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Sagrada Congregaci贸n para los Estudios, Decreto de aprobaci贸n de algunas tesis contenidas en la Doctrina de Santo Tom谩s de Aquino y propuestas a los profesores de filosof铆a
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Decreto de aprobaci贸n de algunas tesis contenidas en la Doctrina de Santo Tom谩s de Aquino y propuestas a los profesores de filosof铆a

S.S. P铆o X, mediante el Motu Proprio "Doctoris Angelici" del 29 de junio de 1914, determin贸 que en los centros de estudios filos贸ficos de Italia sean ense帽ados los principios y principales doctrinas de Santo Tom谩s de Aquino. Acogiendo los deseos del Santo Padre, algunos tomistas propusieron a la Sagrada Congregaci贸n para los Estudios veinticuatro tesis metaf铆sicas tomadas del pensamiento del Aquinate, pidiendo que sean examinadas. Estas tesis, luego de ser revisadas y consultadas con S.S. P铆o X, fueron promulgadas el 27 de julio del mismo a帽o. Esta promulgaci贸n no obliga de modo absoluto a seguir todas y cada una de ellas. 脡stas fueron propuestas para que sean tenidas como "seguras normas directivas" en los estudios filos贸ficos (ver la declaraci贸n de la misma Congregaci贸n del 7 de marzo de 1916; tambi茅n la Carta "Quod de fovenda" de S.S. Benedicto XV, 19 de marzo de 1917).

A continuaci贸n el texto completo del decreto:

Luego que el Santo Padre P铆o X prescribi贸 mediante el Motu Proprio Doctoris Angelici del 29 de junio de 1914 que en todas las escuelas de filosof铆a se sostengan los principios y m谩s importantes doctrinas de Tom谩s de Aquino, algunos profesores de diversos Institutos propusieron al examen de esta Sagrada Congregaci贸n algunas tesis que han solido transmitir y defender como que representan de modo exacto las principales ense帽anzas del Santo Maestro, sobre todo en materia de metaf铆sica.

Esta Sagrada Congregaci贸n, despu茅s de haber examinado cuidadosamente dichas tesis y de haberlas presentado al Santo Padre, declara, por mandato de Su Santidad, que 茅stas contienen claramente los principios y las m谩s importantes doctrinas del Santo Doctor.

Ellas son las siguientes:

1. La potencia y el acto dividen de tal modo al ente, que todo lo que es, o es acto puro o est谩 compuesto necesariamente de potencia y acto como sus principios primeros e intr铆nsecos.

2. El acto, en cuanto perfecci贸n, est谩 limitado solamente por la potencia, que es la capacidad de perfecci贸n. Por ello, en el orden en que el acto es puro, 茅ste existe solamente como ilimitado y 煤nico; en cambio, donde es finito y m煤ltiple, all铆 se encuentra en verdadera composici贸n con la potencia.

3. Por tanto, s贸lo el 煤nico Dios subsiste en el orden absoluto del ser mismo, y s贸lo 脡l es completamente simple. Todo lo dem谩s que participa del mismo ser posee una naturaleza en la que el ser est谩 limitado, y en la que la esencia y el ser est谩n presentes como principios realmente distintos.

4. El ente (ens), cuyo nombre viene de "ser" (esse), no se predica un铆vocamente de Dios y de las creaturas, ni ciertamente tampoco equ铆vocamente, sino anal贸gicamente, mediante una analog铆a tanto de atribuci贸n como de proporcionalidad.

5. Asimismo, hay en toda creatura una composici贸n real de un sujeto subsistente con formas a帽adidas secundariamente, es decir, con los accidentes; pero esta composici贸n s贸lo puede ser entendida si el ser es recibido realmente en una esencia distinta.

6. Adem谩s de los accidentes absolutos existe tambi茅n el accidente relativo, o "a otro" (ad aliquid). Pues a pesar que el accidente "a otro" (ad aliquid) no signifique, seg煤n su propia noci贸n, que una realidad est茅 adherida a otra, tiene sin embargo a menudo su causa en las cosas, y por tanto tiene una entidad real distinta del sujeto.

7. Toda creatura espiritual es absolutamente simple en su esencia. Pero permanece en ella una doble composici贸n: de la esencia con el ser y de la sustancia con los accidentes.

8. Por su lado, toda creatura corporal en cuanto a su misma esencia est谩 compuesta de potencia y acto. En el orden de la esencia, esta potencia y este acto reciben el nombre de materia y forma.

9. Ninguna de estas partes tiene por s铆 misma el ser, ni se produce o corrompe por s铆 misma, y se habla de ellas s贸lo de modo reductivo en cuanto principios substanciales.

10. Aunque la extensi贸n en partes integrales se sigue de la naturaleza corp贸rea, no por ello es lo mismo para un cuerpo ser substancia que ser extenso. Pues la substancia, considerada en s铆 misma, es indivisible, pero no a la manera de un punto, sino a la manera de algo que est谩 fuera del orden de la dimensi贸n. La cantidad, en cambio, que da extensi贸n a la sustancia, difiere realmente de la sustancia y recibe propiamente el nombre de accidente.

