Mensaje del Santo Padre Benedicto XVI para la Cuaresma 2010

«Cada año, con ocasión de la Cuaresma, la Iglesia nos invita a una sincera revisión de nuestra vida a la luz de las enseñanzas evangélicas. Este año quiero proponeros algunas reflexiones sobre el vasto tema de la justicia, partiendo de la afirmación paulina: «La justicia de Dios se ha manifestado por la fe en Jesucristo» (cf. Rm 3,21-22).»

«¿Cuál es, pues, la justicia de Cristo? Es, ante todo, la justicia que viene de la gracia, donde no es el hombre que repara, se cura a sí mismo y a los demás. El hecho de que la “propiciación” tenga lugar en la “sangre” de Jesús significa que no son los sacrificios del hombre los que le libran del peso de las culpas, sino el gesto del amor de Dios que se abre hasta el extremo, hasta aceptar en sí mismo la “maldición” que corresponde al hombre, a fin de transmitirle en cambio la “bendición” que corresponde a Dios (cf. Ga 3,13-14)» ver todo el documento.

¿Qué es la Cuaresma?

La Cuaresma es el tiempo litúrgico de conversión, que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. Es tiempo para arrepentirnos de nuestros pecados y de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo.

La Cuaresma dura 40 días; comienza el Miércoles de Ceniza y termina el Domingo de Ramos, día que se inicia la Semana Santa. A lo largo de este tiempo, sobre todo en la liturgia del domingo, hacemos un esfuerzo por recuperar el ritmo y estilo de verdaderos creyentes que debemos vivir como hijos de Dios.

El color litúrgico de este tiempo es el morado que significa luto y penitencia. Es un tiempo de reflexión, de penitencia, de conversión espiritual; tiempo de preparación al misterio pascual.

La duración de la Cuaresma está basada en el símbolo del número cuarenta en la Biblia. En ésta, se habla de los cuarenta días del diluvio, de los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, de los cuarenta días de Moisés y de Elías en la montaña, de los cuarenta días que pasó Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, de los 400 años que duró la estancia de los judíos en Egipto.

En la Biblia, el número cuatro simboliza el universo material, seguido de ceros significa el tiempo de nuestra vida en la tierra, seguido de pruebas y dificultades.

La práctica de la Cuaresma data desde el siglo IV, cuando se da la tendencia a constituirla en tiempo de penitencia y de renovación para toda la Iglesia, con la práctica del ayuno y de la abstinencia. Conservada con bastante vigor, al menos en un principio, en las iglesias de oriente, la práctica penitencial de la Cuaresma ha sido cada vez más aligerada en occidente, pero debe observarse un espíritu penitencial y de conversión.

Documentos en la BEC

S.S. Benedicto XVI:

S.S. Juan Pablo II:

2005 | 2004 | 2003 | 2002 | 2001 | 2000 | 1999 | 1998 | 1997 | 1996

San Juan Clímaco

Alonso de Villegas, Flos Sanctorum

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Imágenes

 
Cruz de madera

Cruz de madera con una imagen de Cristo en aluminio y cobre 

Artesanía peruana

Artesanía peruana (Ayacucho)
Representación de un anda tradicional de la procesión de Semana Santa.

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Cantos

FRENTE AL CRUCIFICADO

Entre tus manos y los clavos
que sostienen tu cuerpo
Aferrándolo a este leño.
Están Señor todas las veces que prefiero olvidarte
y me alejo de tu lado.
Están mis frágiles promesas
y el creer que puedo solo.
Están los miedos que cobijo
y los planes que hice sin ti,
por desconfiar de tus palabras.

SE UNDE SEÑOR EN TU COSTADO ATRAVEZANDO EL CORAZÓN
LA LANZA CRUEL DE MI PECADO
Y LA SANGRE QUE HAS DERRAMADO,
ES LA QUE ME HA SANADO.

Entre el dolor y las espinas que coronan tu frente
y el clamor de tus heridas
brota tu amor como un torrente que ha regado el desierto
donde sólo había muerte
brota la vida en mi agonía, nace la luz en mis tinieblas
huye la angustia que reinaba en lo hondo de mi corazón
porque has pronunciado mi nombre.

SE UNDE SEÑOR EN TU COSTADO ATRAVEZANDO EL CORAZON
LA LANZA CRUEL DE MI PECADO
Y LA SANGRE QUE HAS DERRAMADO,
ES LA QUE ME HA SANADO.

Entre tu cruz y los latidos de mi pobre corazón
están tus brazos y el abrazo que recogen mis esfuerzos
y sostienen mi existir.
Está tu voz que apacigua mi alma
y tu mirada, que conoce mi interior.
Vienes Señor hasta mi vida a llenarla de alegría
a saciar mi hambre de ti.

SE UNDE SEÑOR EN TU COSTADO ATRAVEZANDO EL CORAZON
LA LANZA CRUEL DE MI PECADO
Y LA SANGRE QUE HAS DERRAMADO
ES LA QUE ME HA SANADO
.

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