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Prólogo

[437] Pr. 1. Algunos, rechazando la verdad, introducen falsos discursos y, como dice el Apóstol, <<prestan más atención a cuestiones acerca de genealogías sin fin, que a edificar la casa de Dios por la fe>> (1 Tim 1,4). Por medio de semejanzas elaboradas de modo engañoso, trastornan las mentes de los menos educados y las esclavizan, falseando las palabras del Señor. Interpretan mal lo que ha sido bien dicho, y pervierten a muchos, atrayéndolos con el cebo de la gnosis[40]. Los separan de aquel que ha creado y ordenado el universo, [440] como si ellos pudiesen mostrar algo más alto y de mayor contenido que aquel que hizo el cielo, la tierra y todo cuanto contienen (Ex 20,11). Persuaden con su facilidad de palabra a los más simples para que se pongan a buscar[41]; pero luego arrastran a la ruina, inculcando impías y blasfemas opiniones acerca del Demiurgo, a quienes son incapaces de discernir lo falso de lo verdadero.

Pr. 2. No es fácil descubrir el error por sí mismo, pues no lo presentan desnudo, ya que entonces se comprendería, sino adornado con una máscara engañosa y persuasiva; a tal punto que, aun cuando sea ridículo decirlo, hacen parecer su discurso más verdadero que la verdad. De este modo con una apariencia externa engañan a los más rudos. Como decía acerca de ellos una persona más docta que nosotros, ellos mediante sus artes verbales hacen que una pieza de vidrio parezca idéntica a una preciosa esmeralda, hasta que se encuentra alguno que pueda probarlo y delatar que se trata de un artificio fabricado con fraude. [441] Cuando se mezcla bronce con la plata, ¿quién entre la gente sencilla puede probar el engaño?

Ahora bien, temo que por nuestro descuido haya quienes como lobos con piel de oveja desvíen las ovejas (Mt 7,15), engañadas por la piel que ellos se han echado encima, y de los cuales el Señor dice que debemos cuidarnos (pues dicen palabras semejantes a las nuestras, pero con sentidos opuestos). Por eso, después de haber leído los comentarios de los discípulos de Valentín (como ellos se llaman a sí mismos), de haberme encontrado con varios de ellos y ahondado en su doctrina, me pareció necesario, mi querido hermano, declararte los altísimos misterios <<que no todos pueden captar>> (Mt 19,11), porque no todos han vaciado su cerebro[42], a fin de que tú, conociéndolos, se los expongas a todos los que te rodean, y de este modo los prepares para que se cuiden de caer en el abismo[43] de tal insensatez y de su blasfemia contra Dios.

En cuanto esté en nuestra capacidad, te expondremos de manera clara y sintética lo que andan enseñando los discípulos de Ptolomeo, que son como la flor de la escuela de Valentín; y, en cuanto lo permita nuestra pequeñez, ofreceremos a los demás los medios para refutarlos, haciéndoles ver que cuanto aquéllos andan diciendo no puede mantenerse en pie ni está de acuerdo con la verdad. No estoy acostumbrado a escribir ni domino el arte de hablar; [444] pero, impulsados por la caridad, exponemos a ti y a los tuyos las doctrinas que hasta ahora se mantenían ocultas y que por la gracia de Dios ahora salen a la luz del día: <<Nada hay escondido que no se descubra, y nada oculto que no llegue a saberse>> (Mt 10,26).

Preludio 3. Te suplico que no me pidas que te escriba con un arte que no he aprendido, porque vivo entre los Celtas y de ordinario tengo que expresarme en una lengua bárbara; ni tengo la facilidad de un escritor, pues no me he ejercitado; ni sé hablar con discursos elegantes o persuasivos; sino que te suplico recibas con amor lo que he escrito con amor, de manera sencilla, sin más adornos que la verdad y la sinceridad. Tú desarrollarás por tu cuenta estos escritos, pues eres más capaz que yo de hacerlo. Como quien dice, tú recibes de mí el impulso y la semilla, para que la hagas dar fruto abundante[44], extendiendo con tu espíritu lo que te expongo en breves palabras, y explicarás con fuerza a los que te rodean aquello que yo redacto para ti de manera tan débil. Por mi parte ahora respondo por escrito a tus deseos que desde hace tiempo has expresado de conocer las doctrinas de aquéllos, no sólo aclarándotelas, sino también dándote los medios para que se pruebe su falsedad; así también tú, por tu parte, poniendo a la acción la gracia que el Señor te ha dado, ofrece este servicio a los demás, [445] para que las personas ya no se vean arrastradas por sus engaños.

[40] Es decir, del conocimiento: pretenden tener los secretos de la ciencia, la única en la que consiste la salvación del ser humano.

[41] Los gnósticos acostumbran captar la atención de las personas simples fingiendo decir lo mismo que la Iglesia; pero la suya es una táctica para ponerlos a buscar a otro Dios distinto del verdadero.

[42] Fuerte ironía de San Ireneo. Lit. <<porque no todos han escupido (exeptykasin) el cerebro>>: para que les quepan <<tan altos misterios>> ellos sí se han vaciado el cerebro.

[43] Varias veces en su obra San Ireneo juega con esta palabra: los gnósticos tienen al Abismo (Bythos) como un Eón supremo (Padre) primordial: esto es lo que los lleva al abismo de su insensatez y locura.

[44] De nuevo San Ireneo usa las palabras de los gnósticos contra ellos: la semilla (spérma) y el fruto (karpòs).


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