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LA VENIDA A JUICIO

Después de ésta subida al cielo, testificaron los ángeles en aquella hora que de la misma manera volvería otra vez este Señor a juzgar el mundo.

Considera, pues, las terribles señales que precederán este juicio, las cuales habrá el sol, y en la luna, y en las estrellas, y en la mar, y en la tierra: donde andarán los hombres atónitos y ahilados de muerte con el temor de los males que han de sobrevenir al mundo.

Mira el sonido de aquella terrible trompeta que sonará por todas las regiones del mundo, y aquella voz del arcángel que dirá: Levantaos, muertos, y venid a juicio. Mira el espanto que será resucitar todos los muertos, unos de la mar y otros de la tierra, con aquellos mismos cuerpos que en este mundo tuvieron, para recibir en ellos según el mal o bien que hicieron. Y mira que maravilla tan grande será que estando los cuerpos de los muertos unos hechos tierra, otros ceniza, otros comidos de peces y otros de los mismos hombres, de allí sabrá Dios entresacar a cabo de tantos años lo que es propio de cada cuerpo, sin que se confunda lo uno con lo otro.

Piensa en la venida temerosa del Juez y en el espanto que los malos recibirán cuando lo vean venir con tanta gloria, pues dirán entonces a los montes que cayan sobre ellos y los cubran, por no parecer delante de Él.

Mira el repartimiento que allí se hará de todos los hombres, poniendo los humildes y mansos a la mano derecha, y los soberbios y desobedientes a la izquierda, y el espanto que los grandes de este mundo recibirán, cuando vean allí los humildes y pobrecitos que ellos despreciaron, levantados a tanta gloria.

Considera el rigor de la cuenta que allí se pedirá, pues nos consta por texto expreso del evangelio que hasta de una palabra ociosa se ha de dar cuenta en aquel juicio. Mete, pues, la mano en tu seno, y vuelve los ojos a toda la vida pasada, y acuérdate que todo el proceso y todas las torpezas de ella han de ser pregonadas y publicadas en aquella plaza.

Mira, pues, cuán terrible cosa será verse el malo allí por todas partes cercado de tantas angustias: porque a ningún lugar volverá los ojos, que no halle causas de temor. En lo alto estará el Juez airado; en lo bajo, el infierno abierto; a la diestra, los pecados que nos estarán acusando; a la siniestra, los demonios aparejados para nos llevar al tormento; fuera de nos estará el mundo ardiendo, y dentro de nos la consciencia remordiendo. Pues cercado el malo de tantas angustias, ¿a dónde irá? Esconderse es imposible, y parecer, intolerable: porque si el justo apenas se salvará, el pecador y malo ¿dónde parecerá?

Últimamente, considera el trueno de aquella irrevocable sentencia que dirá: Id, malditos, al fuego eterno, que está aparejado para Satanás y para todos sus Ángeles. Porque tuve hambre, y no me disteis de comer; sed, y no me disteis de beber, etc. [16], Donde verás el valor de las obras de misericordia y el alegría y contentamiento que allí recibirá el que aquí fue largo para con sus prójimos, y por el contrario, el tormento que recibirá el que por no querer dar lo que dejó en este siglo, se vea allí despedido del reino del cielo.

[16] Mt 25, 4142


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