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Obispos de América Latina, Concilio Plenario de la América Latina
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T√ćTULO IV:
DEL CULTO DIVINO

CAP√ćTULO I:
Del Santo Sacrificio de la Misa

338. "Cu√°nto empe√Īo deba mostrarse en que el Santo Sacrificio de la Misa se celebre con reverencia religiosa y alta veneraci√≥n, lo comprender√° f√°cilmente quien considere que la Sagrada Escritura apellida maldito al que practica las obras de Dios con negligencia. Si necesariamente confesamos que los fieles no pueden practicar otra obra tan santa y divina como este tremendo misterio, en que la V√≠ctima viv√≠fica que nos reconcili√≥ con Dios Padre, es inmolada todos los d√≠a por los Sacerdotes; tambi√©n es evidente que se debe poner todo empe√Īo y suma diligencia para que se lleve a cabo con la mayor posible pureza y limpieza interior de coraz√≥n, y con exterior devoci√≥n y manifiesta piedad" 403 .

339. Por tanto, "el que es ministro de Cristo, escuchando las lecciones de S. Ambrosio, debe ante todo ser insensible a los atractivos de los placeres, y evitar la interior languidez del cuerpo y del alma, para poder ejercer el ministerio del Cuerpo y la Sangre de Cristo. Mal puede aquél a quien tienen enfermo sus pecados y carece de salud, suministrar los remedios de la salud inmortal. Mira bien lo que haces, oh sacerdote, y no toques con mano febricitante el Cuerpo de Jesucristo. Si Cristo manda presentarse a los sacerdotes, una vez limpios, a los que antes eran leprosos; cuánto más limpio debe estar el mismo sacerdote 404 .

340. Por tanto, al leer aquellas terribles palabras del Ap√≥stol (1 Cor. XI. 29) El que come y bebe indignamente, come y bebe su propia condenaci√≥n no discerniendo el Cuerpo del Se√Īor, pru√©bense a s√≠ mismos los sacerdotes, recordando el divino precepto. La costumbre eclesi√°stica declara, dice el Concilio de Trento, que esa prueba indispensable consiste en que ninguno, con conciencia de pecado mortal, por contrito que crea estar, se acerque a la Sagrada Eucarist√≠a sin haberse confesado sacramentalmente: y esto decret√≥ el Santo Concilio que se observe perpetuamente por todos los cristianos, incluso los sacerdotes que tienen el deber de celebrar todos los d√≠as; salvo que absolutamente les falte confesor. Y si, urgido por la necesidad, alg√ļn sacerdote (previo un acto de perfecta contrici√≥n que se debe procurar con gran empe√Īo) celebrarse sin haberse confesado, h√°galo cuanto antes" 405 . Esta obligaci√≥n de confesarse cuanto antes, contiene un verdadero precepto, y no s√≥lo un consejo, y la sentencia contraria fue condenada por Alejandro VII 406 .

341. Preparada, pues, y purificada el alma por la penitencia, ac√©rquense los sacerdotes a celebrar el Santo Sacrificio; lo que ha de leerse conforme a las r√ļbricas, pron√ļnciese con voz clara, y ev√≠tese toda festinaci√≥n en las palabras; lo que se haga o lo que se rece, sea acompa√Īado de seria meditaci√≥n interior, y de mucha gravedad y dignidad exterior; g√°stese lo menos la tercera parte de una hora en celebrar tan augustos misterios; y en lo general nadie pase de media hora si celebra delante del pueblo. Amon√©stese oportunamente y corr√≠jase a quien empleare menos de veinte minutos 407 .

342. Para que los sacerdotes que van a inmolar la Víctima santa y el tremendo sacrificio, hagan mejor la preparación espiritual, en las sacristías, o en otra parte, prepárese un reclinatorio, con una imagen y una tabla con las oraciones acostumbradas, donde el sacerdote, haciendo a un lado ajenos pensamientos, medite en la dignidad de los misterios que va a celebrar, y dé gracias a Dios cuando ha terminado el sacrificio 408 . Y por cuanto no faltan sacerdotes, que con lamentable ejemplo, pasan largo tiempo en la plaza, o en vanas conversaciones, o en negocios poco apropiados a su dignidad, hasta que llega la hora de celebrar; luego corren a la sacristía, se revisten a toda prisa y apenas han llegado al altar cuando en un instante terminan la Misa y, despojándose de los ornamentos, vuélvense a la plaza o a las tiendas 409 , queremos que los respectivos Ordinarios reprendan seriamente a los presbíteros que cierta, notoria, y notablemente son negligentes en la preparación a la Misa y en la acción de gracias.

343. Todos los sacerdotes cantarán y rezarán la Misa, conforme al rito, modo y norma que se encuentra en el Misal Romano 410 . Por tanto, los Ordinarios, al procurar solícitamente que a los sagrados ritos de la Iglesia se asigne una hora competente, velen para que los sacerdotes no celebren a una hora indebida, para que no introduzcan en la celebración de la Misa, otros ritos u otras ceremonias o preces, fuera de las que han sido aprobadas por la Iglesia 411 , y para que observen las prescripciones de la Sagrada Congregación de Ritos.

344. El lugar propio para celebrar la Misa es la Iglesia consagrada o por lo menos bendita, y el Oratorio p√ļblico o semip√ļblico leg√≠timamente erigido. En los Oratorios meramente privados no es l√≠cito celebrar, a menos que se tenga indulto Apost√≥lico. Cuando hay grande concurso de pueblo, con la expresa y, en caso de urgente necesidad, con la presunta licencia del Obispo, es l√≠cito celebrar delante de la puerta de la Iglesia, siempre que no haya peligro de irreverencia.

345. El altar, sea fijo o port√°til, que sirve para el sacrificio de la Misa, debe estar enriquecido con las indispensables reliquias de los Santos, e inmune de todo defecto que haga nula su consagraci√≥n. Se cubrir√° su superficie con tres manteles de lino, limpios y benditos, debiendo ser el de arriba bastante largo para que sus extremidades toquen el suelo por ambos lados 412 . Cuiden los Ordinarios de desterrar los abusos, si los hubiere, sobre el n√ļmero de manteles, y h√°gase uso de un solo corporal. En medio del altar, entre los candeleros, col√≥quese la cruz con la imagen del Crucifijo, que debe ser tal que el pueblo la pueda ver f√°cilmente, y m√°s alta que los candeleros 413 .

346. Cada ornamento debe ser de un solo color; y si por v√≠a de adorno se le a√Īaden otros colores, a guisa de flores etc., uno solo ha de predominar, y como tal se declarar√° y usar√°. Por tanto, se reprueban esos ornamentos en que todos, o al menos muchos colores, se mezclan de tal suerte que no pueda distinguirse cu√°l es el que predomina. Los paramentos de tela de oro, pueden emplearse en vez del color blanco, rojo o verde, pero no del morado o negro 414 .

347. Las hostias que se consagren deben ser nuevas, de suerte que, como manda S. Carlos Borromeo, no tengan de hechas m√°s de veinte d√≠as 415 . El vino de consagrar debe ser de uva, fermentado, no mosto, claro, no corrompido ni agrio. Para no exponer a nulidad el sacrificio, tocar√° a cada Obispo el transmitir a sus sacerdotes las normas e instrucciones que fueren oportunas, para que sea f√°cil y segura la adquisici√≥n de la materia leg√≠tima para el sacrificio, sobre todo en las regiones donde no se cultiva el trigo o la vid, y por esta causa son m√°s frecuentes los enga√Īos y las adulteraciones, tanto por lo que respecta a la harina de trigo, como acerca de la calidad del vino.

348. Por cuanto, seg√ļn el decreto de Inocencio III, con excepci√≥n del d√≠a de la Natividad del Se√Īor, a no ser que la necesidad exija otra cosa, basta al sacerdote celebrar una Misa al d√≠a 416 , sepan todos los sacerdotes, que s√≥lo el d√≠a de Navidad y, en todas y cada una de las Rep√ļblicas de la Am√©rica Latina, sin excepci√≥n, el d√≠a de la Conmemoraci√≥n de los Fieles Difuntos, pueden celebrar tres Misas; en los dem√°s d√≠as, una sola. La facultad de binar s√≥lo se concede en caso de necesidad. Esta necesidad no ha de presumirse tan f√°cilmente, y se supone que existe para el sacerdote "que tiene dos parroquias, o dos pueblos tan separados, que uno de los dos no pueda asistir a la Misa de su p√°rroco los d√≠as festivos, por la larga distancia" o "cuando solo existe una Iglesia en que se celebre Misa, y en la cual no pueda estar junto todo el pueblo" 417 . Para los casos y necesidades no expresados en el derecho, hay que atenerse a las facultades que la Santa Sede suele conceder a los Obispos Americanos, y de las cuales no puede usar ning√ļn sacerdote sino por leg√≠tima delegaci√≥n del Ordinario "y con dependencia de √©l, a quien toca fallar sobre la verdadera necesidad, y la posibilidad de aplicar remedios can√≥nicos" 418 .

349. Es il√≠cita la binaci√≥n en los d√≠as de fiesta suprimidos, en que el pueblo no est√° obligado a o√≠r Misa. Tambi√©n est√° prohibido para complacer a los que quisieran cumplir con el precepto de o√≠r Misa en sus Oratorios privados, aunque se trate de palacios de potentados. Las costumbres contrarias no constituyen suficiente t√≠tulo, para que el mismo sacerdote pueda celebrar dos veces el Santo Sacrificio, en uno y el mismo d√≠a. Ni vale la raz√≥n de la pobreza de los sacerdotes; pues ser√≠a un abuso intolerable, dice Benedicto XIV, el dar licencia de binar, con el fin de que con doble estipendio se mantenga mejor tal o cual sacerdote. Por √ļltimo, est√° prohibida la binaci√≥n, siempre que puede conseguirse otro sacerdote que llene la necesidad del pueblo, como expresamente ense√Īa el mismo Benedicto XIV, en la Constituci√≥n Declarasti Nobis 419 .

350. En el caso de un cura con dos parroquias, es claro que no sólo puede, sino que debe binar. Si por la presencia de otro sacerdote hábil, no pudiere usar en algunos casos de la facultad de binar, tiene el cura que dar el estipendio al otro sacerdote, y si él no puede, la obligación recae sobre el pueblo; y si la pobreza del pueblo es tal que no se le pueda obligar a ello, toca al Ordinario suministrarlo 420 .

351. Procuren los Ordinarios que, en el uso de Indultos sobre binaciones, se guarden al pie de la letra las normas prescritas por la S. Congregaci√≥n de Propaganda Fide en la Instrucci√≥n de 24 de Mayo de 1870, la cual juntamente con la de la S. Congregaci√≥n de Ritos de 11 de Marzo de 1858, y el suplemento a√Īadido por la misma S. C. de Propaganda sobre el modo de purificar el c√°liz que sirve para la primera Misa, se encuentra en el Ap√©ndice 421 .

352. Puede todo sacerdote celebrar, cuando ya ha amanecido 422 , y aun en el momento mismo de la aurora, con tal que no sea m√°s de media hora antes del alba 423 . En las regiones sin aurora, se entiende moralmente del tiempo, que equivale y corresponde a la misma, es decir, del principio del d√≠a civil, moral y usual, en que los hombres suelen madrugar para entregarse a sus trabajos, seg√ļn las costumbres recibidas y aceptadas 424 .

