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Comentarios
al Evangelio del Jueves II de Cuaresma
Lc 16,19-31
"Había
un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino
finísimo y cada día tenía convites espléndidos.
Y había allí un mendigo llamado Lázaro, que
yacía a la puerta del rico, lleno de llagas. Deseando hartarse
de las migajas que caían de la mesa del rico, y ninguno se
las daba: mas venían los perros y le lamían las llagas.
"Y aconteció
que cuando murió aquel pobre, lo llevaron los ángeles
al seno de Abraham. Y murió también el rico, y fue
sepultado en el infierno. Y alzando los ojos cuando estaba en los
tormentos, vio de lejos a Abraham y a Lázaro en su seno.
Y él, levantando el grito, dijo: Padre Abraham, compadécete
de mí y envía a Lázaro, que moje la extremidad
de su dedo en agua para refrescar mi lengua, porque soy atormentado
en esta llama. Y Abraham le dijo: Hijo, acuérdate que recibiste
tú bienes en tu vida, y Lázaro también males;
pues ahora él es aquí consolado y tú atormentado.
Fuera de que hay una sima impenetrable entre nosotros y vosotros:
de manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros
no pueden, ni de ahí pasar acá. Y
dijo: Pues te ruego, Padre, que lo envíes a casa de mi padre.
Porque tengo cinco hermanos, para que les de testimonio; no sea
que vengan ellos también a este lugar de tormentos. Y Abraham
le dijo: Tienen a Moisés y a los profetas, óiganlos.
Mas él dijo: No, padre Abraham; mas si alguno de los muertos
fuere a ellos, harán penitencia. Y Abraham le dijo: Si no
oyen a Moisés y a los profetas, tampoco creerán, aun
cuando alguno de los muertos resucitare.
Beda.
Había
advertido el Señor que nos granjeásemos amigos con
las riquezas de la iniquidad y los fariseos que lo habían
oído se reían de El. Pero después les confirma
lo que había predicado por medio de un ejemplo, diciendo:
"Había un hombre rico", etc.
Crisóstomo,
hom. de divite, ex Luca.
Era,
no es, porque pasó como una sombra que huye. No toda pobreza
es santa, ni todas las riquezas son pecaminosas, pero así
como la lujuria deshonra las riquezas, así la santidad recomienda
la pobreza.
Prosigue: "Que
se vestía de púrpura y de lino finísimo".
San Ambrosio.
La
púrpura tiene el color de manto real y sale de las conchas
marinas abiertas con hierro. La gasa es una especie de lino blanco
muy delicado.
San Gregorio,
in Evang hom. 40.
Si
no fuese una falta el abuso de los vestidos finos y preciosos, nunca
la palabra de Dios se hubiese ocupado de ellos. Ninguno se pone
vestidos preciosos sino por vanidad y por aparecer más digno
de consideración que los demás y ninguno gusta de
ponerse vestidos preciosos cuando ha de ir a donde no pueda ser
visto de nadie.
Crisóstomo,
hom. de divite, ex Luca.
Encubría
la ceniza, el polvo y la tierra con la púrpura y la seda.
O lo que es lo mismo: la ceniza, el polvo y la tierra llevaban la
púrpura y la seda. Según son sus vestidos así
son las comidas. Lo mismo sucede con nosotros. Las comidas corresponden
a los vestidos. Por ello sigue: "Y cada día tenía
banquetes espléndidos".
San Gregorio,
Moralium 1, super Iob 1,5.
En
lo que se debe ver claramente que apenas pueden celebrarse banquetes
sin incurrir en culpa, porque siempre se mezcla en ellos la voluptuosidad,
porque cuando el cuerpo se entrega a los placeres de la mesa, el
corazón experimenta una alegría desordenada.
Prosigue: "Y
había allí un mendigo llamado Lázaro".
San Ambrosio.
Esto
parece más bien una historia que una parábola, porque
se expresa el nombre.
Crisóstomo,
ut sup.
Hay
parábola cuando se pone un ejemplo y se callan los nombres.
Lázaro quiere decir el que es ayudado, porque era un pobre
y Dios le favorecía.
San Cirilo.
Este
relato del rico y de Lázaro se ha escrito a modo de parábola
para que se vea que los que abundan en riquezas terrenas, se hacen
reos de una gran condena si no quieren socorrer las necesidades
de los pobres. Refiere la tradición de los judíos
que había entonces en Jerusalén un tal Lázaro,
sumamente afligido por la pobreza y por la enfermedad, de quien
hace mención el Señor poniéndolo por ejemplo
para mejor comprensión de su discurso.
San Gregorio,
in Evang hom. 40.
También
debe advertirse que entre el pueblo son más conocidos los
nombres de los ricos que los de los pobres, pero el Señor
no cita el nombre del rico, sino el del pobre, porque el Señor
conoce y ama a los humildes y desconoce a los soberbios. Para probar
mejor al pobre, le embargaron a la vez la pobreza y la enfermedad.
Prosigue: "Que yacía a la puerta del rico, cubierto de llagas".
Crisóstomo,
ut sup.
Estaba
recostado a la puerta para que el rico no dijese: yo no lo he visto,
nadie me lo ha anunciado. Lo veía ir y venir y estaba cubierto
de llagas para dar a conocer en su cuerpo la crueldad del rico.
