13. De lo expuesto hasta aquà puede verse cuál sea la importancia de la instrucción religiosa del pueblo; debemos, pues, hacer todo lo posible para que la enseñanza de la Doctrina sagrada, institucion -según frase de Nuestro predecesor Benedicto XIV- la más útil para la gloria de Dios y la salvación de las almas 23 , se mantenga siempre floreciente, o, donde se la haya descuidado, se restaure. -AsÃ, pues, Venerables Hermanos, queriendo cumplir esta grave obligación del apostolado supremo y hacer que en todas partes se observen en materia tan importante las mismas normas, en virtud de Nuestra suprema autoridad, establecemos para todas las diócesis las siguientes disposiciones, que mandamos sean observadas y expresamente cumplidas:
I) Todos los párrocos, y en general cuantos ejercen cura de almas, han de instruir, con arreglo al Catecismo, durante una hora entera, todos los domingos y fiestas del año, sin exceptuar ninguno, a todos los niños y niñas en lo que deben creer y hacer para alcanzar la salvación eterna.
II) Los mismos han de preparar a los niños y a las niñas, en épocas fijas del año, y mediante instrucción que ha de durar varios dÃas, para recibir dignamente los sacramentos de la Penitencia y Confirmación.
III) Además, han de preparar con especial cuidado a los jovencitos y jovencitas para que, santamente, se acerquen por primera vez a la Sagrada Mesa, valiéndose para ello de oportunas enseñanzas y exhortaciones, durante todos los dÃas de Cuaresma, y si fuere necesario, durante varios otros después de la Pascua.
IV) En todas y cada una de las parroquias se erigirá canónicamente la asociación, llamada vulgarmente Congregación de la Doctrina Cristiana. Con ella, principalmente donde ocurra ser escaso el número de sacerdotes, los párrocos tendrán colaboradores seglares para la enseñanza del Catecismo, que se ocuparán en este ministerio, asà por celo de la gloria de Dios, como por lucrar las santas indulgencias con que los Romanos PontÃfices han enriquecido esta asociación.
V) En las grandes poblaciones, principalmente donde haya Facultades mayores, Institutos y Colegios, fúndense escuelas de religión para instruir en las verdades de la fe y en las prácticas de la vida cristiana a la juventud, que frecuente las aulas públicas, en las que no se mencionan las cosas de religión.
VI) Porque, en estos tiempos, la edad madura, no menos que la infancia, necesita la instrucción religiosa, los párrocos y cuantos sacerdotes tengan cura de almas, además de la acostumbrada homilÃa sobre el Santo Evangelio, que han de hacer todos los dÃas de fiesta en la misa parroquial, escojan la hora más oportuna para que concurran los fieles -exceptuando la destinada a la doctrina de los niños- y den la instrucción catequÃstica a los adultos, con lenguaje sencillo y acomodado a su inteligencia. Para ello se servirán del Catecismo del Concilio de Trento, de tal modo que, en el espacio de cuatro a cinco años, expliquen cuanto se refiere al SÃmbolo, a los Sacramentos, al Decálogo, a la Oración y a los Mandamientos de la Iglesia.
VII) Venerables Hermanos, esto mandamos y establecemos en virtud de Nuestra autoridad apostólica. Ahora, obligación vuestra es procurar, cada cual en su propia diócesis, que estas prescripciones se cumplan enteramente y sin tardanza. Velad, pues, y, con la autoridad que os es peculiar, procurad que Nuestros mandatos no caigan en olvido, o -lo que serÃa igual- se cumplan con negligencia y flojedad. Para evitar esa falta habéis de emplear las recomendaciones más asiduas y apremiantes a los párrocos, para que no expliquen el Catecismo sin la previa preparación, y que no hablen el lenguaje de la sabidurÃa humana, sino que con sencillez de corazón y con sinceridad delante de Dios 24 sigan el ejemplo de Cristo, pues aunque expusiese cosas que estuvieron ocultas desde la creación del mundo 25 , sin embargo, las decÃa todas al pueblo por medio de parábolas, o ejemplos y sin parábolas no les predicaba 26 . Sabemos que lo mismo hicieron los Apóstoles, enseñados por Jesucristo; y de ellos decÃa San Gregorio Magno: Pusieron todo cuidado en predicar a los pueblos ignorantes cosas sencillas y accesibles, y no cosas altas y arduas 27 . Y en las cosas de religión, una gran parte de los hombres de nuestra edad ha de tenerse por ignorante.
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