S.S. Pío XII, Ad caeli reginam
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I. Tradición

4. Con razón ha creído siempre el pueblo cristiano, aun en los siglos pasados, que Aquélla, de la que nació el Hijo del Altísimo, que reinará eternamente en la casa de Jacob 5 y [será] Príncipe de la Paz 6 , Rey de los reyes y Señor de los señores 7 , por encima de todas las demás criaturas recibió de Dios singularísimos privilegios de gracia. Y considerando luego las íntimas relaciones que unen a la madre con el hijo, reconoció fácilmente en la Madre de Dios una regia preeminencia sobre todos los seres.

Por ello se comprende fácilmente cómo ya los antiguos escritores de la Iglesia, fundados en las palabras del arcángel San Gabriel que predijo el reinado eterno del Hijo de María 8 , y en las de Isabel que se inclinó reverente ante ella, llamándola Madre de mi Señor 9 , al denominar a María Madre del Rey y Madre del Señor, querían claramente significar que de la realeza del Hijo se había de derivar a su Madre una singular elevación y preeminencia.

5. Por esta razón San Efrén, con férvida inspiración poética, hace hablar así a María: Manténgame el cielo con su abrazo, porque se me debe más honor que a él; pues el cielo fue tan sólo tu trono, pero no tu madre. ¡Cuánto más no habrá de honrarse y venerarse a la Madre del Rey que a su trono! 10 . Y en otro lugar ora él así a María: ... virgen augusta y dueña, Reina, Señora, protégeme bajo tus alas, guárdame, para que no se gloríe contra mí Satanás, que siembra ruinas, ni triunfe contra mí el malvado enemigo 11 . -San Gregorio Nacianceno llama a María Madre del Rey de todo el universo, Madre Virgen, [que] ha parido al Rey de todo el mundo 12 . Prudencio, a su vez, afirma que la Madre se maravilló de haber engendrado a Dios como hombre sí, pero también como Sumo Rey 13 . -Esta dignidad real de María se halla, además, claramente afirmada por quienes la llaman Señora, Dominadora, Reina. -Ya en una homilía atribuida a Orígenes, Isabel saluda a María Madre de mi Señor, y aun la dice también: Tú eres mi señora 14 . -Lo mismo se deduce de San Jerónimo, cuando expone su pensamiento sobre las varias "interpretaciones" del nombre de "María": Sépase que María en la lengua siriaca significa Señora 15 . E igualmente se expresa, después de él, San Pedro Crisólogo: El nombre hebreo María se traduce Domina en latín; por lo tanto, el ángel la saluda Señora para que se vea libre del temor servil la Madre del Dominador, pues éste, como hijo, quiso que ella naciera y fuera llamada Señora 16 . -San Epifanio, obispo de Constantinopla, escribe al Sumo Pontífice Hormisdas, que se ha de implorar la unidad de la Iglesia por la gracia de la santa y consubstancial Trinidad y por la intercesión de nuestra santa Señora, gloriosa Virgen y Madre de Dios, María 17 . -Un autor del mismo tiempo saluda solemnemente con estas palabras a la Bienaventurada Virgen sentada a la diestra de Dios, para que pida por nosotros: Señora de los mortales, santísima Madre de Dios 18 . -San Andrés de Creta atribuye frecuentemente la dignidad de reina a la Virgen, y así escribe: [Jesucristo] lleva en este día como Reina del género humano, desde la morada terrenal [a los cielos] a su Madre siempre Virgen, en cuyo seno, aun permaneciendo Dios, tomó la carne humana 19 . Y en otra parte: Reina de todos los hombres, porque, fiel de hecho al significado de su nombre, se encuentra por encima de todos, si sólo a Dios se exceptúa 20 . -También San Germán se dirige así a la humilde Virgen: Siéntate, Señora: eres Reina y más eminente que los reyes todos, y así te corresponde sentarte en el puesto más alto 21 ; y la llama Señora de todos los que en la tierra habitan 22 . -San Juan Damasceno la proclama Reina, Dueña, Señora 23 y también Señora de todas las criaturas 24 ; y un antiguo escritor de la Iglesia occidental la llama Reina feliz, Reina eterna, junto al Hijo Rey, cuya nivea cabeza está adornada con áurea corona 25 . -Finalmente, San Ildefonso de Toledo resume casi todos los títulos de honor en este saludo: ¡Oh Señora mía!, ¡oh Dominadora mía!: tú mandas en mí, Madre de mi Señor..., Señora entre las esclavas, Reina entre las hermanas 26 .