353. A nadie ser√° l√≠cito, aun trat√°ndose de Prelados inferiores al Obispo, tener en la Misa dos ayudantes, o cuatro velas encendidas, sino un solo ministro y dos cirios 425 . Esto ha de entenderse de las Misas absolutamente privadas; pero en cuanto a las Misas parroquiales y otras semejantes, los d√≠as solemnes, y a las que se celebran en lugar de la solemne y cantada, con ocasi√≥n de la solemnidad real y acostumbrada, se puede tolerar el empleo de dos ministros y de mas de dos velas 426 . En las Misas privadas no puede permitirse que el ministro abra el Misal para se√Īalar la Misa 427 . No se atrevan las mujeres a servir al altar; y al√©jeseles inexorablemente de este ministerio 428 . En caso de necesidad puede el sacerdote servirse de su ministerio, pero s√≥lo para las respuestas 429 , habiendo antes arreglado c√≥modamente todo lo necesario para el sacrificio, de suerte que la mujer no tenga que acercarse al altar; lo cual no podr√° tolerarse, pues responder√° desde alg√ļn lugar separado, fuera del presbiterio.

354. Sin especial indulto Apostólico, en la Misa cantada sin diácono y subdiácono, no se permite el incienso. Aun cuando en esta clase de Misas esté expuesto el Santísimo, se omitirán las incensaciones en la Misa: y el Santísimo Sacramento sólo se incensará al exponerlo y al reservarlo 430 .

355. Todos y cada uno de los que actualmente ejercen la cura de almas, aunque sean amovibles ad nutum, sean seculares o regulares, est√°n obligados a aplicar la Misa parroquial por el pueblo que les est√° encomendado; cuya obligaci√≥n no puede eludirse en fuerza de costumbre contraria 431 . Esta aplicaci√≥n debe hacerse, tnato los Domingos, como los d√≠as festivos de precepto, y tambi√©n los d√≠as de fiesta suprimidos por indulto de la Santa Sede; y esto, tengan o no tengan congrua los p√°rrocos; y tampoco pueden recibir otro estipendio esos d√≠as 432 ; y con excepci√≥n de alg√ļn caso de verdadera necesidad, y concurriendo causa can√≥nica, los mismos p√°rrocos, aun celebrando privadamente, deben aplicar la Misa pro populo personalmente, y no por medio de otro sacerdote 433 .

356. Si adem√°s de su propia parroquia, tuviere alg√ļn cura otra parroquia, deber√° en ambas Iglesias, por s√≠ o por otro, aplicar pro populo, con excepci√≥n de las parroquias unidas con uni√≥n plenaria y extintiva. El p√°rroco tiene obligaci√≥n, personalmente o por medio de otro, de celebrar tantas Misas pro populo, cuantas son las parroquias que gobierna. El cura con dos parroquias, que por causa justa no pueda el d√≠a Domingo o festivo celebrar la segunda Misa, deber√° entre semana aplicar la Misa por su segunda parroquia. Otro tanto hay que decir de los d√≠as de fiesta suprimidos, en que no se puede binar 434 .

357. La Misa pro populo, excepto en caso de necesidad, debe celebrarse no sólo por el mismo párroco, sino también en su propia Iglesia, y no en otra. El cura, ausente de su parroquia legítimamente en un día festivo, satisface aplicando la Misa por el pueblo en el lugar donde está. El párroco, imposibilitado legítimamente para celebrar, por cualquier motivo que sea, está obligado a mandarla celebrar y aplicar por otro sacerdote el día festivo, en la Iglesia parroquial; y si no se hubiere hecho, aplicará la Misa pro populo tan pronto como pueda 435 .

358. Por solemne declaraci√≥n de Nuestro Sant√≠simo Padre Le√≥n XIII consta "que todos y cada uno de los Obispos, sea cual fuere su dignidad, aun la Cardenalicia, y los Abades que tienen jurisdicci√≥n cuasi episcopal con clero y pueblo y territorio separado, los Domingos y d√≠as festivos, tanto los que a√ļn son de guardar como los suprimidos, sin que sirva de excusa la exig√ľidad de las rentas u otro cualquier pretexto, est√°n obligados a celebrar y aplicar la Misa por el pueblo que les est√° encomendado... Cumplen este deber con la celebraci√≥n y aplicaci√≥n de una sola Misa por todo el pueblo a su cuidado cometido, aunque tengan dos o m√°s di√≥cesis y abad√≠as unidas de igual categor√≠a" 436 .

359. Advertimos y exhortamos principalmente a los p√°rrocos y dem√°s predicadores de la Divina Palabra, a quienes compete el deber de instruir al pueblo cristiano, que con especial empe√Īo y exactitud expongan a los fieles la necesidad, excelencia, grandeza, fines y frutos de tan admirable Sacrificio, y que al explicarlo exciten a los mismos fieles con la palabra y con el ejemplo, y los inflamen de modo que asistan frecuentemente al mismo Sacrificio con la fe, religiosidad y piedad que conviene, con el fin de poder alcanzar la divina misericordia y todo g√©nero de beneficios 437 .

360. Por cuanto el Concilio Tridentino 438 ha prescrito que ning√ļn cl√©rigo extra√Īo, sin letras comendaticias de su Ordinario, sea admitido por ning√ļn Obispo a celebrar los divinos misterios y administrar los Sacramentos, mandamos a todos aquellos a quienes corresponde, que con diligencia examinen los documentos presentados por sacerdotes extranjeros, y velen para que ning√ļn desconocido y extra√Īo se atreva a celebrar, sin haber presentado los papeles necesarios, y testimonios al abrigo de toda sospecha; no vaya a suceder (Dios no lo permita) que alguno, o sin ser sacerdote, o estando suspenso o irregular, se acerque a celebrar el sacrificio de la Misa.

361. La confianza que tienen los fieles, en que la celebración de las treinta Misas llamadas de S. Gregorio es especialmente eficaz, contando con el beneplácito y aceptación de la divina Misericordia, para libertar una alma de las penas del Purgatorio, es piadosa y racional; y la práctica de celebrar dichas Misas está aprobada por la Iglesia. Las Misas de San Gregorio no pueden aplicarse por los vivos 439 .

CAP√ćTULO II:
Del culto del Sant√≠simo Sacramento y del Sagrado Coraz√≥n de Jes√ļs

362. Por cuanto, por la inefable benignidad de Dios Nuestro Se√Īor "disfrutamos con los Bienaventurados del com√ļn beneficio de que unos y otros tenemos a Cristo Dios y Hombre presente, pero nos distinguimos en el grado de que ellos lo gozan presente por clara visi√≥n, m√°s nosotros aunque con fe constante y firme lo veneramos coo presente, todav√≠a lo tenemos muy apartado de nuestra vista y encubierto con el velo maravilloso de los sagrados misterios" 440 veneremos tan gran Sacramento con todas nuestras fuerzas y con privada y p√ļblica adoraci√≥n, y propaguemos cuanto est√© de nuestra parte su sant√≠simo culto.

363. Por tanto, todos los pastores de almas y todos los sacerdotes, en los sermones, en las instrucciones catequ√≠sticas, en la administraci√≥n del sacramento de la Penitencia y aun en las conversaciones particulares, exhortar√°n a los fieles con ardiente celo y los animar√°n a visitar y adorar a nuestro amant√≠simo Due√Īo y Salvador, con toda la frecuencia posible.

364. No cesen los sacerdotes de confirmar con las obras, lo que predican sobre el augustísimo Sacramento. Hagan, pues, que los vean los fieles en humilde adoración ante el tabernáculo, y llegar a él con gran reverencia, haciendo las genuflexiones con mucha reverencia, y promoviendo con incansable afán el decoro de la casa de Dios.

365. F√ļndense o restabl√©zcanse en todas las parroquias las hermandades del Sant√≠simo Sacramento, y aj√ļsteseles, en cuanto sea posible, a las circunstancias actuales de los pa√≠ses cristianos, para que no consistan en meras solemnidades y aparato, sino que se acomoden eficazmente a la verdadera pr√°ctica de la vida cristiana. En las principales poblaciones proc√ļrese introducir y conservar el uso de la adoraci√≥n perpetua, por lo menos de d√≠a, del Sant√≠simo Sacramento.

366. Bajo pena de anatema fue proscrita por el Concilio Tridentino la impiedad de aquellos que dicen que el Sant√≠simo Sacramento no ha de ser adorado con culto de latr√≠a, ni aun externo; que, por consiguiente, no se ha de venerar con festividad especial, ni se ha de sacar solemnemente en procesi√≥n, seg√ļn el rito y costumbre laudable y universal de la Iglesia, ni se ha de exponer a la adoraci√≥n p√ļblica; o que no es l√≠cito conservar la sagrada Eucarist√≠a en el sagrario o llevarla con pompa a los enfermos 441 .

367. La exposici√≥n privada del Sant√≠simo Sacramento, o sea del cop√≥n dentro del tabern√°culo, dejando abierta la puerta, puede hacerse l√≠citamente por alg√ļn motivo justo y racional, sin necesidad de pedir licencia al Ordinario 442 . La p√ļblica, es decir con la Hostia grande en la custodia, colocada solemnemente en el trono, no puede hacerse, aunque se trate de Iglesias de Regulares, sin licencia del Obispo, quien la dar√° gratis. Tocar√° a cada Obispo determinar lo que mejor convenga en el Se√Īor sobre esta materia 443 , y tomar las medidas oportunas contra los abusos existentes en algunas partes.

368. La oración de las Cuarenta Horas, al menos en las Iglesias parroquiales y regulares, con licencia del Ordinario y en días prefijados, se hará con gran devoción y esplendor. Deseamos también que este utilísio ejercicio se extienda, si fuere posible, en que hay legítimamente el Sagrado Depósito, y previa la licencia del Obispo. Donde, por especiales circunstancias de los lugares y las Iglesias, no puede verificarse esta solemne Oración, procuren los Obispos que a lo menos en determinados días se exponga solemnemente el Santísimo Sacramento por algunas horas seguidas. De ninguna manera deberá exponerse el Santísimo Sacramento en las Misas solemnes de difuntos.

369. H√°ganse las procesiones del Sant√≠simo Sacramento en la fiesta de Corpus Christi, o en otras √©pocas, observando al pie de la letra las prescripciones Apost√≥licas, adornando las calles y edificios p√ļblicos, con toda la solemnidad posible, y quitando con prudencia todas las costumbres contrarias a la sincera piedad de los pueblos y a la gravedad religiosa de tan gan solemnidad. En aquellos lugares, en que, por falta de p√°rroco se permiten las procesiones de Corpus fuera de la √©poca acostumbrada, cuiden los Obispos de que se destierren los abusos, y principalmente de que nadie exceda el l√≠mite de tiempo prefijado.

370. El Santísimo Sacramento ha de conservarse en todas las Iglesias parroquiales y cuasi parroquiales, aun en el campo, y en las Iglesias de Regulares tanto de hombres como de mujeres; pero no es lícito hacerlo en las demás Iglesias, capillas u oratorios, sin especial indulto de la Sede Apostólica 444 . El Depósito debe estar en un solo altar de la Iglesia; y no puede tolerarse la costumbre de tenerlo en dos altares, y algunas veces, con ocasión de una novena u otra festividad, de trasladarlo a otro altar diverso del acostumbrado 445 . En los lugares en donde, por deplorable negligencia de los fieles en recibir la Sagrada Eucaristía, o por cualquiera otro motivo, se necesitan muy pocas formas, cinco, por lo menos, se deberán conservar consagradas en el tabernáculo, que se renovarán cada ocho días, o más a menudo si la humedad del lugar lo exigiere 446 .

371. El tabern√°culo en que se deposita la Sant√≠sima Eucarist√≠a debe estar limpio, art√≠sticamente constuido, bien adornado, y cubierto decentemente con un conopeo a guisa de tienda de campa√Īa, no obstante cualquiera costumbre en contrario. Ha de bendecirse con la 447 "benedictio Tabernaculi" que se encuentra en el Ritual Romano, estar bien cerrado y con seguridad, y colocado de modo que el Sant√≠simo Sacramento pueda sacarse c√≥modamente.