¡Oh el más infeliz de todos los hombres, que ves el cuerpo
moribundo de tu semejante tendido delante de tu puerta y no te compadeces!
Si no respetas los mandatos del Señor, compadécete
al menos de tu naturaleza y teme no vengas tú a parar a lo
mismo. La enfermedad encuentra algún consuelo cuando hay
riquezas. Pero ¿cuánta pena hay en aquel que, hecho su cuerpo
una llaga, no siente tanto sus dolores como su hambre? Prosigue:
"Deseando hartarse de las migajas", etc. Como diciendo: al menos
da de limosna lo que tiras de tu mesa y haz en vez de un daño,
una ganancia.
San Ambrosio.
Lo
que sigue da a conocer la insolencia y la vanidad de los ricos por
señales evidentes. Dice pues: "Y ninguno se las daba". Y
de tal modo se olvidan de la condición humana, que, como
si fueran de una naturaleza superior, encuentran en las miserias
de los pobres un incentivo a su voluptuosidad y se burlan del indigente,
insultan al necesitado y despojan a aquellos de quienes se debe
tener compasión.
San Agustín,
De verb. Dom. serm. 25.
Porque
la insaciable avaricia de los ricos no teme a Dios, ni respeta al
hombre, ni perdona al padre, ni guarda fidelidad al amigo; oprime
a la viuda y se apodera de los bienes del huérfano.
San Gregorio,
ut sup.
Además,
el pobre veía que el rico salía rodeado de aduladores
mientras él por nadie era visitado en su enfermedad y en
su pobreza. Que ninguno iba a visitarlo lo demuestran los perros
que lamían sin obstáculo sus heridas. Sigue "Mas venían
los perros y le lamían las llagas".
Crisóstomo,
ut sup.
Las
llagas, que ningún hombre se dignaba lavar ni tocar, eran
lamidas por un animal compasivo.
San Gregorio,
ut sup.
De
este modo ejerce Dios omnipotente dos juicios en uno, cuando permitió
que el pobre Lázaro estuviese tendido a la puerta del rico.
Porque el rico impío aumenta el castigo de su condenación,
mientras que el pobre, en la prueba, aumenta su derecho al premio;
Pues aquél veía todos los días a quien debía
compadecer y éste veía a quién ponía
a prueba su virtud.
Crisóstomo,
in hom. de divite, ex Luca.
Hemos
escuchado lo que pasó a uno y otro en esta vida. Veamos ahora
su suerte en la otra. Lo que fue temporal ya pasó, pero lo
que sigue es eterno. Uno y otro murieron: el pobre es recibido por
los ángeles, el rico lanzado a la pena eterna. Dice pues:
"Y aconteció que cuando murió aquel pobre, le llevaron
los ángeles", etc. Tantas penas se mudaron de repente en
inefables delicias. Es llevado después de tantos trabajos,
porque ya se encontraba desfallecido y no pudiendo andar era llevado
por los ángeles. No era bastante un sólo ángel
para llevar al pobre, sino que vienen muchos formando un coro de
alegrías, y cada uno de aquellos ángeles se alegraba
de llevar aquella carga, como siempre que llevan la de los hombres
destinados al cielo. Fue llevado al seno de Abraham para que descansara
y se reanimara en él. El seno de Abraham es el paraíso.
Los ángeles, pues, sirvieron y llevaron al pobre y le colocaron
en el seno de Abraham. Porque aunque había vivido despreciado
no se había desesperado, ni blasfemó diciendo: Este
rico goza viviendo en la opulencia y no padece tribulación,
pero yo no puedo alcanzar el alimento necesario.
San Agustín,
De orig. an. 4,16.
Si
se cree que el seno de Abraham es corpóreo, temo que no se
tome en serio cosa de tanta importancia, porque no es posible creer
que el seno de un hombre pueda contener tantas almas y aún
tantos cuerpos (hablando en términos materiales) como los
ángeles llevan allí según llevaron a Lázaro,
a no ser que se crea que únicamente su alma fue la que mereció
ser conducida allí. Si no se quiere caer en un error pueril,
se ha de entender por seno de Abraham el lugar remoto y misterioso
del descanso, en donde está Abraham. Por esto se llama de
Abraham, no porque sea únicamente de él, sino porque
es el padre de mucha gente y ha sido propuesto como el modelo de
fe que debemos imitar.
San Gregorio
In Matthaeu, in Evang hom. 40.
En
tanto, pues, que existían en el mundo los dos corazones,
esto es, el del pobre y el del rico, los contemplaba de lo alto
el juez que ejercitaba al pobre para ganar la gloria y soportando
al rico, aguardaba su desgracia. Prosigue: "Y murió también
el rico".
Crisóstomo,
serm. 2 de Lazaro.
Entonces
murió según el cuerpo, pero su alma estaba ya muerta,
porque no hacía nada que fuese propio del alma. Porque todo
el fervor que nace del amor al prójimo había expirado
en ella y estaba aun más muerta que el cuerpo. Y no se dice
que hubo nadie que sepultase al rico como a Lázaro. Porque
después de haber marchado durante su vida por un camino florido
rodeado de muchos y obsequiosos aduladores, cuando llegó
a su fin quedó privado de todos. Sencillamente, pues, prosigue:
"Y fue sepultado en el infierno". Pero también su alma cuando
vivía estaba sepultada y hundida en su cuerpo como en un
sepulcro.