11. La materia signada por la cantidad es el principio de individuaci贸n, es decir, de la distinci贸n num茅rica (que no puede darse en los esp铆ritus puros) de un individuo con respecto a otro de la misma naturaleza espec铆fica.

12. A esta misma cantidad se debe que un cuerpo se encuentre circunscriptivamente en un lugar, y de este modo (circunscriptivamente) pueda estar en un s贸lo lugar, cualquiera que sea su potencia.

13. Los cuerpos se dividen en dos tipos: vivientes y carentes de vida. En los vivientes, para que haya por s铆 en el mismo sujeto una parte motora y otra movida, la forma substancial, denominada alma, requiere de una disposici贸n org谩nica, es decir de partes heterog茅neas.

14. Las almas del orden vegetativo y sensible no existen de ninguna manera por s铆 mismas, ni se producen por s铆 mismas, sino que existen solamente como el principio por el cual el viviente es y vive, y, puesto que dependen completamente de la materia, una vez corrompido el compuesto se corrompen por ello mismo accidentalmente.

15. Por el contrario, el alma humana subsiste por s铆 misma. 脡sta es creada por Dios cuando puede ser infundida a un sujeto suficientemente dispuesto, y es por su propia naturaleza incorruptible e inmortal.

16. Esta alma racional se une al cuerpo de tal manera que constituye su 煤nica forma substancial, y es por ella que el hombre es hombre, animal, viviente, cuerpo, substancia y ente. As铆 pues, el alma provee al hombre de todo grado esencial de perfecci贸n; y asimismo, comunica al cuerpo el acto de ser por el que ella misma es.

17. Por consecuencia natural emanan del alma humana dos tipos de facultades, org谩nicas e inorg谩nicas: las primeras, a las que corresponde el sentido, subsisten en el compuesto; las 煤ltimas, s贸lo en el alma. As铆 pues, el entendimiento es una facultad intr铆nsecamente independiente de todo 贸rgano.

18. La intelectualidad se sigue necesariamente de la inmaterialidad, y de tal manera, que el grado de alejamiento de la materia es proporcional al grado de intelectualidad. El objeto adecuado de la intelecci贸n es el ente mismo en general; pero el objeto propio del entendimiento humano en su presente estado de uni贸n son las quididades abstra铆das de las condiciones materiales.

19. Por tanto, adquirimos el conocimiento a partir de las realidades sensibles. Pero dado que lo sensible no es inteligible en acto, adem谩s del entendimiento formalmente inteligente se ha de admitir en el alma una virtud activa que abstrae las especies inteligibles a partir de las im谩genes (a phantasmatibus).

20. Mediante estas especies conocemos directamente lo universal; lo singular lo alcanzamos mediante los sentidos, y tambi茅n mediante el entendimiento cuando 茅ste se vuelve hacia las im谩genes (per conversionem ad phantasmata); y al conocimiento de lo espiritual ascendemos por analog铆a.

21. El intelecto es seguido, no precedido, por la voluntad, la cual apetece necesariamente lo que le es presentado como un bien que colma plenamente su apetito; pero entre varios bienes propuestos con un juicio mudable para ser apetecidos, elige libremente. As铆 pues, la elecci贸n sigue al juicio pr谩ctico 煤ltimo; pero es la voluntad la que hace que 茅ste sea 煤ltimo.

22. La existencia de Dios no la percibimos por una intuici贸n inmediata, ni la demostramos a priori, sino m谩s bien a posteriori, esto es, a partir de aquellas cosas que han sido hechas, siguiendo un argumento que va desde los efectos hasta la causa: a saber, desde las cosas que son movidas y no pueden ser principio adecuado de su movimiento, hasta el primer motor inm贸vil; desde la procedencia de las cosas terrenas de causas subordinadas entre s铆 hasta la primera causa incausada; desde las cosas corruptibles que podr铆an igualmente ser o no ser, hasta el ente absolutamente necesario; desde aquellas cosas que, de acuerdo a perfecciones disminuidas del ser, del vivir y del entender, son, viven y entienden en mayor o menor grado, hasta aqu茅l que es el supremo inteligente, el supremo viviente, el supremo ente; finalmente, desde el orden del universo hasta el entendimiento independiente que ha ordenado, ha dispuesto y dirige las cosas hacia su fin.

23. La esencia divina, ya que se identifica con la actualidad ejercida de su mismo ser, es decir, ya que es el mismo Ser subsistente, nos es correctamente propuesta como constituida por as铆 decirlo en su orden metaf铆sico, y por esto mismo nos muestra la raz贸n de la infinitud en su perfecci贸n.

24. As铆 pues, por la pureza misma de su ser, Dios se distingue de todas las cosas finitas. De ello se infiere en primer lugar, que el mundo no pudo haber procedido de Dios sino por creaci贸n; luego, que la virtud creadora, con la que se alcanza en primer lugar y por s铆 mismo al ente en cuanto ente, no es comunicable a naturaleza finita alguna ni siquiera de modo milagroso; finalmente, ning煤n agente creado influye en el efecto de alg煤n ser si no es por moci贸n recibida de la primera causa.

Dado en Roma el 24 de julio de 1914.

B. Card. Lorenzelli,
Praefectus

Ascensus Dandini,
a Secretis

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