372. El tabern√°culo no ha de tener reliquias, ni la √°nfora del Oleo de enfermos, ni otro recipiente cualquiera 448 . Por consiguiente nada ha de haber en el sagrario absolutamente, m√°s que los copones que contienen actualmente la Sant√≠sima Eucarist√≠a, o que est√°n por purificar. Delante de la puerta no debe ponerse ning√ļn florero, ni otra cosa que la tape 449 ; pero s√≠ puede ponerse en un lugar m√°s bajo. Tampoco se deben poner las reliquias del Santo cuya fiesta se celebra, a despecho de cualquiera costumbre en contrario 450 ; ni se han de poner encima reliquias de Santos, ni aun de la Santa Cruz, de modo que el sagrario les sirva como de pedestal 451 . Delante del Sant√≠simo Sacramento varias l√°mparas, o cuando menos una, deben arder perpetuamente de d√≠a y de noche, y no de lejos ni en el coro, sino cerca y delante del altar del Sant√≠simo 452 . Por lo general se ha de usar aceite de olivas; pero donde no pudiere conseguirse, se deja a la prudencia del Obispo, el que se alimenten las l√°mparas con otra clase de aceite, pero que sea vegetal, si es posible 453 . No es l√≠cito usar luz el√©ctrica para el culto, sino s√≥lo para evitar la oscuridad e iluminar la Iglesia, y cuidando de no darle un aspecto teatral 454 .

373. No conviene encerrar la Hostia que ha de exponerse en la custodia, entre dos l√°minas de cristal cuyas superficies la toquen inmediatamente 455 . Tampoco debe colocarse la luz artificiosamente detr√°s de la custodia para que, hiriendo directamente la Hostia Sagrada, la haga parecer resplandeciente 456 .

374. Exhortamos a los Sacerdotes a que lean frecuentemente en autores aprobados cuanto concierne al culto del Santísimo Sacramento, especialmente los decretos de la Santa Sede en que se proscriben no pocos abusos introducidos en diversos lugares.

375. Esfu√©rcense todos los cristianos, conforme al deseo de Nuestro Sant√≠simo Padre Le√≥n XIII, a pagar con amor el amor del Sagrado Coraz√≥n de Jes√ļs. Emp√©√Īense en ablandrlo con s√ļplicas y humildes oraciones, en estos tiempos calamitosos en que se le aflige todos los d√≠as, no s√≥lo con el olvido, sino con injurias y atentados todav√≠a m√°s criminales. Hagan lo posible por compensar los cr√≠menes con piedad, las maldiciones con alabanzas, el desprecio con amor 457 .

376. Queremos, por tanto, que la fiesta del Sagrado Coraz√≥n se celebre solemnemente en todas las Iglesias, y especialmente en las parroquiales; y deseamos que en √©stas, y en todas aquellas donde pueda f√°cilmente verificarse, todos los viernes primeros de cada mes, al menos por la ma√Īana, se hagan ejercicios especiales de piedad en honor del Divino Coraz√≥n, con licencia, por supuesto, del Ordinario. A estos ejercicios piadosos se podr√° a√Īadir la Misa votiva del S. Coraz√≥n de Jes√ļs, siempre que en ese d√≠a no caiga alguna fiesta del Se√Īor, o alg√ļn doble de primera clase, o feria, vigilia, octava privilegiada, o la Conmemoraci√≥n de todos los Fieles Difuntos 458 . Sepan otros√≠ todos los fieles, que en aquellas Iglesias y oratorios, donde en la fiesta del Sagrado Coraz√≥n de Jes√ļs, sea el mismo d√≠a o en otro a que se haya trasladado, se celebran los divinos oficios delante del Sant√≠simo Sacramento, el clero y el pueblo que a estos asistieren, pueden ganar las mismas indulgencias que han concedido los Sumos Pont√≠fices para el octavario de Corpus 459 . Exhortamos a todos los p√°rrocos y rectores de Iglesias, a que procuren promover con todas sus fuerzas el piadoso ejercicio del mes del S. Coraz√≥n de Jes√ļs.

377. Las im√°genes del Sagrado Coraz√≥n de Jes√ļs que se expongan a la p√ļblica veneraci√≥n, deben representar la persona de Nuestro Se√Īor Jesucristo con su Coraz√≥n manifiesto exteriormente, y no el solo Coraz√≥n. Las im√°genes que representan el solo Coraz√≥n de Jes√ļs, se permiten en lo privado, con tal que no se expongan en los altares a la veneraci√≥n p√ļblica 460 .

378. En el salub√©rrimo culto del Sagrado Coraz√≥n de Jes√ļs, ev√≠tese, ya sea en las invocaciones, ya sea en los emblemas, cuanto tenga resabios de novedad, o sea poco acostumbrado; y en esto sean muy vigilantes los Ordinarios, y procedan con prudente severidad. Sepan asimismo los fieles, que el culto al Sagrado Coraz√≥n de Jes√ļs en la Eucarist√≠a, no es m√°s perfecto que el culto a la misma Eucarist√≠a, ni diferente del culto al Sagrado Coraz√≥n de Jes√ļs 461 .

379. Exhortamos a los predicadores y a los sacerdotes todos, especialmente a los p√°rrocos, a que procuren recomendar con todas sus fuerzas la devoci√≥n al Sagrado Coraz√≥n de Jes√ļs, excitando en el Se√Īor a todos los fieles, a que se alisten en las p√≠as hermandades del mismo Sagrado Coraz√≥n, o en la piadosa asociaci√≥n que se titula Apostolado de la Oraci√≥n.

CAP√ćTULO III:
Del Culto de la Santísima Virgen María

380. Cuando buscamos la gracia, busquémosla por medio de María. Exhortaos a todos los fieles a que, confesando con fe firme y corazón lleno de gozo, que la Inmaculada Virgen María, amorosísima Madre nuestra, en el primer instante de su Concepción, por singular gracia y privilegio de Dios Todopoderoso, en vista de los méritos de Jesucristo, Salvador del género humano, fue preservada inmune de toda mancha de pecado original 462 , celebren solemnemente la fiesta de dicha Inmaculada Concepción, y practiquen ejercicios de piedad aprobados, en honor de tan sublime misterio.

381. En los catecismos, en los sermones, y siempre que la oportunidad se presente, fomenten los sacerdotes con todo empe√Īo y ahinco la devoci√≥n a la Sant√≠sima Madre de Dios; procuren ensalzar cuanto puedan sus dotes y privilegios, su misericordia y poderosa intercesi√≥n; promuevan con ardor la celebraci√≥n de las fiestas que le est√°n consagradas, triduos y novenas en su honor, y el mes de Mar√≠a; y restablezcan, confirmen o erijan, servatis servandis, las cofrad√≠as marianas que florecen en la Iglesia universal.

382. Entre todos los ejercicios de piedad hacia la Madre de Dios, recomi√©ndese en primer lugar el acercarse con piedad y frecuencia a los Sacramentos de la Penitencia y Eucarist√≠a en todas las solemnidades marianas. Entre los mismos ejercicios de piedad aprobados, promu√©vase ante todo el rezo cotidiano del Rosario, no individual, sino como, seg√ļn antigua costumbre, se practica en la Am√©rica Latina, en las familias y en com√ļn, y tambi√©n el uso del escapulario de la Sant√≠sima Virgen del Carmen, y de otros aprobados por la Sede Apost√≥lica.

383. Como de la restauraci√≥n de la antiqu√≠sima y saludable costumbre del rezo, as√≠ privado y dom√©stico, como p√ļblico, del santo Rosario de Mar√≠a, resultan innumerables beneficios, as√≠ a los individuos como a las familias y a la sociedad, una y mil veces exhortamos a todos y cada uno de los fieles a que procuren rezar todos los d√≠as, por lo menos la tercera parte del Rosario. Todos los pastores de almas, todos los padres de familia y los patrones, esfu√©rcense, con la asidua e incesante propagaci√≥n de esta devoci√≥n, por dar a conocer a aquella que con sus poderosas oraciones, prepara camino segur√≠simo para la vida eterna en favor de los que, con la palabra y con el ejemplo suelen promover su culto, y excitar a los fieles a tenerle amor y confianza. En el mes de Octubre h√°gase este p√ļblico rezo del Rosario con toda solemnidad, conforme a las reiteradas exhortaciones y mandatos de Nuestro Sant√≠simo Padre Le√≥n XIII en sus devotas y sabias Enc√≠clicas sobre el Rosario mariano.

CAP√ćTULO IV:
Del Culto de los Santos, y de las Indulgencias

384. Por cuanto somos hijos de los santos patriarcas, y esperamos aquella vida que ha de dar Dios a los que siempre conservan en √©l su fe (Tob. 11, 18), con el fin de que multiplic√°ndose los intercesores, Dios nos conceda m√°s f√°cilmente su gracia y perd√≥n, y la vida eterna y otras cosas que nos son muy necesarias, acost√ļmbrense todos los fieles a invocar con humildad y confianza a los Santos que reinan con Cristo, y a recordar sus virtudes, y a procurar con todo empe√Īo imitarlos. Con religiosa alegr√≠a procuren celebrar las principales fiestas de aquellos, de cuyo nombre y tutela nos ufanamos, y a quienes reconocen por patronos y especiales y se√Īalados protectores, tanto cada parroquia, como la di√≥cesis, la provincia o la naci√≥n.

385. Curas y predicadores hagan esfuerzos por promover al culto de San José, esposo de la Santísima Virgen María. "Tienen en José los padres de familia un perfecto dechado de la vigilancia y cuidados paternales; lo tienen los esposos del amor, concordia y fidelidad conyugal; lo tienen las vírgenes por modelo y protector de la pureza virginal. Aprendan los nobles, a ejemplo de José, a conservar su dignidad aun en la adversa fortuna, y vean los ricos cuáles son los bienes que es necesario buscar con mayor afán. Los proletarios, los obreros, los de las clases más bajas, tienen todos igual derecho, cada cual por diverso motivo, de recurrir a José" 463 .

386. Por tanto, adem√°s de los ejercicios cotidianos de devoci√≥n en honor de San Jos√©, que recomendamos encarecidamente, queremos que, si es posible, al menos en las principales Iglesias, sus rectores procuren celebrar el mes de Marzo en honor del Santo Patriarca, con singulares ejercicios de piedad, lo cual ser√° √ļtil y laudable en extremo, como con justicia lo llama Nuestro Sant√≠simo Padre Le√≥n XIII. Donde no pueda verificarse f√°cilmente, ser√≠a por lo menos de desearse que antes de su d√≠a, en la Iglesia matriz del lugar, se celebrara un Triduo. En el mes de Octubre, en el rezo del Rosario, a√Ī√°dase la oraci√≥n a San Jos√© que empieza: Ad te, beate Joseph 464 .

387. Para que nos defienda a nosotros y a nuestros pueblos en la batalla, y sea nuestro baluarte contra los asaltos y asechanzas del diablo, tengamos singular devoción a San Miguel Arcángel; e invoquémosle continuamente, para que revestido de virtud divina, relegue al infierno a Satanás y a los demás espíritus malignos, que andan vagando por el mundo para la perdición de las almas; y para que disipe también las maquinaciones de los esclavos de Satanás.

388. Hay que guardarse de profanar las fiestas de los Santos con banquetes desordenados, bailes, exceso en la bebida, y espectáculos poco o nada religiosos, honestos y decentes: por tanto, los curas, al acercarse los días de fiesta principales, exhorten a los fieles a atraerse la protección de los Santos, con la verdadera piedad, la frecuencia de los Sacramentos y la devota asistencia a los divinos oficios.

