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CAPITULO VI FORMACION PARA EL APOSTOLADO


Necesidad de la formación para el apostolado

28. El apostolado solamente puede conseguir su plena eficacia con una formación multiforme y completa. La exigen no sólo el continuo progreso espiritual y doctrinal del mismo seglar, sino también las varias circunstancias de cosas, de personas y de deberes a que tiene que acomodar su actividad. Esta formación para el apostolado debe de apoyarse en las bases que este Santo Concilio ha asentado y declarado en otros lugares[43]. Además de la formación común a todos los cristianos, no pocas formas del apostolado por la variedad de personas y de ambientes, requieren una formación específica y peculiar.

Principios de la formación de los seglares para el apostolado

29. Participando los seglares, a su modo, de la misión de la Iglesia, su formación apostólica recibe una característica especial por su misma índole secular y propia del laicado, y por el carácter espiritual de su vida.

La formación para el apostolado supone una cierta formación humana, íntegra, acomodada al ingenio y a las cualidades de cada uno. Porque el seglar, conociendo bien el mundo contemporáneo, debe ser un miembro acomodado a la sociedad de su tiempo y a la cultura de su condición.

Ante todo el seglar ha de aprender a cumplir la misión de Cristo y de la Iglesia, viviendo de la fe en el misterio divino de la creación y de la redención, movido por el Espíritu Santo que vivifica al pueblo de Dios, que impulsa a todos los hombres a amar a Dios Padre, al mundo y a los hombres por El. Esta formación debe considerarse como fundamento y condición de todo apostolado fructuoso.

Además de la formación espiritual se requiere una sólida instrucción doctrinal, incluso teológica, ético-social, filosófica, según la diversidad de edad, de condición y de ingenio. No se olvide tampoco la importancia de la cultura general, juntamente con la formación práctica y técnica.

Para cultivar las relaciones humanas es necesario que se acrecienten los valores verdaderamente humanos, sobre todo el arte de la convivencia fraterna, de la cooperación y del diálogo.

Pero ya que la formación para el apostolado no puede consistir en la mera instrucción teórica, aprendan poco a poco y con prudencia, desde el principio de su formación, a verlo, a juzgarlo y a hacerlo todo a la luz de la fe, a formarse y perfeccionarse a sí mismos por la acción con los otros y a entrar así en el servicio laborioso de la Iglesia[44]. Esta formación, que hay que ir completando constantemente, pide cada día un conocimiento más profundo y una acción más oportuna a causa de la madurez creciente de la persona humana y por la evolución de los problemas. En la satisfacción de todas las exigencias de la formación hay que tener siempre presente la unidad y la integridad de la persona humana, de forma que quede a salvo y se acreciente su armonía y su equilibrio.

De esta forma el seglar se inserta profunda y cuidadosamente en la realidad misma del orden temporal y recibe eficazmente su parte en el desempeño de sus asuntos, y al propio tiempo, como miembro vivo y testigo de la Iglesia, la hace presente y actuosa en el seno de las cosas temporales[45].

A quiénes pertenece formar a otros para el apostolado

30. La formación para el apostolado debe empezar desde la primera educación de los niños. Pero los adolescentes y los jóvenes han de iniciarse de una forma peculiar en el apostolado e imbuirse de este espíritu. Esta formación hay que ir completándola durante toda la vida, según lo exijan las nuevas empresas. Es claro, pues, que a quienes pertenece la educación cristiana están obligados también a dar la formación para el apostolado.

En la familia es obligación de los padres el disponer a sus hijos desde la niñez para el conocimiento del amor de Dios hacia todos los hombres, enseñarles gradualmente, sobre todo, con el ejemplo, la preocupación por las necesidades del prójimo, tanto de orden material como espiritual. Toda la familia y su vida común sea como una iniciación al apostolado.

Es necesario además educar a los niños para que, rebasando los límites de la familia, abran su alma a las comunidades tanto eclesiásticas como temporales. Sean recibidos en la comunidad local de la parroquia de suerte que adquieran en ella conciencia de que son miembros activos del pueblo de Dios. Los sacerdotes en la catequesis y en el ministerio de la palabra, en la dirección de las almas y en otros ministerios pastorales tengan presente la formación para el apostolado.

Es deber también de las escuelas, de los colegios y de otras instituciones dedicadas a la educación el fomentar en los niños los sentimientos católicos y la acción apostólica. Si falta esta formación porque los jóvenes no asisten a esas escuelas o por otra causa, razón de más para que la procuren los padres, los pastores de almas y las asociaciones apostólicas. Pero los maestros y educadores que por su vocación y oficio ejercen una forma extraordinaria del apostolado seglar han de estar formados en la doctrina necesaria y en la pedagogía para poder comunicar eficazmente esta educación.

Los equipos y asociaciones seglares, ya busquen el apostolado, ya otros fines sobrenaturales, deben fomentar cuidadosa y asiduamente, según su fin y carácter, la formación para el apostolado[46]. Ellas constituyen muchas veces el camino ordinario de la formación conveniente para el apostolado, puesto que en ellas se da una formación doctrinal espiritual y práctica. Sus miembros revisan, en pequeños equipos con los socios y amigos, los métodos y los frutos de su esfuerzo apostólico y examinan a la luz del Evangelio su método de vida diaria.

Esta formación hay que ordenarla de manera que se tenga en cuenta todo el apostolado seglar, que ha de desarrollarse no sólo dentro de los mismos grupos de las asociaciones, sino en todas las circunstancias y por toda la vida, sobre todo profesional y social. Más aún, cada uno debe prepararse diligentemente para el apostolado, obligación que es más urgente en la vida adulta, porque, avanzando la edad, el alma se abre mejor y cada uno puede descubrir con más exactitud los talentos con que Dios enriqueció su alma, y aplicar con más eficacia los carismas que el Espíritu Santo le dio para el bien de sus hermanos.

