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Comentarios
al Evangelio del I Domingo de Cuaresma
Lc 4,1-13
«Mas Jesús, lleno del Espíritu
Santo, regresó del Jordán, y fue llevado por el Espíritu
al desierto. Y allí permaneció cuarenta días,
y fue tentado por el diablo. Y nada comió durante aquellos
días, y concluidos, tuvo hambre. Entonces el diablo le dijo:
"Si eres Hijo de Dios di a esta piedra que se haga pan". Y Jesús
le respondió: "Está escrito: El hombre no vive sólo
de pan, sino de toda palabra de Dios. Y le llevó el diablo
a un monte elevado, y le mostró todos los reinos de la tierra
en un momento de tiempo, y le dijo: "Te daré toda esta potestad
y la gloria de ellos, porque a mí se me han dado y las doy
a quien quiero. Si, pues, postrado delante de mí, me adorares,
tuyas serán todas esas cosas". Y, respondiendo Jesús,
le dijo: "Está escrito: Adorarás al Señor tu
Dios, y a El solo servirás. Y le llevó a Jerusalén
y le colocó sobre el pináculo del templo, y le dijo:
"Si eres Hijo de Dios, arrójate de aquí abajo; porque
escrito está que mandó a sus Angeles que cuiden de
ti, y te guarden, y te sostengan con sus manos para que la piedra
no hiera tu pie". Y, respondiendo Jesús, le dijo: "Se ha
dicho: No tentarás al Señor tu Dios". Y acabada toda
tentación, el diablo se retiró de El hasta el tiempo»
Teofilacto.
Jesucristo es tentado después del bautismo para insinuarnos
que nos aguardan tentaciones después que seamos bautizados,
de donde se dice: "Mas Jesús, lleno del Espíritu Santo",
etc.
San Cirilo, in Cat. graec. Patr.
Había dicho Dios (Gén 6,3): "Mi Espíritu
no permanecerá en estos hombres, porque no son sino carne";
mas al punto que fuimos enriquecidos con la regeneración
por el agua y el Espíritu, fuimos hechos participantes de
la naturaleza divina por comunicación del Espíritu
Santo. El Primogénito entre muchos hermanos recibió
el Espíritu el primero, El, que es el dador del Espíritu
para que por El llegase también a nosotros la gracia del
Espíritu Santo.
Orígenes, in Lucam hom. 29.
Cuando leas que Jesús "estaba lleno del Espíritu
Santo", y veas escrito en los Hechos de los Apóstoles que
los apóstoles fueron llenos del Espíritu Santo, guárdate
de pensar que los apóstoles sean iguales al Salvador. Del
mismo modo que diciendo: estos vasos están llenos de vino
o de aceite, no dices a continuación que están llenos
con igual medida; así Jesús y Pablo estaban llenos
del Espíritu Santo, pero el vaso de Pablo era mucho menor
que el de Jesús, y no obstante estaban ambos llenos según
su medida. Recibido el bautismo, el Salvador, lleno del Espíritu
Santo -que había venido del cielo sobre El en forma de paloma-
fue conducido por el Espíritu; porque todos los que son conducidos
por el Espíritu, son hijos de Dios (Rom 8,14.). Mas éste
era propiamente Hijo de Dios, de una manera superior a todos.
Beda.
A fin de que nadie dudase por qué espíritu quisieron
decir los otros evangelistas que fue conducido (o empujado) al desierto,
dice oportunamente San Lucas: "Y fue llevado por el Espíritu,
durante cuarenta días, en el desierto", a fin de que no se
creyese que el espíritu inmundo había podido algo
contra Aquel, que, lleno del Espíritu Santo, obraba según
su voluntad.
Griego, in Cat., graec. Patr.
Si nosotros disponemos nuestra vida según nuestro arbitrio
propio, ¿cómo hubiera podido El ser impelido contra su voluntad?
Luego lo que se dice: "Llevado por el Espíritu", tiene esta
significación: Pasó espontáneamente a una vía
espiritual para dar ocasión al tentador.
San Basilio.
No provoca al enemigo con palabras, sino que busca el desierto,
y lo excita con sus obras; pues el diablo se deleita en el desierto;
no puede soportar las ciudades, y le entristece la concordia de
los ciudadanos.
San Ambrosio.
