos de la verdad divina y cat贸lica" y por eso les incumbe velar con toda responsabilidad por los religiosos "en lo que toca a la ense帽anza de la doctrina de la fe, tanto en los centros que cultivan su estudio, como en la utilizaci贸n de los medios para transmitirla", como son las publicaciones y las mismas casas editoriales 21 .

Cuanto mayor sea el influjo que pueden tener los religiosos en la difusi贸n de la doctrina, tanto m谩s responsables tienen que ser en la transmisi贸n integral de la verdad y en la comuni贸n con la jerarqu铆a, evitando toda posible desorientaci贸n de los fieles o deformaci贸n del mensaje revelado.

Ha de ser, pues, empe帽o de todos evitar cualquier distanciamiento entre los Obispos y los religiosos, lo cual puede acarrear grave da帽o a toda la obra evangelizadora. Por ello, pido a unos y otros que se estrechen cada vez m谩s los v铆nculos de comuni贸n y se fomente, con los medios oportunos, el mutuo conocimiento, el aprecio sincero y el testimonio de unidad; que los Obispos sepan valorar y promover, como es debido, el don inmenso de la vida consagrada, con toda su variedad de carismas, sin olvidar que ellos deben ser tambi茅n promotores de la fidelidad a la vocaci贸n religiosa seg煤n el esp铆ritu de cada Instituto 22 . Pido igualmente a los religiosos y religiosas, llamados a vivir en comunidad al servicio de la Iglesia; que se esfuercen por mantener viva la comuni贸n y la colaboraci贸n con los Obispos, as铆 como el necesario respeto de su autoridad pastoral.

Este esp铆ritu de renovada comuni贸n entre los Obispos y los religiosos en Am茅rica Latina ser谩 uno de los temas de estudio y reflexi贸n en la IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, que se prepara para 1992. Esto lo exige tanto el elevado n煤mero de religiosos y religiosas que viven en el Continente, como la indispensable presencia de sus carismas, instituciones y nuevas vocaciones, necesarias para la obra evangelizadora. Sin la aportaci贸n generosa de la vida consagrada no podr谩 realizarse la gran tarea de la renovada siembra del Evangelio.


5

Conc. Ecum. Vat. II, Const. dogm. Lumen gentium, sobre la Iglesia, 4.

6

Cf. Ibidem, 9.

7

Cf. Ibidem, cap. III.

8

Cf. Ibidem, 22.

9

Cf. Puebla, 721-776.

10

AAS, LXIII (1971) pp. 497-526.

11

AAS, LXXVI (1984) pp. 113-546.

12

Cf. Redemptor hominis, 21.

13

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Perfectae caritatis, sobre la adecuada renovaci贸n de la vida religiosa, 13.

14

Cf. Puebla, 733-735.

15

Cf. San Juan de la Cruz, Dichos de luz y amor, 57.

16

Congregaci贸n para la Doctrina de la Fe, Instrucci贸n sobre libertad cristiana y liberaci贸n, Libertatis conscientia, 68.

17

Cf. S. Congregaci贸n para los Religiosos y los Institutos Seculares y S. Congregaci贸n para los Obispos, Notas directrices, Mutuae relationes, 52-67, 14-V-1978.

18

C.I.C. 586.

19

Cf. S. Congregaci贸n para los Religiosos y los Institutos Seculares y S. Congregaci贸n para los Obispos, Notas directrices, Mutuae relationes, 14-V-1978; orientaciones sobre la formaci贸n en los Institutos religiosos, 94-97.

20

Cf. Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Christus Dominus, sobre el oficio pastoral de los obispos, 35.

21

Cf. Congregaci贸n para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apost贸lica, Orientaciones sobre la formaci贸n en los Institutos religiosos, 96, 2-II-1990.

22

Cf. Ibidem.

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