A lo largo de la historia se ha utilizado la tecnologÃa como una metáfora o figura para explicar la realidad. AsÃ, por ejemplo, los griegos usaron imágenes tomadas de la alfarerÃa para presentar el universo 32 . Santo Tomás de Aquino comparaba a Dios con un artesano. Después se tomará la figura del reloj mecánico para explicar los movimientos regulares de las esferas celestes y también para graficar la acción creadora de Dios. En 1377 el cientÃfico y filósofo francés Nicole d'Oresme acuñó la expresión: "el universo como mecanismo de relojerÃa". La llamada edad moderna mantendrá y difundirá esta imagen del reloj 33 . También la máquina de vapor ha sido usada como figura. Hoy en dÃa la computadora está sirviendo de la misma manera como una metáfora para diversas explicaciones de la realidad. Es común oÃr hablar en diversos campos como la sicologÃa, la lingüÃstica, la sociologÃa, la economÃa, de input y output, de descodificación. Se escuchan también a menudo expresiones como "procesar" una determinada información, "programar", "retroalimentar".
Pero de la metáfora se puede pasar a un filtro que, en mayor o menor grado, resulte condicionante. Una mirada a la sociedad hodierna y a sus posibles tendencias hacia el futuro indica que las nuevas tecnologÃas terminan siendo en algunos casos una suerte de filtro distorsionante con relación a la aprehensión de la realidad. La distorsión generada puede llevar a prescindir de aspectos de la realidad. Algunos de estos aspectos pueden ser secundarios y como tales poco importantes. Pero se puede dar el caso también de que se prescinda de asuntos de fondo, como por ejemplo la pregunta por el bien y la verdad --esto es lo que ocurre cuando se coloca a la eficacia como el criterio supremo de valoración de la realidad y del obrar humano siguiendo la lógica de la racionalidad tecnológica--. Esta distorsión podrÃa también afectar la valoración que se hace de la realidad generando juicios equivocados.
Este tipo de desviaciones constituyen uno de los aspectos más denunciados por los crÃticos de las tecnologÃas. Para muchos de ellos el problema principal estarÃa en que la tecnologÃa terminarÃa influyendo no sólo en la captación misma de la realidad sino también en la manera como nos situamos frente a ella y como la percibimos. Esto se puede manifestar en los diversos ámbitos relacionales del ser humano: con la naturaleza, con los otros seres humanos, consigo mismo, y con Dios. Algunos incluso hablan de un problema epistemológico. Pero hay que tener cuidado con este tipo de opiniones, puesto que al hablar de un asunto epistemológico se puede poner en duda la capacidad misma de percibir y aprehender la realidad, lo cual es un evidente exceso. La influencia que puede generar la tecnologÃa —y la misma cultura— puede ser importante, pero no tiene cómo impedir que se conozca y aprehenda la realidad. La distorsión no llega a impedir la posibilidad de un conocimiento objetivo de la realidad.
Diversos autores han llamado la atención sobre el peso que la tecnologÃa ha tenido en la historia humana para influir en la forma como se percibe la realidad y como el ser humano entiende su existencia. Tal el caso del mencionado Weizenbaum, quien desde un cierto tecnocentrismo sostiene: «Una herramienta es también un modelo para su propia reproducción y un guión para volver a representar la habilidad que simboliza. Ése es el sentido en el que es un instrumento pedagógico, un vehÃculo para instruir hombres en otros tiempos y lugares en modos adquiridos de pensamiento y acción. La herramienta, como sÃmbolo en todos estos aspectos, asà trasciende su papel como medio práctico hacia un fin determinado: es un constituyente de la recreación simbólica que hace el hombre de su mundo... La herramienta es mucho más que un mero artefacto; es un agente de cambio» 34 . En una lÃnea semejante opina David Bolter: «Evidentemente no es cierto que la tecnologÃa cambiante sea la única responsable de la cambiante visión de la humanidad respecto a la naturaleza, pero es claro que la tecnologÃa de cualquier época proporciona una ventana atractiva a través de la cual los pensadores pueden observar tanto su mundo fÃsico como metafÃsico» 35 . En ambos casos se le da a la tecnologÃa una enorme importancia como una imagen —un modelo, un sÃmbolo o una ventana— a través de la cual aproximarse a la realidad. Pero no queda claro en ninguno de los dos qué peso y hasta qué punto puede esta imagen distorsionar gravemente la percepción de la realidad e influir en el juicio que se puede hacer de la misma.