San Agustín,
De quaest. Evang. 2,38.
La
sepultura del infierno es lo profundo de las penas, que devoran
a los soberbios y a los faltos de caridad después de esta
vida.
San Basilio.
Es
el infierno cierto lugar común en el fondo de la tierra,
oscurecido y opaco por todas partes, el cual tiene un orificio que
lleva hasta lo profundo, por el que tienen su descenso las almas
condenadas a los tormentos1.
Crisóstomo.
Y
así como las cárceles de los reyes se encuentran fuera
de las poblaciones, también el infierno se encuentra fuera
del mundo, por lo que se llama tinieblas exteriores.
Teofilacto.
Dicen
algunos que el infierno es el tránsito de lo visible a lo
invisible y a la deformidad del alma, porque todo el tiempo que
el alma del pecador subsiste en el cuerpo es visible por sus acciones,
pero cuando sale del cuerpo se hace deforme.
Crisóstomo,
ut sup.
Así
como era mayor la pena del pobre cuando estaba tendido ante la puerta
del rico y veía los bienes ajenos, así después
de muerto el rico aumentaba su tormento el ver desde el infierno,
donde estaba tendido, la alegría de Lázaro. No sólo
sentía la naturaleza de aquellos tormentos, sino el suplicio
más intolerable, que le causaba la vista de la gloria de
Lázaro. Prosigue: "Y alzando los ojos", etc.
Crisóstomo.
Alzó,
sí, los ojos para verlo, en vez de bajarlos, porque Lázaro
estaba arriba y él abajo, y si muchos ángeles llevaban
a Lázaro, infinidad de tormentos afligían al rico.
Por esto no dice: "Estando en el tormento", sino en los tormentos,
porque todo él se encontraba en ellos. Unicamente le quedaban
libres los ojos para que pudiera ver la alegría del pobre.
De modo que le quedan libres los ojos para que se atormente más,
porque no tiene lo que el otro tiene, pues las riquezas de los demás
son un tormento para los que viven en la pobreza.
San Gregorio.
Si
Abraham no estuviese todavía en aquellos abismos, el rico,
entre los tormentos, no podría verlo. Los que han seguido
los caminos de la patria celestial han sido depositados después
de su salida de la carne en el seno del infierno, no para sufrir
un castigo como pecadores, sino para que descansen en aquellos remotos
lugares (puesto que aún no había llegado la intercesión
del Mediador), en tanto que les impedía la entrada en el
cielo la mancha de la culpa original.
Crisóstomo
hom. 4 in Epist. ad Phil.
Había
muchos pobres entre los justos, pero aquel que había estado
tendido a la puerta del rico se ofreció a su vista para aumentar
su aflicción. Sigue pues: "Y a Lázaro en su seno".
Crisóstomo,
ut sup.
De
aquí se deduce que todos aquellos que han sido ofendidos
por nosotros, se presentarán en su día a nuestra vista.
Pero el rico no ve a Lázaro con otro justo, sino en el seno
de Abraham, porque éste era caritativo y aquél estaba
acusado de crueldad. El uno sentado a su puerta esperaba a los viajeros
y los hacía entrar en su casa; el otro rechazaba a los que
le pedían asilo.
San Gregorio,
in Evang hom. 40.
El
que siendo demasiado rico no quiso compadecerse del pobre, sumido
en su tormento le busca por protector.
Teofilacto.
No
dirige su súplica a Lázaro, sino a Abraham, porque
quizás se avergonzaba y creía que Lázaro se
acordaría de sus males, juzgándolo con arreglo a sí
mismo. Por esto sigue: "Y él, levantando el grito, dijo".
Crisóstomo.
Las
grandes penas hacen que esfuerce la voz. "Padre Abraham", como si
dijese: "Te llamo padre, según la naturaleza, como el hijo
que perdió su fortuna, aun cuando te he perdido como padre
por culpa mía, compadécete de mí". En vano
haces penitencia cuando no ha lugar a ella. Los tormentos son los
que te obligan a hacerla y no los sentimientos de tu alma. No sé
si el que se encuentra en el reino de los cielos puede compadecerse
del que está en el infierno. El Creador se compadece de sus
criaturas. Un solo médico vino para curar las enfermedades,
porque otros no habían podido. "Envía a Lázaro".
Te equivocas, miserable: Abraham no puede enviar a nadie, sino recibir.
"Para que moje la extremidad de su dedo en agua". No te dignabas
mirar a Lázaro y ahora deseas la punta de su dedo. Esto que
pides debías haberlo hecho con él cuando aún
vivía. Deseas agua cuando antes te cansabas de los manjares
más exquisitos. Ve aquí lo que es la conciencia del
pecador, que no se atreve a pedir todo el dedo. En esto debemos
aprender lo conveniente que es no confiar en las riquezas. He aquí
un rico que necesita de un pobre que en otro tiempo tenía
tanta hambre. Se mudan las cosas y se da a conocer a todos quién
era el rico y quién era el pobre, porque así como
en los teatros, cuando todo se acaba y los que representan se retiran
y se desnudan el traje, los que antes parecían reyes o pretores
aparecen ahora tal y como son con todas sus miserias. Del mismo
modo, cuando viene la muerte y se concluye el espectáculo
de esta vida, depuestos los disfraces de la pobreza y de las riquezas,
sólo por las obras se juzga quiénes son verdaderamente
ricos y quiénes pobres, quiénes dignos y quiénes
indignos de gloria.
