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COMPONENTES DE LA 'ORACION A JESUS'

La fórmula que, entre diversidad de frases, va imponiéndose con el correr de los años es: Señor Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí, pecador. Sus elementos se pueden encontrar en la Sagrada Escritura. Así, en la oración de los dos ciegos: «¡Ten piedad (eleison) de nosotros, Hijo de David!» (Mt 9, 27). En el ruego de la mujer cananea: «¡Ten piedad (eleison) de mí, Señor, Hijo de David!» (Mt 15, 23). En el pedido del padre del epiléptico: «Señor, ten piedad (eleison) de mi hijo...» (Mt 17, 15). En la oración de los diez leprosos: «¡Jesús, Maestro, ten piedad (eleison) de nosotros!» (Lc 17, 13). También en la oración del ciego de Jericó, que San Marcos llama Bartimeo, que clama: «¡Hijo de David, Jesús, ten piedad (eleison) de mí!» (Mc 10, 47-48; Lc 18, 38-39).

Un caso aparte, pero con toda probabilidad vinculado al surgimiento de la 'oración a Jesús', es la prototípica oración humilde del publicano aspirando a la misericordia divina: «¡Oh Dios! ¡Ten compasión de (hilaszeti = se propicio a) mí, pecador!» (Lc 18, 13). En una ocasión, San Juan Crisóstomo, reflexionando en torno al Salmo 4, sostenía: «Resulta sumamente importante saber cómo debemos rezar. _[dieresis]_Cuál es la forma correcta? La podemos aprender del publicano; y no tengamos vergüenza de tener como maestro a uno que ha dominado el arte tan bien que unas pocas simples palabras fueron suficientes para que obtuviera perfectos resultados... Si rezas como él lo hizo tu oración será más liviana que una pluma. Pues si este modo de orar justificó a un pecador, cuanto más fácilmente elevará a un hombre justo a las alturas». En los dichos de Ammonas, probablemente discípulo de San Antonio, hay un consejo en el que dice: «permanece en tu celda, come un poco cada día y lleva siempre la palabra del publicano en tu corazón. De este modo te salvarás». También Martirio, Obispo sirio de Bet Garmai, conocido igualmente como Sadona (s. VI), en su Libro de la perfección resalta el valor ejemplar de la oración del publicano en la necesaria práctica de la auto-acusación ante Dios y en la humildad de corazón[3].

En los pasajes citados y en muchos otros de los Evangelios están los elementos fundamentales de la 'oración'; la gracia, la devoción y el tiempo harían el resto.


[3] En el mundo latino también se da importancia a la `oración del publicano', así por ejemplo, San Cipriano de Cartago (m. 258), quien en su tratado La Oración del Señor , se refiere a ella como paradigma de cómo acercarse a la oración (ver párr. 6). En San Cipriano también se descubren referencias a temas que se encontrarán en los Padres del desierto, como a la 'oración secreta' prece oculta , y cordial: «en lo íntimo de su corazón», «rezaba...con el corazón» (ver párr. 5); así como a la vigilancia y la atención: «Mas cuando estamos en oración, hermanos carísimos, debemos vigilar y dedicarnos a la plegaria con todo el corazón. Aléjese cualquier pensamiento carnal y mundano, y no piense el alma en otra cosa a no ser en lo que reza» (párr. 31); y a la oración vigilante y continua: «el cristiano aún cuando duerma con los ojos, debe vigilar con el corazón» (ig.); «los que estamos siempre en Cristo... ni de noche abandonemos la plegaria... consideremos la noche como si fuera el día... no sufran menoscabo las preces en las horas nocturnas... allí siempre oraremos y daremos gracias a Dios, aquí, por lo tanto, tampoco cesemos de orar y de dar gracias a Dios» (párr. 36).


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