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P. Tomás de Magdalena, Principales puntos de los sermones de Taulero
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Principales puntos de los sermones de Taulero

Reducidos a octavas reales por el P. Tomás de Magdalena

Penitencia (1)

1. Si hasta aquí mi obstinada rebeldía
me trajo tan perdido, loco, ciego,
ya, mi Dios, mi pastor, mi luz, mi guía,
con todo el corazón a Ti me entrego.
Desde hoy tu voluntad será la mía,
negándome a mí mismo luego luego.
Haz, pues, Señor, que lo que quieres quiera,
que sólo viva a ti, y a todo muera.

2. Confieso, Jesús mío, cuán errado
mis pasiones livianas he seguido:
ya, Señor, con dolor de lo pasado,
vuelvo a ti por tu gracia reducido.
Si te dignas, mi bien, de ser amado
de un aleve, que tanto te ha ofendido,
da en mi pecho virtud con que te ame,
luz que me alumbre, fuego que me inflame.

3. Con torpe gesto de pasión lasciva
te desprecié, Señor, bien infinito;
espero en tu piedad que me reciba,
cuando me ves llorando mi delito.
Me quieres convertir para que viva:
múdame de corazón y tan contrito
que al ver mi vida abominable y fiera
tenga un dolor tan vivo, que me muera.

Confianza en Dios

4. Sean diez, sean veinte, sean ciento,
mil, un millón, millares de millares,
más que las hojas que remueve el viento,
y la arena que ciñe tantos mares;
sean, en fin, sin número ni cuento
las veces que has pecado o que pecares,
si vuelves a tu Dios, tendrás abiertas
de su noble piedad todas las puertas.

5. Quien del obscuro caos de la nada
sacó tu ser, de su bondad movido;
quien tomó sobre sí la Cruz pesada
por levantarte, débil y caído;
quien se quedó en comida regalada
para que no le echases en olvido,
¿no te consolará, si en él arrojas
tus deseos, tus penas y congojas?

Intercesión de María

6. Si pretendes hallar a Dios propicio,
implora los auxilios de María;
porque es, para evitar el precipicio,
el norte más seguro que nos guía.
Es quien quebranta la cerviz al vicio,
es por quien el Señor tu gracia envía,
y, en fin, por quien dichoso el ser humano
tiene a Dios por amigo y por hermano.

7. Si con vehemencia la pasión te enoja,
si con rigor la tentación te oprime,
si cualquiera dolencia te congoja,
de María a las puertas llama y gime:
con fe tus males a sus pies arroja,
y a su piedad tu corazón se arrime;
que al devoto clamor de tu porfía
eco será el auxilio de María.

8. Si la Madre sintió llorar al Hijo,
luego previene el néctar de su pecho,
y en su regazo lo detiene fijo,
hasta que el niño queda satisfecho.
Aunque antes era esclavo, ya colijo
que me adoptas por hijo, sin despecho.
Eres mi Madre, tu piedad imploro;
dame tus pechos, porque humilde lloro.

Reincidencia

9. Si combatido de pasión vehemente
has caído en la culpa miserable,
aparta luego la ocasión urgente
para tener a Dios con gracia estable.
Viviendo entre los riesgos permanente
te expones a una muerte inevitable;
que si es caída cometer el vicio,
repetir el caer es precipicio.

10. Son enemigos grandes las pasiones,
en la vida, que es guerra continuada,
Dios ofrece las armas en sus dones
para huír de una muerte desgraciada,
pues eres temerario si te expones,
sin hacer una buena retirada.
¿Cómo has de estar seguro y con abrigo
si buscas cara a cara al enemigo?

Novísimos

11. Si quieres hacer feliz tu llamamiento,
mira en todo lugar a Dios presente,
la eternidad pendiente de un momento
y de un aliento tu vivir pendiente.
Es humo, que se lleva un poco viento,
ese bien, que parece subsistente:
imprime para siempre en tu memoria
que hay eterno dolor y eterna gloria.

12. Al morir llorarás tiempo perdido
cuando veas pendiente de un momento
la eternidad, que tienes en olvido,
perpetua gloria o inmortal tormenta
turbada la razón, torpe el sentido,
la voz perdida, el pecho sin aliento:
lo que no has hecho en término tan largo,
¿querrás hacer en trance tan amargo?

13. Si no se ha de callar palabra ociosa,
pensamiento o instante el más ligero
de que no pida cuenta rigurosa
el Juez terrible, en Tribunal severo,
¿cómo con una vida licenciosa
piensas atar su brazo justiciero?
Mira el fin, y con él tu vida ordena.
¿A quién apelarás, si él te condena?

