14. Pero no quisi茅ramos que alguien, en raz贸n de esta misma sencillez que conviene observar, imaginase que la ense帽anza catequ铆stica no requiere trabajo ni meditaci贸n; al contrario, los pide mayores que cualquier otro asunto. Es m谩s f谩cil hallar un orador que hable con abundancia y brillantez, que un catequista cuya explicaci贸n merezca plena alabanza. Por lo tanto, todos han de tener en cuenta que, por grande que sea la facilidad de conceptos y de expresi贸n de que se hallen naturalmente dotados, ninguno hablar谩 de la doctrina cristiana con provecho espiritual de los adultos ni de los ni帽os, si antes no se prepara con estudio y seria meditaci贸n. Se enga帽an los que, confiados en la inexperiencia y rudeza intelectual del pueblo, creen que pueden proceder negligentes en esta materia. Al contrario; cuanto m谩s incultos los oyentes, mayor celo y cuidado se requiere para lograr que las verdades m谩s sublimes, tan elevadas sobre el entendimiento de la generalidad de los hombres, penetren en la inteligencia de los ignorantes; los cuales, no menos que los sabios, necesitan conocerlas para alcanzar la eterna bienaventuranza.
15. S茅anos permitido, Venerables Hermanos, deciros al terminar esta Carta, lo que dijo Mois茅s: El que sea del Se帽or, j煤ntese conmigo 28 . Observad, os lo rogamos y pedimos, cu谩n grandes estragos produce en las almas la sola ignorancia de las cosas divinas. Tal vez hay谩is establecido, en vuestras di贸cesis, muchas obras 煤tiles y dignas de alabanza, para el bien de vuestra grey; pero, con preferencia a todas ellas, y con todo el empe帽o, af谩n y constancia que os sean posibles, cuidad esmeradamente de que el conocimiento de la Doctrina cristiana penetre por completo en la mente y en el coraz贸n de todos. Comunique cada cual al pr贸jimo -repetimos con el ap贸stol San Pedro- la gracia seg煤n la recibi贸, como buenos dispensadores de los dones de Dios, los cuales son de muchas maneras 29 .
Que, mediando la intercesi贸n de la Inmaculada y Bienaventurada Virgen, vuestro celo y piadosa industria se exciten con la Bendici贸n Apost贸lica, que amorosamente os concedemos a vosotros, a vuestro clero y al pueblo que os est谩 confiado, y sea testimonio de Nuestro afecto y prenda de los divinos dones.
Dado en Roma, junto a San Pedro, el 15 de abril de 1905, segundo a帽o de Nuestro Pontificado.
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