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SAN JUAN Y HESIQUIO

San Juan Clímaco (580-650), vivió en el desierto del Sinaí, a las faldas del monte de Moisés, Jebel Musa. San Juan es ampliamente conocido por su 'Escalera del Paraíso', que aún hoy es leída, durante la Cuaresma, en los monasterios ortodoxos. Es una obra muy popular también entre los laicos. En su obra, un indiscutible clásico espiritual de todos los tiempos, recomienda «que la memoria de Jesús esté unida a tu respiración». Foco difusor de la `oración a Jesús', juntamente con Gaza --Palestina--, es el Sinaí. Allí, en un monasterio, fue abad San Juan Clímaco. En su 'Escalera' sin embargo, la fórmula de la `oración' no excluye otras variables. A estas alturas aún es la plegaria monológica, con diversidad de contenidos según las necesidades, la que se encuentra como el elemento clave del método hesicasta --espiritualidad del reposo-- , del cual es magnífico exponente San Juan Clímaco.

Las dos centurias 'Sobre la sobriedad y la oración', atribuidas a Hesiquio de Batos (s. VII-VIII), constituyen uno de los más importantes testimonios del ejercicio del santo nombre de Jesús. Una y otra vez vuelve sobre el mismo tema quien escribe bajo el nombre de un higúmeno del monasterio de Batos, en el Sinaí. En la obra se va delineando un método, no sólo de hacer oración, sino de disciplina espiritual. La meta es recobrar la belleza y justicia original del alma. La sobriedad y la atención se intercambian en el marco de una estrategia de lucha contra los malos pensamientos. La humildad, la atención, la resistencia al mal y la oración son condiciones para la batalla espiritual. La búsqueda de la pureza de corazón y la memoria de los propios pecados permiten recibir la ayuda del Señor. «El recuerdo y la invocación ininterrumpidos de Nuestro Señor Jesucristo producen en nuestro interior un estado divino, a condición de que no seamos negligentes en la constante oración a Cristo, en la sobriedad perseverante y en la obra de la vigilancia. En todo tiempo sea así como invocamos a Jesucristo, Nuestro Señor, clamando con un corazón ardiente para entrar en comunión con su santo nombre, manteniéndolo como una chispa en nuestro corazón. Pues la constancia, en la virtud como en el vicio, engendra al hábito; y el hábito es como una segunda naturaleza», escribía Hesiquio casi al final de su primera centuria revelando la inmensa importancia que daba a la invocación del santo nombre.

Pero, inspirándose en San Juan Clímaco, Hesiquio parece ir más lejos, al punto de haber servido de fundamento, o al menos de referencia, para las técnicas psico-físicas que aparecerán después. «A la respiración de tu nariz une la atención (nespis) y el nombre de Jesús». «Verdaderamente feliz es el hombre en quien la `oración a Jesús' se prende al poder del pensamiento y lo llama continuamente en su corazón, así como el aire está unido con nuestros cuerpos y la llama a la mecha de la vela». A pesar de lo que parece implicar, lo impreciso aún del lenguaje no permite afirmar con total seguridad que lo que propone Hesiquio sea una coordinación de los ritmos respiratorios con la `oración'. De ser así habría que hacer retroceder la fecha del método psico-somático del siglo XIV a este tiempo en que vivió este monje sinaíta.


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