14. ¿Ignoras, pecador, lo que es Infierno?
Es tristeza, dolor, gemido, llanto,
blasfemia, rabia, hedor, gusano interno,
visión horrible, confusión y espanto,
inextinguible ardor y hielo eterno,
hambre, desmayo, sed y tal quebranto,
que es castigo inmortal y prevenido
por todo un Dios airado y ofendido.

15. Es la Gloria que espera el hombre justo
un estado feliz inalterable,
en donde el alma, sin temor ni susto,
se une a Dios con lazo inseparable.
Saciado se verá y sediento el gusto
en un mar de delicias inefable,
y aunque sea infinito aquel recreo,
avivará las ansias del deseo.

Camino de la virtud

16. Si hallaste ya la senda de la vida,
descárgate de todo lo que es tierra,
los afectos de carne circuncida,
la Cruz abrasa, tu pasión destierra,
lo eterno piensa, lo caduco olvida,
cierra los ojos y los labios cierra,
todo lo que no es Dios tenlo por humo,
y deja todo bien por el bien sumo.

17. Si alcanzar la virtud, huir del vicio,
si el camino de Cristo hallar derecho,
si a Dios quieres de tanto beneficio
dejar con fácil paga satisfecho,
no busques otro obsequio ni servicio
sino abrazarle con amor estrecho;
dale todo tu amor, que de este modo
al que todo te debes te das todo.

18. Del modo que al querer volar el ave
forma en plumas la cruz, con que se excita,
así de nuestra carne el velo grave
con la Cruz penitente se agilita:
niegue al sentido lo que bien se sabe,
aquello que apetece no permita
el que quiera gozar místico vuelo
hasta subir a la mansión del Cielo.

Mortificación

19. Si paz pretendes, contra ti pelea;
si a Dios quieres vivir, al mundo muere;
si buscas, en las penas sea;
niéguese a sí quien tras de Cristo fuere;
hágase pobre cuanto más posea;
su nada abrace para unirse al todo,
y ame de modo a Dios que ame sin modo.

20. Quiero vivir a Dios y me confundo,
no muriendo a groseras sensaciones;
el demonio, la carne y todo el mundo
me insultan con halagos y pasiones,
y siendo los sentidos lago inmundo,
que entorpece las puras afecciones,
caiga en mi cuerpo golpe repetido,
hasta dejar el alma sin sentido.

Auxilios

21. Conozco mi ser frágil, mi flaqueza
para vencer molestas tentaciones,
porque todo lo que es naturaleza
se rinde a indiscreción de las pasiones:
busco en mi Dios la gracia con firmeza,
pidiendo sus auxilios y sus dones;
si nada puedo en mi virtud que es corta,
todo lo puedo en Dios, que me conforta.

22. ¡Quién obrara, a la ley tan arreglado,
que jamás permitiera ni un desvío!
¡Quién tuviera el aliento sofocado,
sin dejar de respirar a su albedrío!
Quiero vivir a Dios y tan atado,
que yo a mi voluntad nada le fío,
y porque viva el alma con sosiego
todo me doy a Dios, y a mí me niego.

Amor propio

23. Como la sierpe, oculta entre la hierba,
esconde el amor propio su veneno,
muy natural se mete y se conserva
la propia inclinación aún en lo bueno;
y si el justo procede sin reserva,
cuando examine lo interior del seno
hallará, sin señales de delito,
que el cielo más ardiente fue apetito.

24. Si padeces del vicio dominante
la fatal perniciosa tiranía,
repara que en tus obras, cada instante,
arrastra tu pasión con su porfía.
No puedes conservar virtud constante
aunque tenga ejercicios cada día,
y si llega a cegarte, en precipicio,
con actos de virtud sirves al vicio.

Afecto mundano

25. ¿De qué, ciego y mortal, te alegras tanto,
cuando fiel desengaño ya te avisa
que siempre ocupa la aflicción y llanto
los extremos livianos de la risa?
¡Oh, con cuánta amargura y aún espanto
verás, al dar la cuenta tan precisa,
que todo bien de la ambición humana
es humo fugitivo y sombra vana!

26. Es el mundo un inmundo y torpe lago
de mil serpientes venenosas lleno,
que con astuto silbo y dulce halago
llaman para escupir fatal veneno.
Es áspid que cautela fiero estrago,
oculto entre flores de jardín ameno:
es luchador que con aleve traza
da una muerte infeliz a quien abraza.