Iba a propósito al desierto para provocar al diablo;
pues si aquél no hubiese combatido, éste no hubiese
vencido para mí, librando misteriosamente del destierro a
aquel Adán que había sido expulsado del paraíso
al desierto, demostrándonos con el ejemplo, que el diablo
nos envidia cuando tendemos a lo mejor; y que entonces debemos estar
más en guardia, para que la enfermedad de nuestra alma no
pierda la gracia del misterio; de donde sigue: "Y era tentado por
el diablo".
San Cirilo, in Cat. graec. Patr.
He allí entre los combatientes Aquel que, como Dios,
decide en los combates. Está entre los que reciben coronas
Aquel que corona la frente de los santos.
San Gregorio, Moral. 1, 3.
Sin embargo, nuestro enemigo no puede derribar con la tentación
el alma del Mediador de Dios y de los hombres. Se había dignado
tomar exteriormente las tentaciones de tal modo, que su alma permaneciese
inquebrantablemente unida interiormente a la Divinidad.
Orígenes, in Lucam hom.
29.
Jesús fue tentado por el diablo durante cuarenta días
en el desierto. No sabemos cuáles fueron estas tentaciones;
las que acaso fueron omitidas, porque eran más de las que
podían escribirse.
San Basilio.
O el Señor no fue tentado durante los cuarenta días.
Conocía el diablo que ayunaba y no tenía hambre, y
por eso no se atrevía a acercarse; por lo que sigue: "Y nada
comió en aquellos días", etc. Ayunó para demostrarnos
que el ayuno es necesario al que se quiere preparar al combate de
las tentaciones.
San Ambrosio, in Lucam 1, 4 praefat.
Tres cosas hay que aprovechan para la salvación del hombre:
el sacramento, el desierto y el ayuno. Ninguno será coronado,
si no pelea bien; y ninguno es admitido al combate de la virtud,
si antes no es consagrado con el don de la gracia celestial, lavado
de todas las manchas de sus delitos.
San Gregorio Nac., Orat. in sanct.
lavacr.
Ayunó cuarenta días, no comiendo nada (pues era
Dios). Nosotros ayunamos proporcionalmente a nuestras fuerzas, aunque
el celo aconseja a algunos que pueden ir más allá.
San Basilio, in Cat. graec. Patr.
Sin embargo, no debe obrarse con el cuerpo de modo que (por
falta de alimento) pierda su vigor natural, o que el espíritu
se abata por el exceso de debilidad. Por eso el Señor hizo
esto sólo una vez, gobernando su cuerpo, durante el tiempo
siguiente, con el debido orden, y lo mismo hicieron
Moisés y Elías.
Crisóstomo, hom. 13, in Math.
Obró prudentemente al no exceder, en el ayuno, el número
de días de aquéllos, a saber, para que no se creyese
que había venido aparentemente, o que no tenía verdadera
carne, o que la tenía superior a la naturaleza humana.
San Ambrosio.
Reconoces el número místico de cuarenta días.
Recuerdas que las aguas del diluvio cayeron durante ese mismo número
de días, y que después de otros tantos días,
santificados por el ayuno, Dios hizo reaparecer la clemencia de
un cielo más sereno. Por otros tantos días de ayuno,
Moisés mereció recibir la ley, y los patriarcas en
el desierto se alimentaron otros tantos años del pan de los
ángeles.
San Agustín, de Cons. Evang.,
lib. 2, cap. 4.
Este número es el símbolo de esta laboriosa vida,
durante la cual, conducidos por Cristo nuestro Rey, luchamos contra
el diablo. Este número significa la vida temporal. En efecto,
el tiempo de los años se divide en cuatro estaciones. Además,
cuarenta contiene cuatro veces diez, y estos diez consuman su número
multiplicándose desde el uno al cuatro, lo cual nos muestra
que el ayuno de cuarenta días (esto es, la humillación
del alma) fue consagrado en la Ley y los Profetas por Moisés
y Elías, y en el Evangelio por el ayuno del mismo Señor.
San Basilio.
Mas como el no tener hambre es superior al hombre, tomó
el Señor la pasión del hambre, sabiendo que no es
pecado, y concedió, cuando quiso, a la naturaleza humana
sentir y hacer lo que es de su condición, de donde sigue:
"Y transcurridos aquellos días, tuvo hambre". No obligado
por la necesidad que siente la naturaleza, sino como provocando
al diablo al duelo. Sabiendo el diablo que allí donde hay
hambre hay debilidad, se acerca para tentarlo, y como imaginador
e inventor de tentaciones, aconsejaba a Cristo paciente que apagase
el apetito con piedras, de donde sigue: "Díjole, pues, el
diablo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta
en pan", etc.