San Gregorio,
ut sup.
Este
rico, pues, que no quiso dar al pobre llagado ni aun las migajas
de su mesa, dentro ya del infierno, llega a buscar hasta lo más
pequeño. Porque pidió una gota de agua, cuando no
quiso dar las migajas de su mesa.
San Basilio.
Digno
castigo, pues, el que se dio a aquel rico: el fuego y la pena del
infierno, la lengua seca, los gemidos en vez de la lira armoniosa.
En vez de bebida, una sed abrasadora. Profundas tinieblas en vez
de grandes y lascivos espectáculos, y un gusano siempre despierto
en vez de una adulación constante. Por esto sigue: "Para
refrescar mi lengua, porque soy atormentado en este fuego".
Crisóstomo,
hom. 2 in Epist. ad Phil.
No
era atormentado porque había sido rico, sino porque no había
sido compasivo.
San Gregorio,
ut sup.
De
aquí debe deducirse la pena que merece el que malgasta lo
ajeno, siendo así que sufre las penas del infierno el que
no da lo suyo.
San Ambrosio.
Es
atormentado también, porque es un gran sufrimiento para el
lujurioso el carecer de sus delicias y el agua es el refrigerio
del alma atormentada por los dolores.
San Gregorio,
ut sup.
Pero
¿por qué en medio de los tormentos en que está sumido
desea refrescar su lengua, sino porque el que había pecado
por su locuacidad en sus festines, sufría en su lengua un
fuego más intenso para pagar lo que debía? Y es así
que es mayor la intemperancia de la lengua en los festines.
Crisóstomo.
También
su lengua había hablado muchas palabras soberbias y donde
hay pecado allí hay pena, y porque pecó mucho con
la lengua, fue más atormentado en ella.
San Agustín,
De quaest. Evang. 2,38.
Quiere
refrigerar su lengua, cuando todo él está ardiendo
en la llama, significando así lo que está escrito
(Prov 18,21): "La muerte y la vida están en manos de la (propia)
lengua, porque por medio de la boca se hace la confesión
para obtener la salvación" (Rom 10,10), lo que no hizo él
por soberbia. La extremidad del dedo significa la más pequeña
operación, con que ayuda el Espíritu Santo.
San Agustín,
De orig. an. 2,16.
Se
dirá que aquí se dan miembros al alma, pues habiendo
dicho que levantó los ojos, el ojo supone toda la cabeza,
la lengua supone las fauces y el dedo la mano. Pero ¿por qué
razón estos nombres de miembros, respecto de Dios no nos
hacen creer que tenga cuerpo, y han de hacernos creer que los tenga
el alma? ¿Acaso se deberán tomar al pie de la letra cuando
se habla de la criatura y en sentido metafórico cuando se
habla del Creador? Habrá de darnos también alas corporales,
porque no el Creador, sino la criatura (esto es, el hombre), dice
con el Salmista (Sal 138,9): "Si tomase mis alas al amanecer". Además,
si aquel rico tuvo lengua corporal, puesto que dijo: "Refrigera
mi lengua", la misma lengua debe tener manos corpóreas para
nosotros en esta vida, puesto que está escrito (Prov 18,21):
la muerte y la vida está en manos de la lengua.
San Gregorio
Niceno.
Así
como los mejores espejos reproducen las imágenes que se colocan
delante, imprimiendo en sus facciones la alegría o la tristeza
que las anima, así también el justo juicio de Dios
se hace semejante a nuestras disposiciones. Por ello el rico que
no se compadeció del pobre tendido a su puerta, no es oído
cuando necesita de misericordia. Sigue pues: "Y Abraham le dijo:
hijo".
Crisóstomo,
serm. 2 et 3 De Lazaro.
He
aquí la bondad del patriarca. Lo llama hijo -lo que puede
expresar su mansedumbre- y sin embargo no presta ningún auxilio
al que se había privado de consuelo a sí mismo. Por
esto dice: "Acuérdate", es decir piensa en lo pasado y no
te olvides que fuiste colmado de riquezas y "que recibiste bienes
en tu vida", esto es, aquellos que tú creías verdaderos
bienes. No puedes haber reinado en la tierra y reinar aquí;
las riquezas no pueden ser verdaderas en la tierra y en el infierno.
Prosigue: "Y Lázaro también males", no porque Lázaro
los consideraba como males, sino que le decía esto para censurar
al rico que consideraba como males la miseria, el hambre y las molestias
de la enfermedad. Cuando nos aflige la gravedad de una enfermedad,
pensemos pues en Lázaro y recibamos con gusto los males de
esta vida.
San Agustín,
De quaest. Evang. 2,38.
