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CAPÍTULO V

Inspirado por el Espíritu Santo, sale Juan del desierto y principia a predicar.- El pueblo se agolpa para oírle y para purificarse. El mismo Jesús va de Nazareth al Jordán para ser bautizado.- Segunda genealogía del Hombre-Dios.

1 Y en el año décimo quinto del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato gobernador de la Judea, y Herodes tetrarca[1] de Galilea, y su hermano Philipo tetrarca de Ituréa, y de la provincia de Trachonite, y Lysanias tetrarca de Abilina,

2 Siendo príncipes de los sacerdotes Annás y Caiphás, vino palabra del Señor sobre Juan, hijo de Zacharías en el desierto.

3 Y vino por toda la región del Jordán, y por el desierto de la Judea, bautizando y predicando bautismo de penitencia para remisión de pecados.[COMENTARIO]

4 Y diciendo: Haced penitencia, porque se ha acercado el reino de los cielos.

5 Así como está escrito en Isaías el profeta: He aquí yo envío a mi Angel delante de tu faz, que preparará tu camino delante de ti.

6 Pues este es[2], de quien habló el profeta Isaías, diciendo:

7 Voz del que clama en el desierto: Aparejad el camino del Señor: haced derechas sus sendas:

8 Todo valle se henchirá: y todo monte y collado será abajado: y lo torcido será enderezado, y los caminos fragosos allanados:

9 Y verá toda carne la salud de Dios.

10 Y el mismo Juan tenía un vestido de pelos de camellos, y un ceñidor de cuero alrededor de sus lomos: y su comida eran langostas y miel silvestre.[COMENTARIO]

11 Entonces salía a él Jerusalém, y toda la Judea, y toda la tierra de la comarca del Jordán; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.

12 Y decía a las turbas, que venían a que las bautizase, viendo que muchos de los Phariseos y de los Sadducéos[3] venían a su bautismo: Raza de víboras, ¿quién os mostró a huir de la ira, que ha de venir?

13 Haced pues frutos dignos de penitencia, y no comencéis a decir: tenemos por padre a Abrahám. Porque os digo, que puede Dios de estas piedras levantar hijos a Abrahám.

14 Porque ya está puesta la segur a la raíz de los árboles. Pues todo árbol, que no hace buen fruto, cortado será, y echado en el fuego.[COMENTARIO]

15 Y le preguntaban las gentes, y decían: ¿Pues qué haremos?

16 Y respondiendo les decía: El que tiene dos vestidos, de al que no tiene: y el que tiene que comer, haga lo mismo.

17 Y vinieron también a él publicanos[4], para que los bautizase, y le dijeron: Maestro, ¿qué haremos?

18 Y les dijo: No exijáis más de lo que os está ordenado.

19 Le preguntaban también los soldados, diciendo: Y nosotros, ¿qué haremos? Y les dijo: No maltratéis a nadie, ni le calumniéis: y contentaos con vuestro sueldo.

20 Y como el pueblo creyese, y todos pensasen en sus corazones, si por ventura Juan era el Cristo:[COMENTARIO]

21 Respondió Juan y dijo a todos: Yo en verdad os bautizo en agua: mas vendrá otro más fuerte que yo, cuyo calzado no soy digno de llevar: y ante el cual no soy digno de postrarme para desatar la correa de sus zapatos: él os bautizará en Espíritu Santo, y fuego:[COMENTARIO]

22 Cuyo bieldo está en su mano, y limpiará su era, y allegará el trigo en su granero, y la paja quemará con fuego, que no se apaga.[COMENTARIO]

23 Y así anunciaba otras muchas cosas al pueblo en sus exhortaciones.

24 Entonces vino Jesús de Nazareth de Galilea al Jordán a Juan, para ser bautizado por él[1].

25 Mas Juan se lo estorbaba, diciendo: ¿Yo debo ser bautizado por ti, y tú vienes a mí?

26 Y respondiendo Jesús, le dijo: Deja ahora: porque así nos conviene[2] cumplir toda justicia. Entonces le dejó: y fue bautizado por Juan en el Jordán.[COMENTARIO]

27 Y aconteció, que como recibiese el bautismo todo el pueblo, después que Jesús fue bautizado, subió luego del agua. Y estando él orando, se le abrieron los cielos:

28 Y vio al Espíritu Santo en figura corporal, como paloma, que descendía y posaba en él mismo.

29 Y he aquí una voz de los cielos que decía: Este es mi Hijo amado, en quien me he complacido.

30 Y el mismo Jesús comenzaba a ser como de treinta años, hijo, según se creía, de Joseph, que lo fue de Helí[3], que lo fue de Mathat,[COMENTARIO]

31 Que lo fue de Leví, que lo fue de Melchi, que lo fue de Janne, que lo fue de Joseph,

32 Que lo fue de Mathathías, que lo fue de Amós, que lo fue de Nahum, que lo fue de Heslí, que lo fue de Nagge,

33 Que lo fue de Mahath, que lo fue de Mathathías, que lo fue de Semei, que lo fue de Joseph, que lo fue de Judá.

34 Que lo fue de Joanna, que lo fue de Resa, que lo fue de Zorobabel, que lo fue de Salathiél, que lo fue de Neri,

35 Que lo fue de Melchi, que lo fue de Addí, que lo fue de Cosán, que lo fue de Elmadán, que lo fue de Her,

36 Que lo fue de Jesús, que lo fue de Eliezer, que lo fue de Jorim, que lo fue de Mathat, que lo fue de Leví,

37 Que lo fue de Simeón, que lo fue de Judas, que lo fue de Joseph, que lo fue de Jonás, que lo fue de Eliakim,

38 Que lo fue de Melea, que lo fue de Menna, que lo fue de Mathatha, que lo fue de Nathán, que lo fue de David.

39 Que lo fue de Jessé, que lo fue de Obed, que lo fue de Booz, que lo fue de Salmón, que lo fue de Naassón,

40 Que lo fue de Aminadab, que lo fue de Arám, que lo fue de Esron, que lo fue de Pharés, que lo fue de Judas,

41 Que lo fue de Jacob, que lo fue de Isaac, que lo fue de Abrahám, que lo fue de Thare, que lo fue de Nachór,

42 Que lo fue de Sarug, que lo fue de Ragau, que lo fue de Phaleg, que lo fue de Heber, que lo fue de Salé,

43 Que lo fue de Cainán, que lo fue de Arphaxad, que lo fue de Sem, que lo fue de Noé, que lo fue de Lamech,

44 Que lo fue de Mathusalé, que lo fue de Henoch, que lo fue de Jared, que lo fue de Malaleel, que lo fue de Cainán,

45 Que lo fue de Henós, que lo fue de Seth, que lo fue de Adám, que lo fue de Dios.[COMENTARIO]


[1] Tetrarca significa el que manda la cuarta parte de un reino.

[2] Porque de Juan es de quien dijo el profeta Isaías: Se ha oído la voz: o Esta es la voz. Isai. XI, 3. La letra del texto de Isaías mira a la libertad de los judíos del cautiverio de Babilonia. Y aquella figuraba, la que el Salvador había de dar al hombre.

[3] Había entonces entre los judíos muchas sectas, entre las cuales se contaban dos muy numerosas y sobre todo muy ardientes, que eran la de los Pharés y la de los partidarios de Sadoc. Los Saduceos no creían que hubiese ángeles ni demonios, y negaban la inmortalidad del alma, y la resurrección de los cuerpos. Los Phariseos creían todas esas verdades y se comprometían a observar exactamente la Ley de Dios y las antiguas tradiciones, pero reducían toda la religión a prácticas exteriores, y la corrompían por medio de sus falsas interpretaciones.

[4] Así se llamaban entre los romanos los que recaudaban las contribuciones. Como los judíos no podían soportar sin mucha repugnancia el yugo de sus vencedores, pagándoles los impuestos a la fuerza, tenían el mayor horror a los recaudadores; exceptuando a los samaritanos, los publicanos eran los hombres que más detestaba la masa de la nación judía, porque los consideraba en general como tunantes sin honor, mas despreciables aun que los paganos.

(Bergier)

[1] ¿Qué necesidad tenía el Señor de que le bautizaran? -Al que me haga esa pregunta le contestaré con esta otra: ¿Qué necesidad tenía el Señor de nacer, de ser crucificado, de morir, y de ser enterrado? Y si se sometió por nosotros a tantas humillaciones ¿por qué no había de someterse a la del bautismo?

(San Agustín)

[2] Motivando el santo precursor su negativa en una razón de conveniencia, Jesús le responde que precisamente conviene lo que él desea.

[3] Muchos creen que Helí es el mismo que Heliachim, o Joaquin, padre de la Santísima Virgen, y que la palabra, qui fuit Helí, quiere decir que José fue yerno de Helí. (Vease al fin de este capítulo).


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