389. Por cuanto la potestad de conceder indulgencias ha sido conferida a la Iglesia por Jesucristo, y ella ha usado siempre, desde los tiempos m√°s remotos, de esta potestad que le confiara el Se√Īor, y el Concilio Tridentino 465 ha pronunciado su anatema contra los que afirman que las indulgencias son in√ļtiles, o niegan que la Iglesia tiene potestad de concederlas; exhortamos a todos los fieles a que las tengan en grande estima y procuren con ahinco ganarlas, tanto para s√≠ como para los difuntos, observando las condiciones prescritas.

390. Al conceder indulgencias a sus diocesanos, procuren los Obispos usar de gran moderación, conforme a la antigua y aprobada costumbre de la Iglesia, no sea que por la excesiva facilidad se enerve la disciplina eclesiástica 466 .

391. Los Ordinarios no sólo deberán hacer todo lo posible, para que no circulen indulgencias falsas y apócrifas y retirarlas de las manos de los fieles, sino que procurarán que los decretos de la Sagrada Congregación de Indulgencias y Reliquias, sobre todo los que tratan de la publicación e impresión de las mismas indulgencias, se observen al pie de la letra 467 .

392. Cuando el Sumo Pontífice concede alguna indulgencia Urbi et Orbi, para que la ganen los fieles en las diversas diócesis, no se requiere que los Ordinarios la promulguen en sus respectivos territorios. Pueden, sí, los Obispos promulgar las indulgencias en sus diócesis, siempre que estén ciertos de su autenticidad, como sucede cuando las encuentran en autores fidedignos 468 .

393. No puede el Obispo a√Īadir nuevas indulgencias al mismo acto de piedad, o a la misma cofrad√≠a que ya tiene indulgencias plenarias o parciales concedidas por el Romano Pont√≠fice; ni tampoco a las cruces, rosarios o im√°genes benditas por el Papa o por un sacerdote que tenga la facultad de hacerlo; ni tmapoco al mismo objeto o al mismo acto de piedad a que ya concedi√≥ indulgencias su Predecesor. Tampoco puede el Obispo conceder indulgencias a los fieles de ajena di√≥cesis, aunque lo consienta el Ordinario del lugar; es inv√°lida, por tanto, la acumulaci√≥n de indulgencias concedidas pro varios Obispos al mismo acto de piedad. Tampoco puede el Obispo, para aumentar las indulgencias, dividir en varias partes el mismo acto de piedad 469 .

394. Todos los que comercian con las indulgencias, y otras gracias espirituales, incurren en excomunión latae sententiae 470 , sencillamente reservada al Romano Pontífice 471 . Recuerden todos que las indulgencias concedidas a las cruces, rosarios, etc. se pierden si algo se pide o acepta, por vía de compra, permuta, regalo o limosna 472 .

395. Por la profanación de una Iglesia no se pierden las indulgencias que le hayan sido concedidas anteriormente; como tampoco cesan, si derribándose la Iglesia se edifica una nueva, con tal que sea en el mismo lugar y con el mismo título 473 .

396. El sacerdote que celebra la Misa, verbigracia por un difunto, y le aplica la indulgencia plenaria del altar privilegiado, puede el mismo día, en virtud de la Comunión que ha recibido en la misa, ganar otra indulgencia plenaria aplicable a sí mismo o a los difuntos, para la cual se requiera la Comunión 474 . En cuanto a los enfermos y sordomudos hay que atenerse a los decretos de la Sagrada Congregación de Indulgencias de 18 de Septiembre de 1862 y 15 de Marzo de 1852 475 .

397. Sin especial indulto de la Santa Sede, una Iglesia que haya sido de Franciscanos y por causa de las revoluciones haya pasado al Ordinario, y est√© servida por cl√©rigos seculares, ya no goza de las indulgencias concedidas general o especialmente a los fieles que visiten las Iglesias Franciscanas, y por consiguiente de la Porci√ļncula; y esto aun cuando los Regulares no hayan renunciado sus derecho 476 . Esto se entiende igualmente de las dem√°s Iglesias de Regulares suprimidos civilmente.

398. Adviértase a los fieles que la materia de los escapularios, debe ser un tejido de lana, y no lo que se llama punto, ni han de estar bordados; además no es necesario que se lleven dichos escapularios a raíz del cuerpo, pues basta portarlos sobre el vestido. Para ganar las indulgencias anexas a los santos escapularios, es preciso que una parte cuelgue sobre el pecho y otra sobre la espalda 477 .

CAP√ćTULO V:
De las Im√°genes y Sagradas Reliquias

399. Es preciso inculcar con mucho cuidado a los fieles, que la historia de los misterios de nuestra Redenci√≥n, manifestada en cuadros y otros objetos semejantes, sirve para ense√Īar al pueblo los art√≠culos de la fe, y grabarlos en su memoria, y hacer que los tenga presentes; que se saca gran provecho de las im√°genes, no s√≥lo porque recuerdan al pueblo los beneficios y dones que le ha conferido Cristo; sino porque se ponen ante los ojos de los fieles los milagros de Dios por medio de sus Santos y los admirables ejemplos de √©stos, para que den gracias a Dios, imiten a los Santos en su vida y costumbres, y se muevan a adorar y amar a Dios, y a cultivar la piedad 478 .

400. Si alguna vez, como conviene a la indocta plebe, se representan con figuras las historias y narraciones de la Sagrada Escritura, expl√≠quesele bien al pueblo, que no se representa en ellas la divinidad, como si pudiera verse con los ojos del cuerpo o retratarse con colores o im√°genes. En la invocaci√≥n de los Santos, en la veneraci√≥n de las reliquias y en el uso de las im√°genes, hay que desterrar toda superstici√≥n; elim√≠nese todo torpe comercio; ev√≠tese, por √ļltimo, toda ocasi√≥n de lascivia, no pintando ni adornando las im√°genes tan hermosas, que sirvan de tentaci√≥n. Grande ha de ser la vigilancia de los Obispos en esta materia, para que nada se presente que sea desordenado, o rid√≠culo, o deshonesto, o profano, pues a la casa de Dios conviene la santidad. Para que esto se observe con m√°s fidelidad, decret√≥ el Concilio Tridentino que en ning√ļn lugar, ni Iglesia, aun cuando sea exenta, sea l√≠cito a nadie poner ni mandar poner alguna imagen fuera de lo acostumbrado, si no ha sido aprobada por el Obispo 479 .

401. No se expongan en las Iglesias, sean cuales fueren sus circunstancias, ni en sus fachadas o atrios, im√°genes profanas, ni otras que aparezcan deshonestas o indecentes 480 .

402. Los retablos votivos, presentallas, im√°genes o cosas semejantes, que conforme a antiqu√≠simas leyes y costumbres, suelen colgarse en las Iglesias en memoria de haber recobrado la salud o salv√°dose de alg√ļn peligro, nada deben representar que sea falso, indecoroso o supersticioso; de otra suerte qu√≠tense de en medio 481 . Qu√≠tense igualmente los ex votos que representan alguna parte del cuerpo poco decente.

403. Debe prohibirse que la efigie de la Santa Cruz, y otras im√°genes o historias de los Santos, y figuras o emblemas de los sagrados misterios, se esculpan, pinten o graben en el suelo, o en el pavimento, o en alg√ļn lugar inmundo, aun cuando sea fuera de la Iglesia 482 .

404. Como en las sagradas imágenes se debe retratar, en lo posible, al Santo que se quiere representar, debe evitarse el hacerlos aparecer de propósito bajo el aspecto de otras personas conocidas, vivas o muertas 483 .

405. El culto al Coraz√≥n de San Jos√© fue ya reprobado por Gregorio XVI, y por consiguiente quedaron prohibidas las medallas, que juntamente con los Sagrados Corazones de Jes√ļs y de Mar√≠a representaban el de San Jos√©. Cuidar√°n los p√°rrocos de que no se introduzca tal culto, y donde se hubiere por acaso introducido, se abolir√° 484 .

406. Las imágenes devotas, expuestas en alguna Iglesia a la especial veneración de los fieles, no pueden, sin beneplácito Apostólico, trasladarse a otra Iglesia; y si ya se hizo la traslación sin aquel requisito, no se sostendrá ni aprobará. Puede, no obstante, el Obispo, por el justo motivo de que se les de mayor culto, trasladar las piadosas imágenes, aun contra la voluntad de los patronos 485 : pero esto ha de hacerse con mucha prudencia, y rara vez se verifica sin graves inconvenientes.

407. Como en algunos altares dedicados a Dios, a la Sant√≠sima Virgen Mar√≠a o a alg√ļn Santo, o establemente, o con ocasi√≥n de su fiesta, suele ponerse la imagen de otro Santo, los que visitan estos altares no pueden ganar las indulgencias concedidas a los que visitan el altar de este √ļltimo Santo, si los altares est√°n consagrados: si no lo est√°n, s√≠ podr√°n ganarse las indulgencias, con tal que el Ordinario haya dado la licencia para poner la imagen del otro Santo.

408. No puede permitirse que delante de las imágenes colocadas en medio del altar, se pongan lámparas de aceite encima de la mesa y estén ardiendo aun a la hora de la Misa.

409. El culto de las sagradas reliquias, por medio de las cuales dispensa Dios muchos beneficios a los hombres, es una de las incumbencias pastorales que el Santo Concilio de Trento encomendó a la discreción de los Obispos 486 .

410. No se recibir√°n nuevas reliquias sin que las haya reconocido y aprobado el Obispo 487 . No pueden los Vicarios Generales firmar aut√©nticas de reliquias 488 . Debe constar su identidad por pruebas s√≥lidas y al menos moralmente ciertas 489 . A falta de aut√©nticas, la posesi√≥n de tiempo inmemorial y no interrumpida, y tambi√©n el culto p√ļblico, es decir, la certeza moral, basta para no inquietar a los fieles en la veneraci√≥n de alguna reliquia 490 . Toca al Obispo definir si ha de permitirse la exposici√≥n p√ļblica de sagradas reliquias, sobre las cuales no existe documento aut√©ntico 491 . Sobre esto, t√©ngase presente el Decreto de la Congregaci√≥n de Indulgencias y sagradas Reliquias, de 20 de Enero de 1896 492 , a saber: "Las reliquias antiguas han de conservarse en la misma veneraci√≥n en que han estado hasta aqu√≠, salvo que, en alg√ļn caso particular, haya argumentos ciertos de que son falsas o supuestas".

411. Las reliquias de los Santos no se conservar√°n en los conventos de monjas, sino en la Iglesia exterior 493 . Tampoco se conservar√°n en casas particulares ni en poder de seglares, sino en la Iglesia, en lugar visible, bien cerrado y adornado. Sin embargo, aquellos a quienes lo concediere el Obispo por alg√ļn motivo racional y piadoso, podr√°n alguna vez l√≠citamente guardarlas en el Oratorio privado, siempre que est√© decente, a juicio del mismo Obispo 494 . Esto ha de entenderse de las reliquias insignes, pues los relicarios peque√Īos con part√≠culas de insignes reliquias, seg√ļn costumbre general de la Iglesia, pueden devotamente conservarse en poder de particulares, siempre que sean aut√©nticas, no haya peligro de profanaci√≥n, y se guarden con decencia 495 .

412. La reliquia que, por las vicisitudes de los tiempos, fue depositada en otra Iglesia, ha de restituirse a aquella a que pertenecía 496 .

