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CUARTA PARTE
Iglesia misionera al servicio de la evangelización en América Latina

El Espíritu del Señor impulsa al Pueblo de Dios en la historia a discernir los signos de los tiempos y a descubrir en los más profundos anhelos y problemas de los seres humanos el plan de Dios sobre la vocación del hombre en la construcción de la sociedad, para hacerla más humana, justa y fraterna.

Así aparece palpable en América Latina la pobreza como sello que marca a las inmensas mayorías, las cuales al mismo tiempo están abiertas, no sólo a las Bienaventuranzas y a la predilección del Padre, sino a la posibilidad de ser los verdaderos protagonistas de su propio desarrollo.

La evangelización de los pobres fue para Jesús uno de los signos mesiánicos y será también para nosotros, signo de autenticidad evangélica.

Además, la juventud latinoamericana desea construir un mundo mejor y busca, a veces sin saberlo, los valores evangélicos de la verdad, la justicia y el amor. Su evangelización no sólo llenará sus generosos anhelos de realización personal, sino que garantizará la conservación de una Fe vigorosa en nuestro continente.

Los pobres y los jóvenes, constituyen, pues, la riqueza y la esperanza de la Iglesia en América Latina y su evangelización es, por tanto, prioritaria.

La Iglesia llama también a todos sus hijos- dentro de sus peculiares responsabilidades- a ser fermento en el mundo y a participar como constructores de una nueva Sociedad a nivel nacional e internacional. Particularmente en nuestro continente, por ser mayoritariamente cristiano, los hombres deben ser germen, luz y fuerza transformadora.

COMPRENDE:

Capítulo I: Opción preferencial por los pobres.

Capítulo II: Opción preferencial por los jóvenes.

Capítulo III: Acción con los constructores de la sociedad pluralista.

Capítulo IV: Acción por la persona en la sociedad nacional e internacional.



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