Todo
esto se le dice porque amó los goces del siglo, no estimando
otra vida fuera de aquella en que se satisfacía su orgullo.
Dice que Lázaro ya había sufrido los males, porque
comprendió que la mortalidad de esta vida, los trabajos,
los dolores y las tristezas, son consecuencia del pecado, ya que
todos morimos en Adán, el cual se hizo mortal por su desobediencia.
Crisóstomo,
serm. 3 De Lazaro.
Dice
también: "Has recibido bienes en tu vida", como paga. Como
si dijese: Si has hecho algo bueno que merezca premio, todo se te
ha pagado en el mundo con los festines, las riquezas y la prosperidad
de tus negocios. Este, en cambio, si hizo algo malo, todo lo ha
pagado con la pobreza, el hambre y las extremas miserias con que
fue afligido. Uno y otro habéis venido aquí desnudos:
éste de sus pecados, por lo que recibe el consuelo; tú
de la justicia, por lo que sufres una pena que no puede mitigarse.
Prosigue: "Pues ahora es él aquí consolado y tú
atormentado".
San Gregorio,
in Evang hom. 40.
Por
tanto, si os sucede algo próspero cuando os acordéis
de haber obrado bien, temed que la prosperidad que se os concede
no sea remuneración del bien que habéis hecho. Y cuando
veáis que algunos pobres hacen obras dignas de reprensión,
aun cuando se manchan con este ligero resto de corrupción,
se purifican por medio de la pobreza.
Crisóstomo,
ut sup.
Pero
dirás: ¿Y no habrá alguno que alcance gracia aquí
y allí? Esto es difícil y pertenece al número
de los imposibles, porque cuando la pobreza no aflige, aflige la
ambición; si la enfermedad no estimula, inflama la ira; y
si las tentaciones no asedian, asaltan muchas veces los malos pensamientos.
No es pequeño trabajo refrenar la ira, contener los deseos
ilícitos, templar las manifestaciones de la vanagloria, cohibir
el fausto o la soberbia y llevar una vida austera. Imposible es,
pues, que se salve el que no haga todo esto.
San Gregorio,
ut sup.
Puede
responderse a esto que los malos son los que reciben bienes en esta
vida, porque encuentran toda su dicha en una felicidad transitoria.
Los justos, por el contrario, pueden recibir bienes aquí
y sin embargo no los reciben como una recompensa, porque como desean
otros mejores -es decir, los eternos-, todos los bienes que alcanzan
no los consideran como tales.
Crisóstomo,
serm. 4 De Lazaro.
Después
de la misericordia de Dios, hay que esperar la salvación
eterna de nuestros propios esfuerzos y no de los de nuestros padres,
de nuestros prójimos o de nuestros amigos. Un hermano no
nos libra. Y por esto añade: "Fuera de que entre nosotros
y vosotros hay un gran abismo eterno".
Teofilacto.
Casma
mega, este 'gran abismo' representa la distancia que hay entre los
justos y los pecadores, porque así como los afectos de uno
y otro han sido distintos, así sus mansiones son diferentes.
Crisóstomo.
Se
dice que este abismo está afirmado, porque no puede deshacerse,
agitarse ni conmoverse.
San Ambrosio.
Hay,
pues, un gran abismo entre el rico y el pobre, porque después
de la muerte no pueden cambiarse los méritos. Por esto sigue:
"De manera que los que quisieren pasar de aquí a vosotros,
no puedan, ni de allí pasar acá".
Crisóstomo.
Como
diciendo: Podemos veros, pero no pasar a donde estáis. Nosotros
vemos de lo que nos hemos librado y vosotros lo que habéis
perdido. Nuestras alegrías aumentan vuestros tormentos; vuestros
tormentos aumentan nuestras alegrías.
San Gregorio,
ut sup.
Como
los réprobos desean pasar a donde están los escogidos
-es decir, salir de la aflicción de sus suplicios-, así
los justos quisieran ir por misericordia a donde están los
afligidos y los que padecen tormentos para librarlos de ellos. Pero
aun cuando las almas de los justos sean misericordiosas, como ya
están unidas a la justicia de su Autor, las domina de tal
modo su rectitud por la bondad de su naturaleza, que no sienten
ninguna compasión por los réprobos. Así como
los injustos no pueden pasar a gozar con los buenos porque han sido
condenados a sufrir eternamente, así los justos no pueden
pasar a donde están los réprobos, porque ensalzados
ya por la justicia del juicio divino, no pueden sentir por ellos
ninguna compasión.
Teofilacto.
En
esto hay un argumento contra los sectarios de Orígenes, que
dicen, que las penas habrán de tener término y que
llegará día en que los pecadores podrán unirse
con los justos y con Dios.
San Agustín,
De quaest. Evang. 2,38.
Se
da a conocer por la inmutabilidad de la sentencia divina, que la
misericordia de los justos no puede prestar ningún auxilio
a los pecadores, aun cuando quieran. Por esto aconseja a los hombres
que hagan bien en este mundo a todos los que puedan, no sea que
si después son bien recibidos en la eternidad, no puedan
dispensar socorro a aquellos a quienes aman. Porque lo que está
escrito (Lc 16,9): "Para que ellos os reciban en los eternos tabernáculos",
no se refiere a los soberbios y faltos de caridad, sino a los que
se hicieron amigos por sus obras de misericordia, a quienes no los
reciben los justos por autoridad propia, como recompensándolos,
sino por permisión divina.
