12. Pero muy por encima de todos los Doctores escolásticos brilla Santo Tomás de Aquino, como Príncipe y Maestro de todos; el cual, como advierte Cayetano, por la gran veneración que tuvo a los antiguos Doctores sagrados, recibió como en herencia la inteligencia de todos 35 . Sus doctrinas, como miembros dispersos de un cuerpo, Tomás las reunió y congregó en uno, las dispuso con orden admirable, y de tal modo las aumentó con nuevos principios que con razón y justicia es tenido por singular defensor y honra de la Iglesia católica. -De dócil y penetrante ingenio, de memoria fácil y tenaz, de vida integérrima, amante únicamente de la verdad, riquísimo en la ciencia divina y humana, comparado al Sol, animó al mundo con el calor de sus virtudes y lo iluminó con el resplandor de su doctrina. No hay parte de la filosofía que no tratara aguda y a la vez sólidamente: disputó de las leyes del raciocinio, de Dios y de las sustancias incorpóreas, del hombre y de las demás cosas sensibles, de los actos humanos y de sus principios; y todo ello de tal modo que no se echan de menos en él, ni la abundancia de las cuestiones, ni la oportuna disposición de las partes, ni la firmeza de los principios o la robustez de los argumentos, ni la claridad y propiedad del lenguaje, ni cierta facilidad de explicar las cosas más abstrusas.
Añádase a esto que el Doctor Angélico indagó las conclusiones filosóficas en las esencias y principios de las cosas, que se extienden con la mayor amplitud y parecen encerrar en su seno las semillas de verdades casi infinitas que oportunamente habrían de ser abiertas con fruto abundantísimo por los maestros posteriores. Habiendo empleado también este método de filosofar para refutar los errores, consiguió él no sólo haber vencido por sí solo todos los errores de los tiempos pasados, sino también haber suministrado armas invencibles para refutar los errores que se habían de suceder en los siglos venideros. -Además, distinguiendo muy bien la razón de la fe, como es justo, pero asociándolas amigablemente, conservó los derechos de una y otra, proveyó a su dignidad de tal suerte que la razón, elevada a la mayor altura en alas de Tomás, ya casi no puede levantarse a regiones más sublimes, ni la fe puede casi esperar de la razón más y más poderosos auxilios que los ya logrados por medio de Tomás.
13. Por estas razones, hombres doctísimos, principalmente en tiempos pasados y dignísimos de alabanza por su saber teológico y filosófico, buscando con indecible afán los volúmenes inmortales de Tomás, se consagraron a su angélica sabiduría no ya sólo para formarse con ella, sino para totalmente alimentarse de ella. -Es un hecho constante que casi todos los fundadores y legisladores de las Ordenes religiosas mandaron a sus hijos estudiar las doctrinas de Santo Tomás, y adherirse a ellas religiosamente, disponiendo que a ninguno le fuera lícito impunemente separarse, ni aun en lo más mínimo, de las huellas de tan gran Maestro. Y, dejando a un lado la Orden de Santo Domingo, que con derecho indiscutible se gloría de que es suyo este sumo Doctor, están obligados a esta ley los Benedictinos, los Carmelitas, los Agustinos, los Jesuitas y otras muchas familias religiosas, según lo manifiestan los estatutos de cada una.
Y, en este lugar, con placer indecible son de recordar aquellas celebérrimas Universidades y Escuelas que en otro tiempo florecieron en Europa, a saber: la de París, la de Salamanca, la de Alcalá de Henares, la de Douai, la de Tolosa, la de Lovaina, la de Padua, la de Bolonia, la de Nápoles, la de Coimbra y otras muchas. Nadie ignora que la fama de éstas creció en cierto modo con el tiempo y que las sentencias, que se les solicitaban cuando se agitaban gravísimas cuestiones, tenían mucha autoridad entre todos los sabios. Pues bien: cosa fuera de duda es que en aquellos grandes emporios del saber humano, como en su reino, dominaba como príncipe Tomás, y que los ánimos de todos, tanto maestros como discípulos, descansaron con admirable concordia en el magisterio y autoridad de solo el Doctor Angélico.
14. Pero, lo que es más, los Romanos Pontífices, Nuestros Predecesores, honraron la sabiduría de Tomás de Aquino con singulares elogios y testimonios amplísimos. Pues Clemente VI 36 , Nicolás V 37 , Benedicto XIII 38 y otros atestiguan que la Iglesia universal fue ilustrada con la admirable doctrina de Tomás; San Pío V 39 confiesa que con la misma doctrina, confundidas y vencidas, las herejías se disipan y el universo mundo es liberado cotidianamente de aquellos tan pestíferos errores; otros, con Clemente XII 40 , afirman que de sus doctrinas dimanaron a la Iglesia católica abundantísimos bienes, y que él mismo debe ser venerado con aquel honor que se da a los Sumos Doctores de la Iglesia, Gregorio, Ambrosio, Agustín y Jerónimo; otros, finalmente, no dudaron en proponer en las Universidades y grandes Escuelas a Santo Tomás como ejemplar maestro, a quien debía seguirse con pie firme. Respecto a lo cual son muy dignas de recordar las palabras del Beato Urbano V a la Universidad de Tolosa: Queremos, y por las presentes os mandamos, que adoptéis la doctrina del bienaventurado Tomás, como verídica y católica, y procuréis ampliarla con todas vuestras fuerzas 41 . Ejemplo de Urbano, que renovaron Inocencio XII para la Universidad de Lovaina 42 y Benedicto XIV 43 para la Facultad de San Dionisio de Granada. -A estos juicios de los Sumos Pontífices sobre Tomás de Aquino añádase como complemento el testimonio de Inocencio VI: La doctrina de éste [Tomás] aventaja a las demás, exceptuada la canónica, en la propiedad de las palabras, en el modo de la expresión, en la verdad de las sentencias, de tal suerte que nunca a aquellos que la siguieron se les vio apartarse del camino de la verdad; y siempre será sospechoso de error el que la impugnare 44 .
