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PARTE FINAL

36. No podemos concluir estas enseñanzas Nuestras sin recordar cuánta importancia ha de tener (como en todos los campos del apostolado) la intervención del sacerdote en la actividad que la Iglesia debe desplegar para favorecer y utilizar las técnicas de la difusión.

El sacerdote debe conocer los problemas que el cine, la radio y la televisión plantean a las almas: "El sacerdote que tiene cura de almas -decíamos a los que tomaron parte en la Semana de "actualización" pastoral en Italia- puede y debe saber lo que afirma la ciencia, el arte y la técnica moderna por la relación que éstas tienen con la finalidad religiosa y moral del hombre"[56]. Ha de saber servirse de ellas siempre que, según el prudente juicio de la autoridad eclesiástica, lo requieran la naturaleza de su sagrado ministerio y la necesidad de llegar a un mayor número de almas. Finalmente, cuando de ellas se sirve para su uso personal, debe dar a todos los fieles ejemplo de prudencia, de moderación y de sentido de su propia responsabilidad.

Hemos querido confiaros, Venerables Hermanos, Nuestras preocupaciones, que vosotros compartís ciertamente con Nos, sobre los peligros que puede entrañar el uso no recto del cine, radio y televisión, tanto para la fe como para la integridad moral del pueblo cristiano.

37. No hemos dejado de hacer resaltar los lados positivos de esos modernos y poderosos medios de difusión. Con este fin hemos expuesto, a la luz de la doctrina cristiana y de la ley natural los principios que deben regular y dirigir tanto la actividad de los responsables de la difusión como la conciencia del público que de ella se sirve. Y precisamente para encaminar al bien de las almas estos dones de la Providencia, os hemos exhortado paternalmente no sólo a vigilar, como es deber vuestro, sino a intervenir también positivamente. Porque las tareas de las Oficinas nacionales, que una vez más os recomendamos, no han de limitarse sólo a preservar, sino que también y principalmente deben dirigir, coordinar y prestar asistencia a las diversas obras educativas que se van suscitando en los diversos países para hacer que el espíritu cristiano penetre en el sector tan complejo y tan vasto de los medios técnicos de difusión.

No dudamos, por lo tanto, dada la confianza que tenemos en la victoria de la causa de Dios, que estas Nuestras presentes disposiciones, cuya fiel ejecución confiamos a la Comisión Pontificia de Cinematografía, Radio y Televisión, habrán de suscitar un espíritu nuevo de apostolado en un campo tan rico en promesas.

Animados con esta esperanza, fortificada por vuestro bien conocido celo pastoral, impartimos de todo corazón, Venerables Hermanos, a vosotros, al clero y al pueblo confiado a vuestros cuidados, y en particular a todos cuantos con celo se dediquen a poner por obra Nuestros deseos y Nuestras disposiciones, como prenda de gracias celestiales, la Bendición Apostólica.

Dado en Roma, junto a San Pedro, en la fiesta de la Natividad de la Bienaventurada Virgen María, 8 de septiembre de 1957, año décimonono de Nuestro Pontificado.

[56] Cf. Sermo d. 14 sept. a. 1956 habitus: A.A.S. 48 (1956) 707.


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