27. Los hombres tratan de sus cortos bienes,
ponderan en el tiempo muchos males,
de la fortuna miran los vaivenes,
las riquezas las notan desiguales;
todo es conversación con mil desdenes
sobre el mal de los bienes temporales...
Y sabiendo que habrá gloria o infierno,
nunca se habla del bien o mal eterno...

28. ¿Quién por dejarte ¡oh mundo! no suspira,
reconociendo en ti la infiel mudanza,
la soberbia, la envidia, la mentira,
la torpeza, la gula, la venganza,
el odio, el robo,la ambición, la ira?
Y cuando todo en ti fuera bonanza,
¿quién no ve que tus gustos, cual sirenas,
mueven fatal borrasca en las arenas?

¡Qué hombres!

29. Hay hombre, Lucifer soberbio y vano,
que el clarín de su fama busca en todo,
negando la igualdad, aún a su hermano,
que entre sus pies lo quiere, como lodo.
Apetece el honor del trato humano,
y lo siente en el prójimo de modo
que en el sonido de alabanza ajena
se forma las clarines de su pena.

30. Puesto en la dignidad obsequios goza,
el regalo, lisonja y cortesía,
y el interior gusano lo destroza,
sin permitirle al rostro la alegría.
Para ser singular, nunca se roza
con los iguales, que la ley envía,
y padeciendo en interior veneno
forma todo su bien del mal ajeno.

31. El buscar la quietud es un deseo
que ha de tener cualquiera que se mueve,
y es el descanso natural recreo,
sea del cuerpo grave o cuerpo leve.
Pero el hombre de afecto torpe y feo,
que no mira a su hermano como debe,
elige por descanso un movimiento
que todo es inquietud, todo tormento.

Vida religiosa

32. Si con fiel atención se mira y pesa
la vida secular y religiosa,
aquella en males la verás opresa,
ésta con el bien sumo muy gozosa.
Allá la libertad con hierros presa,
que ella misma los fragua cuidadosa;
aquí una esclavitud, que en alto modo
de todo libre, lo posee todo.

33. Calla el súbdito humilde y obediente
cuando el prelado con furor le oprime,
y aunque sea en sus modos insolente,
el voto de obediencia le comprime.
La repugnancia el apetito siente,
y con alto motivo se reprime;
pero volviéndose solo y sin abrigo,
recurre a Dios para tenerle amigo.

34. Aquel que manda mal, siempre obedece;
quien obedece bien, siempre domina;
y en la misma humildad tanto merece,
que Dios para exaltarlo se avecina.
Así en obedecer su mando crece,
y cuanto más en la humildad se inclina,
Dios, que quiere aumentarle los blasones,
le corona por rey de sus pasiones.

35. ¡Oh tú, que eres Pastor y con reposo
sólo el regalo y el obsequio ganas,
y con procedimiento desidioso,
en la voz y el ejemplo no te allanas!
¡No miras a los súbditos, celoso,
para apartarlos de las cosas vanas!
Y sin vara, sin báculo y sin palos,
¿aún no quieres silbar contra los malos?

Los votos

36. La virgen, que del mundo se destierra,
elige por retiro la clausura;
en la frase común, viva se entierra,
cuando busca en Jesús la sepultura;
pierde la libertad, y haciendo guerra,
por que muera el sentido en la amargura,
está más libre del amor cautiva,
muerta la carne, pero el alma viva.

37. Formada por los votos, religiosa,
a Cristo sus afectos sacrifica,
y en las acciones, como fina esposa,
con respetos mundanos no se implica;
en solo Cristo y en su amor reposa;
pero si al mundo su afición aplica,
mire a Jesús, esposo delicado,
que pide para Sí todo el cuidado.

38. La hermosura del mundo aquí se acaba,
porque a Dios se consagra la hermosura,
y siendo virgen de Jesús esclava,
lo ha de mirar esposo, con fe pura.
La nobleza del siglo no se alaba
y superior nobleza se asegura;
pero es llevando la Cruz en su fineza,
como señal de la mayor nobleza.

39. Buscas el sueño de la noche obscura
en la vida mortal preciso empeño;
el sueño de la muerte es la figura,
atada de la razón del mismo sueño.
En la quietud la vida se asegura,
para observar las leyes de tu dueño;
porque es ley de virtud, y aún obra pía,
dormir de noche por velar de día.