San Ambrosio.
Sabemos que el diablo emplea tres armas para herir el alma del
hombre: la gula, la vanagloria y la ambición. Empieza por
aquella con que había ya vencido (esto es, a Adán).
Aprendamos, pues, a evitar la gula, a evitar la sensualidad, porque
es dardo del diablo. Pero ¿qué quiere decir con esta frase:
"Si eres Hijo de Dios", sino que sabía que el Hijo de Dios
había de venir, mas no pensaba que vendría con esta
enfermedad natural? Explora y tienta. Dice que le cree Dios, e intenta
burlarse de un hombre.
Orígenes, in Lucam hom. 29.
El padre a quien su hijo pide pan, no le da una piedra; mas
éste (como adversario burlón y falaz) le daba por
pan una piedra.
San Basilio.
Le aconsejaba que apagase el apetito
con piedras, esto es, quería apartar su deseo de los alimentos
naturales y dirigirle hacia aquellos que son contra la naturaleza
(o fuera de la naturaleza).
Orígenes, ut sup.
Me parece que aun hoy el diablo muestra una piedra, y excita
a decir: "Di que esta piedra se convierta en pan". Si vieres a los
herejes comer la mentira de sus dogmas en vez de pan, ten entendido
que sus predicaciones son la piedra que les muestra el diablo.
San Basilio, in Cat. graec. Patrum.
Cristo, disipador de las tentaciones, no libra a la naturaleza
del hambre (como causa de males, siendo más bien conservadora
de nuestra vida), sino que conteniendo a la naturaleza dentro de
sus propios límites, demuestra cuál es su alimento,
por lo que sigue: "Y Jesús le respondió: Escrito está:
No de sólo pan vive el hombre", etc.
Teofilacto.
Como si dijese: La naturaleza humana no se sustenta sólo
con pan, el Verbo de Dios basta para sustentar toda la naturaleza
humana. Así fue alimentado el pueblo israelita, recogiendo
maná cuarenta años (Ex 15,15), y apresando aves (Núm
11,32). Por disposición de Dios los cuervos procuraron alimento
a Elías (1Re 17,6); Eliseo nutrió con hierbas silvestres
a sus compañeros (2Re 4,9).
San Cirilo.
O de otro modo, nuestro cuerpo terrestre se nutre con alimentos
terrestres, mas el alma racional se vigoriza con el Verbo divino
para la buena acción del espíritu.
San Gregorio Nacianceno, ubi sup.
ex lambicis.
Pues un cuerpo no alimenta a una naturaleza incorpórea.
San Gregorio Niceno, in Ecclesiastem,
hom. 5.
La virtud no se alimenta con pan, ni con carnes lo pasa bien
el alma y engorda. Con otros manjares se desarrolla la vida sublime
y crece. La nutrición del bueno es la castidad; el pan, la
sabiduría; la comida, la justicia; la bebida, la firmeza;
la delectación, la ciencia.
San Ambrosio.
Ya ves de qué armas se sirve contra la tentación
de la gula, para defender al hombre de las insinuaciones del espíritu
maligno. No usa de su poder como Dios (¿de qué nos aprovecharía?),
sino que llama a sí, como hombre, el auxilio que nos es común
a todos; piensa en el alimento de las divinas enseñanzas,
para olvidar el hambre del cuerpo y obtener el alimento del Verbo;
pues el que sigue al Verbo, no puede desear el pan terreno, porque
las cosas divinas están muy por encima de las cosas humanas.
Cuando dijo: "El hombre no vive sólo de pan", demostró
que su humanidad sola fue tentada, esto es, lo que tomó de
nosotros, no su divinidad.
Teofilacto.
El enemigo había tentado primeramente a Jesús
por la gula, como a Adán; después lo tentó
por codicia, o por avaricia, mostrándole todos los reinos
del mundo, por lo que sigue: "El diablo lo condujo", etc.
San Gregorio, hom. 6, in Evang.
¿Qué extraño es que le permitiese conducirle a
un monte, cuando sufrió que lo crucificasen los suyos?
Teofilacto.
