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S.S. Juan Pablo II, Carta a los religiosos y religiosas de Am茅rica Latina con motivo del V Centenario de la Evangelizaci贸n del Nuevo Mundo
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I. UNA MIRADA AL PASADO: LOS RELIGIOSOS EN LA LLAMADA "EVANGELIZACI脫N FUNDANTE" DEL NUEVO MUNDO. EL COMIENZO DE LA EVANGELIZACI脫N

4. No es mi intenci贸n recorrer ahora la historia de los comienzos de la evangelizaci贸n del Continente, ni tampoco dar un juicio sobre lo que aconteci贸 entonces. La conmemoraci贸n del V Centenario es ocasi贸n propicia para un estudio hist贸rico riguroso, enjuiciamiento ecu谩nime y balance objetivo de aquella empresa singular, que ha de ser vista en la perspectiva de su tiempo y con una clara conciencia eclesial.

Quiero, sin embargo, reiterar la valoraci贸n globalmente positiva sobre la actuaci贸n de los primeros evangelizadores que eran en gran parte miembros de Ordenes religiosas. Muchos tuvieron que actuar en circunstancias dif铆ciles y, en la pr谩ctica, inventar nuevos m茅todos de evangelizaci贸n, proyectados hacia pueblos y gentes de culturas diversas.

El proceso evangelizador fue desigual, tanto en el espacio como en el tiempo, en su intensidad como en la profundidad de penetraci贸n en los diversos sectores de la sociedad latinoamericana. En efecto, cuando determinados territorios estaban ya casi enteramente cristianizados, otros a煤n se dispon铆an a emprender la lenta marcha de la construcci贸n de la Iglesia local. Es m谩s, en algunas regiones durante mucho tiempo no ha sido f谩cil trazar una clara delimitaci贸n entre la Iglesia s贸lidamente establecida y los territorios de misi贸n.

Con cierta frecuencia se bautizaba sin haber dado una adecuada catequesis sobre los misterios de nuestra fe, es decir, sin la necesaria evangelizaci贸n.

Es preciso notar, sin embargo, que en la valoraci贸n de las actividades de los misioneros de entonces no podemos aplicar criterios y comportamientos pastorales actuales, que hace cinco siglos eran impensables. Por otra parte, no pueden soslayarse determinadas limitaciones para as铆 mejor tomar conciencia de la necesidad de continuar la tarea iniciada, ya que la evangelizaci贸n es misi贸n permanente de la Iglesia en todo tiempo y lugar, hasta que vuelva el Se帽or para instaurar definitivamente su Reino.

DEFENSORES DE LOS DERECHOS DE LOS NATIVOS

5. Es cierto que los evangelizadores tuvieron que sortear dificultades de diversa 铆ndole, debidas a factores humanos que atrasaron y en algunas ocasiones representaron un serio obst谩culo para su labor apost贸lica.

Muchos de los misioneros, en efecto, inspirados por su fidelidad al Evangelio, se vieron obligados a elevar su voz prof茅tica contra los abusos de colonizadores que buscaban su propio inter茅s a costa de los derechos de las personas que hubieran debido respetar y amar como hermanos.

Al llegar por vez primera, en 1979, a vuestra tierra latinoamericana quise rendir homenaje a estos heraldos del Evangelio, a "aquellos religiosos que vinieron a anunciar a Cristo Salvador, a defender la dignidad de los ind铆genas, a proclamar sus derechos inviolables, a favorecer su promoci贸n integral, a ense帽ar la hermandad como hombres y como hijos del mismo Se帽or y Padre Dios" 3 .

Entre estos "intr茅pidos luchadores por la justicia, evangelizadores de la paz", como los define el documento de Puebla 4 , cabe recordar a Antonio de Montesino, Bartolom茅 de Las Casas, Juan de Zum谩rraga, Toribio de Benavente "Motolin铆a", Vasco de Quiroga, Juan del Valle, Juli谩n Garc茅s, Jos茅 de Anchieta, Manuel da N贸brega y tantos otros que, con profundo sentido eclesial, defendieron a los ind铆genas ante conquistadores y encomenderos, pagando algunos incluso con el sacrificio de la propia vida, como es el caso del Obispo Antonio Valdivieso.

Otros religiosos, por su parte, apoyaron desde Espa帽a la labor de sus hermanos misioneros. Entre ellos sobresalen Francisco de Vitoria y Domingo de Soto, quienes supieron trazar las l铆neas maestras del derecho de los ind铆genas, abriendo caminos seguros para el futuro derecho internacional de los pueblos.

