Comentarios al Evangelio del Lunes II de Cuaresma

Lc 6,36-38

«Sed, pues, misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. Y no juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis y no seréis condenados. Perdonad, y seréis perdonados. Dad, y se os dará. Buena medida, y apretada, y remecida y colmada darán en vuestro seno. Porque con la misma medida con que midiereis se os volverá a medir».

San Ambrosio.
Tal es la recompensa de la misericordia, que da el derecho de la adopción divina. Pues sigue: "Y seréis hijos del Altísimo". Practica, pues, la misericordia para que merezcas la gracia. Inmensa es la benignidad de Dios: llueve sobre los ingratos; y la tierra fecunda no rehusa sus frutos a los malos. Por lo que prosigue, "Porque El es benigno para los ingratos y malos".

Beda.
Ya repartiendo los bienes temporales, ya inspirando los celestiales con singular gracia.

San Cirilo.
Grande es, pues, el premio de la piedad; porque esta virtud nos hace semejantes a Dios, e imprime en nuestras almas como un sello de la naturaleza sublime. Por lo que sigue: "Sed misericordiosos, como lo es vuestro Padre celestial".

San Atanasio, orat. 4 contra Arian.
Lo dice con el fin de que -conociendo nosotros sus beneficios- hagamos nuestras buenas obras, no por los hombres, sino por Dios; por cuanto no debemos esperar el premio de los hombres, sino de Dios.

San Ambrosio.
Añade el Señor que no debemos juzgar temerariamente, con el fin de que conociendo tu propio delito, no te atrevas a dar tu parecer sobre otro. Por lo que dice: "No juzguéis".

Crisóstomo in Mat. hom. 24.
No juzgues a los que te preceden, esto es, el discípulo al maestro, el pecador al inocente, a quienes no se debe reprender, sino aconsejar y corregir con caridad; tampoco debe juzgarse sobre las cosas inciertas y de poca importancia que no tienen ni apariencia de pecados, o que no son graves ni están prohibidas.

San Cirilo.
Apacigua aquí la pésima pasión de nuestras conciencias, o de nuestro espíritu, que es el principio y el origen del soberbio desprecio, pues aunque conviene que algunos sean circunspectos y hablen como Dios desea, no lo hacen así, sino que censuran la conducta ajena; y cuando ven que algunos obran mal, olvidándose de sus propios defectos, murmuran de ellos.

Crisóstomo.
Y difícilmente se encontrará alguno -ni padre de familia, ni religioso- que no incurra en este error; son también éstas, insidias de tentación diabólica, porque el que se ocupa en juzgar los defectos ajenos con severidad, nunca se hará acreedor al perdón de sus propios pecados; por lo que dice: "Y no seréis juzgados". Así como el piadoso y manso reprime el temor de los pecados, así el severo y cruel lo aumenta con sus propios crímenes.

San Gregorio Niceno.
No pronunciéis vuestra sentencia sobre vuestro siervo con acritud, para que no sufráis un castigo semejante; el juicio provoca una condenación más rigurosa. De donde prosigue: "No condenéis y no seréis condenados". No prohibe, por tanto, el juicio en el perdón.

Beda.
En esta breve sentencia, condensa todo lo que había mandado hacer respecto de los enemigos, y concluye diciendo: "Perdonad y seréis perdonados". En lo cual nos manda perdonar las injurias y dispensar beneficios, para que se nos perdonen los pecados, y se nos conceda la vida eterna.

San Cirilo.
Que recibiremos una recompensa abundante de Dios -que da con largueza a los que le aman- lo demuestra añadiendo: "Buena medida, y apretada, y remecida, y colmada darán en vuestro seno".

Teofilacto.
Como diciendo: Así como cuando quieres medir la harina sin tasa, llenas la medida grande y dejas que se derrame, así el Señor la dará en vuestro seno.

San Agustín, de quaest. evang. 2,8.
Dice, pues, darán, porque sus discípulos recibirán la recompensa celestial por los méritos de aquellos a quienes hayan dado siquiera un vaso de agua en su nombre. Sigue: "Porque con la misma medida con que midiereis, se os medirá".

San Basilio.
Con la misma medida con que cada uno de vosotros mide a los demás, obrando bien, o pecando, con la misma llevará los premios a los castigos.

Teofilacto.
Alguno que sea sutil, preguntará: Si se da con sobreabundancia, ¿cómo puede ser la misma medida? A lo cual contestamos que no dijo: Se os dará la misma medida, sino en la misma medida. Hará bien al que hizo bien, lo cual significa ser medido con la misma medida. Pero dice medida sobreabundante, porque le hará mil veces más de bien. Así en el juicio: el que juzga y es juzgado después, recibe la misma medida; mas como será juzgado más severamente que lo que él juzgó a sus semejantes, la medida será en eso sobreabundante.

San Cirilo.
Esto lo explica el Apóstol diciendo: "El que siembra poco (esto es, con mano avara), segará poco (esto es, no con abundancia), y el que siembra en bendiciones, segará también en bendiciones" (2Cor 9,6) (esto es, en abundancia). Y si alguno no tiene, si no siembra, no peca. Se acepta el que tiene, no en el que carece.

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