Mas ¿cómo le mostró todos los reinos de la tierra?
Algunos dicen que se los mostró en la mente; pero yo digo
que se los hizo aparecer de una manera sensible y fantástica.
Tito Bostrense, in Cat. graec. Patr.
O describió el orbe con palabras, y se lo representó
a su pensamiento como cierta casa, según le parecía.
San Ambrosio.
Se muestran bien en un momento de tiempo los reinos seculares
y terrenos, porque así se expresa la fragilidad pasajera
del poder, más rápida que una mirada. Pues todas las
cosas pasan así en un momento, y con frecuencia la gloria
del mundo desaparece más pronto que viene.
Continúa: "Y le dice: Te daré
toda esta potestad".
Tito Bostrense, ut sup.
Mintió en ambas cosas: ni la tenía, ni podía
dar aquello de que carecía. De nadie tiene potestad, sólo
es adversario abandonado al combate.
San Ambrosio.
Léese en otra parte: "Toda potestad viene de Dios" (Rom
13,1). Así la ordenación de las potestades viene de
Dios; la ambición de la potestad, del mal; y no es que la
potestad sea mala, sino que lo es el que usa mal de la potestad.
¡Cómo! ¿Es bueno usar de la potestad y buscar la gloria?
Sí, cuando se recibe, no cuando se usurpa. Distingue, sin
embargo, este mismo bien: el uno es bueno en el mundo, el otro en
el servicio de la perfecta virtud. Bueno es buscar a Dios, bueno
es no impedir con ocupaciones el deseo de conocer la divinidad.
Mas si aquel que busca a Dios es tentado muchas veces por la fragilidad
de la carne y la ignorancia del espíritu, ¿cuánto
más lo será el que busca el mundo y se expone a la
tentación? Aprendamos, pues, a despreciar la ambición,
que está sujeta al poder del diablo.
Tito Bostrense.
Por otra parte, el favor público tiene en sí mismo
peligros. Sirve primero para dominar a los otros; se encorva servilmente
para recibir honor y cuando quiere ser más grande, se hace
más vil con fingida humildad, de donde añade: "Si
me adorares", etc.
San Cirilo, in Cat. graec.
¿Cómo tú, cuya suerte es una llama inextinguible,
prometes al Señor de todas las cosas lo que es suyo? ¿Pensaste
recibir culto (o adoración) del que todo lo hace temblar
de miedo?
Orígenes, in Lucam hom. 30.
O en otro sentido diferente. Son dos reyes que quieren reinar
a porfía: el diablo, rey del pecado, sobre los pecadores;
y Cristo, rey de la justicia, sobre los justos. El diablo, sabiendo
que Cristo ha venido para quitarle su reino, le muestra todos los
reinos del mundo. No el reino de los medos o el de los persas, sino
su reino. Y como él reina en el mundo -esto es, como los
unos son gobernados por la fornicación, los otros por la
avaricia- le hace ver en un momento, esto es, en la duración
del tiempo presente, qué es lo que obtiene, y lo pone en
paralelo con la eternidad. No necesitaba el Salvador que le mostrase
por más tiempo el estado de este mundo, sino que apenas levantó
los ojos para contemplarlo, vio el reino del pecado y los que eran
gobernados por los vicios. Entonces el diablo le dijo: ¿Viniste
a disputarme el imperio? Adórame y toma el reino que tengo.
Mas el Señor quiere reinar; pero con la justicia, sin pecado.
Quiere que las naciones le estén sometidas, para que sirvan
a la verdad. No quiere reinar sobre los otros, de modo que el diablo
reine sobre El, de donde se sigue: "Jesús le respondió:
Está escrito: Adorarás al Señor tu Dios", etc.
Beda.
El diablo, diciendo al Salvador: "Si postrándote me adoras",
oye, por el contrario, que él mismo debe más bien
adorarle como su Señor y su Dios.
San Cirilo, in Thesauro.
¿Cómo puede ser adorado si, según los herejes,
es hijo de criatura? ¿Qué crimen se imputaría a aquellos
que sirvieran a la criatura y no al Creador, si adoramos al Hijo
(simple criatura según ellos), como a Dios?
Orígenes, ut sup.
O de otro modo, quiero (dice) que todos estos me sean sometidos,
para que adoren al Señor Dios, y sólo a El sirvan.
Tú quieres que dé el ejemplo del pecado, Yo, que he
venido a destruirlo.