Adaptación de formación a las varias maneras de apostolado

31. Las diversas formas de apostolado requieren también una formación covneniente.

a) Con relación al apostolado de evangelizar y santificar a los hombres, los seglares han de formarse especialmente para entablar diálogo con los otros, creyentes a no creyentes, para manifestar directamente a todos el mensaje de Cristo[47].

Pero como en estos tiempos se difunde ampliamente y en todas partes el materialismo de toda especie, incluso entre los católicos, los seglares no sólo deben aprender con más cuidado la doctrina católica, sobre todo en aquellos puntos en que se la ataca, sino que han de dar testimonio de la vida evangélica contra cualquiera de las formas del materialismo.

b) En cuanto al establecimiento cristiano del orden temporal, instrúyanse los seglares sobre el verdadero sentido y valor de los bienes materiales, tanto en sí mismos como en cuanto se refiere a todos los fines de la persona humana; ejercítense en el uso conveniente de los bienes y en la organización de las instituciones, atendiendo siempre al bien común, según los principios de la doctrina moral y social de la Iglesia. Aprendan los seglares sobre todos los principios y conclusiones de la doctrina social, de forma que sean capaces de ayudar por su parte en el progreso de la doctrina y, sobre todo, de aplicarla rectamente en cada caso particular.

c) Puesto que las obras de caridad y de misericordia ofrecen un testimonio magnífico de vida cristiana, la formación apostólica debe conducir también a practicarlas, para que los fieles aprendan desde niños a compadecerse de los hermanos, y a ayudarlos generosamente cuando lo necesiten[48].

Las ayudas que hay que prestar

32. Los seglares que se entregan al apostolado tienen muchos medios, tales como sesiones, congresos, reuniones, ejercicios espirituales, asambleas numerosas, conferencias, libros, comentarios para lograr un conocimiento más profundo de la Sagrada Escritura y de la doctrina católica, para nutrir su vida espiritual, y para conocer las condiciones del mundo y encontrar y cultivar medios convenientes[49].

Estos medios de formación tienen ya el carácter de las diversas formas de apostolado en los ambientes en que se desarrolla.

Con este fin se han erigido también centros e institutos superiores que han dado ya frutos excelentes.

El Sagrado Concilio se congratula de estas empresas florecientes en algunas partes y desea que se promuevan donde sean necesarias.

Establézcanse, además, centros de documentación y de estudios, no sólo teológicos, sino también antropológicos, psicológicos, sociológicos y metodológicos para fomentar más y mejor las facultades del ingenio de los seglares, hombres y mujeres, jóvenes y adultos para todos los campos del apostolado.

Exhortación

33. Por consiguiente, el Sagrado Concilio ruega encarecidamente en el Señor a todos los seglares que respondan con gozo, con generosidad y corazón dispuesto a la voz de Cristo. Sientan los más jóvenes que esta llamada se hace de una manera especial a ellos, recíbanla, pues, con entusiasmo y magnanimidad. Pues el mismo Señor invita de nuevo a todos los seglares por medio de este Santo Concilio a que se le unan cada vez más estrechamente, y, sintiendo sus cosas como propias (cf. Fil., 2, 5), se asocien a su misión salvadora. De nuevo los envía a toda ciudad y lugar a donde El ha de ir (cf. Lc., 10, 1), para que con las diversas formas y modos del único apostolado de la Iglesia, ellos se le ofrezcan como cooperadores aptos siempre para las nuevas necesidades de los tiempos, abundando siempre en la obra de Dios, teniendo presente que su trabajo no es vano delante del Señor (cf. 1 Cor., 15, 58).

Todas y cada una de las cosas establecidas en este Decreto fueron del agrado de los Padres. Y Nos, con la potestad Apostólica conferida por Cristo, juntamente con los Venerables Padres, en el Espíritu Santo, las aprobamos, decretamos y establecemos y mandamos que, decretadas sinodalmente, sean promulgadas para gloria de Dios.

Roma, en San Pedro, día 18 de noviembre de 1965.

Yo PABLO, Obispo de la Iglesia Católica

(Siguen las firmas de los Padres)

[43] Cf. Const. dogm. Lumen Gentium, cap. II, IV, V: AAS 57 (1965), 12-21, 37-49; cf. también el Decreto De Oecumenismo, Unitatis redintegratio, nn. 4, 6, 7, 12: AAS 57 (1965); También Decreto De Apostolatu laicorum, cap. I, n. 4.

[44] Cf. Pío XII, Ad I Conferentiam internationalem "boy-scouts", del 6 de junio de 1952: AAS 44 (1952) 579-580; Juan XXIII, Encíclica Mater et Magistra, del 15 de junio de 1961: AAS 53 (1961) 456.

[45] Cf. Const. dogm. Lumen Gentium, cap. IV, n. 33: AAS 57 (1965) 39.

[46] Cf. Juan XXIII, Encícl. Mater et Magistra: AAS 53 (1961) 455.

[47] Cf. Pío XII, Encícl. Sertum laetitiae, del 1 de noviembre de 1939: AAS 31 (1939) 653-644; cf. ídem, Ad "laureati" Act. Catho. Ital., del 24 de mayo de 1953.

[48] Cf. Pío XII, Ad Delegatos Conventus Sodalitatum Caritatis, del 27 de abril de 1952: AAS 44 (1952) 470-471.

[49] Cf. Juan XXIII, Encícl. Mater et Magistra, del 15 de mayo de 1961: AAS 53 (1961) 454.


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