Notas
1.
Estas figuras tienen como finalidad expresar de forma cercana para
los más sencillos la realidad de la pérdida eterna
de Dios: El habita en una Luz inaccesible (1Tim 6, 16) y es la luz
que ilumina a todo hombre que viene a este mundo (Jn 1,9); estar
con El es vivir en la felicidad eterna, celebrando el banquete eterno
(Mt 22,1ss). De allí que el infierno, que es el rechazo total
de Dios para siempre por parte del pecador, sea descrito como oscuridad,
llanto, rechinar de dientes, e infelicidad sempiterna.
San Gregorio,
in Evang hom. 40.
Después
que se le quitó al rico condenado toda esperanza, se acuerda
de todos los prójimos que había dejado en este mundo.
Por esto sigue: "Y dijo: Te ruego, Padre, que le envíes a
casa de mi padre".
San Agustín,
De quaest. Evang. 2,38.
Pide
que envíe a Lázaro porque se considera indigno de
ser testimonio de la verdad y como no había conseguido ser
refrigerado un poco, mucho menos creyó que podría
librarse de los infiernos para anunciar la verdad.
Crisóstomo,
hom. de divite.
He
aquí su perversidad. Ni aun en las mismas penas puede expresar
la verdad. Si el padre es Abraham, ¿cómo dice mándale
a casa de mi padre? Pero no has olvidado a tu padre, porque él
te llevó a la perdición.1
San Gregorio,
ut sup.
Algunas
veces sucede que la pena de los malvados les enseña cierta
caridad, -aunque inútilmente- de tal modo que entonces aman
a los suyos de una manera especial, siendo así que en el
mundo, no amando más que el pecado, no se amaban a sí
mismos. Por esto sigue: "Tengo cinco hermanos; para que les de testimonio,
no sea que vengan ellos también a este lugar de tormentos".
San Ambrosio.
Este
rico empieza demasiado tarde a ser maestro cuando ya no le queda
tiempo de aprender ni de enseñar.
San Gregorio,
ut sup.
En
ello se da a conocer cuántas aflicciones se acumulan sobre
el rico condenado, porque conserva el conocimiento y la memoria
para su suplicio. Conoció pues a Lázaro, a quien despreció
y se acordó de sus hermanos, a quienes dejó. Para
que los pecadores sean más castigados en las penas eternas,
ven la gloria de aquellos a quienes despreciaron y son atormentados
por la desgracia de aquellos a quienes amaron en vano. Abraham contestó
en seguida al rico que le pedía mandase a Lázaro.
Por ello sigue: "Abraham le dijo: Tienen a Moisés y a los
profetas, óiganlos".
Crisóstomo,
serm. 4 De Lazaro.
Como
diciendo: No cuidas tú tanto de tus hermanos como lo hace
Dios que les ha creado, que les ha enviado doctores para que los
amonesten y los exhorten. Aquí llama Moisés y profetas
a los escritos mosaicos y proféticos.
San Ambrosio.
En
lo que declara el Señor terminantemente que el Antiguo Testamento
es el fundamento de la fe, confundiendo así la perfidia de
los judíos y rechazando las necedades de los herejes.
San Gregorio,
ut sup.
El
que había despreciado la palabra de Dios, creía que
tampoco podrían oírla sus secuaces. Por ello sigue:
"Mas él dijo: No, padre Abraham, mas si alguno de los muertos
fuere a ellos, harán penitencia".
Crisóstomo,
in hom. de divite.
Como
cuando él oía las Sagradas Escrituras las despreciaba
y las consideraba como fábulas, creía que a sus hermanos
les sucedería lo mismo.
San Gregorio
Niceno.
En
esto se nos da a conocer otra cosa: que en el seno de Abraham, Lázaro
no siente solicitud por lo presente ni se aflige por lo pasado.
Mas el rico, después de su muerte se ve detenido por su vida
carnal como por un lazo. Porque todo el que se haga carnal en el
espíritu, ni aún después de la muerte se verá
libre de sus pasiones.
San Gregorio,
in Evang hom. 40.
Por
esto, ahora se responde al rico con una sentencia llena de verdad.
Sigue pues: "El le dijo: si no oyen a Moisés y a los profetas,
tampoco creerán, aun cuando alguno de los muertos resucitase".
Porque los que desprecian las palabras de la ley, cumplirán
con tanta más dificultad los preceptos del Redentor que resucitó
de entre los muertos.
Crisóstomo,
serm. 4 De Lazaro.
Que
los que no escuchan las Escrituras tampoco escuchan a los muertos
resucitados, lo prueban los mismos judíos, puesto que así
como ahora querían matar a Lázaro, así también
perseguían a los apóstoles incluso después
de que muchos resucitasen al momento de morir Jesús en la
cruz. Téngase en cuenta también que todo el que muere
es siervo. Pero todo lo que dicen las Escrituras lo dice el Señor,
por lo que son más dignas de fe que un muerto que resucite
o que un ángel que baje del cielo, porque el Señor
de los ángeles, el Señor de los vivos y de los muertos
es quien las ha instituido. Por tanto, si Dios juzgase que resucitando
a los muertos había de venir alguna utilidad a los vivos,
no lo omitiría, porque todo lo hace en beneficio nuestro.