A Cristo con la Cruz

40. Quiero aliviar tus hombros de la carga
con que se inclina tu semblante feo;
permíteme, Jesús, la cruz amarga
que, sin razón, en tus espaldas veo:
¡oh si lograse yo la dicha larga
de ser en tu camino Cireneo,
por que el peso del leño tan sagrado
quite la gravedad de mi pecado!

41. Eres el sumo bien, Redentor mío,
y por eso entre culpas tan obscuro,
buscando tu piedad, en que me fío,
el perdón de mis yerros aseguro.
No atiendas mi malicia con desvío;
mira tu noble ser, tu afecto puro,
y que el peso de culpas que me abruma
nunca puede quitar tu bondad suma.

42. Si a Dios de la alabanza el sacrificio
quieres hacer con modo muy perfecto,
huye de la tibieza el torpe vicio,
y junta en devoción la voz y afecto.
Siendo de ángeles santos el oficio,
¡cuán enorme será cualquier defecto!
Si con voces de Dios, en otro piensas,
transformas los obsequios en ofensas.

43. Recoge tus potencias y sentidos;
a Dios dentro de ti, con la fe mira,
gima por los pecados cometidos,
por el rocío celestial suspira;
con las ansias de afectos encendidos
a la unión de Jesús, del todo aspira,
y si percibes que su amor te inflama,
logra la dulce paz de tanta llama.

44. ¿Qué cosa puede haber más excelente
que la oración mental pura, afectiva?
Uniendo el alma a Dios íntimamente,
hace que Dios en ella, ella en Dios viva;
cuanto en la unión experimenta y siente
es una suavidad tan excesiva,
que, absorta la razón con el sentido,
tiene el gozo y la paz en dulce olvido.

45. Entra dentro de ti, y allá en tu centro
verás como el Señor, que en él habita,
sale de tus afectos al encuentro,
y con su amor tu caridad excita.
La gloria de este Rey toda es adentro,
donde está la escondida Margarita:
y si en Dios con la fe te reconcentras,
donde quieres buscarla, allí la encuentras.

46. Es norte la oración que el mal destierra,
para el puerto feliz segura nave,
arma con que al Infierno se hace guerra,
para las llagas bálsamo suave,
escala que une al Cielo con la tierra,
del tesoro de Dios la mejor llave,
con que si en ella humilde te ejercitas
tienes fuentes de gracias infinitas.

Alma puesta en Dios

47. Alma que a Dios adora con fe viva,
como se apoya en la verdad desnuda,
con sombras de su luz nunca se priva,
con el vano temor nunca se muda.
Aunque en ninguna cosa a Dios perciba,
de tenerle presente jamás duda;
con que por alto y soberano modo,
sin que en nada le vea, lo halla en todo.

48. Quien busca en Dios a Dios con fe amorosa
del discurso y sentido independiente,
cubierto de la niebla luminosa
dentro y fuera de sí le halla presente.
Como es ser inmutable en quien reposa,
sin límite, sin modo ni accidente,
descansa en aquel bien sumo y amable,
y de Dios participa lo inmutable.

Alma asfixiada

49. ¿Cuándo, dulce Jesús, oiréis mi ruego,
por ser de amor siquiera, no por mío?
¿Y de mis ansias el activo fuego
de vuestra gracia templará el rocío?
¿Por qué, siendo mi luz, me tenéis ciego,
y por qué, siendo imán, mostráis desvío?
Si amor tenéis, doleos de un amante
que se os quiere acercar y os ve distante.

50. ¿Cuántas veces, Señor, estando muerta
la lumbre de mi fe, con pecho helado,
venías a tocar mi esquiva puerta,
de tu amor solamente motivado?
Y ahora que entre suspiros muy despierta,
te abre el alma su pecho enamorado,
no sólo no me buscas, aún parece,
que por crecer mi amor, tu rigor crece.

51. Alma en pena que viven desolada
entre los sustos de terrible guerra,
con fe sencilla del amor bañada,
toma rocío que la gracia encierra;
y aunque de Dios, al parecer dejada
eres en lo interior árida tierra,
la misma sequedad del campo enjuto
es el mejor cultivo para el fruto.

52. Buscas en la oración con reverencia
a tu Dios por dulcísimo contrato,
y no puedes lograr la complacencia
de tenerlo en quietud un breve rato:
calla humilde, suspira con paciencia,
no pierdes tiempo, ganas en el trato,
que el mérito más noble te asegura
refinando tu amor en la amargura.