San Cirilo, in Cat. graec.
Este mandato le tocó en lo más íntimo.
Antes de su venida, el demonio había sido adorado en todas
partes, mas la ley divina, arrojándolo del dominio usurpado,
estableció la adoración de sólo Aquel que es
Dios por naturaleza.
Beda.
Se preguntará cómo ese precepto (de servir sólo
a Dios) puede conciliarse con las palabras del Apóstol, que
dice: "Tened un culto de caridad los unos para los otros" (Gál
5,13); pero en el griego dulía douleia significa un culto
común -esto es, tributado ya a Dios, ya al hombre-; latría
latreia se llama el culto que es debido a la divinidad. Por lo tanto,
por la caridad somos exhortados a servirnos los unos a los otros,
lo que en griego se llama douleuein y somos exhortados a servir
sólo a Dios, lo que en griego se llama latreuein: por lo
que se dice: "Y a El solo servirás", que se dice en griego
latreueiV.
San Ambrosio.
Sigue el dardo de la jactancia con el que se precipita en la
pendiente, porque cuando los hombres quieren enorgullecerse con
la gloria de su virtud, caen al punto del rango y grado de sus méritos,
por lo quese dice: "Y le llevó a Jerusalén", etc.
Orígenes, in Lucam hom. 31.
Seguía tranquilo como un atleta, marchando espontáneamente
a la tentación, y diciendo de algún modo: "Condúceme
a donde quieras, y me hallarás más fuerte en todas
partes".
San Ambrosio.
Es propio de la jactancia que todo el que quiera elevarse usurpando
funciones más altas, caiga en la degradación, de donde
sigue: "Y le dijo: Si eres Hijo de Dios, arrójate de aquí
abajo", etc.
San Atanasio, in Cat. graec. Patr.
El diablo no entabló combate contra la Divinidad (no
se atrevía. Por eso le decía: Si eres Hijo de Dios),
pero lo entabló contra el hombre, a quien en otro tiempo
había podido seducir.
San Ambrosio.
Verdaderamente que ésta es voz diabólica, que
así tiende a precipitar al hombre de la altura de sus méritos,
al mismo tiempo que nos revela su enfermedad y su malicia; porque
a ninguno puede dañar, si él no se precipita. Pues
el que prefiere las cosas de la tierra a las del cielo, cae en cierto
precipicio voluntario con peligro de la vida. Cuando el diablo,
que había sujetado a todos los hombres a su propia potestad,
vio su arma roma, empezó a juzgarle más que hombre.
Se trasfigura a veces Satanás en ángel de luz, y se
sirve de las Sagradas Escrituras para preparar emboscadas a los
fieles, de donde sigue: "Está pues, escrito", etc.
Orígenes, ut sup.
¿Como sabes tú, diablo, que eso está escrito?
¿Acaso leíste los profetas y los divinos oráculos?
Sí que los leíste, no para hacerte mejor con su lectura,
sino para matar con la simple letra a los que de la letra son amigos.
Sabes que no podrías engañar si hablaras de otro modo
que esos libros sagrados.
San Ambrosio.
Luego no te dejes sorprender de los herejes, que pueden citar
algunos testimonios de las Escrituras; pues también el diablo
se sirve de testimonios de las Escrituras, no para enseñar,
sino para engañar.
Orígenes, ut sup.
Observa que hasta en la cita de los testimonios es tergiversador.
Quiere disminuir la gloria del Salvador como si necesitase el auxilio
de los ángeles, lastimándose el pie, si no lo levantasen
con las manos. Este testimonio no se escribió de Cristo,
sino de los santos en general. Ni él necesita del auxilio
de los ángeles, porque es mayor que ellos. Aprenda más
bien, diablo, que los mismos ángeles se harían daño
en el pie, si Dios no los ayudase, y así es como tú
mismo te hiciste daño, porque no quisiste creer en Jesucristo,
Hijo de Dios. ¿Por qué callas lo que sigue: "Y marcharás
sobre el áspid y el basilisco", sino porque tú eres
el basilisco, tú el dragón, tú el león"?
(Sal 90,13).
San Ambrosio.