Un pasaje que refleja una posición que puede ser calificada como una expresión del determinismo tecnológico puede ayudar a comprender un poco mejor los alcances del problema. Se trata de la opinión de Hugh McDonald, a pesar de su declarado tomismo: «Nuestra propia cultura tecnológica distorsionará fuertemente nuestras percepciones del mundo. El usuario de tecnologÃa se encuentra enfocado en cierto modo por las herramientas que utiliza. La tecnologÃa impondrá un determinado esquema de prioridades. Si no enfoca hacia algo, causa desatención respecto a otras áreas. Cualquier tecnologÃa crea un nuevo esquema de hábitos mentales. Esto es especialmente cierto respecto de las computadoras, dado que no sólo extienden meramente nuestros miembros, sino nuestras facultades cognitivas y perceptivas. El conjunto entero de la tecnologÃa informática cambia nuestros hábitos de percepción no meramente por accidente sino por diseño» 36 . McDonald manifiesta en este pasaje la influencia de McLuhan y su determinismo tecnológico. Neil Postman, a su vez, lo explica en términos simplistas que sólo se pueden ver como una caricatura: «a un hombre con un lápiz, todo le parece una lista; a un hombre con una cámara, todo le parece una imagen; a un hombre con un ordenador (computadora), todo le parecen datos. Y a un hombre con un papel pautado, todo le parece un número» 37 . Postman ha reinterpretado el aforismo de McLuhan «el medio es el mensaje» con una mayor atención a los elementos epistemológicos. En su ensayo Amusing Ourselves to Death plantea que los medios traen consigo una epistemologÃa. Allà afirma que «un medio importante y nuevo cambia la estructura del discurso; lo hace alentando ciertos usos del intelecto, favoreciendo ciertas definiciones de inteligencia y sabidurÃa, y exigiendo cierto tipo de contenido en la frase, creando nuevas formas de contar verdades» 38 .
Tanto McDonald como Postman muestran un exagerado sesgo tecnocentrista muy en la lÃnea de McLuhan. Para ellos la influencia de la tecnologÃa es totalmente condicionante. Es más, ésta es presentada como un filtro con consecuencias epistemológicas. No se descubre ninguna razón para plantear que la tecnologÃa puede ejercer una influencia de tal naturaleza. Los mismos argumentos de autores como los mencionados sólo parecen demostrar que la tecnologÃa ejerce una influencia, pero no conducen a concluir que ésta llega hasta la capacidad cognoscitiva. Y, además, le otorgan ese poder a la tecnologÃa misma, lo cual parece a todas luces un exceso.
Todo lo anotado sobre los problemas del determinismo tecnológico y sus especulaciones epistemológicas no quitan sin embargo el hecho de que la tecnologÃa sà ejerce una influencia sobre el ser humano. Pero dicha influencia, como se ha venido diciendo, sólo se torna posible en la medida en que la cultura le otorgue ese "poder" a la tecnologÃa. La tecnologÃa de por sà no tiene dicha capacidad. Es decir, depende de la idea que se tenga del lugar y peso de la tecnologÃa. Y en todo ello dicha influencia tiene un lÃmite en la capacidad cognoscitiva del ser humano y en el ejercicio de su libertad que lo puede llevar a permitir una determinada influencia o a rechazarla. No cabe en este sentido un determinismo tecnológico, como tampoco un determinismo culturalista. Sólo es posible que un producto tecnológico —como la computadora— influencie de manera importante nuestros hábitos perceptivos y la valoración de la realidad si nuestra cultura —y dentro de ella cada persona concreta— le da un determinado peso praxiológico al instrumento. El que eso esté sucediendo con frecuencia actualmente no sitúa el problema en la tecnologÃa, sino que evidencia al menos dos cosas: 1. Una deficiencia en los hábitos culturales y crÃticos de las personas, a pesar de vivir en una era que ha sido calificada de "informatizada"; 2. Y, el papel central que se le está dando a la tecnologÃa en un determinado contexto cultural.
