S.S. Le贸n XIII, Aeterni Patris Filius

Aeterni Patris Filius

Carta enc铆clica de S.S. Le贸n XIII sobre la restauraci贸n de la filosof铆a cristiana promulgada el 4 de agosto de 1879

El hijo unig茅nito del Eterno Padre, que apareci贸 en la tierra para salvar el linaje humano e iluminarlo con la divina sabidur铆a, hizo muy grande y admirable beneficio al mundo cuando, estando para ascender de nuevo al cielo, mand贸 a los ap贸stoles que fuesen a ense帽ar a todas las gentes 1 , y dej贸 a la Iglesia, que 茅l hab铆a fundado, por com煤n y suprema maestra de los pueblos. Pues los hombres, a quienes la Verdad hab铆a libertado, deb铆an ser conservados por la verdad; ni hubieran durado por largo tiempo los frutos de las celestiales doctrinas por los que se logr贸 la salvaci贸n para el hombre, si Cristo Nuestro Se帽or no hubiese constituido un magisterio perenne para instruir los entendimientos en la fe; pero la Iglesia, ora por estar animada con las promesas de su divino Fundador, ora por imitar su caridad, de tal suerte cumpli贸 su mandato que tuvo siempre por mira, y fue su principal deseo, el ense帽ar la religi贸n y luchar perpetuamente con los errores. Tal es la finalidad de los diligentes trabajos de cada uno de los Obispos, de las leyes y decretos promulgados en los Concilios, y, sobre todo, de la cotidiana solicitud de los Romanos Pont铆fices, a quienes, como a sucesores del bienaventurado Pedro -Pr铆ncipe de los Ap贸stoles- en el primado, pertenecen el derecho y deber de ense帽ar y confirmar a sus hermanos en la fe. -Pero como, seg煤n el aviso del Ap贸stol, por la filosof铆a y la vana falacia 2 suelen ser enga帽adas las mentes de los fieles cristianos y es corrompida la sinceridad de la fe en los hombres, los supremos pastores de la Iglesia siempre juzgaron ser tambi茅n propio de su misi贸n promover con todas sus fuerzas las ciencias que merecen tal nombre, y a la vez proveer con singular vigilancia para que las ciencias humanas se ense帽asen en todas partes seg煤n la regla de la fe cat贸lica; y en especial la filosof铆a, de la cual sin duda depende en gran parte el buen m茅todo de las dem谩s. Ya Nos, Venerables Hermanos, os advertimos brevemente esto mismo, entre otras cosas, cuando por primera vez Nos dirigimos a vosotros por Nuestra primera Enc铆clica; pero ahora, por la gravedad del asunto y la condici贸n de los tiempos, Nos vemos compelidos por segunda vez a tratar con vosotros de establecer para los estudios filos贸ficos un m茅todo que no s贸lo corresponda perfectamente al bien de la fe, sino que sea el exigido por la misma dignidad de las ciencias humanas.


1

Mat. 28, 19.

2

Col. 2, 8.

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