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EL NACIMIENTO DEL SALVADOR

En aquel tiempo, dice el evangelista que mandó el emperador César Augusto que todas las gentes fuesen a sus tierras a escribirse. Por cuya causa la sagrada Virgen caminó de Nazaret a Betleem a cumplir este mandamiento; donde, cumplidos los nueve meses, parió su Hijo, y, como dice el evangelista, lo envolvió en pañales y recostó en un pesebre, porque no tenía otro más conveniente lugar en aquella posada.

Aquí puedes primeramente considerar el trabajo que la Virgen pasaría en este camino, pues el tiempo era tan contrario al caminar, y ella era tan delicada, y la despensa y provisión para el camino tan pobre. Camina, pues, tú con el espíritu en esta santa romería, y sigue estos pasos piadosos, y sirve en lo que pudieres a estos santos peregrinos, y mira cómo en todo este camino unas veces hablan de Dios, otras van hablando con Dios, unas veces orando, otras dulcemente platicando: y así alternando los ejercicios, vencían el trabajo del caminar.

Pon luego los ojos en la sacratísima Virgen, y mira con qué amor y reverencia abrazaría aquel santo Niño, como lo adoraría, con que devoción lo arrimaría a sus pechos y le daría su leche, y cuáles serían allí las alegrías de su corazón, cuántas las lágrimas de sus ojos, viéndose madre de tal Hijo, viéndose abrazada en tal tesoro, y viéndose finalmente parida sin dolor ni menoscabo de su pureza virginal.

Mira luego con cuánta devoción y compasión lo acostaría en aquel pesebre: donde hallarás maravillosos ejemplos de humildad, pobreza, aspereza y caridad del Hijo de Dios. ¿Qué mayor humildad que nacer en un establo? ¿Qué mayor pobreza que los pañales en que fue envuelto? ¿Qué mayor aspereza que ser en tan tierna edad reclinado en un pesebre? ¿Qué mayor caridad que ponerse a padecer todos éstos trabajos por nuestra causa el Señor de todo lo criado? Y mira como las cosas mas bajas escogió Dios: por do parece que éstas deben ser las mejores, aunque todo el mundo lo contradiga.

También tienes aquí que mirar, demás de aquellas dos resplandecientes lumbres Madre y Hijo, las lágrimas y alegría del santo Josef, los cantares de los ángeles, y particularmente la devoción de los pastores. Y si tú quieres que te quepa alguna parte de esta fiesta como a ellos, trabaja por imitar la simplicidad, la humildad, la pobreza y las vigilias de ellos, y serás visitado de los ángeles y cercado de luz como ellos. No seas doblado, ni malicioso, ni ambicioso: conténtate con las riquezas de la simplicidad, vive según naturaleza, y luego este Niño, amador de simples y de niños, te hará participante de estos misterios.

En cabo de todo esto mira cómo la sacratísima Virgen meditaba y confería todos estos misterios en su corazón, como dice el evangelista, para que por aquí veas cuán alto y cuán divino ejercicio sea la consideración de la vida de Cristo, pues aquella que fue consumadísimo dechado de toda perfección y contemplación, tan a la continua se ejercitaba en él.


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