Ahora bien, a todo lo dicho hay que añadir un elemento más. La influencia que adquiere la tecnologÃa en una determinada cultura no se produce siempre de una manera explÃcita, ni siquiera uniforme. Es más, lo común es que se realice de forma velada, sin aviso. La interacción con la cultura se da en la vida cotidiana. La persona va asimilando y absorbiendo naturalmente sus elementos en su medio ambiente. Y en relación a la tecnologÃa lo más común es que no se fije ordinariamente en los riesgos sino en los beneficios y comodidades que puede conseguir de ésta. Es claro, sin embargo, que no todos los ambientes tienen una misma presencia tecnológica, como es obvio también que no todas las concreciones de la tecnologÃa ejercen un mismo tipo de influencia —las generalizaciones ayudan a fijar mejor el asunto aunque empobrecen decididamente la precisión en la percepción de la realidad—. Un aparato de televisión tiene evidentemente un peso mayor que un horno de microondas.
Todo lo señalado, sin embargo, sólo fija claramente que existe una influencia de la tecnologÃa en la manera como el ser humano se entiende a sà mismo y a la realidad. Pero ello no convierte esa influencia ni en la única, ni en el filtro determinante. El reconocimiento de la evidente influencia de la tecnologÃa no debe desembocar en un determinismo tecnológico que termine, además, centrándolo todo en la tecnologÃa y en su influjo, es decir en un desafortunado tecnocentrismo. De igual forma, tampoco debe llevar a otorgar a la tecnologÃa una autonomÃa tal que la sacarÃa totalmente del control y dirección del ser humano.
Lamentablemente hoy en dÃa se prescinde a menudo de lo que hemos llamado la dimensión cultural de la tecnologÃa. Esto conduce a graves problemas en la valoración de lo que es la tecnologÃa y sobre todo en su lugar en la vida del ser humano. Los mismos crÃticos de la tecnologÃa, como los mencionados Postman o McDonald, terminan cayendo en el juego del tecnocentrismo al otorgarle a la tecnologÃa un poder que no tiene.
Pero además, se está difundiendo una cierta mentalidad que ha dado a la tecnologÃa la preeminencia sobre todo, colocándola como el factor principal y determinante de la cultura. La hemos llamado la mentalidad tecnologista. Sus representantes principales son los promotores de la utopÃa tecnológica, como por ejemplo los que pertenecen al cÃrculo de la revista «Wired». Sus raÃces se pueden seguir hasta el nominalismo, pero sobre todo será con el Renacimiento que se forje definitivamente el perfil básico de esta nueva mentalidad. Esta mentalidad ha venido jugando un papel decisivo en la manera como se ha entendido la tecnologÃa en las situaciones culturales concretas, y en muchos sentidos podrÃa haber sido el principal factor para la difusión del tecnocentrismo. Para los que responden a esta mentalidad el ideal es una cultura tecnologizada, es decir organizada en torno al paradigma de la racionalidad tecnológica. Con ello se desplaza definitivamente la referencia a la naturaleza del ser humano y se prescinde de las preguntas por la verdad y el bien. Es la rendición a la primacÃa de la praxis sin ninguna referencia al "ser". En este tipo de modelo cultural la posibilidad de influencia de la tecnologÃa y sobre todo de la asimilación de la racionalidad tecnológica como el criterio supremo de valoración de la realidad y del sentido de la existencia del ser humano es muy grande.
La pregunta por la dimensión cultural de la tecnologÃa lleva asà hacia la búsqueda de aquellos elementos en la cultura que hacen que la tecnologÃa tenga un determinado peso e importancia. Y de entre los varios posibles hay que detenerse en esta forma mentis que hemos llamado mentalidad tecnologista, pues es la que está en el transfondo de las posturas tecnocentristas.
© Copyright 2001. BIBLIOTECA ELECTRÓNICA CRISTIANA -BEC- VE MULTIMEDIOS. Fuente : 'Doig Klinge, Germán, La dimensión antropológica y cultural de la tecnologÃa, Revista VE Nº 39, 1998. La versión electrónica de este documento ha sido realizada por VE MULTIMEDIOS - VIDA Y ESPIRITUALIDAD. Todos los derechos reservados. La -BEC- está protegida por las leyes de derechos de autor nacionales e internacionales que prescriben parámetros para su uso. Hecho el depósito legal.