6. Los Teólogos de la Iglesia, extrayendo su doctrina de estos y otros muchos testimonios de la antigua tradición, han llamado a la Beatísima Madre Virgen Reina de todas las cosas creadas, Reina del mundo, Señora del universo.

7. Los Sumos Pastores de la Iglesia creyeron deber suyo el aprobar y excitar con exhortaciones y alabanzas la devoción del pueblo cristiano hacia la celestial Madre y Reina.

Dejando aparte documentos de los Papas recientes, recordaremos que ya en el siglo séptimo Nuestro Predecesor San Martín llamó a María nuestra Señora gloriosa, siempre Virgen 27 ; San Agatón, en la carta sinodal, enviada a los Padres del Sexto Concilio Ecuménico, la llamó Señora nuestra, verdadera y propiamente Madre de Dios 28 ; y en el siglo octavo, Gregorio II en una carta enviada al patriarca San Germán, leída entre aclamaciones de los Padres del Séptimo Concilio Ecuménico, proclamaba a María Señora de todos y verdadera Madre de Dios y Señora de todos los cristianos 29 .

Recordaremos igualmente que Nuestro Predecesor, de i. m., Sixto IV, en la bula Cum praexcelsa 30 , al referirse favorablemente a la doctrina de la inmaculada concepción de la Bienaventurada Virgen, comienza con estas palabras: Reina, que siempre vigilante intercede junto al Rey que ha engendrado. E igualmente Benedicto XIV, en la bula Gloriosae Dominae 31 llama a María Reina del Cielo y de la tierra, afirmando que el Sumo Rey le ha confiado a ella, en cierto modo, su propio imperio.

Por ello San Alfonso de Ligorio, resumiendo toda la tradición de los siglos anteriores, escribió con suma devoción: Porque la Virgen María fue exaltada a ser la Madre del Rey de los reyes, con justa razón la Iglesia la honra con el título de Reina 32 .


5

Luc. 1, 32.

6

Is. 9, 6.

7

Apoc. 19, 16.

8

Cf. Luc. 1, 32. 33.

9

Luc. 1, 43.

10

S. Ephraem Hymni de B. María (ed. Th. J. Lamy t. 2, Mechliniae, 1886) hymn. XIX, p. 624.

11

Idem Orat. ad Ssmam. Dei Matrem: Opera omnia (ed. Assemani t. 3 [graece] Romae, 1747, p. 546).

12

S. Greg. Naz. Poemata dogmatica XVIII v. 58 PG 37, 485.

13

Prudent. Dittochaeum XXVII PL 60, 102 A.

14

Hom. in S. Luc. hom. VII (ed. Rauer Origines' Werke t. 9, 48 [ex "catena" Macarii Chrysocephali]). Cf. PG 13, 1902 D.

15

S. Hier. Liber de nominibus hebraeis: PL 23, 886.

16

S. Petrus Chrysol., Sermo 142 De Annuntiatione B.M.V.: PL 52, 579 C; cf. etiam 582 B; 584 A: "Regina totius exstitit castitatis".

17

Relatio Epiphani ep. Constantin. PL 63, 498 D.

18

Encomium in Dormitionem Ssmae. Deiparae [inter opera S. Modesti] PG 86, 3306 B.

19

S. Andreas Cret., Hom. 2 in Dormitionem Ssmae. Deiparae: PG 97, 1079 B.

20

Id., Hom. 3 in Dormit. Ssmae. Deip.: PG 97, 1099 A.

21

S. Germanus In Praesentationem Sanctissimae Deiparae 1 PG 98, 303 A.

22

Id., ibid. 2 PG 98, 315 C.

23

S. Ioannes Damasc., Hom. 1 In Dormitionem B.M.V.: PG 96, 719 A.

24

Id. De fide orthodoxa 4, 14 PG 44, 1158 B.

25

De laudibus Mariae [inter opera Venantii Fortunati] PL 88, 282 B. 283 A.

26

Ildefonsus Tolet. De virginitate perpetua B.M.V.: 96, 58 A.D.

27

S. Martinus I, epist. 14 PL 87, 199-200 A.

28

S. Agatho PL 87, 1221 A.

29

Hardouin Acta Conc. 4, 234.238 PL 89, 508 B.

30

Syxtus IV, bulla Cum praeexcelsa d. d. 28 febr. 1476.

31

Benedictus XIV, bulla Gloriosae Dominae d. d. 27 sept. 1748.

32

S. Alfonso Le glorie di Maria, 1, 1, 1.

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