413. Las reliquias de la Santa Cruz, han de guardarse separadas de las reliquias de los Santos 497 .

CAP√ćTULO VI:
De las Fiestas de guardar

414. "Acu√©rdate de santificar el d√≠a de S√°bado. Seis d√≠as trabajar√°s y har√°s todas tus faenas. El s√©ptimo d√≠a es el S√°bado del Se√Īor tu Dios" (Exod. XX. 8 seq.). Plugo a la Iglesia de Dios que la guarda y observancia del d√≠a de S√°bado se transfiriese al d√≠a Domingo, porque en ese d√≠a Cristo Nuestro Se√Īor, resucitando de entre los muertos, nos abri√≥ las puertas de la vida eterna, y el Esp√≠ritu Santo baj√≥ sobre los Ap√≥stoles. Siendo el precepto de la santificaci√≥n de las fiestas de maravillosa utilidad y provecho, interesa en extremo a los p√°rrocos, predicadores y catequistas, desplegar suma diligencia en explicarlo. Cu√°nto importe a los fieles observar este precepto, se deja ver claramente del hecho, que el hacerlo con empe√Īo los lleva f√°cilmente a la observancia de los dem√°s mandamientos. Como entre las dem√°s obligaciones que tienen que llenar los d√≠as de fiesta, est√° la de concurrir a la Iglesia para o√≠r la palabra de Dios, al de conocer la santidad divina seguir√° indudablemente el empe√Īo de guardar de todo coraz√≥n la ley del Se√Īor 498 .

415. Por cuanto en el precepto de la santificaci√≥n de las fiestas, se contiene de un modo especial el precepto del culto p√ļblico religioso, hay que advertir y exhortar a los gobernadores y magistrados civiles, a que en todo lo que contribuye a la conservaci√≥n y aumento del culto divino, ayuden con su autoridad a los Prelados de la Iglesia, y manden al pueblo que obedezca a los sacerdotes 499 . Sepan asimismo los fieles, que el doble precepto de santificaci√≥n comprende los d√≠as festivos establecidos por la Iglesia, aun cuando no sean reconocidos por el poder civil.

416. Adem√°s del Domingo, los Ap√≥stoles y nuestros piadosos antepasados, desde el principio de la Iglesia y en los tiempos que siguieron, establecieron otros d√≠as de fiesta, para que en ellos record√°ramos devotamente los beneficios del Se√Īor. Entre ellos los m√°s c√©lebres son aquellos en que se conmemoran los misterios de nuestra Redenci√≥n; luego vienen los consagrados a la Sant√≠sima Virgen Mar√≠a y a los Santos que reinan con Cristo; en cuya victoria se ensalzan la bondad y el poder de Dios, mientras que a ellos se les tributan los honores debidos, y se excita al pueblo fiel a imitarlos 500 .

417. En los días de fiesta se prohiben los trabajos serviles, porque nos distraen del culto divino, que es el fin principal del precepto. Con mucha más razón deberán evitarse los pecados, que no sólo apartan el entendimiento del afecto a las cosas divinas, sino que nos separan por completo del amor de Dios 501 . Por tanto, reprobamos la desidia de aquellos que reputan que los domingos y días festivos les están reservados para el ocio y los placeres; y en consecuencia, en vez de prácticas espirituales, se entregan sólo a espectáculos profanos, al juego, a las corridas de toros, a las danzas, a la crápula y a la embriaguez, que al paso que retraen de los deberes propios del cristiano, manchan el alma y provocan la ira divina 502 .

418. Exc√≠tese, pues, con frecuencia a los fieles, a que en los d√≠as de fiesta acudan al templo de Dios, y atenta y devotamente asistan al santo Sacrificio de la Misa, y a que empleen a menudo como remedio seguro para la heridas del alma, los sacramentos de la Iglesia, establecidos para nuestra salvaci√≥n. Igualmente deben los fieles con atenci√≥n y diligencia escuchar el serm√≥n. Nada hay tan intolerable ni tan indigno como despreciar, √ļ o√≠r sin atenci√≥n, las palabras de Jesucristo. Constante debe ser en los fieles el esp√≠ritu de oraci√≥n y el af√°n en entonar las alabanzas del Se√Īor, y su principal empe√Īo el aprender perfectamente cuanto ata√Īe a la formaci√≥n de la vida cristiana, y el ejercitarse en aquellos oficios que respidan piedad, dando limosna a los pobres y necesitados, visitando a los enfermos, consolando piadosamente a los tristes, y a los que yacen abrumados por el dolor 503 . Adviertan, pues, los p√°rrocos a los fieles, que en los d√≠as de fiesta no ha de limitarse su piedad a o√≠r Misa y abstenerse de trabajos serviles, sino que, teniendo presente el fin del precepto, se han de consagrar a obras de piedad 504 .

419. Los que por completo desprecian esta ley, no obedeciendo a Dios ni a la Iglesia, ni escuchando sus preceptos, son enemigos de Dios y de sus santas leyes, tanto m√°s cuanto que la observancia de este precepto no cuesta trabajo alguno. No imponi√©ndonos Dios trabajos dificil√≠simos de cumplir, sino √ļnicamente mandando que esos d√≠as reposemos, libres de preocupaciones terrenas, gran temeridad ser√≠a violar tan f√°cil mandamiento. Deben servirnos de ejemplo los suplicios con que castig√≥ Dios a los que lo violaron, como vemos en el libro de los N√ļmeros 505 .

420. Aunque es muy dif√≠cil tener uniformidad perfecta en las fiestas de guardar en todas las Rep√ļblicas Latinoamericanas, se procurar√° por lo menos que en cada una, con autorizaci√≥n de la Santa Sede, se trace una lista uniforme de las fiestas de precepto.

421. Todos los Domingos anunciarán los curas en la Misa parroquial, los días de fiesta, y de ayuno, las vigilias y rogaciones que caigan en la semana siguiente; y adviertan a los fieles las indulgencias que pueden ganar.

422. Donde, por falta de sacerdotes, es imposible o√≠r misa los d√≠as de fiesta, se procurar√° con ahinco que todos los cristianos se re√ļnan los d√≠as festivos, por lo menos una vez y a la hora m√°s c√≥moda, en una Iglesia, capilla u otro lugar decente, para rezar juntos devotamente las f√≥rmulas de los rudimentos de la fe, el Rosario de Nuestra Se√Īora u otras oraciones; y deseamos que donde, a juicio de los Ordinarios, pueda hacerse prudentemente, alg√ļn catequista u otro var√≥n recomendable por su piedad y pureza de costumbres, haga alguna breve lectura para la instrucci√≥n y edificaci√≥n de todos. En esta materia cada Obispo, escuchando los pareceres de los curas y misioneros m√°s celosos y experimentados, expedir√° el oportuno reglamento. Para que los cristianos no pequen por conciencia err√≥nea, sepan todos los sacerdotes y catequistas que "es preciso advertir a los fieles que en estas circunstancias no pueden o√≠r Misa, que no por eso quedan libres de la obligaci√≥n de santificar la fiesta con oraciones y otras obras piadosas; y por tanto, hay que exhortarlos con vehemencia (pero no declar√°ndolos reos de pecado mortal, como desobedientes a los preceptos de la Iglesia) a asistir a otros ejercicios piadosos, en que puedan instruirse y robustecerse con la palabra de Dios y otras pr√°cticas piadosas, y con la oraci√≥n en com√ļn, en esp√≠ritu de caridad, implorar m√°s eficazmente el auxilio divino" 506 .

CAP√ćTULO VII:
De la Abstinencia y el Ayuno

423. Los curas de almas, juntamente con la ley del ayuno, deber√°n llamar a la memoria de los fieles en las √©pocas oportunas, la ley de la abstinencia, que en nuestras Rep√ļblicas se ha mitigado hasta el extremo. "En todos tiempos, dice San Le√≥n Magno, y en todos los d√≠as de esta vida, los ayunos nos dan m√°s fuerza contra el pecado, vencen la concupiscencia, alejan las tentaciones, quebrantan la soberbia, mitigan la ira, y alimentan todos los afectos de nuestra buena voluntad, hasta lograr la madurez en la virtud" 507 .

424. "El ayuno cuaresmal, que siempre y en todas partes, desde el nacimiento de la Iglesia, se ha contado como uno de los puntos principales de la disciplina ortodoxa, como ning√ļn cat√≥lico niega 508 , es preciso que sea defendido por los p√°rrocos y confesores, y puesto en pleno vigor y observancia.

425. Adviértase a los fieles que una enfermedad, previo el consejo del médico y del confesor, u otro impedimento grave y racional, pero no la gula, la ruindad, o en general la economía, es lo que puede excusar del precepto de la abstinencia, los días en que está mandada 509 .

426. En cuanto a los fieles que, en calidad de domésticos, viven en casas de amos que son herejes o malos católicos, y por este motivo están expuestos al peligro de violar la ley de la abstinencia, puede aplicárseles esta norma dada por la S. Congregación del Santo Oficio: "Si los amos o patrones suministran a sus criados católicos manjares vedados, y los obligan a comerlos por desprecio al catolicismo, ni siquiera bajo protesta es lícito comerlos. Si no es por desprecio al catolicismo, sino por economía, y no hay otra clase de alimentos, pueden los criados en tal apuro comerlos protestando; y esto mientras no encuentran colocación en otra casa cuyos amos les permitan guardar los mandamientos de la Iglesia" 510 .

427. La ley de no promiscuar manjares l√≠citos y vedados, comprende tambi√©n a aquellos que no est√°n obligados a una sola comida, como son los j√≥venes que aun no tienen veintiun a√Īos cumplidos, y otros que est√°n dispensados por imposibilidad o trabajo 511 . Puede, empero, seguirse con seguridad la opini√≥n de los autores que excusan de la prohibici√≥n de promiscuar carne y pescado, a los que comen carne, no por alg√ļn indulto sino por enfermedad 512 . Adem√°s, los fieles que por mala salud est√°n exentos de la ley del ayuno, o sea de una sola comida, pueden l√≠citamente los d√≠as de Cuaresma, en que se permite comer carne en fuerza de alg√ļn indulto, tomarla en todas las comidas 513 . Otro tanto debe decirse de los fieles que no est√°n obligados a ayunar por edad o necesidad de trabajar: es decir, pueden en esos d√≠as tomar carne en todas las comidas 514 , salvo que el indulto expresamente diga lo contrario 515 .

428. Siendo util√≠sima la uniformidad en la abstinencia y el ayuno en toda la Am√©rica Latina, ser√≠a muy conveniente que al menos en cada Rep√ļblica, o siquiera en cada Provincia eclesi√°stica, fuese igual la norma para los ayunos y abstinencia, guard√°ndose como es debido los Indultos Apost√≥licos ya obtenidos, o que despu√©s se pidieren 516 .

429. Para evitar dificultades en la observancia de la abstinencia y el ayuno, y para evitar los pecados que resultan de una conciencia errónea, los párrocos y confesores, teniendo presentes las normas sentadas por autores aprobados, expondrán minuciosamente a los fieles la doctrina de la Iglesia, acerca de la calidad y cantidad de los manjares en los días de ayuno, sobre todo en la colación de la noche, y de las causas principales y más obvias que excusen del precepto; y les persuadirán a que, en caso de duda, se atengan al juicio del Confesor.

CAP√ćTULO VIII:
De los Sagrados Ritos y del Ritual

430. Por cuanto el culto debido a Dios, no consiste en la sola adoraci√≥n interior del alma, sino que, por impulso de la misma naturaleza debe tambi√©n manifestarse exterior y p√ļblicamente, nuestra piadosa Madre la Iglesia siempre ha tenido gran cuidado en determinar y dirigir los sagrados ritos, que abrazan el culto de nuestra santa religi√≥n. Es justo, por tanto, que el Ordinario sea muy diligente en cuidar de todo lo que se refiere al culto, y de tomar a este respecto las providencias necesarias. Miren, pues, los Obispos, que los sacerdotes no empleen otras ceremonias y preces fuera de las aprobadas por la Iglesia y aceptadas por el uso constante y laudable 517 .