CARIDAD SIN L脥MITES

6. El mayor testimonio de los primeros misioneros fue su amor heroico a Cristo, que los llev贸 a entregarse sin l铆mites al servicio de sus hermanos ind铆genas. 驴Qu茅 otra cosa pod铆an ir buscando al dejar sus familias y su patria y al emprender un viaje que de ordinario era sin retorno? La fe los impulsaba a lanzarse a la gran aventura; una fe semejante a la de Abraham, que respondi贸 a la llamada del Se帽or, saliendo de su tierra y de sus gentes (cf. G茅n. 12, 1-4)

En la entrega de estos religiosos a la predicaci贸n e implantaci贸n del Reino de Cristo se refleja, como en un libro viviente, el eco de la confesi贸n del Ap贸stol: "Siendo libre de todos, me he hecho esclavo de todos para ganar a los m谩s que pueda... Me he hecho d茅bil con los d茅biles para ganar a los d茅biles. Me he hecho todo a todos para salvar a toda costa a algunos. Y todo esto lo hago por el Evangelio, para ser part铆cipe del mismo" (1 Cor. 9, 19. 22-23).

LA IGLESIA ENTRE LOS IND脥GENAS

7. Algunos pioneros de la evangelizaci贸n quisieron vivir desde el primer momento entre los ind铆genas, para aprender su lengua y adaptarse a sus costumbres. Otros promovieron la formaci贸n de catequistas y colaboradores que les hac铆an de int茅rpretes, mientras por su parte trataban de entender su lenguaje, conocer su historia y su cultura, como atestiguan los primeros historiadores de la evangelizaci贸n, entre ellos Bernardino de Sahag煤n.

En esta convivencia con los ind铆genas muchos misioneros se hicieron labradores, carpinteros, constructores de casas y templos, maestros de escuela y aprendices de la cultura aut贸ctona, as铆 como promotores de una artesan铆a original que pronto se pondr铆a al servicio de la fe y del culto cristiano. La Iglesia da gracias al Se帽or por haber suscitado tantas vocaciones misioneras en las Ordenes e Institutos religiosos, que fueron portadores de la fe cristiana y de un amor grande a los nativos.

Aunque los aut贸ctonos no asimilaban ciertos aspectos de la cultura que les llegaba, sin embargo la presencia de los misioneros suscit贸 una sincera apertura al mensaje salvador. Esto se debe al hecho de que entre sus creencias y costumbres se encontraban lo que los Padres de la Iglesia llaman "semillas del Verbo", rayos de su luz, presentes en la mente y en el coraz贸n de aquellos pueblos, en espera de ser fecundadas y enriquecidas con la predicaci贸n de la palabra y la efusi贸n del Esp铆ritu Santo.

FRUTOS DE LA PREDICACI脫N DEL EVANGELIO

8. Eso favoreci贸 que un gran n煤mero de ind铆genas se convirtiera al cristianismo, movidos por la gracia de Dios y la fuerza persuasiva de la Buena Nueva. De esta forma el Evangelio impregn贸 la fe y la vida de los nativos en Am茅rica Latina, produciendo genuinos valores espirituales y humanos. En mis viajes apost贸licos, yo mismo he podido comprobar con frecuencia estos valores del cristianismo latinoamericano.

As铆, entre luces y sombras -m谩s luces que sombras, si pensamos en los frutos duraderos de fe y de vida cristiana en el Continente- la primera siembra de la palabra de vida, nacida de tantas fatigas y sacrificios, evoca los sentimientos del Ap贸stol, que fueron lema de tantos misioneros: "Habr铆amos deseado daros no s贸lo el evangelio de Dios, sino incluso nuestra misma vida" (1 Tes. 2, 8). Muchas de aquellas semillas contin煤an siendo fecundas en los valores religiosos de la mayor parte del Continente de la esperanza, particularmente la piedad popular con que se celebran los misterios de nuestra fe.

Los frutos de la primera evangelizaci贸n se han ido afianzando con el correr de los siglos y son caracter铆sticos del catolicismo del pueblo latinoamericano, que brilla tambi茅n por su profundo sentido comunitario, su anhelo de justicia social, su fidelidad a la fe de la Iglesia, su profunda piedad mariana y su amor al Sucesor de Pedro.

CINCO SIGLOS DE PRESENCIA EVANGELIZADORA

9. La evangelizaci贸n inicial estuvo dirigida ante todo a los pueblos ind铆genas, que en algunos lugares ten铆an una cultura notablemente desarrollada. En todo caso, se trataba de realizar una "inculturaci贸n" del Evangelio. Posteriormente, a medida que fue aumentando el n煤mero de los inmigrantes venidos de Europa, la obra evangelizadora de los misioneros hubo de ir proyect谩ndose hacia una sociedad mixta, de la que ha brotado la actual sociedad latinoamericana con su rica variedad de razas, tradiciones y costumbres.

La cultura cristiana ha quedado plasmada no s贸lo en los sentimientos humanos y en las diversas devociones de la piedad popular, sino tambi茅n en las m煤ltiples expresiones del arte sagrado colonial, en que sobresalieron extraordinarios artistas ind铆genas, la mayor parte de ellos an贸nimos.

