A NUESTROS VENERABLES HERMANOS LOS ARZOBISPOS Y OBISPOS DE LA AMÉRICA LATINA LEÓN PAPA XIII VENERABLES HERMANOS SALUD Y BENDICIÓN APOSTÓLICA
Al repasar en la memoria el larguÃsimo curso de Nuestro Pontificado, se nos figura que nada hemos omitido, en ninguna ocasión, que pudiera servir para consolidar en esas naciones, o extender el Reino de Cristo. De cuanto, con el favor divino, hemos llevado a cabo hasta hoy en favor vuestro, os queda la memoria y el reconocimiento, Venerables Hermanos; pues a vuestra diligencia y solicitud encomendamos, y no en vano, la ejecución de Nuestras soberanas providencias. Hoy, empero, realizando lo que hace tiempo deseábamos con ansia, queremos daros una nueva y solemne prueba de Nuestro amor hacia vosotros. Desde la époa en que se celebró el cuarto centenario del descubrimiento de América, empezamos a meditar seriamente en el mejor modo de mirar por los intereses comunes de la raza latina, a quien pertenece más de la mitad del Nuevo Mundo. Lo que juzgamos más a propósito, fue que os reuniéseis a conferenciar entre vosotros con Nuestra autoridad y a Nuestro llamado, todos los Obispos de esas Repúblicas. ComprendÃamos, en efecto, que comunicándoos mutuamente vuestros pareceres, y juntando aquellos frutos de exquisita prudencia, que ha hecho germinar en cada uno de vosotros una larga experiencia, vosotros mismos, podrÃais dictar las disposiciones más aptas para que, en esas naciones, que la identidad, o por lo menos, la afinidad de raza deberÃa tener estrechamente coligadas, se mantenga incólume la unidad de la eclesiástica disciplina, resplandezca la moral católica y florezca públicamente la Iglesia, merced a los esfuerzos unánimes de todos los hombres de buena voluntad. A llevar adelante Nuestros proyectos, Nos estimulaba igualmente el considerar que, cuando os pedimos vuestra opinión, acogisteis la idea con ardiente entusiasmo. Cuando llegó el momento de ejecutar Nuestros propósitos, os dimos a escoger el lugar en que habÃa de celebrarse el Concilio. La mayor parte de vosotros nos manifestó que preferirÃais reuniros en Roma, entre otros motivos, porque a casi todos era mucho más fácil el viaje a esta Dominante, que a alguna otra ciudad de América, siendo allà largas las distancias e imperfectas las vÃas de comunicación. No pudimos menos que acceder, de muy buena voluntad, a esta opinión pro vosotros manifestada, tanto más cuanto que era indicio bien claro de vuestro amor a la Santa Sede Apostólica. Duélenos tan sólo, que por la estrechez a que las adversas circunstancias Nos han reducido, no podremos trataros durante vuestra permanencia en Roma, con aquella liberalidad y hospitalaria largueza que quisiéramos. Por tanto, hemos mandado ya a la Sagrada Congregación establecida para interpretar los Decretos del SÃnodo Tridentino, que expida la convocatoria para el Concilio de todos los Obispos de las Repúblicas de la América Latina, que ha de reunirse en Roma el año próximo, y dicte con oportunidad el reglamento a que debe sujetarse.
Entretanto, en prenda de celestiales favores, y en testimonio de Nuestra benevolencia, enviamos con toda Nuestra alma la Bendición Apostólica, a vosotros, Venerables Hermanos, y al clero y al pueblo a cada uno de vosotros encomendado.
Dado en Roma, junto a San Pedro, el mismo dÃa de la Natividad de Nuestro Señor Jesucristo, del año de 1898, 21o. de Nuestro Pontificado.
LEÓN PAPA XIII
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