431. Nada puede a√Īadirse, quitarse ni cambiarse al Misal y Ceremonial; y debe observarse cuanto uno y otro prescriben 518 . Otro tanto debe decirse del Pontifical Romano. El suprimir una parte de alg√ļn rito, dejando lo dem√°s, no toca a ning√ļn particular; sino que es fuerza que intervenga la autoridad del Romano Pont√≠fice 519 . Tampoco es l√≠cito por s√≠ y ante s√≠, ni aun por esp√≠ritu de verdadera devoci√≥n y celo, introducir nuevos ritos 520 ; ni se pueden alterar las r√ļbricas por satisfacer la devoci√≥n del pueblo.

432. Los decretos de la Sagrada Congregaci√≥n de Ritos, y las respuestas que ella da formalmente y por escrito a las dudas que se le proponen, tienen la misma autoridad que si emanaran directamente del Sumo Pont√≠fice, aunque no se haya dado cuenta de ellos a Su Santidad 521 ; y derogan cualquiera costumbre en contrario, aunque sea inmemorial, y obligan en conciencia: sin embargo, siempre que de la prohibici√≥n de alguna costumbre inveterada, vigente en alguna Iglesia, se temiere alg√ļn grave inconveniente, o la extra√Īeza o esc√°ndalo del pueblo, obren los Obispos con prudencia, y, si es preciso, recurran a la Santa Sede 522 .

433. El Ordinario est√° obligado estrictamente a tomar las debidas y oportunas providencias, para que se observen con fidelidad las r√ļbricas y los decretos de la Sagrada Congregaci√≥n de Ritos. Si ocurriere alguna duda, acuda a la misma Congregaci√≥n para que lo declare; pues no puede el Obispo, como juez, definir los dubios lit√ļrgicos o cambiar los ritos 523 .

434. Los Maestros de ceremonias, y cuantos vean que las funciones no se celebran en las Iglesias conforme a las r√ļbricas, ni se observan los decretos y resoluciones de la Sagrada Congregaci√≥n de Ritos, acudan al Ordinario, quien tomar√° las debidas providencias 524 .

435. Los párrocos, predicadores y catequistas, procuren exponer oportunamente al pueblo el significado de los sagrados ritos y ceremonias, para que los fieles asistan a los divinos oficios con mayor reverencia y devoción.

436. El Memorial de Ritos, dado a luz por Benedicto XIII para las Iglesias menores, se observar√° en las parroquias rurales 525 , y previa licencia de la Santa Sede 526 , tambi√©n por los rectores de otras Iglesias que re√ļnan las circunstancias de Iglesias peque√Īas. Por tanto, para el uso de este Memorial, los p√°rrocos y capellanes seguir√°n esta norma prescrita por la Santa Sede: Si hay suficiente clero, cel√©brense las funciones conforme al Misal Romano; si s√≥lo hay tres o cuatro cl√©rigos, puede usarse el Memorial de Ritos de Benedicto XIII 527 .

437. En las funciones parroquiales deben observarse las ceremonias del Ritual Romano; cuya observancia debe introducirse donde quiera que no lo haya sido 528 . Y por cuanto han salido a luz muchas fórmulas de bendiciones no aprobadas por la Santa Sede, advertimos a todos los sacerdotes que sólo es lícito hacer uso de aquellas que estén conformes con el Ritual Romano 529 .

438. Para que m√°s f√°cilmente se observe la uniformidad necesaria en asuntos lit√ļrgicos, decretamos que se haga para nuestras Iglesias un Ap√©ndice especial al Ritual Romano, que contenga, cuanto pueda servir a la edificaci√≥n de los fieles y a la instrucci√≥n de los sacerdotes; y antes que se publique dicho Ap√©ndice, se someter√° a la aprobaci√≥n de la Santa Sede 530 .

CAP√ćTULO IX:
De la M√ļsica Sagrada

439. El canto de himnos y salmos tiene por objeto la gloria y el honor de Cristo Crucificado, para que toda lengua confiese que Nuestro Se√Īor Jesucristo est√° en la gloria de Dios Padre. De aqu√≠ es que los que eliminan el canto eclesi√°stico, empa√Īan la espl√©ndida gloria de Cristo, desvanecen un consuelo dulc√≠simo en nuestras penas, confunden la jerarqu√≠a del orden eclesi√°stico, afean la belleza y los ricos atav√≠os de la Esposa de Jesucristo 531 .

440. El canto y las notas ser√°n graves, piadosas, distintas, adaptadas a la casa de Dios y a las divinas alabanzas, de modo que se puedan entender las palabras y se muevan los oyentes a la piedad 532 . Todas aquellas modulaciones que, en vez de fomentar la devoci√≥n producen risa o esc√°ndalo, deben eliminarse como contrarias a las r√ļbricas 533 .

441. Donde sea posible, sean cl√©rigos los cantores; de todas maneras, usen en el coro sotana y sobrepelliz 534 . En las procesiones, no pueden ir los cantores y m√ļsicos entre el clero, con traje seglar. Los cantores seculares sean religiosos, y recomendables por su pureza de costumbres: no se admitan los irreligiosos y escandalosos.

442. Pueden tolerarse las orquestas donde ya existen, con tal que sean serias, y que con lo largo o prolongado de sus sinfonías no causen tedio o fastidio, a los que en el coro o en el altar asisten a vísperas o a Misa 535 .

443. Condenamos el abuso de cambiar en la m√ļsica de un modo notable el texto de la Sagrada Escritura, mutilando, anteponiendo, posponiendo y alterando las palabras y su sentido, y acomod√°ndolas a la modulaci√≥n, de suerte que no la m√ļsica a la Escritura, sino la Escritura se ajusta a la m√ļsica 536 .

444. Pueden usarse los instrumentos m√ļsicos, siempre que corroboren y sostengan la voz de los cantantes, y no la sepulten o ahoguen, y s√≥lo para a√Īadir fuerza al canto de las palabras, para que su sentido se fije m√°s y mas en los oyentes y se muevan los fieles a la contemplaci√≥n de las cosas espirituales, y se atraigan hacia Dios y al amor de las cosas divinas 537 . En todo esto t√©ngase presente la Instrucci√≥n de la S. Congregaci√≥n de Ritos de 7 de Julio de 1894 sobre la m√ļsica sagrada, y obs√©rvense escrupulosamente los decretos an√°logos de la misma Congregaci√≥n 538 .

445. No atender en el canto de la Misa a las notas impresas en el Misal, sino seguir cierta tonada tradicional, en ninguna parte anotada y por consiguiente variable, no es costumbre legítima que deba conservarse, sino corruptela que se tiene que extirpar. Para el canto Gregoriano deben emplearse las ediciones aprobadas por la S. Congregación de Ritos, o los ejemplares que, por auténtico testimonio de los Ordinarios, concuerdan con ellos 539 .

446. La edici√≥n del Gradual, revisada minuciosamente por la Sagrada Congregaci√≥n de Ritos, aprobada y declarada aut√©ntica, se recomienda encarecidamente a los Ordinarios y a todos aquellos que tienen que ver con la m√ļsica sagrada, para que, del mismo modo que en lo que respecta a la liturgia, as√≠ tambi√©n en el canto, haya en todas partes y en todas las di√≥cesis, uniformidad con la Iglesia Romana.

447. En todos los seminarios f√ļndese y fom√©ntese una c√°tedra de canto religioso y lit√ļrgico.

448. No ser permitan c√°nticos religiosos populares, sino es con licencia del Ordinario, quien procurar√° absolutamente que se examinen con minuciosidad, tanto en la parte doctrinal como en la literaria, como tambi√©n bajo el aspecto del arte m√ļsico; y no se permita nada que desdiga de la gravedad y santidad del culto divino.

449. En la Misa solemne están prohibidas todas las canciones en lengua vulgar: y nada debe cantarse dentro de la Misa, si no está tomado del Misal y de la Misa propia. El canto del Tantum ergo o de otra antífona del Santísimo Sacramento, se permite en las Misas solemnes después de la elevación y el Benedictus 540 .

450. No se admitan mujeres en el coro de los cantores, sin leg√≠tima licencia. A las monjas y dem√°s se√Īoras que viven en comunidad, es l√≠cito acompa√Īar las funciones sagradas con canto lit√ļrgico.

CAP√ćTULO X:
De los principales ejercicios devotos

451. Entre los m√°s √ļtiles ejercicios de devoci√≥n, recomendamos encarecidamente la frecuencia de los sacramentos de la Penitencia y Eucarist√≠a, la asistencia diaria al santo Sacrificio de la Misa, el rezo del santo Rosario y el examen de conciencia acompa√Īado del acto de contrici√≥n.

452. Recomendamos encarecidamente, que el ejercicio del Vía Crucis se practique con toda la frecuencia posible, sobre todo en las Iglesias parroquiales. Como, por no llenar las condiciones requeridas en la erección del Vía Crucis, no rara vez se ven privados los fieles de las indulgencias concedidas a este piadosos ejercicio, los curas y rectores de las Iglesias tendrán presentes los decretos de la Santa Sede y los observarán fielmente.

453. La religiosa costumbre de saludar tres veces al d√≠a a la Sant√≠sima Virgen Mar√≠a al toque de la campana, devoci√≥n conocida con el nombre del Angelus, es antigua, √ļtil y est√° enriquecida con muchas indulgencias; por tanto, hay que procurar que los fieles la practiquen universalmente y con constancia.

454. La asociaci√≥n de la familia cristiana, bajo la protecci√≥n de la Sagrada Familia de Jes√ļs, Mar√≠a y Jos√©, cuyo culto siempre se tuvo en alta estima, suscitada por el empe√Īo de varones piadosos, reconocida por P√≠o IX, y √ļltimamente refundida por la autoridad suprema, tiene por objeto util√≠simo unir las familias cristianas a la Sagrada Familia, con v√≠nculos m√°s estrechos de piedad; por lo cual deben los p√°rrocos establecer y fomentar con todo empe√Īo esta asociaci√≥n, para que Jes√ļs, Mar√≠a y Jos√© protejan y defiendan se√Īaladamente las familias a ellos consagradas, como cosa propia, conforme a las Letras Apost√≥licas de Le√≥n XIII Neminem fugit, de 14 de Junio de 1892 y Quum nuper de 20 de Junio de 1892 541 .

455. Alabamos y recomendamos las oraciones antes y después de la comida, que se acostumbran en las familias de veras cristianas; y queremos que los curas y demás sacerdotes, con la palabra y el ejemplo, procuren restablecer esta práctica tan cristiana.

456. Trabajen con empe√Īo los p√°rrocos para que los ejercicios p√ļblicos de devoci√≥n, m√°s acomodados a las costumbres cristianas y religiosas, y a las tradiciones aprobadas de cada Rep√ļblica, se restablezcan y vuelvan al antiguo esplendor de piedad y religiosidad verdadera; y con frecuencia exhorten a los fieles a su cuidado cometidos, a que se empe√Īen en adorar a Dios y a sus Santos en esp√≠ritu y en verdad, y no por sola ostentaci√≥n exterior.

457. Háganse con gran religiosidad devotas peregrinaciones a los Santuarios más célebres de cada comarca, y procesiones extraordinarias. Queremos, por tanto, que previa licencia del Ordinario, las preparen a tiempo los curas, con oportunas y piadosas pláticas, de modo que resulten otras tantas ocasiones de renovación espiritual en la fe y la piedad para los pueblos, sobre todo con acercarse a la Penitencia y a la Eucaristía.