Mas el Señor, para demostrar que lo que había
predicho El no se cumplía por la voluntad del diablo, sino
guardado por autoridad de su propia divinidad, sale al encuentro
de la malicia del diablo, para vencerlo con testimonios de las Escrituras,
por lo mismo que le había citado uno de ellos, de donde sigue:
"Y respondiendo Jesús, le dijo: Dicho está: No tentarás
al Señor", etc.
Crisóstomo, in Cat. graec.
Patr., ex hom. ad Hebr.
Diabólico es arrojarse a los peligros y tentar si libra
Dios de ellos.
San Cirilo, in Cat graec.
Dios da su auxilio a los que creen en El, no a los que lo tientan,
por eso Jesucristo no mostraba milagros a los que lo tentaban, sino
que les decía (Mt 12,39): "Esta mala raza pide un signo,
y no se le dará".
Crisóstomo, in Cat. graec.
Patr. ex hom. in Math.
Mira cómo el Señor no se turbó, sino que
disputa humildemente con el inicuo acerca de las Escrituras, para
que te conformes con Cristo en lo que puedas. Conoce el diablo las
armas con las que le venció Jesucristo; con la mansedumbre
luchó, con la humildad le venció. Tú también
cuando vieres a un hombre, hecho un diablo, venir contra ti, lo
vencerás del mismo modo. Que tu alma aprenda a conformar
sus palabras con las de Jesucristo; porque del mismo modo que el
juez romano, sentado en su tribunal, no escucha la respuesta del
que no sabe hablar como él, tampoco Jesucristo te escuchará
ni asistirá si no hablas como El.
San Gregorio Niceno.
El que pelea con valor, llega al término de sus combates,
o porque el adversario cede espontáneamente al vencedor,
o porque a la tercera derrota deponga las armas, según las
leyes de la guerra. Por lo que sigue: "Concluidas las tentaciones,
se retiró", etc.
San Ambrosio.
No hubiese dicho la Sagrada Escritura: "Concluida toda tentación",
si en las tres precedentes no estuviese la materia de todos los
delitos, porque las causas de las tentaciones son causas de los
apetitos, a saber, el deleite de la carne, la esperanza de la gloria,
la codicia del poder.
San Atanasio.
Habíase acercado a El el enemigo, como a un hombre; mas
no hallando en El los signos de su antiguo veneno, se retiró.
San Ambrosio.
Ves como el diablo no es pertinaz en su propósito, sino
que cede a la verdadera virtud; y si no cesa de aborrecer, teme
insistir, porque rehusa ser vencido frecuentemente. Y así,
oído el nombre de Dios, se retiró (dice) hasta el
tiempo en el que no vendría a tentar, sino a combatir abiertamente.
Teofilacto.
O porque lo había tentado en el desierto acerca de la
voluntad, se retiró de El hasta el tiempo de la cruz, en
el que le tentaría con tristeza.
Máximo, in Cat. graec. Patr.
O porque el diablo, en el desierto, había sugerido a
Cristo preferir la materia del mundo al divino amor, y el Señor
le mandó retirarse (lo cual era indicio de divino amor);
así después trató de hacerle violar el amor
al prójimo, y por eso provocaba a los fariseos y escribas
para que le tendiesen asechanzas, mientras los instruía,
a fin de inclinarle a aborrecerlos; mas el Señor, en virtud
del amor que les tenía, les advertía, los reprendía
y no cesaba de hacerles bien.
San Agustín, De cons. Evang.,
lib. 2, cap. 16.
San Mateo cuenta todo esto igualmente, pero no con el mismo
orden, de donde resulta incierto qué es lo primero que se
hizo, si se le mostraron primero los reinos de la tierra y después
fue llevado al pináculo del templo, o si esto aconteció
antes y aquello después. Nada importa esto, toda vez que
es manifiesto que ambas cosas sucedieron.
Maximus, ut sup.
Por esto, pues, uno de los evangelistas antepone ésta
y el otro aquélla, porque la vanagloria y la avaricia se
engendran mutuamente.
Orígenes, in Lucam homil.
29.
Mas San Juan, que había empezado desde Dios, diciendo:
"En el principio era el Verbo" (Jn 1,1), no describió la
tentación del Señor, porque Dios, de quien quería
hablar especialmente, no puede ser tentado. Por el contrario, los
Evangelios de San Mateo y San Lucas tratan especialmente de la generación
humana, y San Marcos de la humanidad, que puede ser tentada; por
eso San Mateo, San Lucas y San Marcos describieron la tentación
del Señor.
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