53. Es todo el mundo mar, la iglesia nave,
timón la cruz, la penitencia vela,
el Espíritu Santo aire suave,
que mueve, que conduce, que consuela.
La fe como fanal el rumbo sabe
del puerto, adonde el alma ansiosa anhela;
ea, pues, alma mía, naveguemos,
y si calmare el viento, asir los remos.

Escrúpulos

54. Alma enredada em vanas inquietudes,
con el temor que causa turbaciones,
sosiégate con Dios y nunca mudes
escuelas donde tomes las lecciones:
si quieres ejercicio en las virtudes,
obedece y desprecia tus pasiones;
que aunque cabe el error en la conciencia,
nunca puede haber culpa en la obediencia.

55. La angustia que padeces de afligida
es recelo fantástico que tienes,
y en el mismo temor de la caída
las culpas anticipas y previenes;
hace la voluntad recta la vida,
y tú con apetito y sus vaivenes,
juzgas que es voluntad para el delito
lo que no es voluntad sino apetito.

Beneficios de Dios

56. Si todo a tu Señor, hombre, te debes,
por haberte criado y redimido,
¿cómo a negarle el corazón te atreves
que con su amor tantas veces te ha pedido?
No su paciencia temerario pruebes;
que un amor grande, mal correspondido,
en celo se convierte riguroso,
y hace terrible juez al tierno Esposo.

57. ¿Qué pude -dice Dios- que no haya hecho?
El darte ser, mi imagen imprimirte
aún no dejó mi amor bien satisfecho,
y quise con mi sangre redimirte;
al fin dejé rasgar mi amante pecho,
porque así el corazón pudiera unirte;
pero tú, despreciando el dulce nido,
me pagas, alma, con ingrato olvido.

58. ¡Ved si hay dolor igual al dolor mío!
A mí, que soy la fuente de agua viva,
de los deleites abundante río,
del hombre despreció la sed lasciva.
¡Ah, si cesando ya tu desvarío
quedases, alma, de mi amor cautiva,
o si oyeras la voz con que te llamo,
o si me amases como yo te amo!

Correspondencia en el amor

59. Con la ley que explicó Sagrada Historia
quiso el Señor al hombre hacer perfecto,
y que para alcanzar eterna gloria
se fuese a Dios por el camino recto:
intimóle a su amor y su memoria,
lo que era natural para su afecto.
¡Buen Dios! que solamente mandar quiso
amor, que sin la ley, era preciso.

60. Sólo Dios es quien vive en mi memoria,
sólo al amor conozco, al amor quiero,
porque aún en esta vida transitoria
prendas me da a gozar de lo que espero;
el que es todo mi bien, toda mi gloria,
amor es por quien vivo y por quien muero.
¡Oh si en fuego de fénix encendida
en ti expirase mi amorosa vida!

61. ¡Qué leve peso y yugo tan suave
es para el fino amor la ley divina!
Más veloz que a su centro piedra grave
el amante a su amado se encamina,
no se sabe quitar, temer no sabe
quien a Dios como imán luego se inclina.
¡Oh si en amor divino me encendiera!
¡Quién viviera de amor y dél muriera!

62. Si es un acto de amor de Dios bastante,
muriendo en él a darte eterna gloria,
¿qué grado alcanzarás si cada instante
renuevas el amor en tu memoria?
No pases punto sin afecto amante
en la vida mortal y transitoria,
que muriendo de amor, Dios te convida
a la amorosa unión de eterna vida.

63. Aunque me aflijo, mi Jesús, de veros
en esa cruz, también vuestra figura,
de alcanzaros bien mío y no perderos,
presa de pies y manos me asegura:
ya, Señor (perdonad), no hay que temeros,
sino llegar a Vos con fe muy pura;
no podéis estorbar mi tierno lazo,
ni retirar el rostro si os abrazo.

Alma sin dulzuras

64. El ave que volaba por el viento,
y en el betún descansa sin cautela,
pierde la agilidad del movimiento
y entorpece las alas con que vuela.
Así el alma que está con asimiento
aún de los dones con que Dios consuela,
pegada a las dulzuras celestiales,
entorpece los vuelos espirituales.

Ansia de Visiones

65. No apetezcas, orando, las visiones,
aún en dulce quietud de amor divino:
intérnate con puras afecciones
para evitar los riesgos del camino;
una sencilla fe te da instrucciones
por que puedas lograr feliz destino,
pues la fe que te rige, como obscura,
aunque no es mayor luz, es más segura.

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