458. Y por cuanto, en los ejercicios devotos, cualquier cambio no necesario, y cierto prurito de novedad, se vuelven a menudo motivo de que se entibie el esp√≠ritu cristiano en aquella parroquia, en que se relaja la estabilidad de la devoci√≥n p√ļblica y de la piedad, por decirlo as√≠, tradicional, prohibimos a todos los p√°rrocos y sacerdotes que introduzcan ejercicios de piedad ins√≥litos, o nuevas cofrad√≠as, sin licencia expresa del Ordinario 542 .

CAP√ćTULO XI:
De los ejercicios devotos no aprobados

459. Para que no se usen en las Iglesias, sobre todo con ocasi√≥n de las Cuarenta Horas, esos cuadernos en que, o bien se a√Īaden en las Letan√≠as de los Santos nombres de Santos ex√≥ticos, o bien se suprime uno que otro vers√≠culo en las oraciones, prohibimos que se usen otros cuadernos fuera de los que est√°n plenamente conformes a las ediciones aut√©nticas.

460. Fuera de las Letan√≠as del Santo Nombre y Sagrado Coraz√≥n de Jes√ļs, de las de la Sant√≠sima Virgen llamadas Lauretanas, y de las de los Santos, ninguna otra se considerar√° aprobada por la Santa Sede, si no consta absolutamente que haya para ello especial indulto Apost√≥lico. Proh√≠bese igualmente cualquiera adici√≥n o cambio en las letan√≠as aprobadas 543 . Por tanto, no permitir√°n los Ordinarios que se recen p√ļblicamente otras letan√≠as fuera de las citadas, u otras que aprobare la Santa Sede: pueden, sin embargo, y aun est√°n obligados a examinar las dem√°s letan√≠as u otras nuevas, y aprobarlas si lo juzgan conveniente; pero s√≥lo para el rezo meramente privado y extralit√ļrgico 544 .

461. Las oraciones y ejercicios devotos que contienen algo ins√≥lito, o que parecen fomentar el esp√≠ritu de novedad, aunque tengan el imprimatur de alguna Curia Diocesana (cuyo imprimatur es a menudo sospechoso, y puede ser obra de un falsario) por ning√ļn motivo se usar√°n en las Iglesias u Oratorios, sin licencia expresa del Ordinario, quien, previa la revisi√≥n escrupulosa que har√° por s√≠ mismo o por medio de censores recomendables por su ciencia y madurez, responder√° lo que en conciencia juzgue que conviene, pidiendo tambi√©n, si es necesario, el voto del Metropolitano. Si el caso pareciese dif√≠cil y grave, se abstendr√° de todo juicio definitivo, y someter√° todo el negocio a la Santa Sede. En materia tan importante, no sean sobrado f√°ciles los Ordinarios ni los censores diocesanos de libros, y tengan presente la grav√≠sima admonici√≥n del Santo Oficio de 13 de Enero de 1875 545 .

462. Por lo que toca al culto de la Santa Faz o Santo Rostro, obs√©rvese absolutamente el decreto de la misma Suprema Congregaci√≥n de 4 de Mayo de 1892. S√©pase, por tanto, que la Santa Sede "jam√°s tuvo intenci√≥n de fomentar, ni mucho menos de aprobar directa o indirectamente el culto especial y distinto al Rostro adorable del Redentor, sino √ļnicamente favorecer la veneraci√≥n que desde tiempos remotos se ha dado a la imagen del Rostro del Divino Redentor, o a las copias de la misma imagen, para que en el √°nimo de los fieles, con la veneraci√≥n y contemplaci√≥n de dicha imagen, se aumente cada d√≠a la memoria de la pasi√≥n de Cristo, y se acreciente en sus corazones el dolor de los pecados, y el ardiente deseo de reparar las injusticias hechas a Su Divina Majestad" 546 .

463. Alejen los p√°rrocos con todas sus fuerzas, a los fieles a su cuidado cometidos, de las profanaciones de la sincera devoci√≥n que no rara vez tienen lugar en algunos Santuarios de los suburbios, en ciertos d√≠as del a√Īo, con grav√≠sima irreverencia a Dios y a sus Santos. Cuando sepan, por tanto, que en esas capillas que la piedad de nuestros mayores consagr√≥ a Dios en los suburbios o en los campos, se celebran fiestas donde con evidente esc√°ndalo y detrimento de las almas se cometen delitos y otras muchas acciones pecaminosas, mandamos que, sin permiso de la Curia episcopal, y bajo las penas que a su arbitrio impondr√° el Ordinario, ning√ļn sacerdote se preste a servir all√≠ en los divinos Oficios 547 .

CAP√ćTULO XII:
De las exequias y sufragios por los difuntos

464. Santa y saludable es la costumbre de la Iglesia Cat√≥lica de celebrar los funerales y exequias de los difuntos, con piadosas preces y oficios, tanto para dar p√ļblico testimonio de la fe que nos ense√Īa que sus cuerpos han de resucitar y vivir en la eternidad 548 , como para aliviar y purificar sus almas, si por acaso a√ļn est√°n detenidas en el purgatorio.

465. En las exequias y sufragios, obsérvense al pie de la letra las prescripciones del Ritual Romano y los decretos de la Santa Sede; y evítese por completo cuanto tenga resabios de superstición, ligereza o vanidad mundanal.

466. Por tanto, en las solemnes exequias elimínese toda pompa y vano aparato, que se vea que desdice de la majestad y santidad del Templo; sobre todo, no se pongan inscripciones, retratos o bustos del difunto, ni emblemas o símbolos que indiquen algo indecoroso o poco conveniente a un cristiano.

467. El rito eclesi√°stico manda que los cad√°veres de los fieles, ya se lleven a la Iglesia, ya al cementerio, vayan siempre acompa√Īados de un sacerdote. Si por injuria de las leyes civiles, se prohibe en alguna parte que se lleven los cad√°veres a la Iglesia, procure el p√°rroco rezar el oficio de los difuntos siquiera en el domicilio del muerto. No debe tolerarse el abuso de sepultar a los difuntos privadamente sin luz, sin cruz y sin cura 549 . Puede, s√≠, tolerarse el uso de un carro en que se ponga el f√©retro, y tirado por caballos vaya a la Iglesia y al cementerio, en cuyo caso el p√°rroco y el clero podr√°n asistir al cortejo, revestidos y con la cruz alta 550 .

468. Recomendamos encarecidamente a la caridad de los p√°rrocos el sepelio de los pobres, que o nada dejan, o tan poco que no basta a sufragar los gastos de su propio entierro. Enc√°rguense ellos de sus exequias eclesi√°sticas, de modo que, conforme a las reglas can√≥nicas, se entierren gratis absolutamente; y que los sacerdotes a cuya feligres√≠a perteneci√≥ el difunto suministren las luces debidas, a sus propias expensas si fuere necesario, o a costa de alguna piadosa cofrad√≠a, si existiere, conforme a las costumbres locales. Procure, por √ļltimo, el p√°rroco celebrar por s√≠ o por otro una misa de cuerpo presente por cada difunto pobre 551 , conforme al decreto de la S. Congregaci√≥n de Ritos de 12 de Junio de 1899 552 .

469. Si hay oraci√≥n f√ļnebre, no se pronunciar√° en la casa, ni en otro lugar que no sea la Iglesia, y nunca por seglares sino por sacerdotes 553 . "A nadie se permita hacer el elogio f√ļnebre de quienquiera, si no es que el Obispo haya juzgado digno de tal honor a aquel a quien se quiere elogiar, y haya dado previamente su aprobaci√≥n al elogio escrito. Se podr√°, s√≠, en los funerales, predicar un serm√≥n, que se refiera todo a la miseria humana, exponi√©ndola a los ojos de los fieles, y exhortando a la vigilancia, para que cuando venga el Se√Īor a la hora menos pensada, no los encuentre dormidos" 554 .

470. Procuren los Obispos que las Misas, oraciones y dem√°s obras de piedad que se hagan en favor de los fieles difuntos, no se lleven a cabo nada m√°s por cumplir, sino con diligencia y gravedad. No dejen los p√°rrocos y predicadores de exhortar al pueblo, a que en sus oraciones se acuerde con frecuencia de los difuntos, e implore para sus almas la divina misericordia; y ens√©√Īenle la doctrina cat√≥lica sobre la vida futura, y los sufragios por los difuntos, y los derechos que tiene la Iglesia sobre los funerales de sus hijos.

471. Alabamos la devoci√≥n de los fieles de nuestras Rep√ļblicas con respecto a los responsos que por sus difuntos mandan rezar o cantar, especialmente el mes de Noviembre; pero queremos que los Obispos est√©n muy alertas, y si llegan a descubrir algunos abusos, ya sea tocante al rito, ya sea acerca de la limosna que se da por cada responso, como tambi√©n con respecto a las personas por quienes se aplica, con prudencia y eficacia los eliminen, consultando, si la naturaleza del abuso lo exigiere, a todos los Obispos de la Provincia 555 .

472. El f√©retro que guarda el cad√°ver de una doncella o de un ni√Īo, no se ha de cubrir con pa√Īo de lana o de seda blanca en se√Īal de virginidad. Donde esta costumbre sea tan general que no se pueda cambiar f√°cilmente, podr√° tolerarse que sobre el pa√Īo blanco se ponga una banda negra, mas no en forma de cruz; pero de tal suerte, que se vea por los cuatro costados, de modo que los fieles conozcan que el difunto necesita sufragios, y a√Īadan sus propias oraciones a las de la Iglesia 556 .

473. Por lo que toca a la sepultura eclesiástica, obsérvense al pie de la letra las prescripciones canónicas, y los decretos de este Concilio Plenario, título XIV, cap. III.


403

Conc. Trid. sess. 22. decr. de observ. et evit. in celebrat. Missae.

404

S. Ambros. de Vid. cap. 10. n. 65.

405

Conc. Trid. sess. 13. cap. 7 de Euch.

406

Prop. 38 damn. die 18 Marzo 1666.

407

Cfr. Bened. XIV. Inst. 34. n. 32.

408

Conc. Prov. Neapol. an. 1699, tit. 2. cap. 2.

409

Bened. XIV. Inst. 34 n. 28.

410

S. Pius V. Const. Quo primum, Missalibus praeposita.

411

Conc. Trid. sess. 22 Decr. de observ. et evit. in celebr. Missae.

412

S. R. C. 9 Junio 1899, ad I (n. 4029).

413

S. R. C. passim.

414

S. R. C. 28 Abril. 1866 (n. 3145); 5 Diciembre 1868 (n. 3191 ad 4).

415

Cfr. Mach Tes. del Sac. n. 445.

416

Cap. Consuluisti, de celebr. Miss.

417

Bened. XIV. Const. Declarasti Nobis, 16 Marzo 1746; Leo XIII Litt. Ap. Trans Oceanum, 18 Abril. 1897.

418

Cfr. Instr. S. C. de Prop. Fide 24 Mayo 1870. V. Appen. n. XXXIV.

419

Cfr. Instr. S. C. de Prop. Fide 24 Mayo 1870. V. Appen. n. XXXIV.

420

Ibid.

421

Ibid.

422

S. R. C. 10 Enero 1597 (n. 62).

423

S. C. C. Enero 1608. ap. Adone, Syn. Can. III. 1014.

424

S. R. C. 18 Setiembre et 2 Noviembre 1634 (n. 614).

425

S. R. C. 7 Setiembre 1850 (n. 2984).

426

S. R. C. 12 Setiembre 1857, ad 7, 8, 9 (n. 3059).

427

S. R. C. 7 Setiembre 1816, ad 5 (n. 2572).

428

Bened. XIV. Const. Etsi pastoralis, 26 Mayo 1742.

429

S. R. C. 27 Agosto 1836, ad 8 (n. 2745); 18 Marzo 1899, ad 6 (n. 4015).

430

S. R. C. 18 Marzo 1874, ad I (n. 3328).

431

Bened. XIV. Const. Cum semper oblatas, 19 Agosto 1744.