Pero si los muertos resucitasen con frecuencia, esto se despreciaría
con el tiempo, porque el diablo introduciría fácilmente
doctrinas perversas, imitando esto mismo por sus oráculos,
no resucitando verdaderamente a los muertos sino engañando
a los hombres con alucinaciones o enseñando ingeniosamente
a algunos a fingir la muerte.
San Agustín,
De curis pro mortuis habendis cap. 14 et 15.
Pero
dirá alguno: Si los muertos no se cuidan de los vivos, ¿cómo
el rico pedía a Abraham que enviase a Lázaro a sus
cinco hermanos? Pero ¿por qué aquel rico dijo esto? (Había
de saber acaso qué es lo que harían sus hermanos o
qué es lo que padecerían en aquel tiempo? Así
se cuidó de los vivos aun cuando ignoraba en absoluto lo
que hacían, como nosotros nos cuidamos de los muertos aunque
ignoremos enteramente lo que hacen. Pero volvamos otra vez a la
cuestión. ¿Cómo sabía Abraham que existían
Moisés y los profetas?, esto es, sus libros. (Ni de dónde
sabía que aquel rico había vivido entre delicias y
Lázaro entre aflicciones? No pudo tener conocimiento de ello
mientras vivían, sino que después de su muerte Lázaro
se lo dio a conocer, puesto que dice el profeta (Is 63,16): "Abraham
no nos conoció". Pueden saber también algo los muertos
por los ángeles, que presencian lo que pasa en el mundo,
y también pueden tener conocimiento por revelación
del Espíritu de Dios de las cosas no sólo pasadas
sino también futuras que sea necesario que conozcan.
San Agustín,
De quaest Evang. 2,38.
En
sentido alegórico esto puede interpretarse del siguiente
modo: El rico representa la soberbia de los judíos que desconocen
la justicia de Dios y quieren hacer valer la suya (Rom 10). La púrpura
y el lino finísimo indican la dignidad del reino (Mt 21,43),
y el reino de Dios -dice- os será quitado. El convite espléndido
es la jactancia de la ley, en la que se gloriaban, más abusando
de ella para satisfacer su orgullo, que usando de ella en lo que
era necesario para su salvación. Y el mendigo con el nombre
de Lázaro -que quiere decir ayudado- significa el indigente,
como algún gentil o publicano, que es tanto más favorecido
cuanto menos presume de sus propias facultades.
San Gregorio,
ut sup.
Lázaro,
lleno de úlceras, es figura del pueblo gentil que en tanto
que convertido no se avergüenza de confesar sus pecados, y
por ello tuvo su piel cubierta de llagas. Porque ¿qué es
la confesión de los pecados sino cierta abertura de llagas?
Lázaro, llagado, deseaba alimentarse de las migajas que caían
de la mesa del rico y ninguno se las daba, ya que aquel pueblo orgulloso
no se dignaba admitir a ningún gentil al conocimiento de
la ley y porque dejaba caer las palabras de esta ciencia como caían
las migas de sobre la mesa.
San Agustín,
ut sup.
Los
perros que lamían las úlceras del pobre son los hombres
malvados que aman el pecado, cuya lengua está siempre dispuesta
a alabar las malas acciones que otros detestan y que se lamentan
de cometerlas y las confiesan.
San Gregorio,
ut sup.
También
en las Sagradas Escrituras se llama con frecuencia perros a los
predicadores, según aquellas palabras del Salmo (Sal 67,24):
"La lengua de tus perros beberá sangre de tus enemigos",
porque la lengua de los perros cura las llagas que lame, y los santos
doctores cuando nos instruyen en la confesión de nuestros
pecados, tocan en cierto modo la llaga de nuestra alma con la lengua.
El rico fue sepultado en el infierno y Lázaro fue llevado
por los ángeles al seno de Abraham, esto es, al descanso
misterioso del que la Verdad ha dicho (Mt 8,11): muchos vendrán
de Oriente y de Occidente y descansarán con Abraham, Isaac
y Jacob en el reino de los cielos; mas los hijos del reino serán
arrojados a las tinieblas exteriores. El rico levanta sus ojos para
ver desde lejos a Lázaro, porque mientras los infieles sufren
en el abismo los castigos de su condenación, los fieles están
sobre ellos, esperando en reposo el día del juicio final,
después del cual aquéllos no podrán ya contemplar
su gozo. Lo que miran está lejos porque no pueden llegar
allí por sus méritos. Se manifiesta más abrasada
su lengua, porque el pueblo infiel tuvo las palabras de la ley en
su boca, pero no quiso observarlas con sus obras. Por tanto, sufrirá
más en la parte en que más manifestó saber
lo que no quiso hacer. Abraham le llama su hijo y sin embargo no
le libra de los tormentos porque los padres de este pueblo infiel,
considerando que muchos se apartaron de su fe, no los libran de
los tormentos ni tienen compasión de ellos, aunque les reconocen
como hijos suyos según la carne.
San Agustín,
ut sup.