15. También los Concilios ecuménicos, en los que brilla la flor de la sabiduría escogida en todo el orbe, procuraron siempre tributar honor singular a Tomás de Aquino. Puede decirse que intervino Tomás en los Concilios de Lyón, de Viena, de Florencia y Vaticano, en las deliberaciones y decretos de los Padres y casi fue su presidente, peleando con fuerza invencible y faustísimo éxito contra los errores de los griegos, de los herejes y de los racionalistas. -Pero la gloria mayor y más propia de Tomás, alabanza nunca participada por ninguno de los Doctores católicos, consiste en que los Padres de Trento, al establecer el régimen interno del mismo Concilio, quisieron que juntamente con los Libros de la Escritura y las Decretales de los Sumos Pontífices, se viese sobre el altar la Suma de Tomás de Aquino, a la cual se pidiesen criterio, argumentos y fórmulas.
Ultimamente, a varón tan incomparable estaba reservado también el obtener la palma de conseguir homenajes, alabanzas, admiración aun de los mismos adversarios del nombre católico. Pues averiguado está que no faltaron jefes de las facciones heréticas que confesaron públicamente que, una vez quitada de en medio la doctrina de Tomás de Aquino, podrían fácilmente entrar en combate con todos los Doctores católicos, vencerlos y derrotar a la Iglesia 45 . Vana esperanza, ciertamente, pero testimonio no vano.
16. Por esto, Venerables Hermanos, siempre que consideramos la bondad, la fuerza y las excelentes utilidades de su ciencia filosófica, que tanto amaron nuestros mayores, juzgamos, que se obró temerariamente, al no conservarla siempre y en todas partes en el honor que le es debido; pues consta especialmente que una prolongada práctica, el juicio de grandes hombres y, lo que es más, el "sentir" de la Iglesia, favorecían a la filosofía escolástica. Y en lugar de la antigua doctrina presentóse en varias partes cierta nueva especie de filosofía, de la cual no se recogieron los frutos deseados y saludables que la Iglesia y la misma sociedad civil habían deseado. Por un gran empeño de los Novadores del siglo XVI, agradó el filosofar sin respeto alguno a la fe, y se reclamó y se concedió mutuamente la libertad para excogitar cualesquiera cosas según el gusto y el genio de cada uno. Por cuyo motivo fue ya fácil que se multiplicasen más de lo justo los géneros de filosofía y naciesen sentencias diversas y contrarias entre sí, aun acerca de las cosas fundamentales en los conocimientos humanos. De la multitud de las sentencias se pasó con gran frecuencia a las vacilaciones y a las dudas; y desde la duda, cuán fácilmente caer en error los entendimientos de los hombres, no hay nadie que lo ignore. -Dejándose arrastrar los hombres por el ejemplo, el amor a la novedad pareció también invadir, en algunas partes, los ánimos de los filósofos católicos; los cuales, menospreciado el patrimonio de la antigua sabiduría, prefirieron, con intención ciertamente poco prudente y no sin detrimento de las ciencias, intentar cosas nuevas, en vez de aumentar y perfeccionar con nuevas las antiguas. Pues esta múltiple regla de doctrina, fundándose en la autoridad y arbitrio de cada uno de los maestros, tiene fundamento variable, y por esta razón no hace a la filosofía firme, estable ni robusta como la antigua, sino fluctuante y movediza, a la cual, si acaso sucede que se la halla alguna vez insuficiente para sufrir el ímpetu de los enemigos, sépase que la causa y culpa de esto reside en ella misma. -Y, al decir esto, no condenamos, en verdad, a aquellos hombres doctos e ingeniosos que ponen su genio y erudición y las riquezas de los nuevos descubrimientos al servicio de la filosofía: sabemos muy bien que con esto recibe incremento la ciencia. Pero con gran diligencia se ha de evitar el hacer consistir en aquel genio y erudición todo o el principal ejercicio de la filosofía. -Del mismo modo se ha de juzgar de la Sagrada Teología, la cual conviene que sea ayudada e ilustrada con los múltiples auxilios de la erudición; pero es de todo punto necesario que sea tratada según la grave costumbre de los Escolásticos, para que, unidas en ella las fuerzas de la revelación y de la razón, continúe siendo defensa invencible de la fe 46 .
17. Con excelente consejo no pocos cultivadores de las ciencias filosóficas intentaron -y continúan su intento-, en los últimos tiempos restaurar útilmente la filosofía, renovar la preclara doctrina de Tomás de Aquino y devolverla a su antiguo esplendor. Hemos sabido, Venerables Hermanos, que muchos de vosotros, con gran valor habéis entrado animosamente por esta vía, y ello con grande regocijo de Nuestro ánimo. A los cuales alabamos ardientemente y exhortamos a permanecer en el plan comenzado; y a todos los demás, singularmente a vosotros, os hacemos saber que nada Nos es más grato ni más apetecible como el que todos suministréis con la máxima abundancia a la estudiosa juventud los ríos purísimos de sabiduría que sin cesar manan de la riquísima fuente del Angélico Doctor.
© Copyright 2001. BIBLIOTECA ELECTRÓNICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS. La versión electrónica de este documento ha sido realizada integralmente por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos losderechos reservados. La -BEC- está protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben parámetros para su uso. Patrimonio cultural común. Hecho el depósito legal.