432

Pius IX. Encycl. Amantissimi, 3 Mayo 1858 (V. Appen. n. XX); S. R. C. 14 Junio 1845, ad 2 (n. 2892).

433

S. C. C. 25 Setiembre 1847, ap. Lucidi, de Vis. SS. Lim. cap. 3, n. 371, 373.

434

S. C. C. 3 Febrero 1884 (Coll. P. F. n. 214).

435

S. C. C. 14 Diciembre 1872 (Coll. P. F. n. 207).

436

Leo XIII. Const. In suprema, 10 Junio 1882.

437

Pius IX. Encycl. Amantissimi, 3 Mayo 1858.

438

Conc. Trid. sess. 23. cap. 16 de ref.

439

S. C. Indulg. 11 Marzo 1884, 24 Agosto 1888. V. Append. n. LI, LX.

440

Cat. Rom. de Euch. n. 32.

441

Conc. Trid. sess. 13. can. 6. 7. de Euch.

442

Bened. XIV. Ep ad Card. Urb. Vic., 27 Julio 1755.

443

Ibid.

444

S. R. C. 14 Junio 1646 (n. 895).

445

S. R. C. 14 Marzo 1861, ad 13 (n. 3104).

446

S. R. C. 12 Sept. 1884, ad 2 (n. 3621).

447

S. R. C. 20 Junio 1899, ad 4 (n. 4035).

448

Acta Eccles. Mediolan. I. pag. 110.

449

S. R. C. 22 Enero 1701, ad 10 (n. 2067).

450

S. R. C. 6 Setiembre 1845 (n. 2906).

451

S. R. C. 31 Marzo 1821 ad 6 (n. 2613); 12 Marzo 1836, ad I (n. 2740).

452

S. R. C. 22 Agosto 1699 (n. 2033).

453

S. R. C. 9 Julio 1864 (n. 3121).

454

S. R. C. 4 Junio 1895 (3859).

455

S. R. C. 4 Febrero 1871, ad 4 (n. 3234); 4 Setiembre 1880, ad 6 (n. 3524); 14 Enero 1898 (n. 3974).

456

S. R. C. 3 Abril 1821, ad 5 (n. 2613).

457

Leo XIII. Litt. Benigno, 28 Junio 1889. Cfr. Litt. S. R. C. De cultu SS. Cordis Iesu amplificando, edit. die 21 Julio 1899. V. Appen. n. CXXII.

458

S. R. C. 19 Febrero 1892, ad 3 (n. 3769); 20 Mayo 1892 (n. 3773); 30 Agosto 1892, ad I (n. 3792); 10 Mayo 1895, ad 2 (n. 3855).

459

Leo XIII. Litt. Benigno, 28 Junio 1889.

460

S. Off. 26 Agosto 1891 (Coll. P. F. n. 1976).

461

S. Off. 3 Junio 1891 (Mon. Eccl. VII. p. I, pag. 101. Cfr. Raccolta, n. 121).

462

Pius IX, Bulla dogm. Ineffabilis, 8 Diciembre 1854.

463

Leo XIII. Encycl. Quamquam pluries, 15 Agosto 1889.

464

Leo XIII. Encycl. Quamquam pluries, 15 Agosto 1889.

465

Sess. 25 decr. de indulgent.

466

Conc. Trid. ibid.

467

S. C. Indulg. 14 Abril 1856 (Decr. Auth. n. 370, 371, 372, 373, 376).

468

S. C. Indulg. 1 Julio 1839, 31 Agosto 1844 (Decr. Auth. n. 373, et Moccheggiani, Coll. Indulg. n. 95).

469

S. C. Indulg. 12 Enero 1878 (Decr. Auth. n. 433); 26 Mayo 1898 (Mon. Eccl. X. p. 2. pag. 106).

470

S. Pius V. Const. Quam plenum, 2 Enero 1569.

471

Pius IX. Const. Apostolicae Sedis.

472

S. C. Indulg. 16 Julio 1887; 9 Julio 1896 (Mocchegiani, pag. 1076).

473

S. C. Indulg. 9 Agosto 1843; 18 Setiembre 1862 (Decr. Auth. n. 323, 396).

474

S. C. Indulg. 10 Mayo 1844 (Decr. Auth. n. 327).

475

V. Raccolta, pag. XIII, et Appen. n. XVIII.

476

S. C. Indulg. 10 Febrero 1818; 29 Mayo 1841 (Decr. Auth. n. 243, 290).

477

S. C. Indulg. 12 Febrero 1840; 12 Marzo 1855; 18 Agosto 1868 (Decr. Auth. n. 277, 279, 367, 423).

478

Conc. Trid. sess. 25 de invoc. vener. et reliq. Sanctorum, et sacr. imag.

479

Conc. Trid. ibid.

480

Urbani VIII Const. Sacrosancta Tridentina, 15 Marzo 1642.

481

Acta Eccles. Mediolan. I pag. 479.

482

Ibid. pag. 94.

483

Ibid. pag. 478.

484

S. R. C. 14 Junio 1873 (n. 3304). S. C. Indulg. 19 Febrero 1879. Bucceroni, Appen. Ferraris, tom. IX, pag. 535.

485

S. C. C. 31 Julio 1706, ap. Ferraris, v. Imagines, n. 37.

486

Bened. XIV. Const. Soror Imelda, 20 Mayo 1755.

487

Conc. Trid. sess. 25 de invoc. etc. Sanctorum.

488

S. C. Indulg. 23 Setiembre 1780 (Decr. Auth. n. 240).

489

S. C. Indulg. 19 Mayo 1841 (Decr. Auth. n. 289).

490

S. C. Indulg. 29 Febrero 1864 (Decr. Auth. n. 400).

491

S. R. C. 21 Julio 1696, ad 4 (n. 1946).

492

Mon. Eccl. IX. p. 2. pag. 50.

493

S. C. EE. et RR. 7 Marzo 1617, ap. Ferraris, v. Cultus Sanctorum, n. 82.

494

Acta Eccl. Mediolan. I. pag. 92.

495

Cfr. Bened. XIV. De Beat. et Canon. SS. l. 2. c. 13.

496

S. R. C. 11 Marzo 1837 (n. 2760).

497

Cfr. S. R. C. 27 Mayo 1826 (n. 2647).

498

Cfr. Cat. Rom. de III Praecept. n. 2.

499

Cfr. Cat. Rom. de III Praecept. n. 3.

500

Ibid. n. 6.

501

Cat. Rom. de III Pracept. n. 7.

502

Cfr. Conc. Neogran. an. 1868. t. 5. cap. 7.

503

Cat. Rom. de III Praec. n. 15.

504

Conc. Urbin. an. 1859, art. 184.

505

Cat. Rom. de III Praec. n. 10.

506

S. C. de Prop. Fide 4 Enero 1798 (Coll. P. F. n. 2199).

507

S. Leo Magn. Serm. 15 De ieiun. decimi mensis IV.

508

Bened. XIV. Const. In suprema, 22 Agosto 1741.

509

S. Poenit. 10 Enero 1834 (Coll. P. F. n. 2067).

510

S. Off. 27 Mayo 1671 Coll. P. F. n. 2049.

511

S. Off. 24 Marzo 1841 et 23 Junio 1875 (Coll. P. F. n. 2076).

512

S. Poenit. 9 Enero 1899 (Anal. Eccl. VII. pag. 500).

513

S. Poenit. 16 Marzo 1882 (Coll. P. F. n. 2078).

514

S. Poenit. 24 Febrero 1819 (Coll. P. F. n. 2063).

515

S. Poenit. 27 Mayo 1863, ap. Gury, edit. XIII, Palmieri, I, n. 514.

516

V. Appen. n. CXXI.

517

Conc. Trid. sess. 22. C. 5; sess. 22 de obs. et evit. in celebr. Miss.

518

Clem. VIII. Const. Cum novissime, 14 Junio 1600.

519

Bened. XIV. Const. Allatae, 26 Julio 1755.

520

Bened. XIV. Const. Cum ut recte, 27 1755.

521

S. R. C. 23 Mayo 1846 (n. 2916).

522

S. R. C. 3 Agosto 1839, ad I (n. 2792); 11 Setiembre 1847, ad 13 (n. 2951).

523

S. R. C. 17 Setiembre 1822, ad I (n. 2621); 11 Junio 1605, ad I (n. 179); 21 Marzo 1671, ad 2 (n. 1420).

524

S. R. C. 17 Setiembre 1822, ad I (n. 2621).

525

S. R. C. 23 Mayo 1846, ad I (n. 2915); 22 Julio 1848, ad 5 (n. 2970).

526

S. R. C. 23 Marzo 1876 (n. 3390).

527

S. R. C. 7 Diciembre 1888, ad 17 (n. 3697).

528

S. R. C. 24 Febrero 1680, ad 7 (n. 1643).

529

S. R. C. 7 Abril 1832, ad 4 (n. 2689).

530

Cfr. Conc. Prov. Quebecen. I an. 1851, art. 6.

531

Cfr. S. August. in Ps. 148. S. Ioan. Chrysost. in Ps. 41. n. I. Conc. Baltim. III. an. 1884, art. 114.

532

Acta Eccl. Mediolan. I. pag. 28.

533

S. R. C. 16 Enero 1677, ad 7 (n. 1588).

534

Acta Eccl. Mediolan. I. pag. 28.

535

Bened. XIV. Const. Annus qui hunc, 19 Febr. 1749.

536

S. R. C. 21 Febrero 1643, ad I (n. 823).

537

Bened. XIV. Const. Annus qui hunc, 19 Febrero 1749.

538

V. Appen. n. LXXXII.

539

S. R. C. 14 Marzo 1896, ad dubium: "Utrum intonationes Hymni angelici ac Symboli, nec non singulae modulationes a Celebrante in Missa cantata exequendae, videlicet Orationum, Praefationis, Orationis Dominicae etc. cum relativis responsionibus ad chorum pertinentibus, ex praecepto servari debeant prout iacent in Missali; an mutari potius valeant, iuxta consuetudinem quarumdam Ecclesiarum?" respondit: "Affirmative ad primam partem; Negative ad secundam; et quamcumque contrariam consuetudinem esse eliminandam, iuxta decretum in una de Guadalaxara diei 21 Abril 1873 (n. 3891)".

540

S. R. C. 14 Abril 1753, ad 6 (n. 2424); 22 Mayo 1894 (n. 3827).

541

V. Appen. n. LXXIV.

542

Cfr. Conc. Prov. Colocen. an. 1863, tit. 6, cap. 12.

543

S. R. C. 14 Agosto 1858 ad 3 (n. 3074).

544

S. R. C. 20 Junio 1896 (n. 3916).

545

Vide supra, art. 157.

546

Coll. P. F. n. 2205.

547

Conc. Prov. Neogranat. an. 1868, tit. 5. cap. 7.

548

S. Aug. de cura pro mort. c. 18.

549

S. C. EE. et RR. 28 Enero. Enero 1630, ap. Adone, Syn. Can. III, n. 2135.

550

S. R. C. 5 Marzo 1870 (n. 5212).

551

Rit. Rom. de exeq. Cfr. Mach. Tes. del Sac. n. 389.

552

Decr. Auth. n. 4024.

553

Cfr. Syn. Ostien. et Velitern. an. 1892, p. 3. art. 2.

554

Acta Eccl. Mediolan. I. pag. 32.

555

Cfr. decr. S. R. C. 16 Junio 1893, ad 6 (n. 3804); 22 Mayo 1896 (n. 3909).

556

S. R. C. 31 Agosto 1872 (n. 3263). Cfr. Mach. Tes. del Sac. n. 590.
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