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VII CONCLUSION


Con corazón iluminado

16. Esta Exhortación que os dirijo en la solemnidad de la Anunciación del Año jubilar de la Redención, quiere ser expresión del amor que la Iglesia siente por los Religiosos y las Religiosas. Vosotros, queridos Hermanos y Hermanas, sois en efecto un bien especial de la Iglesia. Y este bien se hace más comprensible mediante la meditación de la realidad de la Redención, para la que el presente Año Santo ofrece una ocasión constante y un feliz estímulo. Reconoced pues bajo esta luz vuestra identidad y dignidad. Que el Espíritu Santo -en virtud de la Cruz y la Resurrección de Cristo- "ilumine los ojos de vuestro corazón, para que entendáis cuál es la esperanza a que os ha llamado, cuáles las riquezas y la gloria de su herencia otorgada a los santos"[104].

Estos "ojos iluminados del corazón" pide la Iglesia sin cesar para cada uno y cada una de vosotros, que ya habéis entrado en el camino de la profesión de los consejos evangélicos. Los mismos "ojos iluminados" la Iglesia, junto con vosotros, pide para tantos cristianos, especialmente para la juventud masculina y femenina, a fin de que puedan descubrir este camino y no tengan miedo de seguirlo, y para que aun en medio de las circunstancias adversas de la vida de hoy puedan escuchar el "Sígueme"[105] de Cristo. También vosotros debéis empeñaros en este objetivo mediante vuestra plegaria y, a la vez, el testimonio de aquel amor por el que "Dios permanece en nosotros y su amor es en nosotros perfecto"[106]. Que este testimonio esté presente por doquier y sea universalmente perceptible. Que el hombre de nuestro tiempo, espiritualmente cansado, encuentre en él apoyo y esperanza. Por consiguiente, servid a los hermanos con el gozo que brota de un corazón en el cual Cristo mora. Ojalá que "el mundo actual... pueda así recibir la Buena Nueva, no a través de evangelizadores tristes y desalentados... sino a través de ministros del Evangelio, cuya vida irradia el fervor de quienes han recibido, ante todo en sí mismos, la alegría de Cristo..."[107].

La Iglesia, en su amor por vosotros, no cesa "de doblar las rodillas ante el Padre"[108], para que obre en vosotros "... el fortalecimiento del hombre interior"[109], y como en vosotros, así lo realice también en muchos otros, hermanos y hermanas bautizados, especialmente entre los jóvenes, para que encuentren el mismo camino hacia la santidad que a lo largo de la historia han recorrido tantas generaciones en compañía de Cristo -Redentor del mundo y Esposo de las almas-, dejando a menudo tras de sí el halo intenso de la luz de Dios sobre el fondo gris y tenebroso de la existencia humana.

A todos vosotros, que recorréis este camino en el momento actual de la historia de la Iglesia y del mundo, se dirige este férvido deseo en el Año jubilar de la Redención, para que "arraigados y fundados en la caridad, podáis comprender, en unión con todos los santos, cuál es la anchura, la longura, la altura y la profundidad y conocer la caridad de Cristo, que supera toda ciencia, para que seáis llenos de toda la plenitud de Dios"[110].

Mensaje de la solemnidad de la Anunciación del Señor

17. En la festividad de la Anunciación de este Año Santo de la Redención, pongo la presente Exhortación en el Corazón de la Virgen Inmaculada. Entre todas las persnas consagradas sin reserva a Dios Ella es la primera. Ella -la Virgen de Nazaret- es también la más plenamente consagrada a Dios; consagrada del modo más perfecto. Su amor esponsal alcanza el culmen en la Maternidad divina por obra del Espíritu Santo. Ella, que como Madre lleva en sus brazos a Cristo, al mismo tiempo realiza del modo más perfecto su llamada: "Sígueme". Y lo sigue -Ella, la Madre- como a su Maestro, en castidad, pobreza y obediencia.

[exclamdown]Qué pobre fue en la noche de Belén y qué pobre en el Calvario! [exclamdown]Cuán obediente se mostró durante la Anunciación; y después -al pie de la Cruz- cuán obediente se mostró hasta el punto de aceptar la muerte del Hijo, que se ha hecho obediente hasta la muerte! [exclamdown]Cuán entregada estuvo durante su vida terrena a la causa del reino de los cielos por purísimo amor!

Si toda la Iglesia encuentra en María su primer modelo, con más razón lo encontráis vosotros, personas y comunidades consagradas dentro de la Iglesia. En el día que recuerda la inauguración del Jubileo de la Redención, tenida el pasado año, me dirijo a vosotros con este mensaje, para invitaros a avivar vuestra consagración religiosa según el modelo de la consagración de la misma Madre de Dios.

Queridos Hermanos y Hermanas: "Fiel es Dios, por quien habéis sido llamados a participar con Jesucristo, su Hijo y Señor nuestro"[111]. Perseverando en la fidelidad con El que es fiel, esforzaos por buscar un apoyo especial en María. En efecto, Ella ha sido llamada por Dios a la comunión más perfecta con su Hijo. Sea también Ella, Virgen fiel, la Madre de vuestra vía evangélica; que os ayude a experimentar y a mostrar ante el mundo cuán infinitamente fiel es Dios mismo.

Con estos sentimientos, os bendigo de corazón.

Dado en el Vaticano, el día 25 de marzo del Año jubilar de la Redención de 1984, sexto de mi pontificado.

Joannes Paulus PP II

 

 


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[104] Ef. 1, 18.

[105] Lc. 5, 27.

[106] 1 Jn. 4, 12.

[107] Pablo PP. VI. Exhort. Apost. Evangelii nuntiandi, 80.

[108] Cfr. Ef. 3, 14.

[109] Cfr. Ef. 3, 16.

[110] Ef. 3, 17-19.

[111] 1 Cor. 1, 9.


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