En el largo y no f谩cil camino de la Iglesia en Latinoam茅rica, marcado por significativos acontecimientos hist贸ricos, -no s贸lo en los tiempos de la colonia, sino tambi茅n en el proceso de independencia y en los ya m谩s recientes acontecimientos pol铆ticos de este siglo- los Institutos religiosos han jugado un papel muy importante.

Estos han colaborado con la jerarqu铆a local en la consolidaci贸n de la evangelizaci贸n y en la implantaci贸n de instituciones eclesiales, en la promoci贸n de vocaciones aut贸ctonas y en la floraci贸n de nuevos carismas de vida consagrada, nacidos y enraizados en la propia cultura para afrontar nuevas tareas apost贸licas.

TESTIMONIO DE SANTIDAD

10. En este breve recorrido hist贸rico no puedo menos de destacar un elemento clave, fruto maduro de la evangelizaci贸n, que es la santidad de muchos hijos e hijas de la Iglesia latinoamericana. En 茅sta se han formado verdaderos modelos de santidad, que la gu铆an con su ejemplo y la animan con su intercesi贸n. Muchos de estos bienaventurados pertenecen a diversos Institutos religiosos. Algunos, procedentes sobre todo de Espa帽a, consumaron su vida y labor misionera en esas tierras y con raz贸n pueden contarse entre los santos latinoamericanos. Otros, la mayor铆a, eran hijos nativos de vuestro pueblo y pertenec铆an a los m谩s diversos estratos sociales. Los hubo al principio de la evangelizaci贸n, en los siglos posteriores y casi hasta nuestros d铆as; algunos incluso fueron fundadores de nuevas Familias religiosas.

En esta admirable pl茅yade de santos y bienaventurados me complace recordar, como ejemplo de vida consagrada, a Pedro Claver, Francisco Solano, Luis Beltr谩n, Juan Mac铆as, Rosa de Lima, Mart铆n de Porres, Felipe de Jes煤s, Mariana de Jes煤s Paredes, Miguel Febres, Roque Gonz谩lez y compa帽eros m谩rtires, Pedro de San Jos茅 Betancurt, Ezequiel Moreno, Ana de los Angeles Monteagudo, Teresa de los Andes, Miguel Pro. Estos y otros santos son la m谩s preciada riqueza del cristianismo en el Nuevo Mundo, modelo y est铆mulo para las futuras generaciones de religiosos y religiosas que no pueden olvidar que est谩n llamados a dar un testimonio personal y comunitario de santidad en la Iglesia.

IMPLANTACI脫N DE LA JERARQU脥A

11. Junto con el recuerdo de la primera evangelizaci贸n y de sus abundantes frutos de vida cristiana, cabe poner de relieve la significativa labor de los religiosos en la implantaci贸n de la Jerarqu铆a eclesi谩stica. En efecto, es sabido que durante un cierto periodo, la mayor parte de los Pastores de las primeras sedes episcopales del Continente fueron religiosos. Estos dieron, pues, una aportaci贸n decisiva a la fundaci贸n de las comunidades eclesiales en el Nuevo Mundo.

Entre aquellos Pastores podemos recordar a Fray Pedro Su谩rez de Deza, que emprendi贸 la construcci贸n de la primera catedral de vuestro Continente; a los pioneros de la jerarqu铆a mexicana Fray Juan de Zum谩rraga y Fray Juli谩n Garc茅s, que recibieron el t铆tulo de "Protectores de los indios"; a Fray Jer贸nimo Loaysa, promotor de los primeros s铆nodos limenses, de gran significado para la evangelizaci贸n e implantaci贸n de la Iglesia en Am茅rica. No hay que olvidar, sin embargo, que entre aquellos primeros Pastores hubo tambi茅n figuras destacadas del clero secular espa帽ol, entre ellos, Santo Toribio de Mogrovejo, Arzobispo de Lima, Patrono del Episcopado Latinoamericano.

MIRANDO AL PASADO DESDE EL PRESENTE

12. Esta r谩pida mirada hist贸rica sobre la vida eclesial de Am茅rica Latina suscita en m铆 un sentimiento de viva gratitud al Se帽or por la labor de tantos religiosos y religiosas que han sembrado la semilla del Evangelio de Cristo. Al mismo tiempo, deseo dirigir a todos vosotros, queridos religiosos y religiosas latinoamericanos, una cordial invitaci贸n a emular la generosidad y la entrega de los primeros evangelizadores.

Precisamente porque aun en medio de las dificultades de la hora presente Am茅rica Latina permanece fiel a la fe cat贸lica en el coraz贸n de sus gentes, la Iglesia entera fija su mirada en ella, como Continente de la esperanza. Y porque en muchos lugares los religiosos y religiosas cuentan con una presencia mayoritaria y cualificada entre los agentes de la pastoral que mantienen pujante la vitalidad de las comunidades eclesiales, de ellos depende, en gran medida, la realizaci贸n de esta esperanza de la Iglesia.


3

Juan Pablo II, Discurso en Santo Domingo, 25-I-1979.

4

Puebla, 8.
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