Los
cinco hermanos que dice que tiene en la casa de su padre representan
a los judíos, quienes fueron llamados con el nombre de cinco
porque vivían bajo el influjo de la ley que fue dada por
Moisés, quien la escribió en cinco libros.
Crisóstomo,
hom De divite.
También
puede decirse que tuvo cinco hermanos, esto es, cinco sentidos,
de los que era esclavo. No podía amar a Lázaro, porque
estos hermanos no aman la pobreza. Ellos son los que te han traído
a estos tormentos y no pueden salvarse si no mueren, de otro modo
es necesario que habiten con su hermano. Pero ¿por qué pides
que envíe a Lázaro? "Tienen a Moisés y a los
profetas". Moisés fue el Lázaro pobre, que creyó
que tenía mayores riquezas en la pobreza de Jesucristo que
en las riquezas del Faraón (Heb 12). Jeremías, arrojado
al lago, se alimentaba del pan de la tribulación (Jer 38).
Y todos los profetas enseñan a estos hermanos; pero no pueden
salvarse ni aunque alguien resucite de los infiernos. Estos hermanos,
antes que Jesucristo resucitase, me conducían a la muerte.
El murió, y estos hermanos resucitaron: ahora mis ojos ven
a Jesucristo, mis oídos le oyen y mis manos le abrazan. Todo
esto es la condenación de Marción y Maniqueo, que
no admiten el Antiguo Testamento. Véase lo que dice Abraham:
"Si no oyen a Moisés y a los profetas". Como diciendo: Haces
bien esperando a aquél que ha de resucitar; pero Jesucristo
habla por medio de ellos, así que si los oyes has de oír
también a Jesucristo.
San Gregorio,
ut sup.
El
pueblo judío, como no quiso entender el sentido espiritual
de las palabras de Moisés, no pudo llegar a Aquel de quien
Moisés había hablado.
San Ambrosio.
Lázaro
es pobre en esta vida, pero es rico para Dios y no se crea que toda
pobreza es santa ni toda riqueza criminal, sino que así como
la lujuria infama las riquezas, así la santidad recomienda
la pobreza. Que el hombre apostólico, pobre en la palabra
y rico en la fe -puesto que posee la verdadera- no busque la elegancia
de las palabras. A éste considero semejante a aquél
que, herido muchas veces por los judíos, presentaba a ciertos
fieles sus llagas, como Lázaro a los perros. Bienaventurados
los perros a quienes venga a parar el humor de tales úlceras,
para que llene el corazón y las fauces de los que acostumbran
guardar la casa, velar sobre el rebaño y librarle de los
lobos. Y como el pan es la palabra, la fe nace de la palabra. Las
migajas son como ciertos dogmas de fe, esto es, los misterios de
las Escrituras. Pero los arrianos que afectan el apoyo del poder
de los reyes para combatir las verdades de la Iglesia, ¿no es verdad
que parece que viven como envueltos en cierta púrpura y lino
finísimo? Estos abundan en palabras vanas, cuando defienden
lo aparente en contra de lo verdadero. La rica herejía ha
compuesto muchos evangelios y el fiel pobre conserva únicamente
el que ha recibido. La filosofía rica se ha formado muchos
dioses, la Iglesia pobre sólo conoce un único Dios.
¿No es cierto que aquellas riquezas son indigencias y que esta pobreza
es abundancia?
San Agustín,
De quaest. Evang. 2,38.
También
puede entenderse esta parábola de otro modo, esto es, considerando
al Señor representado en Lázaro tendido a la puerta
de aquel rico. Porque se abatió ante los muy soberbios judíos
en la humildad de su encarnación, deseando saciarse de las
migas que caían de la mesa del rico. Es decir, buscaba en
ellos, aun cuando fuesen pequeñas sus obras de justicia,
que no fuesen quitadas de su mesa, esto es, de su poder por su soberbia.
Sus obras, aunque pequeñas y extrañas a la perseverancia
de una buena vida, podían repetirse de vez en cuando, al
menos como suelen caer las migas de la mesa. Las úlceras
son los tormentos del Señor, los perros que las lamían
son los gentiles, a quienes los judíos llamaban inmundos
y sin embargo lamen ahora las llagas del Señor en los sacramentos
de su cuerpo y de su sangre en todo el mundo, con una profundísima
ternura. El seno de Abraham es el seno del Padre, en donde fue recibido
el Señor cuando resucitó después de su pasión
y a donde creo se dice que fue llevado por los ángeles, porque
ellos anunciaron a los discípulos esta recepción que
había tenido en el seno del Padre. Todo lo demás puede
admitirse según la exposición que ya queda hecha,
porque el seno del Padre se entiende como el lugar en donde las
almas de los justos se ven con Dios, aun antes de la resurrección.
Notas
1.
Literalmente, dice: "porque él te ha perdido". Hace referencia
a Satanás, quien es el "padre de la mentira" (ver Jn 8, 44)
y es llamado por Jesús como "Padre" de los malos judíos
que no creen en él (allí mismo). Otra versión
latina: "Non es oblitus patris tui? Non es oblitus quia ille te
perdidit?", podría traducirse como: "¿No has olvidado a tu
padre? ¿no has olvidado que él te ha perdido?".
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