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DISCURSO INAUGURAL

Excmo. Mons. Avelar Brandao Vilela
Arzobispo de Teresiña
Copresidente de la Segunda
Conferencia General del Episcopado Latinoamericano
Presidente del CELAM

Medellín, 26 de agosto de 1968


I. LAS ORIENTACIONES PONTIFICIAS

Llegamos finalmente a Medellín, después de una larga jornada, llena de trabajos y oraciones, de sufrimientos y de equívocos, de expectativas y esperanzas.

Aquí estamos, carísimos hermanos, para un examen profundo del tema central de esta Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, "La Iglesia en la actual transformación de la América Latina, a la luz del Concilio Vaticano II".

Esto nos exige capacidad de conocernos y de interpretar los problemas centrales de la Iglesia y el mundo de hoy: lucidez intelectual y sensibilidad pastoral para sabernos aplicar las enseñanzas conciliares, las directrices pontificias, las verdades evangélicas, el contexto religioso y social de la realidad histórica dentro de la cual nos encontramos.

El Santo Padre nos advirtió en la apertura de la Segunda Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, que "su visita a la América Latina, no sería un simple acontecimiento social, sino un hecho histórico que se inserta en la compleja y afanosa acción evangelizadora de estos inmensos territorios; y se acrecienta por una convergencia de circunstancias proféticas inaugurándose hoy con esta visita, un nuevo período de la vida de la Iglesia". "Procuremos adquirir --continúa Pablo VI-- conciencia exacta de este feliz momento que nos parece ser, por la Divina Providencia, conclusivo y decisivo".

Pieza magistral de sabiduría, precisión, humildad, delicadeza, solidaridad y confianza, el Mensaje de Pablo VI es una llamada sincera y magnánima a nuestra responsabilidad pastoral. No pretende ser un "tratado completo" de asuntos religiosos y sociales, pero establece las líneas generales de una orientación clara y sin subterfugio.

Reconoce los méritos de la acción misionera de la Iglesia hasta los días modernos, pero declara que "la obra no está acabada y evidencia nuevas necesidades y exige algo nuevo y grande".

"El porvenir reclama un esfuerzo, una audacia, un sacrificio que ponen en la Iglesia un ansia profunda".

"Estamos en un momento de reflexión total. Y nos invaden, como una onda desbordante, las inquietudes características de nuestro tiempo, especialmente de estos países en busca de un desarrollo completo y agitados por la conciencia de sus desequilibrios económicos, sociales, políticos y morales".

"Los Pastores hacen suyas las ansias de los pueblos y advierten cuanto de inestabilidad a todos nos amenaza".

El Santo Padre, a esta altura, se solidariza con nuestros sufrimientos y nuestros temores. Y siente "la tempestad que nos rodea y nos asalta".

Quien así habla, está convencido de que la América Latina es un continente en transformación, la cual se opera a un ritmo acelerado.


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